(638) Espiritualidad, 16. -Sacerdotes santos (I): imágenes de Cristo

–Muy  poco he oído hablar de los ministros de la Iglesia como «sacerdotes», y de la Misa como «sacrificio».

–Ese silenciamiento, después del Vaticano II, ha sido programático en teólogos modernistas, más protestantes que católicos, que consiguieron su empeño en buena medida… «Evítese la palabra sacerdote para designar a los ministros de la Iglesia; dígase pastores o lo que sea. Y que nadie hable tampoco del sacrificio de la Eucaristía, porque no lo es. Dios no es un ídolo ofendido, sediento de venganza y de sangre»… etc.

 

Protestantización actual del tema

Lutero, en su obra La cautividad babilónica de la iglesia (1520), afirma del Orden sagrado que «la iglesia de Cristo no conoce este sacramento; es un invento de la iglesia del papa»… «El sacramento del orden fue –y es– la máquina más preciosa para justificar todas las monstruosidades que se hicieron hasta ahora y se siguen perpetrando en la iglesia»… «Huid los jóvenes de ser iniciados en estos ritos».. «Todos somos sacerdotes en el mismo grado». Y con el mismo empeño proscribe la palabra «sacrificio» referida a la Eucaristía. «Otro escándalo que hay que eliminar: la general creencia de que la misa es un sacrificio ofrecido a Dios… Repugna el concebir la misa como sacrificio».

Aunque no pocas «campañas vocacionales» parecen hoy ignorarlo, es evidente que la disminución de vocaciones sacerdotales –caída brusca, gravísima, que dura y perdura, y que conduce a la apostasía de ciertas Iglesias locales–, tiene su causa principal en la protestantización de amplios sectores jerárquicos y teológicos de la Iglesia Católica, orientadores principales de esas campañas infecundas.

Lean, pues, con atención estos artículos sobre el sacerdocio católico,  porque reafirman el sacerdocio en su verdad católica y combaten su falsificación, causa principal de la extrema escasez de vocaciones.

 

1). Sacerdotes «ad imaginem Christi»

Dios a todos los cristianos «los predestinó a ser conformes con la imagen de su Hijo, para que  Él sea primogénito entre muchos hermanos» (Rm 8,29; +2Cor 3,18). En los sacerdotes de la Iglesia la configuración a Cristo cobra especial fuerza y urgencia, y adquiere particulares matices:

1.°- El presbítero ha de ser y ha de manifestarse como imagen de Cristo «en cuanto Cabeza de su Cuerpo místico»: Maestro-Sacerdote-Pastor.  

2.°- La especial configuración sacerdotal con Cristo se funda en un sacramento, el Orden sagrado;

3.°- No puede reducirse en los sacerdotes esa configuración a una dimensión puramente espiritual e interior, a la que todos los cristianos están llamados, sino que implica también una configuración exteriorcon el modo de vida apostólica de Cristo. Si es un sacramento, es un signo, que significa lo que causa. De este modo, en la liturgia y en toda su vida, el presbítero ha de ser presencia de Jesucristo en medio de su pueblo.

San Juan de Ávila expresó esto muy bien: «La honra de los ministros de Cristo es seguir a su Señor, no sólo en lo interior, sino también en lo exterior». Este convencimiento halló en la Tradición una formulación que fue recogida por Pío XII: «Sacerdos veluti “alter Christus” est» –­ El sacerdote es como otro Cristo» (1950, enc. Menti Nostrae; +Pablo VI, Aud. gral 13-10-1971).

 

1. Concilio Vaticano II

El Concilio Vaticano II enseñó con insistencia significativa que en virtud del sacramento del orden el presbítero se configura –y ha de configurarse– a la imagen de Cristo, y que ha de re-presentarlo, es decir, ha de hacerlo visible y audible, actuando en su nombre. He aquí los principales textos conciliares que debemos recordar:

–En la constitución sobre la Iglesia:

«El sacerdocio ministerial, por la potestad sagrada de que goza, forma y dirige el pueblo sacerdotal, confecciona el sacrificio eucarístico en la persona de Cristo (in persona Christi) y lo ofrece en nombre de todo el pueblo de Dios» (Lumen gentium (10b). Los presbíteros «han sido consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento, a imagen de Cristo (ad imaginem Christi), sumo y eterno Sacerdote. (…) Su oficio sagrado lo ejercen sobre todo en el culto, en la asamblea eucarística, donde obran in persona Christi» (28a).

–En la constitución sobre la Liturgia:

Al distinguir los diversos modos de la presencia de Cristo, se afirma que «Cristo está presente en el sacrificio de la Misa, sea en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz” (Trento ses. 22), sea…» (Sacrosanctum Concilium 7a).

