(InfoCatólica) La Administración Apostólica Personal San Juan María Vianney es una jurisdicción especial de la Iglesia Católica en Brasil, establecida en 2002 y dirigida a quienes desean celebrar y vivir según la liturgia antigua anterior a la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II. Fue creada tras un acuerdo con la Santa Sede para reintegrar a un numeroso grupo de clérigos y laicos a la plena comunión con la Iglesia Católica, después de años de separación tras las ordenaciones de Lefebvre.
La Administración es una jurisdicción católica dependiente de un obispo y similar a una diócesis, pero no basada en un territorio, sino en las personas que voluntariamente se acogen a ella dentro de la diócesis de Campos, en el estado de Río de Janeiro. Desde 2002, está a su frente Mons. Fernando Arêas Rifan, que cumplió los 75 años el 25 de octubre del año pasado.
El Código de Derecho Canónico alienta a los obispos a presentar su dimisión al Papa a esa edad y así lo hizo Mons. Rifan. Como acaba de conocerse oficialmente, en noviembre León XIV prorrogó el mandato de Mons. Rifan durante un año y ocho meses más, aproximadamente hasta junio de 2027.
Puesto que el Romano Pontífice puede aceptar inmediatamente la dimisión presentada y no tiene obligación de mantener a un obispo en su cargo, se puede ver esta decisión como un gesto de confianza, respeto y cercanía por parte de León XIV, tanto para el obispo como, por extensión, para el tradicionalismo. La prórroga concedida tiene la finalidad, como ha explicado el obispo, de «darnos tiempo de preparar un sucesor y, al dejar el cargo, poder acompañarlo con buena salud durante su nuevo mandato».
Al estar formada por un grupo de clérigos y seglares lefebvrianos que quisieron volver a la comunión con la Sede de Pedro, la Administración Apostólica Personal San Juan María Vianney mantiene una especial vinculación con el Papa y es un signo de que los que celebran la liturgia antigua tienen un lugar en la Iglesia. En cierto modo, mediante la creación de esta Administración Apostólica la Iglesia concedió voluntariamente lo que Mons. Lefebvre había pretendido conseguir por la vía de la desobediencia y los hechos consumados: la ordenación de un obispo vinculado a la liturgia tradicional que asegurara la estabilidad de la comunidad tradicional.
En el contexto de la incertidumbre sobre la continuación o no en este pontificado del régimen restrictivo impuesto a la liturgia antigua por el motu proprio Traditionis Custodes del Papa Francisco, todo lo que sucede en el ámbito litúrgico se mira con lupa. En ese sentido, quizá este gesto concreto de cercanía y amabilidad de León XIV sea un signo de su voluntad de crear un nuevo marco jurídico más benévolo con los fieles que aprecian la liturgia tradicional. O al menos de interpretar Traditionis Custodes de una forma más flexible, teniendo en cuenta que la existencia misma de la jurisdicción de Mons. Rifan contradice las razones que justificaban las medidas restrictivas tomadas en el motu proprio.
Como ha indicado Mons. Rifan, la Administración Apostólica vive la liturgia antigua, pero sin convertirla en una bandera de división para la Iglesia: «preservamos la Misa en su forma tradicional, reconociendo al Papa, el Concilio Vaticano II interpretado según el Magisterio de la Iglesia, y la validez del Novus Ordo Missae, celebrado correctamente». Asimismo, explicó a León XIV que tanto él como sus sacerdotes utilizan la liturgia nueva cuando son invitados a celebrar o concelebrar en iglesias pertenecientes a la diócesis, con la que mantienen una «buena relación». También transmitió al Pontífice el mensaje del obispo diocesano, que resume el resultado de la creación de la Administración Apostólica: «Dígale al Santo Padre que aquí en Campos todo va bien, que estamos en paz y en comunión».








