13.04.17

(170) La Gran Fragmentación de la mente occidental: los orígenes. (Con un Glosario añadido como complemento)

Como hemos visto en numerosos posts de este blog, es en el Renacimiento cuando la mente occidental consuma en su seno la ruptura entre la fe y la razón. Esta ruptura fue inoculada por el nominalismo, que deconstruyó, es decir, desmontó el sistema de conexión entre ambas, quedando descuajadas una de otra.

Como consecuencia, la filosofía dejó de ser sierva de la teología, y la teología dejó de ser señora suya. De esta enemistad surge el antiescolasticismo humanista, en cuyas entrañas se incuba la crisis.

Esta ruptura, pues, fue alimentada por el Humanismo, que desde el interior de la mente occidental, construyó un pseudocatolicismo de corte voluntarista, subjetivo, antitradicional, que he llamado catolicismo reducido. Pero de este humanismo deconstructivo, sustentado en la ruptura entra la fe y la razón, surge, también, la Reforma protestante.

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3.04.17

(169) Traumatología doctrinal, con una aclaración añadida

 1.- Propongo una nueva disciplina teológica: traumatología doctrinal. Se estudiaría en seminarios, institutos de ciencias religosas, aulas bíblicas…Vendría a substituir a casi la totalidad del temario.
 

2.- Tal vez algún día, cuando las moscas sean criaturas racionales, será posible al hombre adámico, posmodernamente ético, salvarse con sus solas fuerzas naturales y un libro de educación en valores en la mano.

 

3.- Parece imposible que, con los productos que existen hoy día, no pueda borrarse la marca de la Bestia en la frente y en la mano. ¿Acaso no están las tiendas del antilegalismo bien provistas de maquillajes y coloretes? ¿Será que es necesaria la gracia, y ser de Cristo,  para limpiar la huella del maligno cumpliendo los mandamientos

 

4.- Los bellos proyectos de la teología progresista: “hacemos iglesia en comunión, sin eticismos religantes, como un servicio pluralista y nouménico a la conciencia resiliente y bla bla bla bla bla…”

 

5.- Al cristiano ultravoluntarista que pretenda estatua y placa en la Ciudad Celeste, habrá que recordarle la doctrina católica sobre el auxilio divino.

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26.03.17

(168) Predestinación VIII: la aceptación libre de la gracia como fruto de la predestinación

A continuación expongo en doce aforismos un resumen de los expuesto sobre este tema en los anteriores posts sobre Predestinación. No cito Magisterio, pues ya fue citado en ellos anteriormente. Me limito, pues, a recordar y re-exponer las nociones fundamentales ya exlicadas, como síntesis de la doctrina católica tal y como la exponen santo Tomás y San Agustín y nosotros la hemos expresado.

 

1.- No se puede aceptar la gracia sin auxilio de la gracia. Aceptar libremente la gracia es fruto de la gracia. El ser humano no puede aceptar la gracia POR SÍ SOLO (herejía pelagiana) ni por sí solo con la suma de la gracia (herejia semipelagiana), sino por gracia. La acepta POR SÍ MISMO gracias a la gracia. Es la doctrina católica.

 

2.- Es semipelagianismo entender que depende primero del ser humano aceptar la gracia, entendida cual sumando en una suma, como si por sí solo pudiera aceptarla si se le añade un auxilio extra. Porque para aceptar libremente la gracia se precisa del influjo de la gracia.

 

3.- Es vital, para entender el misterio de la predestinación, comprender la diferencia que existe entre que el hombre actúe por sí solo y que actúe por sí mismo. El hombre no se salva por sí solo (herejía pelagiana/semipelagiana) ni sin él (herejía quietista/luterana) sino POR SÍ MISMO, como fruto de la segura transformación que la gracia eficaz opera en su voluntad.

4.- La predestinación significa que el ser humano no se salva por sí solo, pero sí por sí mismo, como efecto de la gracia. La eficacia del auxilio divino consiste, pues, en custodiar y defender del mal, por así decir, la libre elección del bien, que ha sido suscitada y mantenida por Dios hasta su término. Nuestro Señor siempre tiene la iniciativa.

 

5.- La predestinación significa que Dios mueve eficaz y gratuitamente al ser humano a moverse por sí mismo hacia su salvación, de forma infaliblemente libre.

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19.03.17

(167) Las tres advertencias de la Pascendi

El 8 de septiembre de 1907, año quinto del pontificado de San Pío X, fue una fecha importante para la Iglesia: es el día de la carta encíclica Pascendi, un profético documento magisterial. En ella no sólo se condenaban con claridad conceptual y precisión luminosa las doctrinas de los modernistas.También se daba voz de alarma contra los males que iban a venir, y se lanzaban tres advertencias fundamentales.

 

1.- La primera advertencia de la Pascendi.- Todo obispo debería tener muy en cuenta su primer deber, según la encíclica. Primera obligación, primer imperativo, primera misión de pastoreo: proteger el Depósito. Responsabilidad primigenia y primordial de la Iglesia jerárquica. Y es que el papel de los pastores, en el combate contra el error, es el papel protagonista. Así lo enseña, sin timidez ni eufemismos, en la primera frase: 

«(Pascendi Introducción) Jesucristo señaló como primer deber el de guardar con suma vigilancia el depósito tradicional de la santa fe, tanto frente a las novedades profanas del lenguaje como a las contradicciones de una falsa ciencia.».

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15.03.17

(166) En el laberinto progresista: el modernismo como Minotauro

¿Va ud. a hablar ahora del modernismo?

—Claro, es que si hablo del progresismo tengo que hablar del modernismo.

No entiendo. ¿Cuál es su tesis?

Mi tesis es que el progresismo eclesial, aun en sus dos vertientes, no es más que la forma posmoderna del modernismo.

—¡Toma ya! ¿No le parece un poco desfasado hablar, todavía, de modernismo, en plena posmodernidad? Hay evangelizadores que afirman lo contrario que ud.: que el catolicismo sigue empeñado anacrónicamente en una lucha contra el modernismo, sin entender que cambiaron las coordenadas, y que estamos inmersos en otra época: la muy líquida y delicuescente posmodernidad. Dicen que el modernismo pasó.

El modernismo no ha caducado, ni para la mente occidental en general, ni para la mente católica en particular. No ha pasado porque está inmersa en su laberinto, que se confunde con la cultura posmoderna. El progresismo es el laberinto con que el modernismo mantiene extraviadas muchas mentes católicas actuales. 

—Entonces, según eso, el modernismo es el señor del laberinto, su Minotauro.

Es lo que pienso.

—¿Y quién será Teseo?

El catolicismo autentico, bíblico-tradicional, sacramental, con buena doctrina de la gracia, con buena metafísica, con buena doctrina, sacral, adorador, venerador dúlico e hiperdulico.

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