Un discurso muy significativo del Papa Pío XII

Pío XII dirigiéndose a los fieles en la Plaza de San Pedro

Discurso a los hombres de Acción Católica en el 30° aniversario de su unión

Domingo, 12 de octubre de 1952

Papa Pío XII  

Al contemplar esta magnífica reunión de hombres de Acción Católica, la primera palabra que viene a nuestros labios es de agradecimiento a Dios por habernos regalado un espectáculo tan grandioso y devoto; después, de reconocimiento a vosotros, queridos hijos, por haberlo querido realizar ante nuestra mirada exultante.

Nos sabemos bien cuáles nubes amenazantes se espesan sobre el mundo, y sólo el Señor Jesús conoce nuestra continua ansiedad por la suerte de una humanidad de la que Él, Supremo Pastor invisible, quiso que Nos fuésemos visible padre y maestro. Ella mientras tanto procede por un camino que cada día se manifiesta más arduo, mientras parecería que los medios portentosos de la ciencia debiesen, no digamos «cubrirlo de flores», pero al menos disminuir, si no directamente extirpar, el cúmulo de cardos y de espinas que lo obstruyen.

De vez en cuando sin embargo –para confirmarnos en esta preocupada ansiedad– Jesús en su bondad quiere que las nubes se rasguen y aparezca triunfante un rayo de sol; signo de que incluso las nubes más oscuras no destruyen la luz, sino que solamente esconden su fulgor.

Y he aquí ahora un pacífico ejército de hombres militantes en la Acción Católica Italiana; cristianos vivos y vivificantes; pan bueno y a la vez preciosísimo fermento en medio de la masa de los otros hombres; ciento cincuenta mil, la mayor parte padres de familia, que viven su bautismo y se esfuerzan para hacerlo vivir a los otros. No sois todos. Cientos de miles de hombres católicos, retenidos por graves motivos, están aquí presentes con el ardor de su espíritu, de su fe, de su amor. Hombres maduros y de toda condición: gerentes, profesionales, empleados, docentes, obreros, trabajadores del campo, militares: todos hermanos en Cristo, todos unidos como en un solo latido de un solo corazón.

Quisiéramos que también vosotros pudierais admirar la estupenda visión que se ofrece en este momento a nuestros ojos; anhelaríamos que sintieseis en lo profundo del alma con cuánto amor Nos quisiéramos –si fuese posible– descender en medio de vosotros y abrazaros a todos, como si fueseis uno solo.

¡Queridos hijos! Habéis venido a Roma para festejar los treinta años de vuestra Unión –la primera de las Asociaciones Nacionales de Acción Católica–. Hace cinco años, los hombres que coincidieron en la Urbe eran setenta mil; hoy ese número se ha duplicado y es algo más que un símbolo del multiplicado fervor de vuestra vida cristiana.

En aquel ya lejano septiembre de 1947 Nos bendijimos vuestro estandarte y le agregamos una medalla de oro. Queremos deciros aquí, en la presencia de Roma y de Italia, que vosotros habéis correspondido bien a nuestras expectativas en estos años de luchas agudas por la civilización cristiana e italiana. Esta medalla está bien allí, sobre vuestra bandera, porque vosotros habéis estado entre los principales artífices de la resistencia que Italia, para sí y para el mundo, ha opuesto a las fuerzas del materialismo y de la tiranía.

Hoy a mediodía un nuevo acorde de campanas se ha agregado al anillo sonoro de todos los bronces sagrados de la Urbe, que saludan a María e invitan a los fieles a honrarla. En aquella hora vosotros habéis querido hacernos a Nos, Obispo de Roma, un don particularmente grato. En el corazón de un barrio densamente poblado de nuestra querida Ciudad, por impulso de vuestro incansable Asesor Eclesiástico Central, sobre los diseños de un joven arquitecto miembro de la Acción Católica, ante la admiración de cuantos han podido observar la complejidad del proyecto y la rapidez de la ejecución, gracias a la habilidad y a la tenacidad de los trabajadores, vuestra Unión ha hecho surgir, con todos los edificios y las obras anexas, una iglesia bella y espaciosa, sede de parroquia, dándole el nombre de San León Magno.

