(266) Liturgia –2. Misa de cara al Señor -I

–Veo que ha cambiado el artículo ya publicado… ¿Y eso?

–Tranquilo. Al último párrafo le he antepuesto tres párrafos nuevos. Muy interesantes, por cierto. Lo demás sigue todo igual.

La celebración de la santa Misa de cara a los fieles se hizo común a partir de las reformas litúrgicas posteriores al Concilio Vaticano II. Este cambio, más importante de lo que pueda aparecer a primera vista, ha sido discutido no poco y merece la pena reconsiderarlo. ¿Cuándo, dónde y por qué se tomó esa decisión?

–1964. La instrucción Inter Oecumenici (26-IX-1964), editada por el Cardenal Larraona, prefecto de la entonces Sagrada Congregación de Ritos, y por el Cardenal Lercaro, presidente del Consilium para la renovación postconciliar de la Liturgia, estableció lo que sigue:

«Constrúyase el altar separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda realizar de cara al pueblo. El altar ocupe el lugar que sea de verdad el centro hacia el que espontáneamente converja la atención de toda la asamblea de los fieles». «Praestat ut altare maius extruatur a pariete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit; in sacra autem aede eum occupet locum, ut revera centrum sit quo totius congregationis fidelium attentio sponte convertatur» (n. 91).

–1975 y 2000. La norma fue integrada literalmente en la Instrucción General del Misal Romano (1975, n.262) en la sección que trata del altar. Este importante documento fue revisado quince años más tarde y Juan Pablo II lo promulgó (2000), conservando la misma estructura y título: Institutio Generalis Missalis Romani. En él se repite textualmente la norma citada, y se añade la frase que indico en cursiva:

«Constrúyase el altar separado de la pared, de modo que se le pueda rodear fácilmente y la celebración se pueda realizar de cara al pueblo, lo cual conviene que sea posible en todas partes. El altar ocupe el lugar que sea de verdad el centro hacia el que espontáneamente converja la atención de toda la asamblea de los fieles». «Altare maius exstruatur a pariete seiunctum, ut facile circumiri et in eo celebratio versus populum peragi possit, quod expedit ubicumque possibile sit. Altare eum autem occupet locum, ut revera centrum sit ad quod totius congregationis fidelium attentio sponte convertatur» (n.299).

Es de señalar que en realidad no se prescribe que el sacerdote celebre la Misa de cara al pueblo, sino que, cautelosamente, se manda solo que el altar en todas partes haga posible la celebración de cara al pueblo. En cuanto a que «pueda ser rodeado fácilmente» es norma tradicional, pues eso permite que el altar pueda ser ungido convenientemente al ser consagrado (Pontifical Romano tradicional, en el capítulo Sobre la dedicación de las iglesias), y pueda también ser rodeado en una incensación completa (Misal de San Pío V, ed. 1962). La aplicación de la norma fue universal e inmediata; pero muy pronto la norma tuvo impugnadores. Citaré a uno de los más prestigiosos.

–1992. La obra ¡Vueltos hacia el Señor! (Zum Herrn hin) de Klaus Gamber (1919-1989) es quizá la obra de divulgación más completa sobre el tema que nos ocupa. El enlace que acabo de dar proporciona el acceso al texto íntegro del libro (ed. Renovación, Madrid 1996). Mons. Gamber, fundador del Instituto Litúrgico de Ratisbona, Alemania, resume en esta obra investigaciones anteriores publicadas por él mismo, y demuestra la falta de fundamento histórico y los inconvenientes de la vuelta de los altares para celebrar la Misa de cara al pueblo. El Cardenal Ratzinger, en el prólogo de la obra (18-XI-1992), hace notar que la misma tesis es mantenida por otros autores, «como F. J. Dölger, J. Braun, J. A. Jungmann, Erik Peterson, Cyrille Vogel, el Rev. Padre Bouyer, por citar sólo algunos nombre eminentes». Podrían añadirse a éstos otros, comenzando por el propio Ratzinger, Celebración de la fe (Tequi 1985, 131-137), el Cardenal Decourtray («Église de Lyon» 5-V-1992), o el P. Gélineau, S. J., El santuario y su complejidad («Maison-Dieu» 63, 1960, 53-68). Muy valiosa es la obra del alemán Uwe Michael Lang, oratoriano radicado en Londres, Volverse hacia el Señor (orig. 2004; ed. Cristiandad, Madrid 2007, 166 pgs.), también prologada con gran elogio –«es una guía inestimable»– por el Cardenal Ratzinger.


El P. Gamber dedica varios capítulos del libro a documentar cómo la celebración de la Misa «coram Deo», orientados todos, sacerdote y pueblo, hacia el Señor, «ad Dominum», está ampliamente testimoniada por los escritos de los Padres, por las fuentes litúrgicas y los datos arqueológicos. Y recuerda que Martín Lutero, en su opúsculo La misa alemana y el orden del culto divino (1526), afirmaba que «entre verdaderos cristianos, será necesario que el altar no quede como está y que el sacerdote se vuelva siempre hacia el pueblo, como sin duda lo hizo Cristo durante la cena» (26-27). Pero, «antes de Martín Lutero, en parte alguna se encuentra la idea del sacerdote vuelto hacia la asamblea durante la celebración de la Santa Misa, ni tampoco a favor de esta manera de ver se puede invocar ningún descubrimiento arqueológico» (63). Hace notar Gamber que, por otra parte, «si se quiere resaltar el carácter de cena de la celebración eucarística, el simple hecho de celebrar versus populum no sería suficiente para dar este carácter, pues sólo el “presidente de la cena” se coloca en la mesa. El resto de los “participantes de la cena” se colocan en la nave, como en un “sala de espectáculo”, sin relación directa con la “mesa de la cena”» (64-65).

«Personalmente creo que la introducción de altares cara el pueblo y la celebración orientada hacia éste, es mucho más grave y engendradora de problemas para la evolución futura que el nuevo misal. Porque en la base de esta nueva colocación del sacerdote con respecto al altar –y sin duda alguna, se trata aquí de una innovación, no de un retorno a una costumbre de la Iglesia primitiva– hay una nueva concepción de la misa, que hace de ella una comunidad del banquete eucarístico”. Todo lo que primaba hasta ahora, la veneración cultual y la adoración a Dios, así como el carácter sacrificial de la celebración, considerada como representación mística y actualización de la muerte y resurrección del Señor, pasa a segundo plano» (9-10). Pero recordemos la doctrina católica sobre la naturaleza de la Misa.

–La Misa es sacrificio y es cena. La Eucaristía actualiza la última Cena del Señor, en la que Jesús realiza por primera vez la ofrenda sacrificial de su cuerpo, «que se entrega», y de su sangre, «que se derrama», para la salvación de muchos. El Card. Ratzinger aseguraba a Mons. Lefebvre (cta. 20-VII-1983) que el carácter sacrificial de la Eucaristía, negado por Lutero, está muy suficientemente afirmada en el rito general y en las Plegarias eucarísticas del Novus Ordo. El Misal de Pablo VI «contiene el venerable Canon Romano y las demás Plegarias eucarísticas, que hablan de una manera muy clara del Sacrificio… Sic fiat sacrificium nostrum in conspectu tuo hodie… Orate, fratres, ut meum ac vestrum sacrificium»… En efecto, la Iglesia católica siempre ha afirmado, en los Padres, en Concilios, en Encíclicas modernas, la condición sacrificial de la Misa. Más aún, cree que ésta es la naturaleza más profunda de la Eucaristía.

«Como sabemos –escribe Gamber– Lutero negó el carácter sacrificial de la misa: no veía en ella más que la proclamación de la Palabra de Dios, a la que seguía la celebración de la Cena. De aquí su exigencia de que el celebrante estuviera vuelto a la asamblea. Cierto modernos teólogos católicos no niegan directamente el carácter sacrificial de la misa, pero les gustaría hacerlo pasar a un segundo plano a fin de poder resaltar mejor el carácter de cena de la celebración. La mayoría de las veces por consideraciones ecuménicas en favor de los protestantes; pero descuidando en su ecumenismo a las Iglesia orientales ortodoxas, para las que el carácter sacrificial de la divina liturgia es un hecho indiscutible» (60). Esa atenuación en el signo de la condición sacrificial de la Misa contrasta notablemente con la doctrina católica de siempre, también de hoy.

