(InfoCatólica)León XIV clausuró este jueves 8 de enero el primer Consistorio extraordinario de su pontificado con el anuncio de una segunda reunión prevista para junio próximo, en torno a la solemnidad de los santos Pedro y Pablo. El Pontífice expresó además su voluntad de establecer una periodicidad anual para estos encuentros, con una duración de entre tres y cuatro días, en lo que supone una continuidad con las demandas formuladas por las congregaciones generales previas al cónclave que le eligió.
La tercera y última sesión del Consistorio, celebrada este jueves por la tarde en el Aula del Sínodo, reunió a 170 cardenales, tanto electores como no electores, procedentes de todo el mundo. El Papa señaló que estos encuentros se enmarcan en «continuidad» con lo solicitado antes del cónclave y confirmó la celebración de la Asamblea Eclesial prevista para octubre de 2028, anunciada el pasado mes de marzo.
Agradecimiento a los presentes y cercanía a los ausentes
En su discurso conclusivo, León XIV expresó su gratitud a los cardenales presentes por su participación y apoyo, con un reconocimiento especial para los purpurados de mayor edad: «Su testimonio es precioso», afirmó, destacando el esfuerzo realizado para acudir a Roma. El Pontífice transmitió asimismo su cercanía a aquellos cardenales que, desde distintas partes del mundo, no pudieron asistir: «Estamos con vosotros y os sentimos cercanos».
El Papa habló de una «sinodalidad no técnica», aquella que dice haber experimentado durante estos dos días de trabajo, caracterizada por una profunda sintonía y comunión. La metodología empleada, explicó, fue diseñada para favorecer un mejor conocimiento mutuo, teniendo en cuenta la diversidad de trayectorias y experiencias de cada miembro del Colegio Cardenalicio.
Continuidad con el Concilio Vaticano II
El Pontífice subrayó la continuidad de estos trabajos con el Concilio Vaticano II, tema central de las audiencias generales que han dado inicio este año y que considera base del camino de renovación de toda la Iglesia. León XIV aclaró que los otros dos temas propuestos y no votados el miércoles por la asamblea, la liturgia y la constitución apostólica Praedicate Evangelium, están estrechamente vinculados al Concilio y «no pueden ser olvidados».
La sinodalidad y la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, firmada por su predecesor Francisco, fueron los dos temas que finalmente resultaron votados por mayoría el miércoles y que centraron las reflexiones de las sesiones de este jueves. El texto de Evangelii Gaudium, según destacaron los cardenales presentes, no ha «caducado» con el pontificado anterior y sigue interpelando a las diócesis, a la Curia romana y al propio Papa.
Preocupación por Venezuela y las iglesias que sufren violencia
Según VaticanNews, tanto el Papa como los miembros del Colegio Cardenalicio dirigieron su mirada a la situación general del mundo, que hace «aún más urgente» una respuesta por parte de la Iglesia, llamada a hacerse cercana a las iglesias locales que sufren guerras y violencias. En este contexto, aunque los temas oficiales del Consistorio eran otros, no faltó una reflexión sobre la situación de Venezuela, particularmente por parte de los cardenales latinoamericanos.
El cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá (Colombia), se hizo portavoz de esta preocupación durante la conferencia de prensa celebrada al término de los trabajos. El purpurado colombiano recordó las palabras del Papa en el Ángelus del 4 de enero, al día siguiente del ataque de Estados Unidos, cuando León XIV «expresó su profunda preocupación por lo que está ocurriendo en Venezuela y se comprometió a alentar el diálogo y la búsqueda de consensos, invocando la paz, para construir una paz que sea al mismo tiempo desarmada y desarmante, que busque unir a los pueblos en el respeto de los derechos humanos y de la soberanía».
«Ese mensaje del domingo marcó el tono de mis reflexiones de estos días», afirmó el cardenal Rueda. Aunque no era un tema oficial del Consistorio, resultaba «inevitable» que los miembros del Colegio Cardenalicio «estén preocupados por lo que está sucediendo». Venezuela es un tema que «llevamos en el corazón, nos duele a todos y deseamos los mejores desarrollos posibles en un futuro cercano», añadió.
Veinte grupos de trabajo y metodología de «conversación en el Espíritu»
Los trabajos, iniciados por la mañana y continuados por la tarde, estuvieron marcados por momentos de canto y oración, así como por una pausa para el almuerzo en el atrio del Aula Pablo VI, con la presencia del Papa, que entregó a cada cardenal la medalla de su pontificado. La jornada matinal dio comienzo a las 9.30 horas, dirigida por el cardenal Tolentino de Mendonça, con la presencia y oración inicial del Sumo Pontífice.