Nos estimamos que no herimos a nadie diciendo que de este Pontífice, grande entre los grandes, pocos conocen su intrépida actividad por el bien civil y social de Roma y de Italia, para conservar la pureza de la fe y para reordenar y reforzar la organización eclesiástica; quizás no muchos recuerdan que una gran parte de su actividad fue gastada en la lucha contra la herejía monofisita, que negaba en Cristo dos naturalezas, la humana y la divina, realmente distintas, sin fusión ni mezcla.

Pero todos saben que, mientas Atila, rey de los hunos, descendía victorioso en Italia, devastando la Venecia y la Liguria, y se aprestaba a marchar sobre Roma, el Papa León reanimó al Emperador, al Senado y al pueblo, todos presas del terror; después partió inerme y fue al encuentro del invasor sobre el Mincio. Y Atila lo recibió dignamente y se alegró tanto de la presencia del summus sacerdos, que renunció a toda acción de guerra y se retiró más allá del Danubio. Este hecho memorable ocurrió en el otoño del año 452, de donde Nos estamos felices de conmemorar aquí solemnemente con vosotros el decimoquinto centenario. ¡Queridos hijos, hombres de Acción Católica! Cuando nos enteramos de que el nuevo templo debía ser dedicado a San León I, salvador de Roma y de Italia de la avalancha de los bárbaros, nos ha venido el pensamiento de que quizás vosotros queríais referiros a las condiciones actuales. Hoy no sólo la Urbe e Italia, sino el mundo entero está amenazado.

Oh, no nos preguntéis cuál es el “enemigo”, ni cuáles vestimentas usa. Él se encuentra en todas partes y en medio de todos; sabe ser violento y furtivo. En estos últimos siglos ha tratado de realizar la disgregación intelectual, moral y social de la unidad en el organismo misterioso de Cristo. Ha querido la naturaleza sin la gracia; la razón sin la fe; la libertad sin la autoridad; a veces la autoridad sin la libertad. Es un “enemigo” vuelto cada vez más concreto, con una falta de escrúpulos que deja todavía atónito: Cristo sí, Iglesia no. Después: Dios sí, Cristo no. Finalmente el grito impío: Dios ha muerto; más bien: Dios nunca ha existido. Y he aquí el intento de edificar la estructura del mundo sobre fundamentos que Nos no dudamos en señalar como principales responsables de la amenaza que se cierne sobre la humanidad: una economía sin Dios, un derecho sin Dios, una política sin Dios. El “enemigo” se ha esforzado y se esfuerza para que Cristo sea un extraño en la Universidad, en la escuela, en la familia, en la administración de justicia, en la actividad legislativa, en el consenso de las naciones, allí donde se determina la paz o la guerra. Él está corrompiendo el mundo con una prensa y con espectáculos que matan el pudor en los jóvenes y las jóvenes y destruyen el amor entre los esposos; inculca un nacionalismo que conduce a la guerra.

Vosotros veis, queridos hijos, que no es Atila quien presiona a las puertas de Roma; vosotros comprendéis que sería vano, hoy, pedir al Papa que se mueva y vaya a encontrarlo para detenerlo e impedirle sembrar la ruina y la muerte. El Papa debe, en su puesto, vigilar, orar y prodigarse incesantemente, a fin de que el lobo no termine de penetrar en el aprisco para secuestrar y dispersar la grey (cfr. Juan 10,12); también aquellos que comparten con el Papa la responsabilidad del gobierno de la Iglesia hacen todo lo posible para responder a la espera de millones de hombres, los cuales –como expusimos el pasado febrero– invocan un cambio de ruta y miran a la Iglesia como el válido y único timonel. Pero esto hoy no basta: todos los fieles de buena voluntad deben conmoverse y sentir su parte de responsabilidad en el éxito de esta empresa de salvación.

¡Queridos hijos, hombres de Acción Católica! La humanidad actual, desorientada, perdida, descorazonada, tiene necesidad de luz, de orientación, de confianza. ¿Vosotros queréis con vuestra colaboración –bajo la guía de la sagrada Jerarquía– ser los heraldos de esta esperanza y los mensajeros de esta luz? ¿Queréis ser portadores de seguridad y de paz? ¿Queréis ser el gran y triunfal rayo de sol que invita a despertar del sueño y a trabajar con fuerza? ¿Queréis convertiros –si a Dios le place así– en animadores de esta multitud humana, en espera de vanguardias que la precedan?  