La naturaleza primaria del Misterio Eucarístico como Sacrificio de la Nueva Alianza ha sido frecuentemente profesada también por los ultimos Papas. Pío XII desarrolla esa doctrina de la fe en forma admirable (enc. Mediator Dei 1947, 84-119), y su enseñanza es continuada por sus sucesores.

Pablo VI. Debemos recordar «lo que es como la síntesis y punto central de esta doctrina, es decir, que por el Misterio Eucarístico se representa de modo admirable el sacrificio de la Cruz consumado de una vez para siempre en el Calvario… La Iglesia, al desempeñar la función de sacerdote y víctima juntamente con Cristo, ofrece toda entera el sacrificio de la misa, y toda entera se ofrece en él» (Mysterium fidei 1965,4). «Nosotros creemos que la Misa, que es celebrada por el sacerdote representando la persona de Cristo, es realmente el sacrificio del Calvario, que se hace sacramentalmente presente en nuestros altares» (Credo del Pueblo de Dios, 1968,24).

Juan Pablo II. «“El Señor Jesús, la noche en que fue entregado” (1Cor 11,23), instituyó el Sacrificio eucarístico de su cuerpo y de su sangre… Este sacrificio es tan decisivo para la salvación del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre sólo después de habernos dejado [en la Eucaristía] el medio para participar de él, como si hubiéramos estado presentes… Ésta es la fe de la que han vivido a lo largo de los siglos las generaciones cristianas.Ésta es la fe que el Magisterio de la Iglesia ha reiterado continuamente… No afirmó [Jesús] solamente que lo que les daba de comer y beber [a sus discípulos] era su cuerpo y su sangre, sino que manifestó su valor sacrificial, haciendo presente de modo sacramental [en la Eucaristía] su sacrificio, que cumpliría después en la cruz algunas horas más tarde… En efecto, “el sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único sacrificio” (Catecismo 1367)» (Ecclesia de Eucharistia 2003,11-12).

Benedicto XVI. «Jesús es el verdadero cordero pascual que se ha ofrecido espontáneamente a sí mismo en sacrificio por nosotros, realizando así la nueva y eterna alianza. La Eucaristía contiene en sí esta novedad radical, que se nos propone de nuevo en cada celebración» (Sacramentum caritatis 2007,9). Recuerda el Papa que la misma Ordenación General del Misal Romano (n.78) declara que en la Misa «se realiza el sacrificio que el mismo Cristo instituyó en la última Cena» (ib. 48)

* * *

–El altar de cara el pueblo, sin embargo, en el lenguaje no verbal de los signos, parece acentuar en la Eucaristía su verdadera y tradicional condición de Cena Missa in Coena Domini, la del Cenáculo, la cena que anticipa el banquete en el reino de los cielos–; pero atenúa su carácter de Sacrificio. Por el contrario, la tradición más que milenaria de la Iglesia, sabiendo que el sentido sacrificial es el más importante de la Misa, al celebrar la Eucaristía ha significado más el altar del sacrificio, que el de mesa del sagrado convite. Autores fidedignos afirman que la celebración de la Misa «versus populum» es ajena a la tradición de la Iglesia. Así, Klaus Gamber:

«Jamás ha habido ni en la Iglesia de Oriente ni en la de Occidente celebraciones [de la Eucaristía] versus populum (cara al pueblo), sino que siempre todos se volvían hacia el oriente para rezar ad Dominum (hacia el Señor)» (26). El P. Josef Yungmann, S.J., el autor de la obra clásica Missarum solemnia, asegura igualmente que «la afirmación, tan a menudo repetida, de que el altar de la iglesia primitiva suponía siempre que el sacerdote estaba vuelto al pueblo, se comprueba que es una leyenda» («Der Seelsorger» 1967; Gamber, 38). Por otra parte, es de notar que esta tradición de la Iglesia es común a «todas las religiones que tienen una liturgia determinada para llevar a cabo el sacrificio… El oficiante está separado de la muchedumbre y se pone delante de ésta, ante el altar y vuelto hacia la divinidad. De siempre, las personas que ofrecen un sacrificio [cultual] están vueltas hacia aquel a quien se destina el sacrificio y, en absoluto, hacia los que participan en la ceremonia» (59).


El altar grande, como una gran mesa de convite, expresa también más la Eucaristía en cuanto mesa de la sagrada Cena, que como altar del Sacrificio eucarístico. Por eso, por la razón ya aducida, la tradición antigua y medieval acostumbró poner en el centro del presbiterio y del ábside un altar más bien pequeño, el ara del sacrificio. El P. Gamber confiesa, «me gustaría que se volviese a formas simples [del altar], tal como las que habitualmente estaban en uso en el primer milenio, tanto en la Iglesia de Oriente como en la de Occidente, formas que ponían muy de relieve el carácter del altar cristiano, lugar del sacrificio de la Nueva Alianza» (10). Es cierto, sin embargo, que estos altares relativamente pequeños eran a veces ornamentados con frontales y manteles sumamente preciosos.

Por otra parte, la costumbre de adosar el altar al muro se inició en la baja Edad media, y prevaleció ampliamente en el Barroco, cuando altares pequeños o grandes quedaban como abrumados bajo la grandiosidad de unos retablos que no pocas veces eran de una belleza muy notable y de un gran valor catequético y devocional. En todo caso, el hecho de que sacerdote y pueblo se orientaran coram Domino expresaba con claridad que el ministro oficiante, ante todo y sobre todo, estaba ofreciendo a Dios con el pueblo, también oferente, el sacrificio de la sagrada Eucaristía.

La historia, pues, de las formas litúrgicas ha privilegiado siempre la expresión del Misterio eucarístico como sacrificio celebrado en un altar coram Domino. Es ésta una realidad clave, que Klaus Gamber declara en el inicio del prólogo de su obra: «El altar se refiere siempre a un sacrificio ofrecido por un sacerdote. Altar, sacerdote y sacrificio van al unísono, como decía San Juan Crisóstomo: “Nadie puede ser sacerdote sin sacrificio”» (9). En las Plegarias eucarísticas, así como en el rito común de toda Misa, se acentúa de forma muy predominante, también en el Novus Ordo, la condición sacrificial de la Eucaristía.

Y el predominio histórico del «altar» sobre la «mesa» en la Eucaristía se manifiesta también en la misma terminología de los Misales, Sacramentarios, ritos de Consagración de iglesias, etc.: desde los más antiguos hasta los más recientes, como la Ordenación General del Misal Romano de Pablo VI (nº 295-308), al regular la celebración de la Misa, todos hablan casi siempre del altar, y sólo algunas veces de la mesa del altar.

En realidad, desde la misma institución de la Eucaristía, Cena y Sacrificio, mesa y altar, son realidades inseparables, que en modo alguno deben contraponerse. Como bien dice la instrucción general del Misal nuevo, «el altar, en el que se hace presente el sacrificio de la Cruz bajo los signos sacramentales, es también la mesa del Señor, para participar en la cual, se convoca el Pueblo de Dios a la Misa» (OGMR 296).

* * *

–La celebración de la Eucaristía coram populo ha tenido y tiene graves consecuencias, algunas negativas. Siendo la Eucaristía «fuente y cumbre de toda la vida cristiana» (LG 11), es impensable que un cambio de 180º en la posición del sacerdote respecto del pueblo en la Misa no traiga consigo muy notables consecuencias en el modo de entender el Mysterium fidei y de celebrarlo. Y algunas, ciertamente, han sido negativas. –La primera, ya señalada, es la debilitación de la fe en que la Misa es principalmente un sacrificio; debilitación no sólo en los fieles: ¡también en el propio sacerdote!. –Esa costumbre litúrgica, sin duda, ha contribuído a que con gran frecuencia el presbítero se considere pastor que guía al pueblo cristiano, pero no sacerdote que ofrece el sacrificio eucarístico. Incluso no es una rara excepción el presbítero que siente aversión por la misma palabra sacerdote, sacerdocio, sacrificio litúrgico. Pero a estos inconvenientes principales han de añadirse muchos otros.

