(Opoka/InfoCatólica) Con un lenguaje inusualmente poco autocomplaciente, el arzobispo de Varsovia aprovecha la fiesta de los Reyes Magos para reactivar el mandato misionero del evangelio, pero no para tierras lejanas, para la misma Varsovia. Lejos de excusas del tipo «somos menos pero mejores», que se estilan en climas más meridionales, Mons. Galbas pide evangelización.
El arzobispo de Varsovia advierte que la capital polaca es ya una «tierra de misión» con el 85% de sus habitantes alejados de la práctica religiosa. Adrian Galbas, metropolitano de la archidiócesis, realizó esta contundente afirmación durante la homilía de la solemnidad de la Epifanía, celebrada en la catedral de San Juan Bautista. El prelado llamó a los fieles a asumir su responsabilidad evangelizadora y a ser «cristianos auténticos, no disfrazados de cristianos», en un contexto que definió como claramente misionero dentro de la propia Europa.
Durante la celebración litúrgica, el arzobispo presentó datos estadísticos que revelan la profundidad de la descristianización en la capital polaca: apenas el 15% de los habitantes de la archidiócesis acude regularmente a la iglesia, según el obispo. Esta realidad, según Galbas, convierte a Varsovia en un territorio de misión comparable a regiones tradicionalmente consideradas como tales en otros continentes.
La cifra del 15% de práctica dominical sitúa a Varsovia ligeramente por encima de Praga y Berlín, pero en linea de otras capitales católicas europeas como Dublín o Madrid. El fenómeno refleja la transición de Polonia de una 'sociedad cristiana' a una 'sociedad secular con memoria cristiana', patrón observado en sociedades post-totalitarias tras la caída del comunismo.
La Epifanía como fiesta del camino hacia Dios
El metropolitano de Varsovia contextualizó su mensaje en el significado propio de la solemnidad litúrgica. «Durante las fiestas de Navidad veneramos la Encarnación, es decir, el camino de Dios hacia el hombre. Hoy contemplamos la manifestación, el camino del hombre hacia Dios», explicó el prelado. Subrayó que Cristo vino para todos los seres humanos sin excepción: «A Cristo pueden acercarse todos. No tacha a nadie. Esto se llama: universalidad de la salvación».
La homilía tomó como eje el relato evangélico de los Magos de Oriente, pero el arzobispo no se limitó a exaltar la figura de estos sabios que emprendieron el viaje hacia Belén. Con rigor exegético, Galbas señaló que el texto sagrado presenta también a quienes, conociendo la noticia del nacimiento del Mesías, no se pusieron en camino hacia él.
Cuatro actitudes ante Cristo: del seguimiento al rechazo
El arzobispo identificó cuatro grupos de personajes en el relato de la Epifanía, cada uno representativo de una actitud diferente ante la llamada divina. En primer lugar, los propios Magos, modelo de quienes «paciente y tenazmente, conscientes de sus debilidades y pequeñez, caminan hacia Dios», capaces de dejar lo conocido para ir hacia Aquel a quien aún no conocen.
Frente a ellos, el prelado presentó tres actitudes negativas. La de Herodes, que «ve en el otro, tanto en otro ser humano como en Dios, solo un competidor». La de los habitantes de Jerusalén, a quienes «detuvo la simple cotidianidad». Y finalmente, la de los escribas y doctores de la Ley, expertos religiosos cuya fe calificó como «una religiosidad vacía, que recuerda a un cascarón vacío de Pascua».
«Dado que hay cuatro grupos, significa que cada uno de nosotros, de 'nosotros' y no de 'vosotros', pertenece a alguno de ellos», advirtió Galbas, invitando a los fieles a un examen de conciencia personal sobre su propia relación con la fe.
La responsabilidad misionera de cada bautizado
El arzobispo de Varsovia hizo especial énfasis en la dimensión misionera que compete a todo cristiano, vinculándola expresamente con la situación de la archidiócesis. Recordó que la solemnidad de la Epifanía es jornada de oración y apoyo a los misioneros, pero insistió en que la misión de la Iglesia concierne también a Polonia y, muy especialmente, a Varsovia.
Tras presentar los datos estadísticos sobre la práctica religiosa en la capital, el metropolitano conectó este diagnóstico con el sínodo archidiocesano previamente anunciado. «Nosotros somos al mismo tiempo discípulos de Cristo y sus misioneros. Si discípulo, también misionero. Si no misionero, tampoco discípulo», sentenció, estableciendo una relación indisoluble entre ambas dimensiones de la vida cristiana.
El testimonio de vida como forma más eficaz de evangelización
Galbas señaló que la forma más eficaz de evangelización es el testimonio de vida. En este sentido, fue tajante al afirmar que la Iglesia y el mundo «no necesitan hoy personas que cumplan deberes religiosos mostrando su fe como una etiqueta externa», sino «verdaderos misioneros que asuman una verdadera responsabilidad por su fe y por la fe de los demás».
El prelado concluyó su homilía con un llamamiento a vivir la fe de manera auténtica en el día a día. Deseó que los fieles caminasen cada jornada «en el cortejo de los Tres Reyes, no disfrazados de cristianos, sino como cristianos». «Seamos estrella. Que las personas, mirándonos como aquellos tres, se dirijan hacia Cristo para adorarle y reconocer en Él al Señor, Rey de su vida. Con nuestra vida llena de Luz de la Luz; vida honesta, lograda y no fingida, sin mentiras ni engaños, también sin autoengaños y automentiras, señalemos a otros el camino, recorriéndolo nosotros mismos», exhortó el arzobispo.