Entonces es necesario que vuestra acción sea ante todo consciente. El hombre de Acción Católica no puede ignorar lo que la Iglesia hace y pretende hacer. Él sabe que la Iglesia quiere la paz; que quiere una más justa distribución de la riqueza; que quiere levantar la fortuna de los humildes y de los indigentes; sabe que Cristo, Dios hecho hombre, es el centro de la historia humana; que todas las cosas han sido hechas en Él y para Él. Él sabe que la Iglesia, cuando augura un mundo distinto y mejor, piensa en una sociedad que tenga por base y fundamento a Jesucristo con su doctrina, sus ejemplos y su redención.

En segundo lugar es necesaria que vuestra acción sea iluminadora. En vuestras fábricas, en vuestras oficinas, en las calles, en los lugares donde obtenéis la sana recreación o el necesario descanso, os encontraréis casualmente con hombres “que tienen ojos para ver y no ven” (Ezequiel 12,2). ¡Hoy, por ejemplo, se encuentra pobre gente persuadida de que la Iglesia, que el Papa, quieren la explotación del pueblo, quieren la miseria, quieren –parecería inimaginable– la guerra! Los autores y propagadores de estas horrendas calumnias logran escapar de la justicia de los hombres, pero no podrán sustraerse al juicio de Dios. ¡“Vendrá un día…”! ¡Señor, perdónalos! Entretanto sin embargo es necesario aprovechar toda ocasión para abrir los ojos a esos ciegos, a menudo más víctimas de engaño que culpables.

Además, es necesario que vuestra acción sea vivificante. La Acción Católica no será realmente tal si no actúa sobre las almas. Las grandes reuniones, los magníficos desfiles y las manifestaciones públicas son ciertamente útiles. ¡Pero ay con confundir los instrumentos con los fines para los cuales deben ser utilizados! Si vuestra acción no llevase la vida del espíritu adonde está la muerte, si no buscase sanar esa misma vida donde está enferma, si no la fortificase donde está débil, sería en vano. Sabemos que vuestra Presidencia General ha preparado un programa de trabajo “capilar”, para volver eficiente la presencia de los católicos militantes en cada lugar y con todas las personas entre las cuales viven. De esa “base misionera”, como se ha querido llamarla, sed por lo tanto vosotros los principales componentes y propulsores.

Vuestra acción sea también unificadora. Estad unidos entre los miembros de una misma Asociación; unidos entre las diversas Asociaciones; unidos con las otras “ramas” de la Acción Católica. Pero estad unidos y haceos promotores de unión también con las otras fuerzas católicas, que combaten vuestras mismas incruentas batallas y tienden a vencer en vuestra misma lucha. –¡Queridos hijos! ¿Queréis ser fuertes? ¿Queréis ser, con la ayuda de Dios, invencibles? Estad prontos para sacrificar al bien supremo de la unión, no digamos los caprichos –es evidente–, sino también cualquier idea o programa que pudiese pareceros genial. La unión, sin embargo, no es uniformidad. Ésta destruiría la variedad de las fuerzas; variedad que no tiene solamente un valor estético, sino que también acarrea ventajas estratégicas y tácticas de primerísimo orden.

Vuestra acción sea finalmente obediente. Ninguno más que Nos desea que el laicado salga de un cierto estado de minoría de edad, hoy más que nunca inmerecido, en el campo del apostolado. Pero, por otra parte, es evidente la necesidad de una obediencia pronta y filial, siempre que la Iglesia habla para instruir las mentes de los fieles y para dirigir su actividad. Ella cuida bien de no invadir la competencia de la Autoridad civil. Pero cuando se trata de cuestiones que afectan la religión o la moral es deber de todos los cristianos, y especialmente de los militantes de Acción Católica, cumplir sus disposiciones, comprender y seguir sus enseñanzas. Quisiéramos añadir que también en el seno de la Acción Católica es necesario observar una estricta disciplina entre los varios grados de las Asociaciones. Cuando de hecho se tiene en frente a un ejército de férrea organización, ¿a qué peligros se expondría una milicia desordenada, en la cual cada uno se creyese autorizado a juzgar y a actuar según su propio arbitrio?

