(La Bussola Quotidiana/InfoCatólica) El periódico L’Avvenire, perteneciente a la Conferencia Episcopal Italiana, acaba de publicar un artículo favorable a la transexualidad. Desgraciadamente, no es el primero ni, previsiblemente, será el último, porque se trata de un ejemplo más de una tendencia asentada en el diario.
Como en otras ocasiones, el artículo es de Luciano Moia, un periodista obsesionado por los temas LGBT, autor del libro «Iglesia y homosexualidad» y, llamativamente, editor jefe de la revista Nosotros, familia y vida, un suplemento del diario L’Avvenire.
En el artículo, que lleva el ya sesgado título de «Cómo criar a un niño que no reconoce su propio cuerpo», el periódico habla de casos de «identidad de género» distinta del sexo biológico en dos niños. En uno de esos dos casos, el niño decide finalmente no «cambiar» de sexo y, en el otro, sí. El primero se describe asépticamente, aunque con cierto tono negativo. Del segundo se habla de forma indudablemente favorable, terminando con un final apoteósico: el niño «se ha embarcado serenamente en el camino de la afirmación de género y ahora es una adolescente que vive su propia vida con mayor serenidad». Los pronombres utilizados son, por supuesto, los correspondientes a la «identidad de género» del niño.
La doctrina moral de la Iglesia se ignora por completo en el artículo, para el que la transexualidad y el «cambio de sexo» son cosas evidentemente buenas y positivas. La única referencia a esa doctrina católica es una alusión despreciativa y de pasada a la doctrina como mera ideología: «con esta actitud [la del propio Moia], lejos de las oposiciones ideológicas y atenta a la concreción de las vidas». Es decir, lejos de la enseñanza de la Iglesia y del mismo sentido común sobre lo que es bueno y lo que es malo. Según Moia, se trata una situación «compleja» y «existe un límite más allá del cual quienes observan desde fuera no tienen derecho a ir». Pero, por supuesto, queda claro que quien piensa que la transexualidad es algo bueno sí tiene todo el derecho del mundo a decirlo, sea desde fuera o desde dentro.
Como señala Tommaso Scandroglio, de la Bussola Quotidiana, la “táctica es siempre la de la fenomenología ética: lo que sucede es bueno”, sea lo que sea. Para ello, solo hace falta ignorar «los argumentos en contra: estudios científicos, principios morales, la Biblia y el Magisterio».
Conviene señalar al respecto que el gran defensor de este enfoque fue el Papa Francisco en su exhortación postsinodal Amoris Laetitia, en la que se niega la existencia de actos intrínsecamente malos y se pone en práctica su principio de que «la realidad es superior a la idea». La consecuencia en el ámbito moral es inmediata: si la realidad es que mucha gente se divorcia o muchos «cambian» de sexo, la Iglesia tiene que aceptarlo y adaptarse a ello en lugar de condenarlo, aunque no sea todavía el ideal objetivo.
La misma Conferencia Episcopal Italiana, como recuerda el propio Moia, expresó una idea similar en el documento final de la Asamblea Sinodal de la Iglesia Italiana: «las Iglesias locales, superando la actitud discriminatoria a veces generalizada en los círculos eclesiales y en la sociedad, deberían comprometerse a promover el reconocimiento y el apoyo de las personas homosexuales y transgénero, así como de sus padres, que ya pertenecen a la comunidad cristiana».