El tema de la sinodalidad fue introducido por una reflexión del cardenal Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, quien señaló que en la sinodalidad «no se modifica la estructura interna de la Iglesia, pero al mismo tiempo, se alcanza un nivel de participación misionaria de todo el pueblo de Dios». La sesión vespertina estuvo dirigida por el cardenal Tagle y se centró en la misión y la Evangelii Gaudium, con una introducción del cardenal Víctor Fernández, seguida por intervenciones libres de los cardenales.
Los 170 purpurados se distribuyeron en veinte grupos lingüísticos: once formados por cardenales no electores y nueve por cardenales electores, ordinarios de diócesis y nuncios aún en servicio, según explicó el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni.
La sinodalidad como «compañeros de camino» y su reflejo en la Curia
La sinodalidad, la necesidad de vivirla como «compañeros de camino», su reflejo en el ejercicio de la autoridad, en la formación y en el trabajo de los nuncios, así como la necesidad de vivirla en la Curia con «una mayor internacionalización», fueron el centro de las reflexiones de los grupos lingüísticos.
Durante la conferencia de prensa nocturna, los cardenales Stephen Brislin, arzobispo de Johannesburgo (Sudáfrica), Luis José Rueda Aparicio y Pablo David, obispo de Kalookan (Filipinas), ofrecieron un balance de los temas y del clima general de los trabajos. El cardenal Brislin definió la experiencia como «muy enriquecedora», gracias a la diversidad de perspectivas que permitió profundizar en las necesidades del mundo. «El hecho de que en junio haya un nuevo encuentro es una señal de que el Santo Padre se ha tomado muy en serio que podemos ayudarlo en su papel de Sucesor de Pedro», aseveró.
«El Papa escuchó más de lo que habló»
«Ocho meses después del Cónclave, el Papa ha querido convocarnos para escucharnos», añadió el cardenal Rueda, lo que «nos fortalece en la misión de la Iglesia». El cardenal David elogió el formato de los trabajos y la conversación en el Espíritu, gracias a la cual «todos pudieron hablar», y valoró especialmente que el Papa «escuchó más de lo que habló»: «Tomaba notas, estaba muy atento, y los aportes que ofreció fueron muy enriquecedores para todos nosotros».
Ante la pregunta de un periodista sobre los verdaderos elementos de novedad surgidos de este Consistorio, dado que muchos de los temas ya habían sido ampliamente tratados durante la doble sesión del Sínodo sobre la Sinodalidad, el cardenal Brislin respondió que la novedad no debe buscarse «solo en las discusiones», sino en la misma «oportunidad de conocernos y escucharnos». «Es importante porque venimos de distintas partes del mundo; algunos son cardenales recientes, otros lo son desde hace mucho tiempo», explicó.
El arzobispo de Johannesburgo añadió que el Papa «quiere ser colegial, quiere escuchar, quiere apoyarse en la experiencia y el conocimiento de los cardenales de las distintas regiones del mundo, porque eso puede ayudarle a guiar a la Iglesia». Los perfiles son «diversos», pero se ha trabajado «en una armonía que no es uniformidad», concluyó el cardenal Rueda.
Laicado y participación de la mujer en la Iglesia
Sobre la cuestión de la participación de los laicos y el papel de las mujeres en la Iglesia, el cardenal David manifestó: «¿Cómo no reconocer el papel de las mujeres y sus ministerios en la Iglesia?». El tema femenino es «una preocupación constante», acotó el purpurado filipino, recordando los resultados, publicados recientemente, de la Comisión para el estudio del diaconado femenino.
David aludió también al «clericalismo» y retomó la idea del «sacerdocio» del pueblo de Dios, inspirada en el Concilio Vaticano II: «Hablamos del cuerpo de la Iglesia: tenemos la cabeza de la Iglesia, pero no solo la cabeza, también hay un cuerpo. Las personas tienen el poder de participar en la vida y en la misión de la Iglesia».
La jornada concluyó hacia las 19.15 horas con el canto del Te Deum, cerrando así un encuentro que, según expresó el Papa en su discurso de apertura del miércoles, será «una prefiguración de nuestro camino futuro».