Y ahora, antes de concluir estas palabras nuestras, quisiéramos confiaros una “consigna”. Vosotros ciertamente recordáis que en el pasado mes de febrero hemos dirigido a los fieles de Roma una cálida exhortación, a fin de que el rostro incluso externo de la Urbe aparezca brillante de santidad y de belleza. Debemos decir que clero y pueblo están trabajando ardientemente para que no resulten vanas nuestras esperanzas y no sea frustrada nuestra confianza. Pero Nos hemos expresado al mismo tiempo el augurio de que el potente despertar, al que hemos exhortado a Roma, sea “pronto imitado por las diócesis cercanas y lejanas, a fin de que a nuestros ojos sea concedido ver volver a Cristo no solamente las ciudades, sino las naciones, los continentes, la humanidad entera”. Para este que podríamos llamar “segundo tiempo” Nos contamos con los hombres de Acción Católica, con toda la Acción Católica.

Entonces, mientras los impíos siguen difundiendo los gérmenes del odio, mientras gritan aún: “No queremos que Jesús reine sobre nosotros”: «nolumus hunc regnare super nos» (Lucas 19,15), otro canto se elevará, un canto de amor y de liberación, que exhala firmeza y coraje. Él se elevará en los campos y en las oficinas, en las casas y en las calles, en los parlamentos y en los tribunales, en las familias y en la escuela.

¡Queridos hijos, hombres de Acción Católica! Dentro de algunos instantes Nos impartiremos con toda la efusión de nuestro corazón paterno la Bendición Apostólica a vosotros, a vuestros seres queridos, a vuestras obras, a vuestras Asociaciones. Después retomaréis vuestro camino, volveréis a vuestros hogares, reencontraréis vuestro trabajo. Llevad a todas partes vuestra acción iluminadora y vivificante. Y sea vuestro canto un canto de certeza y de victoria.

Christus vincit! Christus regnat! Christus imperat! [¡Cristo vence! ¡Cristo reina! ¡Cristo impera!]

Fuente: http://w2.vatican.va/content/pius-xii/it/speeches/1952/documents/hf_p-xii_spe_19521012_uomini-azione-cattolica.html

Nota del Bloguero: La traducción del italiano es mía. He destacado con letra negrita unas palabras de Pío XII que iluminan un notable significado histórico de este Año del Señor 2017, en el que coinciden tres aniversarios cruciales: los 500 años del inicio de la Reforma protestante ("Cristo sí, Iglesia no"), los 300 años de la fundación de la Masonería moderna ("Dios sí, Cristo no") y los 100 años de la Revolución comunista en Rusia ("Dios ha muerto o, mejor dicho, nunca ha existido").


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16 comentarios

  
Ricardo de Argentina
Muy oportuna recordación, Daniel.
Retórica encendida, militante, que alienta la consecución del Reinado Social de NSJC. Y que sin mencionarlos, marca a fuego a los enemigos de la Iglesia y llama a combatirlos.

¡Que diferencia con el discurso de su sucesor!

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DIG: Si te refieres a su sucesor inmediato (Juan XXIII), no creo haya tanta diferencia.
21/01/17 1:38 PM
  
josep
viva el Papa.
21/01/17 2:14 PM
  
Antonio1
El discurso es muy bueno, pero para el tiempo presente creo que son muy estimulantes las lecciones que nos da cada día el para Francisco, poniendo el dedo en la llaga de tantas cosas que debemos cambiar los cristianos, sobre todo los que nos creemos más listos.

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DIG: Supongo que después del "pero" lo coherente sería decir "más" en vez de "muy". Hay muchas cosas en las que los cristianos (del Papa para abajo, todos) debemos cambiar, en el sentido de mejorar, de convertirnos. Pero no debemos cambiar la doctrina cristiana, en el sentido de dejar de ser fieles a la doctrina recibida y transmitida. Y reconocer esto no es creerse más listo, sino al revés, hacerse como niños en la confianza a la Palabra de Dios revelada en Cristo y transmitida indefectiblemente por la Iglesia.
21/01/17 2:47 PM
  
Beatriz Mercedes Alonso (Córdoba - Argentina)
Excelente discurso del Papa Pio XII.

"Todos los fieles de buena voluntad deben conmoverse y sentir su parte de responsabilidad en el éxito de esta empresa de salvación."

"¡Queridos hijos, hombres de Acción Católica! La humanidad actual, desorientada, perdida, descorazonada, tiene necesidad de luz, de orientación, de confianza. ¿Vosotros queréis con vuestra colaboración –bajo la guía de la sagrada Jerarquía– ser los heraldos de esta esperanza y los mensajeros de esta luz? ¿Queréis ser portadores de seguridad y de paz? ¿Queréis ser el gran y triunfal rayo de sol que invita a despertar del sueño y a trabajar con fuerza? ¿Queréis convertiros –si a Dios le place así– en animadores de esta multitud humana, en espera de vanguardias que la precedan?"