–Como señala el P. Gamber, «se querría evitar hoy dar la impresión de que la “santa mesa” pueda ser un altar del sacrificio. Sin duda es también la razón por la que casi en todas partes sólo se pone en el altar un solo ramo de flores, como si fuese la mesa de una comida de familia, así como dos o tres velas, que generalmente se colocan al lado izquierdo de la mesa, mientras que el jarro con flores se pone al otro lado. Se busca la ausencia de simetría…; sólo se quiere una mesa para la comida y no un altar» (59). –Muchos jolgorios eucarísticos actuales (globitos, palmadas, coro con batería en el presbiterio, cantautores y demás) no tendrían lugar si, celebrando coram Deo, creciera la conciencia de que en «el altar se hace presente el sacrificio de la Cruz bajo los signos sacramentales». –A los sacerdotes, por otra parte, no suele resultarnos agradable vernos constituidos visualmente como centro principal de la celebración eucarística, y tener veinte, cien o mil ojos fijos en nosotros. Es normal que esto suceda en las lecturas y en la homilía, pero en los ritos iniciales y, en general, en toda la liturgia sacrificial, cuando estamos dirigiendo al Señor la gran plegaria eucarística, más coherente sería orar con el pueblo coram Deo que versus populum. –Y si a algún presbítero representa como actor creativo su papel, animando y dirigiendo los cantos, andando por el presbiterio con el micrófono inalámbrico en la mano, haciendo largas moniciones, quiebra con esa actitud su propia condición, la de aquel que oficia en cuanto ministro sagrado, altera  la sacralidad del ambiente y el ritmo de la celebración. Creo que es realista afirmar que la eliminación del vestir eclesiástico y la celebración de la Misa de cara al pueblo han sido dos de los factores más importantes para el profundo cambio de talante del sacerdote, secularizando su figura de ministro sagrado del Señor.


–En muchos casos la representación del sacerdote centro-actor de la Misa desagrada y distrae no poco a los fieles-espectadores. «Colocándose detrás del altar, observa el P. Gamber, la mirada vuelta hacia el pueblo, el sacerdote se convierte, desde el punto de visto sociológico, en un actor, que depende totalmente de su público, y en un vendedor que tiene algo que vender» (57). –Por otra parte, la exposición visual continua frente al pueblo no suele ayudarnos a los sacerdotes en la oración, sobre todo en iglesias reducidas. De hecho, muchos sacerdotes mantenemos los ojos bajos o cerrados en buena parte de la Misa. Como es de experiencia, los cristianos, sacerdotes o laicos, cuando fuera de la Misa quieren orar, muy frecuentemente cierran los ojos, o los fijan en un crucifijo o una imagen, y en lo posible buscan un lugar recogido. Es normal que así se ayuden para recoger la mente en Dios y a elevar a Él el corazón. No se les ocurre ponerse a orar frente a un grupo de fieles que les estén mirando. Y sin embargo ésa es la situación creada cuando el sacerdote, en los momentos supremos de la oración litúrgica, ha de hacerla de cara al pueblo. –El sacerdote, «sobre todo celebrando la Eucaristía, hace presente a Cristo, Cabeza de la comunidad, en el ejercicio de su obra de redención humana y de perfecta glorificación de Dios… Él mismo hace sacramentalmente presente a Cristo, Salvador de todo el hombre» (Sínodo III,1971, I,4). Y en este sentido, aunque parezca contradictorio, cuanto el sacerdote menos centre la mirada sobre sí mismo, más transparenta a Cristo, y mejor cumple su ministerio.  

–Puede, sin embargo, el sacerdote celebrar la Misam coram populo expresando con signos elocuentes el Sacrificio eucarístico, en toda su grandeza. Esto debe quedar muy claro. No exageremos las dificultades. Lo conseguirá si en sus homilías y catequesis habla al pueblo de la Misa como sacrificio, glosando lo que tantas veces afirman las Plegarias eucarísticas, la oración de ofrenda propia del día y en tantas otras ocasiones. Lo conseguirá también si, evitando gestos personales y explicaciones superfluas, se hace invisible, aunque está a la vista de todos, porque guarda cuidadosamente a lo largo de toda la celebración una actitud de sagrado oficiante ministerial, y no de actor con expresiones y gestos propios, personales, ateniéndose con total fidelidad a los textos y actitudes señalados en el propio Misal Romano.

Las moniciones de entrada puede emplearse con frecuencia para mostrar a los fieles la Misa como Sacrificio eucarístico. –«Pidamos al Señor que perdone nuestros pecados, para que podamos celebrar dignamente el Sacrificio de la Nueva Alianza». – «Antes de ofrecer a Dios el Sacrificio eucarístico, pidámosle que purifique con su perdón nuestros corazones»… etc. Si en moniciones y sobre todo en la predicación los sacerdotes confesamos con frecuencia la fe católica en la condición sacrificial de la Eucaristía, hay grandes probabilidades de que, Deo adiuvante, terminen los fieles por enterarse de nuevo de lo que realmente están viviendo en la Misa, el misterio de la Cruz, como testigos videntes en la fe. No hagamos, pues, caso de aquellos teólogos y liturgistas que desaconsejan hablar a lo fieles del «Sacrificio. Esta palabra suscita en muchos rechazo… La idea de sacrificio llevaría consigo inconscientemente la idea de venganza, linchamiento»… (Olegario González de Cardedal: Cristología, BAC, Madrid 2001, 540-541).

* * *

 Benedicto XVI propuso La Cruz sobre el altar como un buen recurso para solucionar los inconvenientes serios, que él mismo señaló en varias ocasiones, del altar coram populo. Ya la Ordenación del Misal Romano dispone, fiel a la tradición, que «sobre el altar, o cerca de él, colóquese una cruz con la imagen de Cristo crucificado, que pueda ser vista sin obstáculos por el pueblo congregado… para que recuerde a los fieles la pasión salvífica del Señor» (308). Esta solución, la Cruz sobre el altar, como fácilmente puede apreciarse, no resuelve por completo los inconvenientes aludidos, aunque los atenúa. Pero, en todo acaso, acepta como premisa mayor fija que el sacerdote habrá de seguir celebrando la Misa vuelto al pueblo; o como algunos llegan a decir, en barbaridad máxima, «dando la espalda al pueblo» (*).

Más completa es la solución sugerida por Uwe Michael Lang y algunos otros teólogos y liturgistas: celebrar la Misa de cara al pueblo en la parte primera, en los ritos introductorios y en la Liturgia de la Palabra, con el sacerdote en la sede o el ambón. Y «en cambio, para la Liturgia de la Eucaristía en sentido estricto, sobre todo para el Canon, es más que conveniente que la asamblea entera, incluido el celebrante, esté orientada hacia el Señor» (134; cf. 23). En el Prólogo de esta obra, Ratzinger, como en otras ocasiones anteriores, expresa esta misma preferencia. En todo caso, quede claro que la celebración coram populo no se exige como algo necesario en la norma actual.

Efectivamente, en la forma ordinaria de celebrar hoy la Eucaristía no es obligatorio el altar vuelto hacia el pueblo. En la forma extraordinaria, la de la Misa tradicional, está mandado que el altar sea coram Deo. Pero el Novus Ordo, por el contrario, no opta en forma obligatoria por la celebración de la Misa coram populo.

«Se ha preguntado a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos si el enunciado del nº 299 de la Institutio Generalis Missalis Romani constituye una norma por la que, durante la liturgia eucarística, ha de considerarse excluida la posición del sacerdote versus absidem.

«La Congregación… responde: Negative et ad mentem. La mens comprende diferentes elementos que tomar en cuenta.

«Ante todo, se ha de tener en cuenta que la palabra expedit [conviene que sea posible en todas partes] no constituye una forma obligatoria, sino una sugerencia que se refiere tanto a la construcción del altar a pariete seiunctum, como a la celebración versus populum… Se reafirma que la posición hacia la asamblea parece más conveniente, ya que hace más fácil la comunicación (cf. Editorial de Notitiae 29 [1993] 245-249), sin que, no obstante, se excluya la otra posibilidad [coram Deo]» (25-IX-2002).

