(InfoCatólica) El pasado 13 de enero, monseñor Paul Richard Gallagher, secretario del Vaticano para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales, denunció la gestación por sustitución como «una nueva forma de colonialismo» durante un encuentro celebrado en Roma. El acto, titulado «Un frente común por la dignidad humana: prevenir la mercantilización de mujeres y niños en la maternidad subrogada», reunió en el Palacio Borromeo a representantes de la Santa Sede e Italia para abordar las implicaciones éticas, jurídicas y sociales de esta práctica.
La persona no puede reducirse a objeto de transacción
Monseñor Gallagher subrayó que la gestación subrogada concierne a «la humanidad en su conjunto» y alertó contra la mercantilización de mujeres y menores que implica. El prelado recordó que el Papa León XIV también se había pronunciado sobre el tema en su reciente discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, el pasado 9 de enero, cuando denunció que esta práctica «al convertir la gestación en un servicio negociable, viola la dignidad de ambos, tanto del niño, que queda reducido a un producto, como de la madre, al explotar su cuerpo y el proceso generativo y alterar la vocación relacional original de la familia».
El secretario advirtió que, aunque la gestación subrogada se presente como «un gesto de generosidad», en realidad reduce a la persona a un «objeto de transacción». «Se trata de la venta de un niño, entregado a los compradores en virtud de un contrato que pone en el centro los intereses de los adultos y no los de los más pequeños», afirmó con rotundidad. Esta posición continúa la línea marcada por el Papa Francisco, quien también ha condenado públicamente la práctica.
El cuerpo femenino como instrumento reproductivo
Gallagher denunció que la gestación por sustitución reduce el cuerpo de la mujer a un «simple instrumento de reproducción», ocultando «la dimensión existencial e intransferible de la gestación». Esta instrumentalización, según monseñor Gallagher, afecta profundamente a la concepción social de la maternidad y, en términos más amplios, a la dignidad humana.
El prelado también aludió al rechazo que algunos grupos feministas expresan hacia esta práctica, coincidiendo en la preocupación por la explotación del cuerpo femenino. Asimismo, precisó que el consentimiento de las mujeres que acceden a gestar para terceros es, en numerosas ocasiones, consecuencia de una «presión económica», lo que agrava el carácter vejatorio de la práctica.
Combatir los discursos superficiales
Monseñor Gallagher instó a combatir los discursos «superficiales» que a menudo difunden experiencias de celebridades relacionadas con la gestación subrogada, presentándola como un avance social. Frente a esta narrativa, el secretario del Vaticano calificó la práctica como «una nueva forma de colonialismo» que favorece la explotación de las personas más vulnerables mediante «mecanismos de mercado».
En este sentido, el prelado subrayó que la gestación subrogada, lejos de constituir un progreso, reproduce dinámicas de desigualdad en las que los intereses económicos de los más poderosos prevalecen sobre los derechos fundamentales de mujeres y niños en situación de vulnerabilidad.
La regulación no es solución: solo cabe la abolición
El arzobispo descartó tajantemente la posibilidad de establecer un marco normativo internacional que regule la gestación subrogada, considerándola una solución «inadecuada y contraproducente». A su juicio, semejante regulación «acabaría por estimular la demanda», ya que «facilitar los procedimientos y hacerlos más seguros significaría incentivar a un número creciente de personas a recurrir a la maternidad subrogada» y, por consiguiente, «generar más niños destinados a ser vendidos».
Para monseñor Gallagher, la única respuesta «coherente» ante esta práctica es su abolición total, única vía que garantiza realmente el interés superior del menor y la dignidad de las mujeres. La regulación, insistió, no basta para proteger los derechos fundamentales en juego.
Un proyecto conjunto entre Italia y la Santa Sede
El evento celebrado en el Palacio Borromeo forma parte de un proyecto de sensibilización impulsado conjuntamente por el Ministerio para la Familia, la Natalidad y la Igualdad de Oportunidades de Italia y la Santa Sede en el seno de las Naciones Unidas. El encuentro contó con las intervenciones de Francesco Di Nitto, embajador de Italia ante la Santa Sede, George Poulides, decano del cuerpo diplomático ante el Vaticano y embajador de Chipre, y Eugenia Roccella, ministra italiana de Familia, Natalidad e Igualdad de Oportunidades.
La iniciativa busca fomentar el debate internacional sobre la gestación subrogada y aumentar la concienciación sobre sus implicaciones, con el objetivo de construir un frente común que prevenga la mercantilización de mujeres y niños.