"¡Pero ay con confundir los instrumentos con los fines para los cuales deben ser utilizados! Si vuestra acción no llevase la vida del espíritu adonde está la muerte, si no buscase sanar esa misma vida donde está enferma, si no la fortificase donde está débil, sería en vano."

"Llevad a todas partes vuestra acción iluminadora y vivificante. Y sea vuestro canto un canto de certeza y de victoria".

"Christus vincit! Christus regnat! Christus imperat! [¡Cristo vence! ¡Cristo reina! ¡Cristo impera!]".

Muchísimas gracias, Daniel, por compartirlo. Que el Espíritu Santo te siga iluminando.
¡¡¡Viva Cristo Rey!!! ¡¡¡Viva la Iglesia de Cristo!!!
21/01/17 4:22 PM
  
Antonio1
No entiendo que problema tiene usted con el papa. A mí me parece excelente. Demos gracias a Dios por él y que Dios lo conserve mucho se años poniendo el acento en aquello que lo ponía Cristo.

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DIG: La Iglesia siempre ha sido fiel a Cristo y ha puesto el acento en donde lo puso Cristo, quien vino al mundo "a dar testimonio de la verdad". Oremos siempre por el Papa y por la Iglesia.
21/01/17 6:33 PM
  
Ricardo de Argentina
Sí, me refiero al Beato Juan XXIII.
Este discurso fue dado apenas 10 años después del anterior. Yo no me lo puedo imaginar escrito así por Pío XII:

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"Cómo reprimir los errores

7. Siempre la Iglesia se opuso a estos errores. Frecuentemente los condenó con la mayor severidad. En nuestro tiempo, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia más que la de la severidad. Ella quiere venir al encuentro de las necesidades actuales, mostrando la validez de su doctrina más bien que renovando condenas. No es que falten doctrinas falaces, opiniones y conceptos peligrosos, que precisa prevenir y disipar; pero se hallan tan en evidente contradicción con la recta norma de la honestidad, y han dado frutos tan perniciosos, que ya los hombres, aun por sí solos, están propensos a condenarlos, singularmente aquellas costumbres de vida que desprecian a Dios y a su ley, la excesiva confianza en los progresos de la técnica, el bienestar fundado exclusivamente sobre las comodidades de la vida. Cada día se convencen más de que la dignidad de la persona humana, así como su perfección y las consiguientes obligaciones, es asunto de suma importancia. Lo que mayor importancia tiene es la experiencia, que les ha enseñado cómo la violencia causada a otros, el poder de las armas y el predominio político de nada sirven para una feliz solución de los graves problemas que les afligen.
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De todos modos, marcar diferencias no es emitir juicios de valor.
21/01/17 9:12 PM
  
Antonio1
No, la Iglesia siempre ha sido santa, pero no siempre ha puesto el acento donde lo ponía Cristo.

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DIG: La Iglesia siempre ha anunciado el Evangelio a todas las gentes, las ha llamado a creer en el Evangelio, a arrepentirse de sus pecados y convertirse, les ha exhortado a cumplir toda la Ley de Dios (no matarás, no cometerás actos impuros, etc.), a amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, a practicar el servicio, el perdón y el sacrificio, la oración, la penitencia y el apostolado, etc., todas cosas que Cristo enseñó y acentuó. No se debe atribuir a la Iglesia los pecados o deficiencias de algunos de sus hijos.

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La Iglesia de las riquezas y las indulgencias no ponía el acento donde lo ponía Cristo,

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DIG: ¿Y cuál es esa "Iglesia de las riquezas y las indulgencias"? ¿La Iglesia Católica en alguna época dejó de practicar la pobreza evangélica en sus santos, dejó de usar sus bienes para adorar a Dios en la sagrada Liturgia o para sostener al clero y las misiones? ¿La Iglesia dejó alguna vez de ser fiel a Cristo por apego a las riquezas? Eso es falso, pese a que hubo Papas renacentistas que no fueron ejemplares en su conducta, aunque tuvieron a su favor ser los mecenas de grandes artistas de cuyas obras estupendas goza aún el pueblo de Dios. Y las indulgencias siguen existiendo y su doctrina está bien fundada. Más allá de posibles abusos puntuales de algunos predicadores en algún momento, la Iglesia siempre ha hecho bien al poner el tesoro espiritual de las indulgencias al servicio de los fieles.

