18.04.17

Dicen que ha resucitado. Por Octavio Sequeiros

Por Octavio Sequeiros

Messori, VittorioDicen que ha resucitado. Una investigación sobre el sepulcro vacío. Madrid, Rialp, 2001, 297 p.

 

Quien no tenga ganas de aguantarse toda esta reseña, puede leer sólo este y el último párrafo. Baste decir que: Messori está entre los mejores apologistas del momento. Un apologista es un católico bíblicamente incorrecto (p. 232), especie en extinción que por algún oscuro designio conspirativo se dedica a la disciplina pre-conciliar de la apologética para mostrar la armonía entre la fe y el conocimiento racional, en este caso aplicado a los pasajes sobre la resurrección. Compre de inmediato este libro de un apologista de la peor estirpe, la de los eruditos aún con fe, gracia e ironía.

En Gladius n° 45 nos referimos la personalidad y la obra del autor, al comentar ¿Padeció bajo Poncio Pilato? Ahora, luego de ocho años y siete libros, continúa su trabajo apocalíptico –etimológicamente hablando, no se asuste– de re-velar o des-cubrir pasajes evangélicos fundamentales sepultados por la crítica de diversos infieles, católicos o parientes separados. Ud., si tiene la paciencia de ir a misa, ya se habrá enterado de que la resurrección es pura macana, es un símbolo, un mito, algo así como un Viagra teológico o teologúmeno. Pues bien, este libro le servirá de antídoto.

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16.04.17

Resurrección de Cristo: traducción más conforme al original, según Antonio Persili

Vittorio Messori, en “Dicen que ha resucitado” (la continuación de “¿Padeció bajo Poncio Pilato?”), ha sacado del olvido una obra del padre Antonio Persili, sacerdote italiano de Tívoli y gran conocedor del griego bíblico que estudió durante años los siguientes pasajes evangélicos:

 

“Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó” (Jn 20, 4-8).

 

La pregunta que se hacía Persili (y que nos hicimos nosotros más de una vez) era: ¿qué es lo que había visto San Juan para que le llamara tanto la atención al punto de llegar a creer? ¿un simple par de lienzos? ¿Por qué no creyó, más bien, que se habían robado el cuerpo del Señor?

Con la finalidad de resumir su trabajo, lo presentamos en grandes trazos, pidiendo perdón desde ya por la pedantería académica y un par de latines y griegos que deberemos usar.

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14.04.17

El proceso jurídico de Cristo. Vídeo y audio de la conferencia

En Viernes Santo y gracias a la generosidad del canal ”Veritas TV” que compaginó el vídeo, ofrezco el vídeo y el audio de la conferencia dictada la semana pasada acerca del proceso jurídico de Cristo, según los tribunales judíos y romanos.

La misma está basada en un trabajo ya publicado en este sitio que pueden ver con mayor amplitud aquí.

Que Dios nos regale el don de la conversión en esta Semana Santa y que nunca respondamos con Pilato: “¿Quid est veritas?", sino que la reconozcamos: “Veritas, Christus est.”

P. Javier Olivera Ravasi

Para descargar u oír el audio, hacer clic aquí

13.04.17

Sacerdocio católico. Hugo Wast, Castellani y romance español

Los que es bravo es ser Quijote

siendo a la vez sacerdote.

Los sacerdotes más anchos 

se reclutan entre Sanchos.

(Padre Leonardo Castellani, El Ruiseñor Fusilado)

Jueves Santo e institución del sacerdocio católico van de la mano. Y estos dos textos también.

Recemos para que nunca nos falten verdaderas y santas vocaciones sacerdotales.

Buena Semana Santa de conversión.

P. Javier Olivera Ravasi

Cuando se piensa que ni la Santísima Virgen puede hacer lo que un sacerdote.

Cuando se piensa que ni los ángeles ni los arcángeles, ni Miguel ni Gabriel ni Rafael, ni príncipe alguno de aquellos que vencieron a Lucifer pueden hacer lo que un sacerdote.

Cuando se piensa que Nuestro Señor Jesucristo en la última Cena realizó un milagro más grande que la creación del Universo con todos sus esplendores y fue el convertir el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre para alimentar al mundo, y que este portento, ante el cual se arrodillan los ángeles y los hombres, puede repetirlo cada día un sacerdote.

