La Santa Sede intentó negociar un salvoconducto para Maduro antes de su arresto por fuerzas estadounidenses
Cardenal Parolin | © Crop foto de VaticanMedia

La diplomacia moral del Vaticano

La Santa Sede intentó negociar un salvoconducto para Maduro antes de su arresto por fuerzas estadounidenses

El Cardenal Parolín confirma las intensas gestiones previas a la captura del narcodictador.

(Zenit/InfoCatólica) En los días previos a la detención de Nicolás Maduro por parte de fuerzas especiales estadounidenses el pasado 3 de enero, la diplomacia vaticana desplegó una intensa actividad para facilitar una salida negociada del narcodictador venezolano que evitara el derramamiento de sangre.

Según ha confirmado el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, la Santa Sede exploró diversas vías diplomáticas, incluida la posibilidad de conseguir un salvoconducto que permitiera el exilio de Maduro, potencialmente en Rusia. Los esfuerzos, que se prolongaron hasta las últimas horas, fracasaron ante la negativa reiterada del dictador venezolano a abandonar el poder, lo que derivó en una operación militar que concluyó con su traslado a Nueva York para enfrentar cargos federales de narcotráfico.

Gestiones diplomáticas hasta el último momento

La agencia Zenit relata que el sábado 17 de enero, en un aparte de un acto público en Roma, Parolin confirmó que el Vaticano había trabajado intensamente para encontrar una solución «que evitara cualquier derramamiento de sangre», incluso si ello implicaba llegar a un entendimiento directo con Maduro y figuras cercanas a su gobierno. «Intentamos lo que también apareció en algunos periódicos», declaró el cardenal, en referencia a una investigación publicada por The Washington Post el 9 de enero que reveló el discreto papel de la Santa Sede en los días previos a la captura del mandatario.

Según documentos revisados por el rotativo estadounidense, las gestiones vaticanas alcanzaron su momento más crítico en Nochebuena, cuando Parolin convocó al embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, Brian Burch. La pregunta que planteó el purpurado fue directa: ¿estaba Washington preparando una acción limitada contra las redes de narcotráfico o avanzaba hacia un cambio de régimen total en Venezuela? El cardenal, según sugiere el reportaje, no negó lo evidente. Maduro, reconoció, «tenía que irse». Pero precisamente por esa inevitabilidad, abogó por lo que los diplomáticos denominan una vía de escape: una salida negociada que evitara la violencia.

Durante días, Parolin, con décadas de experiencia diplomática y su propio pasado como nuncio en Caracas entre 2009 y 2013, buscó acceso al secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, impulsado por un temor específico: caos, violencia y desestabilización regional si la crisis se descontrolaba. «Siempre apoyamos una solución pacífica», declaró el purpurado, añadiendo que los acontecimientos sobre el terreno finalmente superaron los esfuerzos diplomáticos.

La propuesta rusa y las oportunidades desaprovechadas

En ese contexto de urgencia diplomática se produjo un giro geopolítico significativo. Según fuentes citadas por The Washington Post, Rusia manifestó su disposición a ofrecer asilo no solo a Maduro, sino potencialmente a miembros de su círculo íntimo. La propuesta fue contundente: abandonar el país, vivir en el extranjero y conservar su dinero. Una persona familiarizada con la oferta la resumió con crudeza, afirmando que Vladimir Putin «garantizaría la seguridad». Si bien la Santa Sede no ha confirmado oficialmente los detalles, Parolin no negó que se consideraran tales vías.

La investigación del periódico estadounidense, basada en entrevistas con unas veinte personas y en conversaciones delicadas, muchas de ellas mantenidas bajo anonimato, rastrea cómo esas vías de escape se cerraron gradualmente. Maduro, según el análisis, tuvo múltiples oportunidades para evitar el desenlace final. En cada una de ellas se negó. Un tema recurrente es el error de cálculo del mandatario, quien, según varias fuentes, no comprendió la gravedad del momento. Incluso mientras el tono de Washington se endurecía y las señales militares se acumulaban, se convenció de que el tiempo aún estaba de su lado.

Destaca una llamada telefónica con Donald Trump en noviembre. Maduro, según se informa, creía que el intercambio había ido bien. Desde la perspectiva estadounidense, el mensaje era el contrario: podía marcharse por las buenas o por las malas. En cierto momento, según el rotativo, a Maduro se le ofreció un salvoconducto a Washington para dialogar cara a cara. Él lo rechazó. En cambio, apostó por la aritmética política: que los demócratas prevalecerían en las elecciones intermedias, que Trump se vería limitado, que la resistencia daría sus frutos. Una fuente captó el estado de ánimo con una imagen contundente: «Estaba ahí fuera bailando».

Sobre las revelaciones de The Washington Post, la Sala de Prensa de la Santa Sede emitió una declaración: «Es decepcionante que se hayan publicado partes de una conversación confidencial que no reflejan con precisión el contenido de la conversación en sí, que tuvo lugar durante el período navideño». Sin embargo, lejos de restarle relevancia, el reportaje subraya el verdadero alcance de los esfuerzos diplomáticos vaticanos.

Llamamiento a la democratización

Tras el arresto, Parolin describió a Venezuela como un país sumido en una fase de profunda incertidumbre. Expresó su esperanza de que la nación pueda avanzar hacia la estabilidad y la recuperación económica, subrayando que la situación social sigue siendo «muy precaria» y que los ciudadanos comunes continúan soportando el peso de la crisis. Fundamentalmente, el segundo funcionario de mayor rango del Vaticano fue explícito en su evaluación del futuro: «Es necesaria ahora una democratización del país».

Esta postura coincide estrechamente con las declaraciones del Papa León XIV, quien ha abordado repetidamente la crisis venezolana. Recientemente, durante un discurso de amplio alcance dirigido a diplomáticos acreditados ante la Santa Sede, el pontífice pidió respeto a la voluntad del pueblo venezolano e instó a buscar soluciones sin ceder ante «intereses partidistas». El Papa también ha enfatizado que la soberanía de Venezuela debe preservarse, incluso mientras los actores internacionales intensifican su intervención.

Entre bastidores, la interacción del Vaticano no se ha limitado a los contactos con el régimen saliente. A mediados de enero, el Papa León XIV recibió a la líder de la oposición y Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado, en audiencia privada. Según fuentes de la Santa Sede, Machado apeló a la liberación de los presos políticos y expresó su apoyo a una transición democrática ordenada. También mantuvo conversaciones con Parolin.

Alcance y límites de la diplomacia moral

Para la Santa Sede, el episodio venezolano subraya tanto el alcance como los límites de la diplomacia moral. El Vaticano buscó negociar una salida que pudiera salvar vidas y preservar la continuidad institucional, incluso si eso implicaba negociar con un líder profundamente controvertido. Cuando esos esfuerzos fracasaron, Roma tuvo que enfrentarse a una realidad en rápida evolución, moldeada por la fuerza militar y el cálculo geopolítico.

El caso demuestra que la diplomacia vaticana puede ganar tiempo, abrir puertas, proponer salidas racionales y humanas, y coordinar a actores que, de otro modo, se niegan a hablar. También expone la frontera estructural que no puede traspasar. Cuando las grandes potencias deciden que el camino difícil es inevitable, la Santa Sede no puede detener la maquinaria. Solo puede advertir, registrar y, a menudo, erigirse como el último testigo incómodo de que alguna vez existió otra opción.

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