Firma la respuesta el Cardenal chileno Jorge A. Medina Estévez, Prefecto de la Congregación. Él fue quien dispuso que se realizara el signo de la cruz en todos los ritos de bendición (24-IX-2002), como siempre se había hecho, y que los renovadores litúrgicos habían eliminado en casi todos los ritos del nuevo Bendicional.

La Ordenación General del Misal Romano, que regula las Misas según el Novus Ordo, describe una celebración de la Eucaristía en la que el sacerdote se orienta coram Deo, no coram populo. Así lo hace notar el oratoriano P. Louis Bouyer, gran conocedor de la historia de la liturgia, en el Epílogo de la obra de Klaus Gamber, tanto en la edición francesa como en la española. Después de identificarse Bouyer con las tesis de la obra, y declarar que «la denominada misa “cara al pueblo” no es más que un total contrasentido o más bien un puro sin sentido», añade una observación obvia, que para muchos sin embargo será desconocida:

«Nada está más en contra no sólo de “toda” la auténtica tradición cristiana… sino también del “nuevo Misal”, si es que se toman tiempo para leer sus rúbricas. ¿No se prescribe que el sacerdote “se vuelva a los fieles” cada vez que se dirija a ellos y no a Dios en la plegaria común? Lo que no tendría sentido, en el caso de que el sacerdote esté vuelto a los fieles» (Vueltos 73-74). Así es, en efecto. La Ordenación General del Misal Romano –y lo mismo las rúbricas del Ordinario de la Misa– describe una celebración eucarística en la que el sacerdote –o el diácono– está orientado coram Deo, igual que el pueblo, al que da la espalda.

Por eso manda que, al principio de la misa, «vuelto hacia el pueblo (versus ad populum) y extendiendo las manos, el sacerdote lo saluda» (124). En la Oración de los fieles, el diácono, el cantor u otro –el sacerdote– «vuelto hacia el pueblo, propone las intenciones» (138). En las ofrendas, «el sacerdote, de pie, vuelto hacia el pueblo, invita al pueblo a orar, diciendo: Orad, hermanos» (146). Antes de la comunión, el sacerdote «vuelto hacia el pueblo, anuncia la paz, diciendo: La paz del Señor esté siempre con vosotros» (154). Poco después, eleva la Hostia consagrada, y «vuelto hacia el pueblo, dice: Éste es el Cordero de Dios» (157); y después, «vuelto hacia el altar, el sacerdote dice en secreto: “el cuerpo de Cristo me guarde”, etc.» (158). Y una vez dada la bendición final, «el diácono [o el sacerdote] despide al pueblo, vuelto hacia él, diciendo con las manos juntas: Podéis ir en paz» (185). Parece claro que se describe una Misa celebrada coram Deo.

Quiera Dios que en la Iglesia quede establecido que la Misa actual, al modo ordinario, sea coram Domino, sacerdote y fieles orientados todos hacia el altar, hacia la Cruz, bien visible al fondo del ábside o del muro. Si la Misa actual en el modo ordinario se celebrara coram Deo ganaría muchísimo la sacralidad del acto y la significación de la Misa como sacrificio. Ninguna dificultad hay para ello, pues, como hemos visto, es lo que la Ordenación General del Misal Romano describe. No hay tampoco para ello dificultades materiales importantes, pues en muchos casos, quizá en la mayoría, estando el altar exento, bastaría con que el sacerdote se situara frente al altar, con una gran Cruz enfrente, todos conversi ad Dominum.

Persisten todavía convicciones ideológicas contrarias muy arraigadas y difundidas. Pero cada vez son más, creo yo, los teólogos y liturgistas que reconocen la conveniencia de que, al menos en la Liturgia de la Eucaristía, sacerdote y fieles deben unirse en la oración y la ofrenda en una misma dirección, coram Deo. Uwe Michael Lang llega a estimar que «la recuperación de esa idea es indispensable para la buena salud de la Iglesia de hoy» (38). Pidamos, pues, al Señor que la Misa católica recupere una fisonomía sacrificial mucho más expresada en el signo del altar vuelto hacia Él. «Pedid y se os dará» (Mt 7,7). Todo hace pensar que recibiremos lo que pedimos, pues esa súplica pide lo que Dios está queriendo concedernos.

José María Iraburu, sacerdote

(*).– El Señor Obispo de Sâo Carlos (Sâo Paulo, Brasil), en el artículo El regreso a la Edad Media (Boletín diocesano, 2012), resistiendo al motu proprio Summorum Pontificum, sin nombrarlo, declaraba sinceramente: «No consigo entender cómo, en pleno siglo XXI, existan personas que quieren el regreso de la Misa en latín, con el sacerdote celebrando “de espaldas al pueblo”». Los términos coram Deo, coram Dominum, versus ad Deum, conversi ad Dominum, ad absidem, él venía a entenderlos y traducirlos según la expresión «de espaldas al pueblo».

Índice de Reforma o apostasía

42 comentarios

  
vicente
dado que la Iglesia permite que se celebre el Santo Sacrificio hacia el pueblo y de espaldas al pueblo, que cada obispo decida en su diócesis lo que hay que hacer.......
06/04/14 8:56 PM
  
Gabriel
Gracias p. Iraburu. !
06/04/14 9:36 PM
  
Marco A. Echeverría Díaz
Estimado Padre.
La frase: "lo cual conviene que sea posible en todas partes", sacada de la Instrucción del Misal romano, no se refiere a la celebración Versus Populum, sino a que el Altar sea exento del muro. Eso lo deja en claro el siguiente documento (que usted cita) de autoría del Cardenal Medina.

Por lo demás, creo que la aportación de Laszlo Dobsay, Alcuin Reid y, por supuesto, del P. Uwe Michael Lang y de Mons. Klaus Gamber dejan en claro que la celebración versus populum fue un recurso impuesto por los reformadores y por algunos obispos y conferencias episcopales, pero que no representa el querer de los Padres Conciliares ni de la Constitución de Sagrada Liturgia del CVII. Cualquier apología de dicha forma celebrativa carece de fundamento en cuanto al desarrollo orgánico de la Sagrada Liturgia.

Me parece prudente su análisis, ya que va en línea con la visión litúrgica de la Iglesia que se ha conservado desde tiempos apostólicos.

Saludos!
06/04/14 9:44 PM
  
José María Iraburu
AVISO A LOS COMENTARISTAS
Como ya he avisado en alguna otra ocasión, no publicaré los comentarios que arremetan contra la reforma litúrgica postconciliar con ánimos lefebvrianos, ni tampoco las críticas negativas acerca de los modos litúrgicos de instituciones o de asociaciones concretas aprobadas por la Iglesia.
06/04/14 10:28 PM
  
Ricardo de Argentina
Yo también le agradezco muchísimo este artículo, Padre.

He asistido a las misas N.O. y coram Deo que una congregación argentina celebra en sus monasterios. Ése solo hecho las hace sustancialmente diferentes a las usuales versus populum. Que el ministro oficie vuelto hacia Dios le otorga a la celebración una sacralidad eminente.

Benedicto XVI, en un intento de dar cauce a las preferencias litúrgicas tradicionales pero también para facilitar el frustrado regreso de los lefebristas, fomentó todo lo que pudo la misa V.O. Pero pudo muy poco. Yo creo que si en cambio se hubiese propuesto como paso intermedio alentar la celebración del N.O. coram Deo, muchísimos sacerdotes estarían celebrando hoy de esta manera. Porque pasar del N.O. al V.O. no solamente implica arrostrar resistencias a veces jerárquicas (Ud. ha puesto un buen ejemplo), otras populares, sino que además el sacerdote debe re-aprender la liturgia.

Es por eso que adhiero entusiastamente a su propuesta: que haya cada vez más sacerdotes que celebren el N.O. coram Deo. Ni el oficiante ni la asamblea deberán hacer nada diferente a lo que vienen haciendo hasta ahora, y el aumento de la sacralidad de la celebración se verá notablemente favorecido.

