9.05.16

(139) Inconveniencias eclesiales VI: lo dicho y lo mostrado en Amoris lætitia

En un texto enunciativo, en que se expresa con palabras una idea, lo que se dice debe coincidir con lo que se muestra

El filósofo Ludwig Wittgenstein fundamenta su filosofía del lenguaje en la distinción entre decir y mostrar. Lo que se dice va directo a la razón, por decirlo así. Lo que se muestra, va directo a la sensibilidad. Ambos se pueden complementar, si coinciden en expresar la misma intención, cada cual a su modo. Pero pueden contradecirse entre sí, cuando escindiendo lo dicho y lo mostrado se rompe el significante.

Es entonces cuando el texto produce confusión, inquietud, duda en el receptor del mensaje, que no entiende si dice una cosa u otra, si lo que dice es lo que quiere decir. La ambigüedad fragmenta el discurso, y no permite a la mente reposar en las palabras.

Sabemos que Wittgenstein tenía deseos sinceros de creer en Dios. Pero lo cierto es que su nominalismo fue un obstáculo casi insalvable. Él consideraba que sólo en el ámbito subjetivo del mostrar (la estética, por ejemplo) se puede expresar la verdad, lo bueno, etc. Desconfiaba del conocimiento natural de Dios, profesaba la incapacidad del lenguaje de los universales, la inoperancia de toda formulación racional de la ley moral. Como comprobamos en el post dedicado al articulo de la Doctora Rasmussen, es un nominalismo deconstructivo.

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3.05.16

(138) Inconveniencias eclesiales V: el artículo de la Doctora Rasmussen, y más sobre lenguaje situacional en Amoris lӕtitia

En la primera parte de este análisis sobre el lenguaje utilizado en Amoris lӕtitia, cap. VIII, defendí la tesis siguiente, que vuelvo a afirmar:

Un inconveniente del capítulo VIII de la exhortación Amoris lӕtitia es el uso excesivo de lenguaje situacional, que puede favorecer una lectura en clave de moral de situación.

Religión Digital ha publicado un artículo donde la Doctora Elske Rasmussen pretende rebatir mi post anterior. Resulta curioso que lo enlace no de Infocatólica, sino de Gloria TV. 

Vamos a comentarlo brevemente.

 

I.- SOBRE SI HAY O NO EXCESO DE LENGUAJE SITUACIONAL

Llama la atención que en este artículo se comience con un ataque personal y se me descalifique como ejemplo de 

«quienes han percibido claramente, y con amargura, que el cambio es realmente muy importante, porque da origen a otro modo de discernir y de actuar en la pastoral.»

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25.04.16

(137) Inconveniencias eclesiales IV: uso de lenguaje situacional en Amoris Laetitia, I: puntos 291 a 300

En este post y en el próximo defiendo la tesis siguiente:

Un inconveniente del capítulo VIII de la exhortación Amoris Laetitia es el uso excesivo de lenguaje situacional, que puede favorecer una lectura en clave de moral de situación

Esta posible clave de interpretación perjudica la reflexión pastoral que el Santo Padre realiza en sus diversos puntos, y puede dar lugar a confusiones varias. 

Comenzamos recordando qué es la moral de situación.

 

I.- LA MORAL DE SITUACIÓN. PÍO XII

Enseña la doctrina de la Iglesia que el pecado mortal es una transgresión grave de la ley natural, y en cuanto tal, «destruye la caridad en el corazón del hombre por una infracción grave de la ley de Dios» y, por lo tanto, «aparta al hombre de Dios» (Catecismo 1855).

Por contra, la llamada moral de situación justifica esta transgresión exculpando al individuo de la infracción y cargando el peso de la responsabilidad sobre la situación en que éste se encuentra. Esto da lugar a la transformación de la moral en casuística de situaciones, a la desactivación del derecho, a la inoperancia de la ley natural como regla del obrar.

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4.04.16

(136) Sobre el fundamento de la doctrina luterana, que es la negación de la libertad

Nada ha de buscar el católico en la doctrina de Lutero. Porque la Iglesia católica enseña sin error la sana doctrina de la justificación, y la enseña con caridad, claridad y precisión, en esa gran maravilla que es Trento, sesión VI, y en el Magisterio de la Iglesia en general, encabezado por la doctrina sublime de Orange II.

Decimos esto porque, ahora que afortunadamente muchos católicos están reaccionando contra el antropocentrismo voluntarista, desafortunadamente se está popularizando el error de hacerlo mirando a Lutero, como si su doctrina pudiera remediarlo.

Lo hemos visto con el muy nocivo elogio del P. Cantalamessa a Lutero y su mal llamada Reforma, que tan certeramente ha analizado el P. José María Iraburu en este gran post.

 

Nosotros ahora en este articulo vamos a analizar de cerca el centro mismo de la doctrina Luterana, que no es el principio de la sola fe, ni de la sola gracia, ni de la sola escritura. Sino el fundamento de todo el sistema, que el mal denominado “reformador” califica como el «punto mejor y más importante» de su doctrina (“De servo arbitrio”. WA, t. XVIII, 786).

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23.03.16

(135) Que para combatir el semipelagianismo no es preciso expulsar las virtudes del orden de la gratuidad

La gracia de la justificación, que hace pasar al hombre adámico del estado de pecado al estado de gracia, introduce, junto con la misma gracia santificante, las virtudes infusas. Con ellas, el hombre justificado puede habitualmente hacer el bien meritorio y saludable.

Es oportuno mostrar que el orden de las virtudes infusas pertenece también al orden de la gratuidad, instaurado por la misma gracia que hace grato al hombre a ojos de Dios.

En este artículo me dedico a ello, (ilustrándolo de paso con algunos dibujos que realicé con bolígrafo negro y unos lápices).

Es importante mostrar la necesidad orgánica de las virtudes en este complejo sistema de perfeccionamiento ideado por Dios para la deificación participada de sus hijos adoptivos.

Como explica el P. José María Iraburu, en “Por obra del Espíritu Santo”, Gratis date, cap 3, 2, pág.18 (resaltado mío):

«Podría quizá pensarse que, una vez que la gracia santificante sana al hombre pecador y le eleva a una vida sobrenatural, sería bastante para el desenvolvimiento normal de esta nueva vida que sus potencias, entendimiento y voluntad sobre todo, recibieran el auxilio continuo de las gracias actuales. En este sentido, no sería necesaria la infusión en sus potencias de las virtudes y de los dones del Espíritu Santo.

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