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la Iglesia que ocultaba a los pederastas no ponía el acento donde lo ponía Cristo,

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DIG: Históricamente, la palabra "pederasta" tuvo dos significados: "pedófilo" u "homosexual". La Iglesia siempre combatió las desviaciones sexuales del clero. Hasta la "revolución sexual" de 1968 los casos de pedofilia en el clero católico fueron relativamente pocos y poco conocidos, incluso para la Jerarquía de la Iglesia. El clima de "liberación sexual" y de tolerancia hacia las relaciones homosexuales y otros pecados contra el sexto mandamiento aumentó mucho en los años sesenta y setenta del siglo pasado. Se formaron "lobbies" homosexuales en no pocos seminarios y diócesis y con el tiempo unos cuantos miembros de esos lobbies alcanzaron posiciones de responsabilidad, alentando la tolerancia o el ocultamiento de las actividades inmorales de otros miembros de esos grupos. Por otra parte, la teología moral entró en crisis, con muchos teólogos negando el carácter pecaminoso de muchos pecados contra la castidad; también contribuyó al problema la crisis de la teología dogmática, con muchos teólogos negando la posibilidad real de que alguien vaya al infierno. También la aplicación de buena parte del derecho canónico entró en crisis, volviéndose raras las sanciones contra miembros del clero por pecados contra la fe o contra el celibato sacerdotal.

Recién en la década de los '90 del siglo XX la Iglesia tomó consciencia de la magnitud que había alcanzado el problema llamado "de la pedofilia en el clero". Visto que en muchos casos los Obispos no habían manejado bien los casos ocurridos en sus diócesis, la Santa Sede tomó sobre sí el peso de la lucha contra esa lacra. Pronto Juan Pablo II confió el juicio de los sacerdotes acusados de pedofilia a la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), la que, conducida por el Cardenal Ratzinger, realizó un ingente trabajo de purificación del clero, destituyendo a muchos sacerdotes culpables. Esta gran labor de la CDF continuó y se reforzó aún en el pontificado de Benedicto XVI y continúa ahora bajo el Papa Francisco. En los últimos años, sin embargo, los casos denunciados por año, que habían disminuido mucho, han vuelto a aumentar. Y se rumorea que la reforma de la Curia impulsada por Francisco podría implicar el traspasar el juicio de las denuncias de pedofilia de la CDF a otro organismo vaticano, lo cual, unido a algunos casos puntuales tratados con mayor laxitud (el caso Ricca, "Don Mercedes", Mons. Osorno) hace temer que se pierda parte del ímpetu de la lucha contra los abusos sexuales de miembros del clero.

Creo que también conviene decir que una acusación generalizada de encubrimiento a los Obispos no es correcta. Algunos Obispos no encubrieron a nadie y otros, aunque manejaron mal las denuncias, no se puede decir que incurrieron propiamente en encubrimiento. El caso de los Estados Unidos ha sido bien estudiado. Allí los Obispos confiaron demasiado en sus asesores en la materia (psicoterapeutas de distintos tipos) y muchas veces les delegaron el "tratamiento" de los culpables, "tratamiento" que, imbuido por el mismo relativismo moral que estaba alimentando el problema, terminó por agravarlo en no pocos casos. En definitiva, muchos Obispos no bajaron los brazos ante el problema pero, muy mal asesorados por los "expertos", adoptaron medidas ineficaces o aún contraproducentes.

Por otra parte, casos de encubrimiento propiamente dicho siguen dándose hoy en alguna medida. Por ejemplo, está el caso bien conocido del Cardenal Danneels, notorio integrante del Grupo de Sankt Gall.

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la Iglesia que quemaba a los que creía que no eran ortodoxos no ponía el acento donde lo ponía Cristo. Si hubiera sido así no hubiera tenido sentido la magnífica petición de perdón de San Juan Pablo II.