Es que los signos tienen su importancia.
..........................
JMI.-Así sea.
Traduzco por si alguno no entiende:
N.O. es Novus Ordo.
V.O., Vetus Ordo.
07/04/14 12:55 AM
  
Rafa
Creo que lo que dice Ricardo de A. sería la solución deseable y más pedagógica para los fieles (y sacerdotes). Pero también me parece interesante la propuesta del P. Gamber de volver (siempre que sea posible) a altares más simples y que visualmente remitan a la idea del sacrificio. Esto no tiene que ver con el V.O. o el N.O. como bien señala ud. Los altares de época visigoda, p.e., solían adoptar la forma de cruz (tau) con el stipes o tenante decorado con una gran cruz con alfa y omega. Es un tipo simple y a la vez muy gráfico de lo que se pretende transmitir.
07/04/14 9:15 AM
  
Totoro
Cuando celebro en la capilla del Santísimo de mi parroquia (una vez al mes) lo hago por razones prácticas (mas pequeña, fácil de calentar etc). Por la posición del altar la Misa es Coram Deo. Pero disfruto como un enano. Además de todo el sentido teológico - litúrgico (que es tan obvio que no se como no se impone) o incluso el "pastoral", es que se celebra muchísimo mejor! A mi por lo menos me ayuda muchísimo a celebrar la Misa con mayor profundidad, piedad, devoción y cariño.
07/04/14 10:33 AM
  
Natanael
En mi opinión otro de los males que se dio tras este cambio de orientación es que el sagrario molesta. Y así en muchas parroquias el sagrario se recluye en alguna capilla (a veces lo más alejada posible).

Con la escusa de que si se pone detrás del altar el sacerdote le da la espalda. O incluso de que distrae en la celebración eucarística puesto que "el centro de la celebración es el sacerdote".

Una de las grandes luchas es de lenguaje. Porque claro si dices que la misa se celebra "de espaldas al pueblo", pues a nadie le gusta que le den la espalda -además de transmitirse la idea de que el sacerdote esta a lo suyo- mientras que si enseñas que en realidad en sacerdote mira, junto con la comunidad, hacia Dios; se entiende que toda persona de fe lo encontrará apropiado.

Incluso muy adecuado, si se olvidasen todos los prejuicios existentes, puesto que se expresa mucho mejor la participación. Toda una comunidad que mira hacia Cristo en el sacrificio del altar, frente a la situación actual en la que si bien la realidad es la misma, en cuanto a las formas pareciera que el resto de la comunidad es mero espectador de lo que hace el sacerdote, como si de un espectáculo humano se tratara.
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JMI.-Bueno, mejor si nos centramos en el altar. Porque el sagrario es "otra cuestión", y con el favor de Dios hemos de ir tratando en este serie varios aspectos de la Liturgia actual. Ahora hablamos del altar.

Por otra parte, que haya una capilla del Santísimo propia es algo bien conforme con las normas litúrgicas y con la tradición de la Iglesia. En muchas Catedrales y grandes Basílicas como, por ejemplo, la San Pedro en Roma hay Capilla del Smo.
07/04/14 11:21 AM
  
Luis López
Gracias a que en mi ciudad se celebran ambas modalidades del rito romano, y he podido conocerlas bien, yo creo que las dos formas del Rito Romano son admirables si se realizan con intensidad, fidelidad y unción.

Yo creo que la cuestión de fondo para preferir una u otra modalidad es cómo se conciba ese asombroso milagro que es la Santa Misa, dónde se ponga más el acento. O bien como el único y perpetuo sacrificio, en el que todos los fieles -el sacerdote el primero- se dirigen al oriente, al cenáculo y al monte calvario, actualizando el único Sacrificio del Señor; o bien como la reunión eucarística (acción de gracias) del pueblo, en torno a la mesa, como comida fraternal.

Aunque toda Misa debe incluir sin merma alguna los cuatro fines fundamentales (latréutico, eucarístico, imprecatorio y propiciatorio), no cabe duda que con el V.O. se incide de manera más intensa en el sentido propiciatorio y sacrificial, mientas que en el N.O. se incide más en el sentido eucarístico y de comida fraterna.

Porque el V.O. nos sumerge más en la atmósfera de la dramática última cena, prólogo del Calvario (que es su consumación), mientras que el N.O. se ajusta más a las comidas eucarísticas -la fracción del pan- de la que nos habla con frecuencia los Hechos de los Apóstoles. Discutir, por ello, la legitimidad de cualquiera de las modalidades del Rito romano es no sólo estar en contra del catolicismo y de su tradición, sino también de la propia Escritura.

En todo caso, se echa de menos que ambas modalidades estén en situación de igualdad, no sólo de derecho, sino también de hecho.
07/04/14 11:27 AM
  
Javier OblSB
+ Pax
Magnífico artículo, Padre Iraburu. Veo con mucho agrado la celebración "coram Deo" y el uso más frecuente del latín en la Santa Misa. La Sacrosanctum Concilium no dice en ningún sitio que el latín debe ser desplazado de la Santa Misa.
Ut in Omnibus Glorificetur Deus.
07/04/14 1:01 PM
  
Xaberri
Cada vez estoy más convencido que el sacerdote, siendo mediador es también pueblo. Y todos debemos mirar a Dios. Igual es una simplicidad, pero creo que si el sacerdote se pone físicamente de espaldas al pueblo lo hace, necesariamente, porque físicamente, es el representante y mediador el que se coloca delante. Son -perdón- en opinión, tonterías de niños, acomplejamientos infantiles o -no quiero pensar en que gravísima ofensa a Dios cuando se quiere desvirtuar el protagonismo de Quien es el Absoluto Protagonista Absoluto- planes malvados.
Sustituir a Dios por el hombre: lo mismo de siempre desde el Renacimiento, en nombre de la cultura científica. Que como se ha comprobado, siempre necesita de la metafísica para dar su porqué a su sí y a su no.
07/04/14 1:43 PM
  
Ricardo de Argentina
Padre, en el último párrafo del artículo usted pone en evidencia la causa principal de que se haya generalizado la celebración versus populum:
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"Hay, sin embargo, dificultades ideológicas fortísimas y casi universales."
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Lo mismo que ha causado esta costumbre tan inconveniente, es lo que se opone a que esa costumbre desaparezca. Con lo que se demuestra que persiste aún una indebida influencia ideológica en la Iglesia.
Influencia que tiene nombre propio:"Progresismo", continuación que es del nunca liquidado Modernismo que con tanta energía y éxito combatiera San pío X.

Desde hoy agregaré a mis preces la de rogar para que se generalice la celebración Coram Deo.
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JMI.-Rezar, todo lo que pueda y quiera.
Decir, ándese con un poco más de ojo. Mire que tiene familia, la hija recién casada, etc. Si sugiere, o más aún, si propugna el "coram Deo" es posible que lo linchen.
Prudencia, Ricardo.
07/04/14 1:52 PM
  
Jaime Fernández de Córdoba
Padre, en la iglesia a la que voy a Misa, además de los bancos orientados hacia el Altar, hay otros dispuestos a los lados del mismo (mirando hacia los laterales del Altar, espero explicarme bien). Me gustaría saber su opinión.
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JMI.-Como no la tengo, no se la puedo dar.
Lo siento.
07/04/14 2:07 PM
  
posodo
En un sentido profano, me llama la atención el que nadie se queje de que un director de orquesta siempre dé la espalda al público. Es más, sólo lo mira para recibir los aplausos.

Claro que lo mismo la reforma era para "recibir" los aplausos.
07/04/14 2:36 PM
  
posodo
«Jamás ha habido ni en la Iglesia de Oriente ni en la de Occidente celebraciones [de la Eucaristía] versus populum (cara al pueblo), sino que siempre todos se volvían hacia el oriente para rezar ad Dominum (hacia el Señor)»

La arquitectura de los templos también ha ayudado a perder el simbolismo de este signo.
07/04/14 2:47 PM
  
Raúl
Habría que empezar a introducir poco a poco estas misas "alternativas" para que los fieles tuviesen al menos la posibilidad de elegir de vez en cuando. Yo mismo estaría interesado en asistir a alguna misa celebrada de cara a Dios, pero no conozco ninguna iglesia en mi diócesis donde se ofrezca esta posibilidad.

