León XIV cierra la Puerta Santa de San Pedro y concluye el Jubileo de la Esperanza
Cierre de la Puerta Santa de San Pedro | Screenshot YT

Primer Año Santo que abarca dos pontificados desde 1700

León XIV cierra la Puerta Santa de San Pedro y concluye el Jubileo de la Esperanza

El Papa clausura el Año Santo con un mensaje de esperanza: «La puerta de la clemencia permanece abierta».

(InfoCatólica) León XIV cerró este martes 6 de enero, solemnidad de la Epifanía del Señor, la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, poniendo fin al Año Santo ordinario que había inaugurado el Papa Francisco el 24 de diciembre de 2024. El gesto, realizado a las 9.41 horas (hora local), marca la conclusión de un tiempo de gracia que ha invitado a los católicos a la conversión, la reconciliación y la esperanza, en un Jubileo que, de forma inédita desde el año 1700, ha debido ser concluido por un pontífice distinto al que lo instituyó, tras el fallecimiento de Francisco en abril de 2025.

El Santo Padre se dirigió en procesión hacia la Puerta Santa mientras el coro entonaba la antífona «O clavis David». Al llegar al umbral, se arrodilló ante la puerta y permaneció unos minutos en oración silenciosa. A continuación, se levantó y empujó él mismo los dos grandes portones de bronce, gesto que marcó de manera visible el final del tiempo jubilar.

El mensaje del Papa: la misericordia permanece abierta

«Con ánimo agradecido nos disponemos a cerrar esta Puerta Santa, atravesada por una multitud de fieles, seguros de que el Buen Pastor mantiene siempre abierta la puerta de su corazón para acogernos cada vez que nos sentimos cansados y oprimidos», afirmó el Pontífice en su alocución previa al gesto conclusivo. Con estas palabras, León XIV subrayó que, aunque el Jubileo ha llegado a su término en el calendario, la misericordia de Dios permanece siempre abierta para los creyentes.

Antes de empujar los grandes portones, el Santo Padre pronunció en latín la fórmula prevista por el rito, siguiendo la práctica establecida desde 1975 y posteriormente simplificada por San Juan Pablo II durante el Jubileo del año 2000. León XIV recitó la oración de acción de gracias por el Año Santo ordinario, en la que proclamó: «Se cierra esta Puerta Santa, pero no se cierra la puerta de tu clemencia».

La fórmula se completó con una invocación para que permanecieran abiertos los tesoros de la gracia divina, «de modo que, al término de nuestra peregrinación terrena, podamos llamar con confianza a la puerta de tu casa y disfrutar de los frutos del árbol de la vida».

Un rito simplificado que respeta la tradición

En continuidad con la tradición establecida en las últimas décadas, la celebración no incluyó la parte ritual que contempla la construcción inmediata de un muro de ladrillos, sino que se limitó al cierre solemne de los batientes de bronce. En el pasado, la ceremonia era más larga y con mampostería se levantaba un muro que cerraba el espacio durante el propio rito público, pero esta práctica se simplificó en 1975 y Juan Pablo II la redujo aún más en el Jubileo del 2000.

La obra de mampostería propiamente dicha se llevará a cabo posteriormente, de forma privada, unos diez días después de este rito público, sin presencia de cámaras ni periodistas. El acto será dirigido por la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. Los llamados sampietrini, el personal de la Fábrica de San Pietro (formado por carpinteros, ebanistas y electricistas) que normalmente se ocupan del mantenimiento de la basílica, serán los encargados de levantar el muro de ladrillos en el interior de la Basílica para sellar definitivamente la Puerta Santa. En otras basílicas papales, esta labor correrá a cargo de técnicos de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Durante este rito privado, se insertará en el muro la tradicional cápsula metálica (capsis), que contendrá el acta oficial de cierre, las monedas acuñadas durante el año jubilar y las llaves de la Puerta Santa: elementos que sirven como testimonio material y simbólico del Año Santo que, como subrayó el Papa, ha concluido en el calendario, pero no en la vida espiritual de la Iglesia.

Un Jubileo extraordinario por sus circunstancias

Este Jubileo de la Esperanza presenta una particularidad histórica sin precedentes desde el año 1700: fue instituido por un Papa, Francisco, el 24 de diciembre de 2024, pero ha tenido que ser concluido por su sucesor, León XIV, tras el fallecimiento del pontífice argentino en abril de 2025. El último Jubileo ordinario, que se celebra cada 25 años para ofrecer la indulgencia plenaria a los fieles, tuvo lugar en el año 2000.

No obstante, también se pueden celebrar jubileos en momentos extraordinarios, como el Jubileo de la Misericordia que Francisco convocó en el año 2015, o el que será instituido en el año 2033 para conmemorar los dos milenios de la muerte y resurrección de Jesús.

Tras el cierre de la Puerta Santa, León XIV presidió la Santa Misa de la solemnidad de la Epifanía del Señor en el interior de la Basílica Vaticana, culminando así la celebración litúrgica del día y poniendo el broche final a este gran evento eclesial que ha congregado a millones de fieles en Roma durante más de un año.

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