–En el decreto sobre los Presbíteros:

Enseña lo mismo más ampliamente. Quiso el Señor tener en su Iglesia un peculiar modo de seguir presente y visible, y «de entre los mismos fieles instituyó a algunos por ministros, que en la sociedad de los creyentes poseyeran la sagrada potestad del orden para ofrecer el sacrificio y perdonar los pecados, y desempeñar públicamente el oficio sacerdotal por los hombres en nombre de Cristo (nomine Christi)» (Presbyterorum Ordinis 2b).

«El ministerio de los presbíteros, por estar unido con el Orden episcopal, participa de la autoridad con que Cristo mismo edifica, santifica y gobierna a su cuerpo. Por eso, el sacerdocio de los presbíteros supone, desde luego, los sacramentos de la iniciación cristiana. Sin embargo, se confiere por aquel especial sacramento con el que los presbíteros, por la unción del Espíritu Santo, quedan sellados con un carácter particular, y así se configuran con Cristo sacerdote [ontológicamente], de suerte que puedan obrar como en persona de Cristo cabeza [operativamente]» (2 c). Operari sequitur esse: el obrar sigue al ser. El sacramento del Orden produce un cambio cualitativo en el ser del bautizado, que hace posible en él un nuevo modo de obrar.

Todo el decreto está fundamentado en este convencimiento de la fe. «Hechos de manera especial partícipes del sacerdocio de Cristo» (5a), en modo que difiere «esencialmente y no sólo en grado» de como participan los laicos (LG 10b), «los presbíteros, que ejercen el oficio de Cristo, Cabeza y Pastor, según su parte de autoridad» (Presbyt. 6a), «se configuran por el sacramento del orden con Cristo sacerdote, como ministros de la Cabeza, para construir y edificar todo su Cuerpo» (12 a), «ya que, consagrados de manera nueva a Dios por la recepción del orden (novo modo consecrati), se convierten en instrumentos vivos de Cristo, Sacerdote eterno (viva instrumenta efficiantur)» (12 a). Y así «todo sacerdote, a su modo, re-presenta la persona del mismo Cristo (ipsius Christi personam gerat), y es también enriquecido de gracia particular para que mejor pueda alcanzar, por el servicio de los fieles que se le han confiado y de todo el Pueblo de Dios, la perfección [la santidad] de Aquel a quien representa» (12 a).

Los números 13 y 14 del decreto siguen exponiendo esa maravillosa transformación entitativa y operativa que el Orden sagrado potencia sacramentalmente en el bautizado.

–En el decreto sobre la Formación sacerdotal

El documento conciliar sobre los Seminarios señala la configuración a Cristo como principio pedagógico absoluto para quienes aspiran al sacerdocio: «Habiendo de configurarse a Cristo Sacerdote por la sagrada ordenación, habitúense a unirse a Él, como amigos, con el consorcio íntimo de toda su vida» (Optatam totius 8a).

 

Perfecta doctrina sacerdotal del Vaticano II

Como hemos comprobado, el Vaticano IIafirmó que la diferencia esencial entre el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial de los ordenados está en que éstos, consagrados por el sacramento del Orden de un modo nuevo (novo modo consecrati),son hechos re-presentantes de Cristoen cuanto Cabezade su Cuerpo, y son potenciados para que actúen en su nombre, en su persona.

«Por el sacramento del Orden se configuran los presbíteros con Cristo sacerdote, como ministros de la Cabeza, para construir y edificar todo su Cuerpo, que es la Iglesia, como cooperadores del Orden episcopal» (Presb. Ord. 12a).

Todas las graves y numerosas falsificaciones del sacerdocio católico sufridas desde hace medio siglo, capaces de acabar con el sacerdocio ministerial en tantas Iglesias locales, todas son ciertamente anticonciliares, contrarias concretamente al Vaticano II (y en general a la doctrina católica sobre fe y moral).

Pero han conseguido sus promotores que las personas e instituciones que obran según enseña el Concilio Vaticano II sean consideradas anticonciliares, y que en cambio sean apreciados como conciliares quienes enseñan y obran en contra del Concilio (y en general de la Iglesia)… ¿Alcanzan ustedes a ver detrás de ellos al padre de la mentira?… Es él.

*

2. El Sínodo de los Obispos sobre el sacerdocio (1971)

Este Sínodo Episcopal IIIº, convocado por San Pablo VI, examinó dos temas: uno El sacerdocio, y otro La justicia en el mundo. En el primero confirmó y desarrolló lo que el Concilio Vaticano II había enseñado sobre el sacerdocio. Y de este modo defendió la doctrina católica sobre el  sacramento del Orden frente a ciertas orientaciones falsas que se estaban difundiendo por entonces. Recuerdo aquí algunos textos muy luminosos que vienen a perfeccionar la doctrina conciliar.