Y sé por experiencia que la gente valora positivamente estas alternativas cuando se le ofrecen. Aún recuerdo cuando se empezó a introducir en una pequeña capilla de la catedral la práctica de colocar un reclinatorio para comulgar. La sorpresa inicial era inevitable, pero la gente los utilizaba, y se arrodillaba...

Por cierto, una pequeña duda que me surge a veces, motivada seguramente porque se me escapa algo, debido a mi ignorancia... A veces veo antiguos altares en alguna basílica o catedral, pegados a la pared. Y detrás, el sagrario. Y me pregunto... ¿cómo se podían abrir antes los sagrarios si el altar estaba pegado a la pared? Ya me perdonará usted, Padre Iraburu, seguro que la respuesta es muy fácil y evidente, pero es que yo soy bastante torpe e ignorante.

Gracias por su artículo.
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JMI.-Pos, hombre, tomando la lleve y estirándose un poco.
07/04/14 4:49 PM
  
Hermenegildo
"la costumbre de adosar el altar al muro se inició en la baja Edad media, y prevaleció ampliamente en el Barroco"

Sin embargo, Uwe Michael Lang, en su imprescindible obra "Volverse hacia el Señor", afirma que, según los descubrimientos arqueológicos en el norte de Siria y en Mesopotamia, "donde se ha conservado alguna clave (más bien rara) sobre la posición del altar, se puede ver que estaba situado a poca distancia del muro oriental, o directamente delante de él" (pag. 75).

Por lo tanto, existen precedentes de altares adosados al ábside mucho antes de la baja Edad Media.
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JMI.-Por supuesto que hubo precedentes antes de ir formándose la costumbre en la baja Edad media.
Casi todas las costumbres que se establecen en este mundo han tenido precedentes, y a veces no pocos y a veces mucho tiempo antes.
07/04/14 6:59 PM
  
Observador
Por otra parte, contra la tesis luterana de que el sacerdote debe dar la cara a los fieles como Cristo supuestamente la dio a los apóstoles durante la Última Cena, Louis Bouyer da un argumento definitivo: "en los comienzos de la era cristiana, el que presidía una comida jamás se sentaba enfrente de los demás comensales. Todos estaban sentados, o recostados, en el lado convexo de una mesa en forma de sigma o herradura..."
07/04/14 7:10 PM
  
esteban armendariz idoate
P.Iraburu, leo con mucha atención sus artículos y los consiguientes comentarios, pero hoy no me resigno a no exponer mi total disconformidad con todos, artículo y comentarios. Desde mis misas en el pueblo, con 21 años, en el coro, donde ni le oíamos al sacerdote y las mujeres se dedicaban a rezar el rosario, la devoción con la que seguimos hoy la eucaristia hay un abismo. No entiendo la defensa del coram Deo, cuando ahora todos, sacerdote y fieles estamos también coram Deo, aunque estemos viéndole la cara.Y la intimidad que pide algún sacerdote me hace pensar que no entiende que su misa es de todos, de toda la comunidad que celebra la eucaristía y no de él solo.Todos somos celebrantes, aunque con distintas funciones y ahora entendemos y vivimos la misa mucho mejor. seguiré leyéndole. Gracias.
07/04/14 8:14 PM
  
RICARDO DE PARAGUAY
COMPARTO TOTALMENTE LO EXPRESADO POR ESTEBAN.
POR LO MENOS MI ESPOSA Y YO VIVIMOS MÁS LA EUCARISTÍA Y LA PRESENCIA REAL DEL SEÑOR EN EL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA, PUDIENDO MIRAR Y ESCUCHAR A NUESTRO SACERDOTE QUE PRESIDE LA CELEBRACIÓN DE CARA AL PUEBLO.
07/04/14 11:59 PM
  
Xaberri
esteban armendariz idoate,
que no se oiga es cosa de micrófonos o de que haya silencio, magnífivca cosa.
Que fuera en latín, había misales, o había catequesis, o cuadernos o hojas para escribir.
Si estamos o estamos cara a Dios lo dirá no necesariamente usted, porque puede que no sepa el alcance de ello. Ya hay quien lo sabe y es suficiente.
Lo de rezar el Rosario o leer la Biblia durante la Misa, yo no lo entiendo. A mi me descolocaría mucho y preguntaría.
y ésto: "..aunque estemos viéndole la cara.Y la intimidad que pide algún sacerdote me hace pensar que no entiende que su misa es de todos, de toda la comunidad que celebra la eucaristía y no de él solo.Todos somos celebrantes, aunque con distintas funciones y ahora entendemos y vivimos la misa mucho mejor." Hay pàrtes que son del sacerdote, y otras del resto de los fieles. No es difícil de entender que se pida intimidad CON DIOS. La misma intimidad SOLO CON Dios que deberían tener los fieles. Escuchar a Dios: lo que Dios me dice , sobre El, sobre mi y sobre los hermanos... "No escuchéis a nadie, a nadie más que a El.. No pongais los ojos en nadie más que en El...No esperéis a nadie... No adoréis, en fin, a nadie..." Solo Dios une como el quiere que seramos unidos. Hay que dejarle a El en la Misa que obre. Los ojos, los o´ñidos, el co0razón, sólo en El. Eso se repetía muycho en la Renovación Carismática. Abrir los ojos y ver, curiosear, njo estar a lo que se está... Eso no es ni celebrar, ni tener un mismo corazón que mira a Dios y Dios llena, etc.
08/04/14 12:18 AM
  
Héctor
Gracias a Dios aún quedan sacerdotes como usted.
08/04/14 1:46 AM
  
Jorge Pérez
La experiencia de haber participado en Misas en la forma extraordinaria me ayudó a comprender la grandiosa simplicidad de la forma ordinaria. Conocer el rito en la forma extraordinaria, me permitió participar dignamente en la Misa bajo la forma ordinaria.
Porque conociendo la forma extraordinaria, ya no centras tu atención en el sacerdote aunque esté celebrando bajo la forma ordinaria, sino a quien se está ofreciendo el sacrificio.
08/04/14 5:47 AM
  
Xaberri
La liturgia es una mediación humana para lo inaprehensible del Dios a quien se rinde culto. El Culto a Dios es el centro., Si no se hace otro "ordo" -que creo que estaría bien- el vetus me parece más apropiado para entender lo que la liturgia es. A veces me he dicho : hacer la vieja Misa en castellano, ¡qué bonito! ".. Me acercaré al altar de Dios, al Dios que alegra mi juventud.." y así una horita o así. Creo, como el anterior interviniente, Jorge Pérez, - si es que ha querido decir eso-. que la liturgia antigua ilumina la nueva, pero hay quwe conocer lo que quiere decir la liturgia antigua para poder emplear con fruto la nueva. Si alguien puede replicarme, se lo agradecería.
08/04/14 1:36 PM
  
Matías
Cuando usted hablaba de la dificultad que implica enfatizar la misa-banquete y que los fieles estén tan lejos del altar, recordaba una anécdota.

Un sacerdote chileno, celebrando un matrimonio con Misa (en Chile), para hacerlo todo más cercano, dispuso que lo celebraría en el lugar en que se haría después la comida. Con todo servido.

Para acercar la Eucaristía a los fieles y acentuar el nivel del bautismo común y quién sabe por qué más (y no dudo de su buena intención...), no se le ocurrió nada mejor que consagrar todos los panes que estaban sobre las mesas. Al momento de la comunión, indicó a los invitados (entiendo que más de 200) que tomaran el pan de la mesa y comulgaran.

Demás está decir que -según la opinión de todos los que supieron de este hecho- sobraron cantidades enormes de Panes consagrados. Imposibles de consumir por una o dos buenas personas piadosas. Y ni pensar en los fragmentos que de ellos probablemente se desprendieron.