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DIG: Éste es un tema demasiado complejo para despacharlo en unas pocas líneas, pero diré sólo unas pocas cosas al respecto.
a) En aquellos tiempos de unidad religiosa compacta del pueblo en la Cristiandad, la difusión de la herejía se consideraba no sólo un pecado muy grave (como aún lo sigue haciendo la doctrina católica) sino también un crimen muy grave (como lo sigue siendo en el derecho canónico, aunque ya no en el derecho civil).
b) En rigor, la Iglesia (la Inquisición) no quemó a nadie, sino que habiendo encontrado a un acusado culpable de herejía, y no dando éste muestras de arrepentimiento, lo entregaba a la autoridad civil, la que aplicaba las penas previstas por el derecho civil de la época.
c) La Inquisición no fue un tribunal de sádicos (como lo pinta la propaganda anticatólica), sino que en su época fue un modelo de objetividad judicial y de garantías para el acusado. Se dice que algunos delincuentes comunes blasfemaban para ser juzgados por la Inquisición, que solía ser más benigna que los tribunales civiles.
d) La Inquisición, a lo largo de los siglos y lo ancho de los continentes, condenó a muerte a muchísimas menos personas que lo que afirma mentirosamente la leyenda negra anticatólica, y muchas menos que los tribunales civiles de países protestantes como Inglaterra (por crímenes comunes) en menos tiempo y espacio.
e) Todo lo anterior no quita, sin embargo, que esa forma de encarar el problema de la herejía no fue buena y que la Iglesia ha hecho bien (en tiempos de Juan Pablo II) en pedir perdón a Dios por los pecados de sus hijos contra la libertad religiosa, que es una dimensión esencial del auténtico acto de fe.

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Incluso hay páginas web que rara vez ponen el acento en aquello que lo ponía Cristo.

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DIG: Supongo que esto es un no muy velado ataque a InfoCatólica. Pues bien, creo que InfoCatólica pone su acento en muchas cosas acentuadas por Cristo: el proselitismo o misión, el llamado a la conversión de los pecadores, la necesidad del bautismo y de la eucaristía, la fidelidad a la doctrina recibida ("Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado", "El Espíritu Santo les recordará todo cuanto yo les he dicho", "Enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado", "Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos", "El que me ama, cumple mis mandamientos", etc.).

También se da espacio en InfoCatólica a las obras de caridad realizadas por los fieles o por la Iglesia misma (véanse el blog de María sobre los cristianos perseguidos, las frecuentes alusiones del Padre Jorge González a la labor de Cáritas, etc.). Yo mismo he hablado, creo, de la Obra Social Pablo VI, que tengo el honor de presidir.

Supongo que si no escribimos con mayor frecuencia de estas cosas es porque ya todos los católicos conocen perfectamente que deben ayudar a los pobres y están convencidos de que ése es su deber. Predicar sobre algo que ya todos saben perfectamente puede ser a veces como llover sobre mojado. De ahí, creo yo, que a menudo nos centremos en otros temas igualmente importantes, pero hoy mucho más controvertidos u olvidados.
21/01/17 11:57 PM
  
Luis Piqué Muñoz
¡Felicísimo y brillantísimo el hallazgo del Triple aniversario, Amigo Daniel, que refleja la evolución del Mundo desde el final de la Edad Media o Cristiandad! ¡Qué Gran Papa, Pío XII, como León XIII, San Pío X, Pío XI, qué Sabio y qué Santo! Efectivamente, el mundo moderno, el Hombre de hoy, es ateo y apóstata en el Perverso Occidente, pues la Perfección, Bondad, Dulzura y Belleza de Jesús, Cristo ¡Dios! le moleste, estorba ¡Ofende! en sus Vicios y Pecados, entregado a la más absoluta degradación ¡Además, un Dios que Castiga ¡Ay! no lo olvidemos, que Escándalo y Horror para el Hombre moderno! Finalmente, recordar la magnífica Labor ¡pasada! de Acción Católica pues hoy o No existe o se ha paganizado lamentablemente. Nada más.
22/01/17 1:43 PM
  
Daniel Iglesias
En mi niñez, a impulsos de mi madre, llegué a pertenecer a un grupo de Acción Católica en la Parroquia de Pando (Diócesis de Canelones, Uruguay), entonces comandada por un gran sacerdote, el P. Justo Moreno Vidal. Poco después (tal vez hacia 1970-1972) la Acción Católica desapareció abruptamente en mi país.

