(InfoCatólica) Un duro artículo de Peter Laffin, editor Jefe del Washington Examiner y colaborador del National Catholic Register, titulado «Trump-Vance es el gobierno republicano más antivida de la historia», manifiesta el creciente descontento del movimiento provida con este segundo gobierno de Trump. Como dice el mismo Laffin, «si uno no ha estado al día de las noticias sobre el movimiento provida durante el primer año del segundo mandato de Trump, este titular le sorprenderá».
En efecto, especialmente debido a que los jueces nombrados por Trump lograron eliminar las protecciones del aborto a nivel federal que había creado la sentencia del caso Roe contra Wade, al principio Trump fue aclamado como el presidente más provida de la historia. A eso se unieron otros gestos memorables y muy positivos, como la participación (por videoconferencia) del presidente en la marcha por la vida de Washington o el indulto de los 23 activistas provida condenados por sus acciones contra el aborto. Como indica Laffin, no es extraño que los grupos y medios provida pasaran los primeros seis meses del gobierno de Trump-Vance publicando sus victorias en las redes sociales y «congratulándose por las fotos de Vance arrodillado y rezando en el Vaticano».
Desde entonces, sin embargo, Trump se ha ido alejando del movimiento provida, hasta el punto de que, según Laffin, su segundo gobierno se ha hecho acreedor del título de «gobierno republicano más antivida de la historia», «desde cualquier punto de vista y con gran diferencia”.
La primera decisión importante en este sentido fue la promoción de las técnicas de fecundación in vitro, que en la práctica son la causa de numerosos abortos de los embriones «sobrantes». En aquel momento, se optó por disculpar a Trump, que, al no ser católico, probablemente no estaba al tanto de esa faceta abortiva de la fecundación in vitro (que, además, incluso sin los abortos, es inmoral en sí misma).
Posteriormente, advertido de que combatir el aborto no era rentable electoralmente, Trump tomó una decisión que tendrá gravísimas consecuencias para la lucha por la vida en los Estados Unidos: «eliminar el lenguaje provida clave del programa del Comité Nacional Republicano». Es decir, en la práctica, acabó con cualquier compromiso del Partido Republicano de luchar contra el aborto, algo que no se había atrevido a hacer ningún presidente republicano antes que él.
Recientemente, el gobierno de Trump parece haber decidido fomentar el aborto mediante píldoras abortivas enviadas por correo. En efecto, el Departamento de Justicia está defendiendo «las normas de la era Biden que permiten recetar la mifepristona, un medicamento abortivo», a través de la «telemedicina» y el envío de píldoras por correo. En mayo, el Departamento de Justicia solicitó a un tribunal federal de Texas que desestimara una demanda interpuesta por tres estados con mayoría republicana que buscaban revertir esa normativa. En octubre, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) aprobó una nueva versión genérica de mifepristona.
El «aborto por correo» anula en la práctica el gran logro de Trump, la revocación del caso Roe contra Wade. Esto se debe a que prácticamente garantiza el derecho al aborto sin importar el estado en el que se viva, lo que explica en gran medida el creciente número de abortos a nivel nacional desde la caída de Roe. A fin de cuentas, los abortos mediante píldora abortiva representan aproximadamente dos tercios de todos los abortos que se producen en el país.
La semana pasada, Trump se inclinó aún más hacia el aborto al pedir a los legisladores republicanos que fueran «flexibles» respecto a la Enmienda Hyde, la antigua disposición legislativa que prohíbe el uso de fondos federales para abortos. Hasta que llegó Trump, ningún presidente republicano había vacilado en oponerse al uso de fondos públicos para la realización de abortos, algo que, según Laffin, «debería ser el mínimo indispensable para cualquier político republicano que aspire a conseguir el voto provida».
Todo esto, lleva a Laffin a afirmar que «Trump y Vance han aplastado sistemáticamente el movimiento provida, rebajando los estándares al mínimo». A pesar de ello, muchas organizaciones y voluntarios provida dudan en pedir cuentas a Trump y en rechazar públicamente su tendencia cada vez más favorable al aborto.
¿Cómo se ha podido llegar a esta situación? Según Laffin, es sencillo: «no se puede coronar a un rey y luego esperar que rinda cuentas». Deslumbrados por sus primeros logros, los líderes y medios provida convencieron «a las bases provida de que Trump era realmente irreprochable en este tema, incluso mientras descartaba las prioridades provida, una tras otra». Es posible que «los líderes del movimiento ya no tengan la influencia necesaria entre los fieles provida para movilizarlos en contra de Trump-Vance», después de haberlos ensalzado como héroes de la causa.
Últimamente, el movimiento provida ha empezado a despertar, pero con retraso y lentamente. Todo indica que el gobierno quiere distanciarse de la causa provida con vistas a las próximas elecciones, y así lo hará «a menos que el movimiento provida se movilice rápidamente».
Como señala el filósofo católico Edward Feser, «los demócratas son una causa perdida. El Partido Republicano era el único instrumento institucional importante que les quedaba a los conservadores en cuestiones sociales. Lo único que pueden hacer es dejar claro que no votarán al Partido Republicano si les traiciona. Tolerar la traición sin quejarse es suicida».
La Marcha por la Vida anual en Washington se celebrará a finales de enero y Laffin se pregunta si los oradores se atreverán a decir «la incómoda verdad de que esta Casa Blanca es proabortista a ultranza» o «seguirán acomodándose y esperando migajas y nombramientos» mientras el número de abortos sigue aumentando. Después de todo, «la causa de proteger a los no nacidos nunca es políticamente conveniente. Es un movimiento para los valientes, no para los indecisos. Y ciertamente no para los aduladores».