¿Y aquél sacerdote? Dicen que tiene una espiritualidad muy bonita, que hace llorar a cualquiera cuando habla del amor de Jesús... está un poco perdido en la teología de la liberación y le gustan harto los colores rojos. Pero está en muy buen pie en la arquidiócesis. Y, hasta el día de hoy celebra una liturgia alternativa que él mismo se inventó cuando estuvo estudiando liturgia en París muchos años atrás (es un hombre bastante anciano... estuvo en Chiloé varios años también).
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JMI.-Ayudado por el diablo, es fácil a un sacerdote pasar del sacramento al sacrilegio.
Pero lo más probable es que, con la misma ayuda, haya pasado de la fe a la apostasía.
08/04/14 11:26 PM
  
Jorge Pérez
Xaberri:

Si, esa es mi experiencia. Conocer la liturgia antigua permite participar en la nueva con fruto, aunque no es condicionante.
09/04/14 12:08 AM
  
susi
He podido participar en la Santa Misa con el sacerdote celebrando de espaldas al pueblo y frente al pueblo. Por supuesto, me quedo con la primera.
No poder hablar de la Santa Misa como sacrificio porque nos recuerda el rencor, la ira o sentimientos similares no tiene ni pies ni cabeza. Aún me sigue gustando leer cómo Abraham , por AMOR a Dios, estaba dispuesto a sacrificar a su hijo único.
En el sacrificio es donde realmente reside el amor, porque no nos buscamos a nosotros mismos, sino, más bien, nos entregamos contra nuestros deseos por un motivo superior.
Gracias por sus escritos, Padre, Dios le bendiga.
09/04/14 10:07 PM
  
PABLO
P. Iraburu,
clarísima su exposición citando a fuentes como Jungmann que confirman la tradición desde los primeros de tiempos de celebrar "coram Deo". Entiendo que falta mencionar que la "poda" litúrgica no se limitó a la ubicación del altar sino también al propio canón. (Si está mencionado pido disculpas de antemano. La sola supresión de la frase "Introibo ad altare Dei" es más que significativa). Ahora bien, me pregunto tanto en lo referente a la celebración y significado de la Misa como a otros aspectos de la doctrina: ¿Si todo está tan claro, por qué no se obra en consecuencia? Conozco personalmente sacerdotes que por el simple hecho de celebrar según el rito "extraordinario" nunca abrogado son auténticamente perseguidos por sus Obispos. Podría dar nombres y lugares. ¿Usted sinceramente cree que si a un párroco se le ocurriera celebrar "coram Deo" aun con el canón modificado su proceder pasaría inadvertido para su superior? ¿Cuál es entonces la realidad? Si por tradición corresponde celebrar "coram Deo" y lo contrario, según su profunda investigación es un abuso: ¿Qué o quiénes impiden corregirlo? Las posturas doctrinales en la Iglesia son hoy día de una disparidad tal que estoy convencido de estar presenciando una auténtica diáspora católica. Le doy un ejemplo: mientras nosotros discurrimos acerca de la piedad y las formas rituales que más se acercan al hacer de los primeros cristianos, en la Catedral de Córdoba (República Argentina) se celebra un Bautismo ilícito junto a un acto de lesbianismo.
En Xto.
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JMI.-No hubo en el Novus Ordo ninguna "poda" del propio canon. Se conservó el Canon romano y se le añadieron otros tres perfectamente ortodoxos.
09/04/14 10:35 PM
  
PABLO
Con todo respeto y sin ánimo de polémicas, según me consta se quitó por lo menos: la clara mención al ascenso al altar del Señor (nudo de la cuestión), pues no "asciende a la mesa de la cena": Introibo ad altare Dei, el pueblo responde: Ad Deum qui laetificat...(Rito preparatorio), el último Evangelio con posterioridad a la bendición final que viene a ratificar que la presencia de Dios sacramentado y la oración por la conversión de los judíos. Es decir tres aspectos centrales que hacían ver que: 1)Se trataba de un sacrificio, no un ágape; 2)Que Dios se hacía verdaderamente presente en cuerpo y sangre; 3)Que su pueblo había desconocido y asesinado al Mesías. Tres aspectos que "molestaban" a protestantes y judíos. No verifico que se haya agregado nada que suplante lo quitado.
En Xto.
10/04/14 12:43 AM
  
Juan de los Palotes
¡Gracias, Padre Iraburu!
La Misa según el rito antiguo es como estar en el Cielo. Ojalá la hubiera conocido antes.
10/04/14 5:00 AM
  
José Luis
De espaldas al pueblo, pero frente a Cristo, mirando a Cristo.

De espalda a Cristo sucede innumerables distracciones. De cara al pueblo, muchos ya han perdido interés en ir a Misa, excepto cuando hay un entierro, una boda, algún aniversario, pero sin interés por la conversión del corazón.

El latín está causando demasiados problemas al demonio, nuestro enemigo. Por eso se trata de evitar, por ser una lengua viva y elegante. Los mundanos tampoco tiene interés, tanto cuando hay Misa en lengua vernácula o en latín.

Hay españoles que no tienen problemas cuando quieren aprender un dialecto, un idioma, pero cuando se habla del latín, se escandaliza. Quien ama la Misa, ama también esta expresión de la Iglesia que es latín.

Tampoco es agradable ver como tal o tal celebrante, durante la celebración se toca la nariz, la boca, la cara, para después dar la sagrada Comunión. ¡Qué cosas pasan por el mundo!

10/04/14 10:00 AM
  
Xaberri
Jorge Pérez:
Cuando a uno le dan información, que cubre ampliamente algo que va a aprender, es mejor que si le dan algo que no tiene esa cualidad de tan amplio, sobre todo, cuando el que va a estudiar no tiene mucha base anterior que le permita acometer ese estudio, y esa información amplia sí cubre todos esos aspectos básicos, no tocados, quizá dados por supuesto que se saben de una manera muy "alegre", porque resulta que el estudiante vive en una época de falta de "información y formación". Condicionante es toda la catequesis previa al Novus Ordo, que no se suele dar, y que la misma escritura del vetus ofrece en lo vivo y piadoso (de Piedad) de su liturgia. Condicionante, efectivamente, es la formación que lleva a la participación en la Misa con fruto (Piedad: respeto, escucha, alabanza, adoración, petición..)a la medida de Dios que se ofrece y es entendido y aceptado.
12/04/14 2:23 AM
  
Luis
Comparto todo lo que ha dicho, Padre. Lo que le pediría es que aclarara dos dudas:

1- Si toda esta desacralización de la Misa versus populum estaba clara desde la Reforma, ¿por qué se adoptó precisamente la decisión de volver el sacerdote hacia el pueblo, como hacen los protestantes?

2- ¿No parece contradictorio querer salvaguardar el carácter sacrifical de la Misa y a la vez reformar la liturgia en un sentido desacralizador y secularizador?

3- ¿Por qué NINGÚN obispo permite en sus diócesis misas hacia Dios o, no digamos ya, en latín?¿cree que es simple casualidad?
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JMI.-La celebración "de cara al pueblo" no fue una "decisión" normativa, como hemos visto: no es obligatoría, sino aconsejada. Y la OGMR del Novus Ordo, como ya vimos, regula las posiciones del sacerdote como si celebrara "hacia Dios", volviéndose al pueblo en las ocasiones precisas.

Tampoco es exacto decir que la vuelta del altar se debió al influjo de reformadores luteranos. Como hace notar Uwe Lang, la iniciativa de Lutero de celebrar de cara al pueblo apenas tuvo implantación efectiva posterior, y «hasta época reciente, la mayor parte de las iglesias luteranas han mantenido la dirección común [del pastor y los fieles] para la plegaria eucarística, a pesar de haber rechazado el sentido sacrificial de la Misa. De hecho, las demandas de celebración de la Eucaristía cara al pueblo que han surgido a raíz del Concilio Vaticano II han chocado con una fuerte oposición por parte de los teólogos protestantes y apenas se han llevado a cabo» (Volverse al Señor pg. 105).

No es tampoco exacto que NINGÚN Obispo permita en su diócesis misas "coram Deo" y en latín, como Ud. sabe.