«Entre los diversos carismas y ministerios, únicamente el ministerio sacerdotal del Nuevo Testamento, que continúa el ministerio de Cristo mediador y es distinto del sacerdocio común de los fieles por su esencia y no sólo por grado (Lumen gentium 10), es el que hace perenne la obra esencial de los Apóstoles. En efecto, proclamando eficazmente el Evangelio, reuniendo y guiando a la comunidad, perdonando los pecados, y sobre todo celebrando la Eucaristía, hace presente a Cristo, Cabeza de la comunidad, en el ejercicio de su obra de redención humana y de perfecta glorificación de Dios» (…)

 «El sacerdote es signo del designio previo de Dios, proclamado y hecho eficaz hoy en la Iglesia. Él mismo hace sacramentalmente presente a Cristo, Salvador de todo el hombre, entre los hermanos, no sólo en su vida personal, sino también social. Es fiador tanto del Evangelio para congregar la Iglesia, como de la incansable renovación de la Iglesia congregada. Faltando la presencia y la acción del ministerio que se recibe por la imposición de manos acompañada de la oración, la Iglesia no puede estar plenamente segura de su fidelidad y de su continuidad» (nn. 3-4).

Sí, hemos leído bien: “el sacerdote hace sacramentalmente presente a Cristo”. Son palabras nuevas, deslumbrantes, que expresan con gran fuerza la fe de siempre: Alter Christus.

«El ministro, cuya vida lleva consigo el sello [carácter indeleble] del don recibido por el sacramento del Orden, recuerda a la Iglesia que el don de Dios es definitivo [sacerdos in aeternum]. En medio de la comunidad cristiana que vive del Espíritu, y no obstante sus deficiencias, él es prenda de la presencia salvífica de Cristo» (5b).

* * *

En el próximo artículo, Deo volente, expondré la condición apostólica de los presbíteros católicos, pues ellos son por naturaleza «cooperadores del Orden episcopal», en cuanto que los obispos son Sucesores de los Apóstoles.

José María Iraburu, sacerdote

 

4 comentarios

  
JSP
1. Padre José María, con lo clarividente que es la doctrina del Maestro celestial, la Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio, no termino de entender qué ocurre y ha ocurrido para que:
2. Antes del CVII se produjera un cisma por el fin del celibato para hacer lo mismo que los protestantes: casados.
3. Después del CVII se esté produciendo la misma rebeldía pero ahora con la homosexualidad.
4. ¿Qué falla o ha fallado? Seminarios y/o obispos. Y ¿qué antecedentes hay en su resolución?
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JMI.-No creo yo que antes y después del Vaticano II se produjera un cisma. Y concretamente sobre celibato y homosexualidad. Hay en ciertas Iglesias locales, no en toda la Iglesia, ciertas tendencias cismáticas graves, causadas por muchas malas acciones y por muchas omisiones, que no voy a describir comentando su comentario.
06/04/21 11:34 AM
  
Vicente
el sacerdote hace presente a Cristo, el Buen Pastor.
...............
JMI.-Así es.
06/04/21 4:02 PM
  
Jordi
Sacerdos, alter Christus.
07/04/21 7:51 PM
  
Pedro 1
Padre Iraburu:
En caso de necesidad, cualquier persona, incluso no bautizada, puede ejercer como ministro y bautizar si tiene la intención requerida y utiliza la fórmula bautismal trinitaria. La intención requerida consiste en querer hacer lo que hace la Iglesia al bautizar. Cristo purifica de todos los pecados al bautizado y lo hace hijo adoptivo de Dios.
Pero no cualquier persona puede celebrar Misa. Sólo los sacerdotes católicos. Cuando los sacerdotes formados por teólogos modernistas consideran que “hablamos del pan eucarístico diciendo que es el santísimo sacramento, pero a sabiendas de que la realidad del pan no fue, ni más ni menos, que el alimento de una conflictiva cena en la que Jesús manifestó decisivamente su herencia vital”, ¿están oficiando el Sacrificio Eucarístico? Porque es evidente que no quieren hacer lo que hace la Iglesia.
¿Pueden estas personas ordenadas estar configuradas como imágenes de Cristo cuando no lo siguen ni en lo exterior ni en lo interior? ¿Hacen presente a Cristo? ¿Lo representan? Operari sequitur esse: el obrar sigue al ser. ¿Son para poder luego obrar? Si estas personas son graves y numerosas falsificaciones del sacerdocio católico que van contra la doctrina y la moral, contra el designio de Dios y quieren destruir sus sacramentos y su ley,¿cómo pueden formar parte de la Iglesia cuando tras ellos está el padre de la mentira?
07/04/21 7:57 PM

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