31.03.16

(370) Elogiando a Lutero–1. Cantalamessa. Sed contra

  Lutero-Lucas Cranach el Viejo Centenario V de Lutero 

–¿Y cómo andamos hoy los católicos en cuestiones de gracia?

–Malitos. Entre los no practicantes, que son la mayoría, predomina el luteranismo o un pelagianismo frustrado. Y entre los practicantes, por mala o insuficiente formación, hay muchos semipelagianos, muy buenos cristianos con frecuencia; y una minoría de católicos que en la doctrina de la gracia son plenamente católicos. Es ésta, por supuesto, sólo una opinión,  que yo comparto. Y que se refiere sobre todo a las Iglesias locales descritianizadas de Occidente.

Sed contra. No es posible afirmar plenamente la verdad sin negar, al mismo tiempo, los errores que le son contrarios. Por eso Santo Tomás, por ejemplo, en la Suma Teológica escribe cada uno de sus artículos en tres pasos. .-Videtur quod… Dicunt alii… Parece que…, dicen algunos… Aquí, enumerándolos 1, 2, 3 etc., expone los errores antiguos y modernos sobre el tema que va a considerar. .-Sed contra… Por el contrario, enseña la Iglesia… Aquí expone sobre la cuestión considerada la verdad católica de la fe, fundamentando su enseñanza en Biblia, Padres, Magisterio de la Iglesia y argumentos de razón teológica. .-Ad primum… Concluye el artículo respondiendo uno por uno, ad primum, ad secundum… los errores que la misma exposición de la verdad ya ha rechazado.

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25.03.16

(369) La Cruz gloriosa – antología de textos

Velásquez, Cristo crucificado, 1632

–Este artículo resume quince artículos suyos ya publicados en este mismo blog Reforma o apostasía (142-156).

–Sí, ya me había dado cuenta. Va especialmente dedicado con afecto y oración a los muchos teólogos, sacerdotes, obispos, laicos y religiosos que hoy se obstinan en sacar de la vida cristiana la cruz: «son enemigos de la cruz de Cristo» (Flp 3,18). «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).

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18.03.16

(368) Santidad-11. Acuérdate de mí por amor a tu pueblo

Monje orante

–Ya se termina la Cuaresma… y yo estoy como estaba al principio…

–Hagamos un último empeño de oración y ascesis, que Dios en un segundo puede darnos lo que no hemos procurado-conseguido nosotros, miserables, en cuarenta días de Cuaresma.

En Cuaresma debemos procurar nuestra propia conversión, pero también la de nuestros prójimos, que tantas veces ni saben que están en Cuaresma, aunque sean cristianos, y menos aún si son paganos o cristianos paganizados. Hemos de vivir la Cuaresma por nosotros y por los demás: por los malos y por los buenos, pues todos están, estamos, necesitados de conversión.

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12.03.16

(367) Santidad-10. Conversión: oración, ayuno y limosna

Guercino 1618

–Demos gracias a Dios, pues parece que ya hemos terminado…

–Hemos terminado de exponer la conversión, pero seguimos con el grandioso asunto de la santidad.

En el artículo anterior veíamos que la inmensa misericordia del Señor nos concede que podamos satisfacer por nuestros pecados «ante Dios Padre por medio de Jesucristo» por –las penas de la vida, –las impuestas por el confesor en el sacramento, y –«con las penas espontáneamente tomadas por nosotros para castigar el pecado» (Trento, Denz 1693); lo que solemos llamar mortificaciones voluntarias. Pues bien, ¿cuáles son las principales obras penitenciales que debemos imponernos?

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5.03.16

(366) Santidad-9. Conversión- modos de expiar por los pecados

S Francisco de Asís

–Bastante penitencia tiene el hombre con sufrir las penas de su vida. Como para añadirle otras…

–Una vez más da usted muestras del atrevimiento de la ignorancia, por el cual se habla de lo que no se sabe.

¿Cuáles son los modos fundamentales de participar de la pasión de Cristo, y de expiar con él por los pecados? Aquí nos quedamos en el anterior capítulo al exponer la expiación penitencial (reparación, satisfacción).  

Esos modos fundamentales los enseña Trento diciendo que «es tan grande la largueza de la munificencia divina que podemos satisfacer ante Dios Padre por medio de Jesucristo no sólo con [1] las penas espontáneamente tomadas por nosotros para castigar el pecado [penas de mortificación] o [2] por las penas impuestas a juicio del sacerdote según la medida de la culpa [penas sacramentales], sino que también –lo que es máxima prueba de su amor– [3] por los azotes temporales que Dios nos inflige y nosotros sufrimos pacientemente [penas de la vida]» (Denz 1693; cf. 1713). Maravillosa enseñanza, y aún más maravillosa realidad. Sigo el orden inverso al explicar ahora esta doctrina.

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