En un segundo artículo volveré sobre algunos de estos temas.
13/04/14 2:59 AM
  
Gladys Llano
Gracias padre.
DIOS lo bendiga
01/05/14 5:25 PM
  
Rubén
Padre Iraburu, me permite hacerle una pregunta fuera de tema, el cual es muy interesante, como suelen ser los temas que trata usted, y sobre todo, la forma tan magnífica en que los trata. Mi pregunta es: ¿Cual biblia es considerada por usted como la mejor, la más fiel en cuanto a traducción? Me interesa su muy confiable opinión, porque quiero adquirir otra biblia, debido a que he escuchado opiniones de personas con mucha más experiencia que yo, sobre que mi biblia no tiene una traducción fiel. Agradezco su atención, responda o no mi pregunta que está fuera de tema. Dios le siga bendiciendo, bendito Padre Iraburu.
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JMI.-Por muchas razones, no puedo-debo responder a su consulta.
Pero le daré una: hay Biblias más literales, otras en lenguaje más inteligible, con gran aparato critico, o sin él, etc. Es decir, hay muchas Biblias de gran calidad, y depende de quién sea el usuario y para qué-cómo la use, le venga mejor una u otra. (Yo tengo una docena).
11/05/14 7:27 PM
  
la verdad nos hará libres
Sé que me va a censurar y por eso se lo digo. Con ideas como las suyas no se pierde la fe porque Dios no quiere.
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JMI.-¿Tan malas son "mis ideas" como para quietarle la fe al lector?
Si vuelve a leer el artículo, verá que lo que voy diciendo lo apoyo siempre en la tradición y en documentos recientes de la Iglesia. Aunque añada alguna razón teológica complementaria. El conjunto no son "ideas mías", son de la Iglesia, la única capaz de comunicar la fe católica plenamente.
08/07/16 6:05 PM
  
Neófito
No tengo tiempo ni ganas de leer todo esto. /////////////EDITADO////////////////////////
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JMI.-Tranquilo. Tampoco tengo yo tiempo ni ganas de leer su comentario.
08/07/16 7:26 PM
  
Maria-Ar
Muy oportuno su post!
Gracias Pater!
+
09/07/16 1:07 AM
  
Fred
En la practica, la Misa cara al pueblo ha hecho olvidar el caracter sacrificial de la Misa, de forma que la mayoria de curas que conozco nunca hablan de este aspecto y la mayoria de fieles lo ignoran completamente. Yo personalmente descubri el sentido de sacrificio leyendo libros sobre la Misa, y nunca lo hubiera sabido con la simple asistencia dominical a Misa.
Pero ademas, me he encontrado curas que niegan el sentido de sacrificio de la Misa.

No nos engañemos, las consecuencias de la Misa cara al pueblo, han sido nefastas y han cambiado el sentido de la Misa para la gran mayoria de fieles.
09/07/16 9:32 AM
  
Gedeon
Mal vamos olvidándonos de nuevo de la Pascua y dandole otra vez la importancia al Viernes Santo.
La noche de Pascua estaba escondida en la vida de la Iglesia, recuperarla fue el gran logro del concilio.
Con pena asisto de nuevo a la preponderancia del sacrifico sobre la Resureccion.
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JMI.-Pequeño es su comentario, pero suficiente para expresar un error muy grande.

En el texto mío que sigue los números entre paréntesis se refieren a artículos míos que puede hallar fácilmente en el Índice de Reforma o apostasía que va al final de todos los artículos de mi blog.

La alergia que usted expresa sobre la Misa como sacrificio es hoy un error fundamental que ya he señalado en varios artículos de mi blog: (52) Olegario González de Cardedal, (53) Borovio, (79) Pagola... y muchos otros. Ya ve: si me hubiera usted leído más a mí, quizá se viera libre de la peste de ese error.

Yo hablo con toda la autoridad que da transmitir lo que enseña la sagrada Escritura, la Tradición y los grandes documentos de la Iglesia, de cómo la Misa es un misterio polifacético, pero que en él la condición de sacrificio es la principal: el sacrificio eucarístico, el sacrificio de la Nueva Alianza (266). El altar vuelto hacia el pueblo ha contribuído a olvidar o incluso negar ese carácter sacrificial, uniéndose así a la doctrina de Lutero, aunque, por supuesto, puede celebrarse de cara al pueblo recordando y expresando el carácter de sacrificio que los mismos textos litúrgicos del Novus Ordo expresan muy claramente: "Orad, hermanos, para que este sacrificio", etc. en muchos lugares. Sobre la liturgia sacrificial de la Eucaristía puede consultar también mis artículos (267, 270, 271 y 275).

Termino con una hermosa cita de San Juan Pablo II (Ecclesia de Eucharistia 2003,11-12).:
«“El Señor Jesús, la noche en que fue entregado” (1Cor 11,23), instituyó el Sacrificio eucarístico de su cuerpo y de su sangre… Este sacrificio es tan decisivo para la salvación del género humano, que Jesucristo lo ha realizado y ha vuelto al Padre sólo después de habernos dejado [en la Eucaristía] el medio para participar de él, como si hubiéramos estado presentes… Ésta es la fe de la que han vivido a lo largo de los siglos las generaciones cristianas. Ésta es la fe que el Magisterio de la Iglesia ha reiterado continuamente… No afirmó [Jesús] solamente que lo que les daba de comer y beber [a sus discípulos] era su cuerpo y su sangre, sino que manifestó su valor sacrificial, haciendo presente de modo sacramental [en la Eucaristía] su sacrificio, que cumpliría después en la cruz algunas horas más tarde… En efecto, “el sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único sacrificio” (Catecismo 1367)».

Fíjese qué cosa tan lamentable: que en los últimos decenios le hayan inculcado a usted (¡y a tantos otros, especialmente a sacerdotes!) una ideología falsa, que se contrapone en modo irreconciliable con una verdad de fe claramente expresada en la Escritura, la Tradición y el Magisterio apostólico de la Iglesia. Qué pena.
09/07/16 5:42 PM
  
José de los Santos
Padre:
He leído con mucha atención este artículo y los múltiples comentarios al respecto. Desde que el Cardenal Sarah propusiera que todos los sacerdotes celebraran versus Deo a partir del 1er domingo de Adviento de este año, me han invadido sentimientos encontrados. Por una parte, inmensa alegría y gozo porque se está logrando que otra vez el centro sea Cristo y que la Santa Misa vuelva a ser considerada un sacrificio (y se lo comento porque por acá donde vivo en Acapulco México, la Misa es más vista como una reunión semanal de cualquier club). Por otra parte, me invade un sentimiento de "decepción anticipada" porque yo casí estoy seguro que la mayoría de la jerarquía de la Iglesia hará oídos sordos a las palabras del Cardenal Sarah. Al igual que muchos ignoraron el Motu Proprio Summorum Pontificum, muchos, incluyendo a mi señor Arzobispo, no moverán un dedo para promover estas felices "reformas de las reformas". Por estos lares, hasta el Club de Golf promociona su "Bufete Dominical con Misa Incluída" por la cantidad de 200 pesos mexicanos. A cambio de estas ofertas, el Club presta sus instalaciones para realizar las ceremonias litúrgicas más grandes como ordenaciones sacerdotales. Yo solo espero que algún día mi terruño se vea beneficiado con la promoción de la Sagrada Liturgia de una manera mas correcta y que realmente acerque a todos al Señor. Un saludo afectuoso.
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JMI.-En esas malas prácticas litúrgicas, horribles a veces por su secularidad mundana y chabacana, se expresa un grave error doctrinal: no ver la celebración de la Eucaristía como la actualización absolutamente real del mismo Sacrificio de la N.A., la del Calvario, sino como una Cena de amigos comunes (tampoco como una actualización de la Última Cena). En mi respuesta al comentario anterior al suyo, el de Gedeon, lo explico y documento un poco.
Oremos, oremos, oremos.
09/07/16 7:18 PM
  
lupo
Parece que en el Vaticano van con todo con la propuesta del Cardenal Sarah, porque ya han sacado un vídeo en que enseñan a celebrar versus Deum y con el mismo Papa como su protagonista. Dejo el ink de youtube por si alguien no lo ha visto, está hecho por la TV Vaticana.

https://youtu.be/is_qJXtvHMw
22/07/16 9:46 PM

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