Me gustaría que testigos que vivieron en primera persona aquellos hechos nos explicaran cómo fue que una organización laical tan importante se desmoronó tan rápidamente en Uruguay, a diferencia de lo que pasó en otros países. Es uno de los detalles de la historia reciente de la Iglesia en Uruguay que más me intrigan.
22/01/17 1:58 PM
  
Francisco de México
Antonio1:

El credo indica claramente que la "Iglesia es una, santa católica y apostólica". Eso ha sido siempre. Por desgracia, hay algunos que se dicen católicos pero no lo son y aparenta la Iglesia estar dividida, pero solo es un pequeño grupo de herejes que no son Iglesia.

La mayoría de los católicos seguimos fieles a la religión de sus nuestros padres, con seguridad no corremos a cambiar el catecismo tan pronto enuncian una nueva locura, entre muchas otras.

-Atacar la divinidad de Cristo intentando corregir sus enseñanzas, como en el caso de los divorciados vueltos a casar.
-Justificar el asesinato bajo el eufemismo de "teología de la liberación".
-Abanderar el "Cristo si, Iglesia No".
- Afirmar que la religión pertenece a la sacristía, permitiendo al maligno que opere a nivel gobierno de los países, por ejemplo mediante leyes que permitan la castración de niños inocentes mediante el eufemismo de "niña transexual".

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DIG: Publico este comentario, pero no publicaré más comentarios que se aparten de la función principal de los comentarios en este blog: comentar lo dicho en el post.

Haré excepciones si alguien recoge el desafío que planteé: narrar o explicar cómo desapareció la Acción Católica en Uruguay.


22/01/17 2:06 PM
  
Ricardo de Argentina
Daniel, yo ingresé igual, de muy pequeño y mandado por mi madre, allá por los '50. Éramos muchos los jóvenes que pertenecíamos a la Acción Católica. Anexo a la parroquia teníamos un Ateneo para nuestro esparcimiento, muy completo y bien llevado. Seguí concurriendo en mi adolescencia, pero luego me alejé un poco, y lo hice definitivamente (de la A.C. y de la práctica religiosa) cuando fui a estudiar a Buenos Aires. Pero siempre me quedó la nostalgia de haber pertenecido a la AC.
Cuando volví a la práctica de la religión, ya casado, sucedió la visita del papa JPII a la Argentina, quien pidió expresamente reconstituir en las parroquias centros de evangelización. Entonces me acordé de la AC y fui a hablar con mi párroco. Le propuse, muy directamente, refundar la AC parroquial, a tono con el pedido papal, puesto que sabía que en mi ciudad hacía mucho tiempo que ya no existía esa organización. Entonces el cura me dio a entender que eso era imposible, una utopía, y me despidió.

No sé que habrá pasado en el Uruguay, pero en Argentina me da toda la impresión de que a la AC la asfixió la mismísima jerarquía.
Queda, sí, una organización en Buenos Aires que aún lleva ese nombre, pero no es ni la sombra de lo que fue la gloriosa Acción Católica Argentina.
23/01/17 4:41 PM
  
Ricardo de Argentina
Te decía en un comentario anterior que entendía que el discurso del papa Pío XII era diferente al de sus seguidores. Y creo que ahí está la clave de la desaparición de la AC.
SJPII intentó retomar la posta, pero en vez de refundar la AC prefirió las Jornadas Mundiales. No es lo mismo, para nada. El espíritu de las JMJ es muy diferente al de la Acción Católica.

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DIG: En realidad la Acción Católica desapareció sólo en algunos países; por ejemplo, sigue existiendo y siendo importante en Italia.

En cuanto a la estrategia evangelizadora de San Juan Pablo II, creo que fue mucho más allá de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Por ejemplo, alentó mucho a los nuevos movimientos.
23/01/17 4:46 PM
  
Claudio-Argentina
Gracias por el discurso.
Deje que los "progresistas" de siempre, que están demoliendo la Iglesia en cómodas cuotas, continúen ladrando y ladrando.
Necesitamos más laicos cómo usted.
El árbol se conoce por los frutos.Estos que ladran, son 100% estériles.Todo lo que tocan, lo matan y lo destruyen.
Por otro lado, todo lo que es "muy Católico" y militante (Acción Católica, por ejemplo) , misteriosamente desaparece.
23/01/17 7:55 PM
  
Maria Blanca
DIG: Lo siento, pero su comentario está fuera de tema.
25/01/17 9:45 PM
  
M
Y también se cumplen 100 años de las apariciones de la Virgen de Fátima.
28/01/17 1:42 AM
  
Antonio1
DIG: Lo siento, pero su comentario está fuera de tema.
29/01/17 11:10 AM

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