La caridad irlandesa que ayuda a repatriar a los fallecidos para que «vuelvan a casa»

Su misión es clara: permitir que los suyos puedan despedirse

La caridad irlandesa que ayuda a repatriar a los fallecidos para que «vuelvan a casa»

En Irlanda, el Kevin Bell Repatriation Trust nació del dolor de unos padres y se convirtió en una obra concreta de misericordia. Desde 2013, esta entidad ha ayudado a devolver a su tierra a más de 2.000 irlandeses fallecidos fuera del país.

(CNA/InfoCatólica) En Irlanda, la Navidad es tiempo de retorno y de memoria. Muchas familias esperan la llegada de los que viven fuera y mantienen la costumbre de visitar los cementerios para recordar a sus difuntos. Esa idea de «volver a casa», tan arraigada en la cultura del país, también ilumina el sentido de una iniciativa benéfica singular: el Kevin Bell Repatriation Trust, dedicado a repatriar a irlandeses fallecidos en el extranjero para que puedan ser despedidos en su tierra.

El trust fue creado en 2013 por Colin y Eithne Bell, junto con su familia, tras la muerte de su hijo Kevin en Nueva York. Kevin tenía 26 años y, según explicó su padre, era un joven que disfrutaba de la vida y de los viajes: había estado en Australia y Tailandia, y después en Nueva York, ciudad que le fascinaba. La tragedia llegó de forma violenta y repentina. «Salió un sábado por la noche a tomar unas copas, tomó un taxi para volver a casa y, cuando se bajó, lo arrolló una furgoneta blanca que iba a gran velocidad, lo lanzó a la calzada y fue golpeado por otro vehículo. Ambos vehículos se dieron a la fuga.» «Murió en el acto.»

En medio del dolor, el padre añadió una observación que refleja el modo en que, a veces, una familia intenta respirar dentro del desastre: «Supongo que, misericordiosamente, Kevin no se enteró de nada.» Pero a la noticia de la muerte se sumó otro peso, igualmente real: el coste y la complejidad de traer el cuerpo de vuelta a Irlanda. Aquella carga económica resultó enorme, y la familia se encontró, además, con lo difícil que es gestionar una repatriación mientras se llora al hijo muerto.

Fue entonces cuando la ciudad de Newry reaccionó con una solidaridad masiva. Colin Bell lo recordó con gratitud y con una imagen muy expresiva: «Y cuando Kevin volvió a casa, era evidente que Newry también había perdido a un hijo por la reacción ante la noticia que se difundió.» «Solo puedo describirlo así: Newry nos envolvió como una manta.» Y concretó la magnitud de la ayuda: «En el espacio de una semana, se reunieron 150.000 libras para traer a Kevin a casa.»

Ese dinero, sin embargo, no se quedó en un caso aislado. Apenas empezaba a tomar forma una decisión: convertir un gesto de caridad colectiva en una obra estable para otras familias golpeadas por tragedias semejantes. La familia Bell se enteró de otro fallecimiento ocurrido lejos: un joven de Belfast, Steven Clifford, murió en Tailandia. Entonces dieron un paso que marcaría el futuro del trust. «Nos pusimos en contacto con la familia y le dijimos: “Mire, tenemos este dinero; pagaremos para traer a su hijo a casa”.»

Poco después llegó un segundo caso: a la semana siguiente murió en Las Vegas un joven de Sligo. Los Bell actuaron del mismo modo. El razonamiento que los movía era simple y, a la vez, profundamente moral: no consideraban aquel fondo como propiedad privada, sino como una ayuda recibida para hacer el bien. «Así que, de nuevo, nos acercamos a la familia. Porque teníamos 150.000 libras, que en realidad no eran nuestras.» «Pensamos que usaríamos esto para ayudar a otras familias que habían sido visitadas por la misma devastación.»

Al principio imaginaron que la iniciativa terminaría cuando se agotara aquel dinero. «Pensamos que, una vez se acabaran esas 150.000 libras, ahí terminaría todo.» Pero ocurrió algo que confirmó la necesidad de la obra: otros padres, enterados de lo que estaban haciendo, quisieron sostenerla. «Pero los padres de otro joven muerto en Perth se enteraron de que estábamos haciendo esto y tenían algo así como 75.000 libras, que nos dieron para continuar nuestro trabajo.» Fue entonces cuando decidieron consolidar la entidad como un legado permanente: «Entonces decidimos que haríamos de esto el legado de Kevin.»