Cuando se piensa en el otro milagro que solamente un sacerdote puede realizar: perdonar los pecados y que lo que él ata en el fondo de su humilde confesionario, Dios obligado por su propia palabra, lo ata en el cielo, y lo que él desata, en el mismo instante lo desata Dios.

Cuando se piensa que la humanidad se ha redimido y que el mundo subsiste porque hay hombres y mujeres que se alimentan cada día de ese Cuerpo y de esa Sangre redentora que sólo un sacerdote puede realizar.

Cuando se piensa que el mundo moriría de la peor hambre si llegara a faltarle ese poquito de pan y ese poquito de vino.

Cuando se piensa que eso puede ocurrir, porque están faltando las vocaciones sacerdotales; y que cuando eso ocurra se conmoverán los cielos y estallará la Tierra, como si la mano de Dios hubiera dejado de sostenerla; y las gentes gritarán de hambre y de angustia, y pedirán ese pan, y no habrá quien se los dé; y pedirán la absolución de sus culpas, y no habrá quien las absuelva, y morirán con los ojos abiertos por el mayor de los espantos.

Cuando se piensa que un sacerdote hace más falta que un rey, más que un militar, más que un banquero, más que un médico, más que un maestro, porque él puede reemplazar a todos y ninguno puede reemplazarlo a él.

Cuando se piensa que un sacerdote cuando celebra en el altar tiene una dignidad infinitamente mayor que un rey; y que no es ni un símbolo, ni siquiera un embajador de Cristo, sino que es Cristo mismo que está allí repitiendo el mayor milagro de Dios.

Cuando se piensa todo esto, uno comprende la inmensa necesidad de fomentar las vocaciones sacerdotales.

Uno comprende el afán con que en tiempos antiguos, cada familia ansiaba que de su seno brotase, como una vara de nardo, una vocación sacerdotal.

Uno comprende el inmenso respeto que los pueblos tenían por los sacerdotes, lo que se refleja en las leyes.

Uno comprende que el peor crimen que puede cometer alguien es impedir o desalentar una vocación.

Uno comprende que provocar una apostasía es ser como Judas y vender a Cristo de nuevo.

Uno comprende que si un padre o una madre obstruyen la vocación sacerdotal de un hijo, es como si renunciaran a un título de nobleza incomparable.

Uno comprende que más que una Iglesia, y más que una escuela, y más que un hospital, es un seminario o un noviciado.

Uno comprende que dar para construir o mantener un seminario o un noviciado es multiplicar los nacimientos del Redentor.

Uno comprende que dar para costear los estudios de un joven seminarista o de un novicio, es allanar el camino por donde ha de llegar al altar un hombre que durante media hora, cada día, será mucho más que todas las dignidades de la tierra y que todos los santos del cielo, pues será Cristo mismo, sacrificando su Cuerpo y su Sangre, para alimentar al mundo.

(Hugo Wast, “Cuando se piensa").

De regalo, un hermoso “Romance del Jueves Santo” interpretado por Joaquín Díaz que cantábamos de chicos:

 

12.04.17

¿Padeció bajo Poncio Pilato? Por Octavio Sequeiros

¿PADECIÓ BAJO PONCIO PILATO?

Una investigación sobre la pasión y muerte de Jesús.

Vittorio Messori , Madrid, Rialp, 1994.

Por Octavio A. Sequeiros

 

Messori no es un católico cualquiera, es hombre de confianza del actual Papa (Juan Pablo II) y ha colaborado en la redacción de Cruzando el umbral de la Esperanza, único libro escrito por un Pontífice; además ha ido progresando en la Fe, y en la actualidad actúa como laico consagrado en Lourdes, mientras continúa sus trabajos; uno de los últimos, Las Leyendas Negras de la Iglesia, fue comentado en Gladius nº 40.

Aquí prolonga Hipótesis sobre Jesús, de 1976, y otros cinco libros cuyo objetivo es hacer apologética – si se me permite el ex abrupto - de la mejor, presentando los argumentos que avalan la historicidad de los relatos evangélicos, por donde han pasado y pasan sobre todo los ataques a la Fe, p. 13, obra que sufrió la oposición de los “profesionales de la Biblia” católicos, contrarios de hecho a aceptar la armonía de Fe y razón; pecado este último de intelectuales

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