Con el tiempo, el trust quedó reconocido como organización benéfica en Irlanda del Norte y en la República de Irlanda. Además, su labor se integró en el circuito de ayuda al que acuden familias desesperadas tras un fallecimiento en el exterior. Embajadas y consulados irlandeses pidieron información para poder orientar a quienes contactan con el Departamento de Asuntos Exteriores en Dublín cuando se produce una muerte fuera del país, facilitándoles el contacto del trust.

La necesidad es evidente también por los costes. Repatriar un cuerpo desde el extranjero puede resultar económicamente inasumible para una familia, especialmente cuando la muerte es repentina. El trust ofreció cifras orientativas que muestran el peso de esa carga: desde Australia, el coste puede situarse entre 8.000 y 9.000 libras; desde Europa continental, alrededor de 5.000 o 6.000; y desde Estados Unidos puede llegar a 10.000 libras o más, dependiendo de la zona.

Sin embargo, el trust no se presenta solo como una entidad que paga, sino como una obra que acompaña, organiza y descarga a la familia del laberinto de gestiones. Colin Bell describió lo que ocurre cuando una familia llama por primera vez, aún aturdida por la noticia. Para él, una de las claves es poder decirles, con claridad, que no quedarán abandonados a los trámites. «Creo que esa es probablemente la parte más importante del trabajo que hacemos porque, cuando una familia se pone en contacto con nosotros, podemos decir: miren, a partir de aquí nos encargamos nosotros; ustedes no tienen que hacer nada. Lo organizaremos y traeremos a su ser querido a casa.»

Bell enmarcó la misión desde una perspectiva abiertamente cristiana, vinculándola a las obras de misericordia. «Desde una perspectiva de fe, una de las obras de misericordia corporales es enterrar a los muertos, y las obras de misericordia espirituales nos piden consolar a los afligidos, que es lo que hace el trust.» Y subrayó algo que considera especialmente propio del sentir irlandés: el deseo de que los difuntos reposen en su tierra. «No importa si estás en casa o en el extranjero: pérdida es pérdida y dolor es dolor, pero, en particular, los irlandeses quieren a sus seres queridos en casa.»

En ese contexto, para el trust resulta fundamental que la familia pueda ver a su ser querido y despedirse. Bell lo expresó con sencillez: «Querer poder dar a la familia una forma de ver a su ser querido es lo más importante. Sé que fue muy, muy importante para nosotros.» En su propio caso, recordó el momento en que el cuerpo de Kevin llegó al hogar familiar y lo que significó para su madre. Al entrar el féretro en casa, dijo que se produjo «una sensación de paz», y añadió que Eithne pudo tomarle la mano y hablarle.

Con los años, el trabajo se ha mantenido y crecido. Según explicó Colin Bell, por lo que él sabe, el Kevin Bell Repatriation Trust sería la única organización de repatriación de este tipo en el mundo. Su logotipo es un pájaro, un símbolo ligado a un recuerdo familiar que, para ellos, tiene un significado especial. «La última Navidad antes de que Kevin se fuera, el último regalo que le hizo a su madre fue una mesa para pájaros.» Y Bell añadió la explicación que Eithne suele repetir: «Como dice Eithne, los pájaros vuelven a casa para anidar o posarse.»

Al final, el trust no es una campaña sentimental, sino una obra de caridad concreta nacida del sufrimiento y sostenida por la generosidad de otros. Incluso la figura de Kevin, cuya muerte dio origen a todo, aparece en el relato con un toque humano. Su padre recordó con afecto un rasgo de su carácter y cómo lo interpretaría hoy. «Kevin era un gran personaje que amaba la vida y siempre decía que sería famoso.» «Así que, en cierto modo, su nombre está ahí fuera y es muy conocido en todo el mundo.» «Estoy seguro de que estaría muy contento con ese hecho.»

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