InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Ad pedem litterae

2.10.14

Ad pedem litterae – P. Pablo Cabellos Llorente

Al pie de la letra es, digamos, una forma, de seguir lo que alguien dice sin desviarse ni siquiera un ápice.

En “Ad pedem litterae - Hermanos en la red” son reproducidos aquellos artículos de católicos que hacen su labor en la red de redes y que suponen, por eso mismo, un encarar la creencia en un sentido claro y bien definido.

Ad pedem litterae - P. Pablo Cabellos Llorente

Presentación del artículo del P. Pablo Cabellos .

No se puede negar que la sociedad actual se ha alejado de Dios todo lo que ha podido y que los adalides de la modernidad estiman importante difundir que la fe, la creencia en el Todopoderoso, tiene poco que ver con la sociedad.

El autor del artículo, a tal respecto, cree que es bien cierto y verdad que hay quienes sostienen que la fe se ha de vivir en lo privado y que, sobre todo, no es conveniente que se viva en público. Y esto, con ser más que verdad (que eso se sostenga) no es poco cierto que es una aberración.

Y es que una cosa que la conciencia, como dice el P. Pablo Cabellos, “es el sagrario íntimo e inviolable donde el hombre escucha la voz de Dios” pero eso es una cosa y otra, muy distinta, que se pretenda que de ahí no salga a ninguna parte.

Pero lo más curioso es que, en efecto, en estos tiempos donde la palabra “libertad” se usa y abusa para tanto, sea precisamente el teme religioso, y el católico a más señas, el que deba ser acallado.

¿Qué libertada es eso? Pues es la libertad de los ciegos y sordos.

Y, ahora, el artículo del P. Pablo Cabellos Llorente.

¿No puede ser pública la fe?

Pablo Cabellos Llorente

Alguien nos ha marcado un golazo por la escuadra. Alguien nos ha convencido de que la fe puede vivirse privadamente, siempre que no se manifieste en público. No piense el amable lector que me refiero a las procesiones –que también-, sino a escribirlo en un medio de comunicación –al menos en algunos-, a exponerla en una red social o incluso en una reunión de amigos. Te aseguran que ese no es el lugar apropiado, aunque cada uno puede pensar como quiera, etc. Luego, en correo privado, aseguran que son católicos, pero que la religión queda para la propia intimidad. Hay lugares en los que decir adiós es incorrecto.

Los que piensan así son los guardametas que han encajado el gol. Porque se puede opinar de política, de fútbol, de pintura, de todo, incluso exhibiendo posturas descabelladas, pintorescas y hasta lamentables. De eso, sí, pero de religión, no. El primer interrogante que surge es el que haría cualquier niño en esa etapa de su vida en que pregunta los porqués de las cosas, aún no comprendiendo bien la respuesta que se le dé? ¿Por qué es incorrecto hablar de lo relativo a Dios? Hay quienes le otorgan hasta una aparente carga de respeto: es algo íntimo, y las intimidades no se exhiben. Ya. ¿Y por qué pueden exhibirse todo tipo de asuntos aparentemente recónditos de las vidas del llamado famoseo?

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21.05.14

Ad pedem litterae- P. Pablo Cabellos Llorente

Al pie de la letra es, digamos, una forma, de seguir lo que alguien dice sin desviarse ni siquiera un ápice.

En “Ad pedem litterae - Hermanos en la red” son reproducidos aquellos artículos de católicos que hacen su labor en la red de redes y que suponen, por eso mismo, un encarar la creencia en un sentido claro y bien definido.

Presentación del artículo del P. Pablo Cabelllos Llorente .

Es muy conocido el texto “Yo acuso” que escribiera Emilio Zola a cerca de Alfred Dreyfus, a la sazón militar francés. Se le acusaba, al militar, de traicionar a su patria en favor de Alemania. Pero él, Zola, le dio la vuelta a la tortilla y pasó al contraataque.

Pues bien, el autor del artículo no quiere acusar pero pone el dedo en la herida para que duela (porque ha de doler saber esto) lo que dice.

Así, acusa por ejemplo, de la falta de defensa del matrimonio, de la familia… de la vida (con la muerte del nasciturus en el aborto); acusa del laicismo que anula la voluntad de tener una educación, por ejemplo, religiosa, por parte de los padres; acusa, también, del comportamiento de muchos cristianos consintiendo lo que pasa al respecto de esto.

Y lo mejor de todo (entiéndase esto que se quiere decir) es que, muchas veces, hacemos (todos) como si la cosa no fuera con nosotros, como si no existieran tales males. Y así, claro, no se arregla nada de los desarreglos existentes.

Y, ahora, el artículo del P. Pablo Cabellos Llorente.

Yo acuso

Pablo Cabellos Llorente

A finales siglo XIX, El capitán del ejército francés Alfred Dreyfus, de origen judío y alsaciano, fue acusado de haber entregado documentos secretos a los alemanes. Enjuiciado por un tribunal militar, fue condenado a prisión perpetua, degrado y desterrado a la Isla del Diablo, cercana a la costa de la Guyana francesa, por un delito de alta traición. En ese momento, tanto la opinión pública como la clase política francesa adoptaron una posición abiertamente contra Dreyfus, cuya inocencia se demostró años más tarde.

Después del injusto proceso y condena, Emilio Zola escribió la conocidísima carta al Presidente de la República que concluye con una serie de denuncias a los intervinientes en el juicio, comenzando cada una de ellas con la frase “Yo acuso”, con la que ha pasado a la historia ese razonado y magnífico mensaje con trazas de gran fuerza.

Ha venido a mi mente la carta de Zola pensando en los problemas que suceden a nuestro alrededor. No pretendo inculpar a nadie de nada, porque todos somos culpables, en una u otra medida, de lo que escribo después. Además, los juicios morales han de ser emitidos con mucha cautela, sobre todo al tratarse de personas. Por eso no señalaré a ninguna. Escribo de hechos, ideas, conductas más o menos generalizadas y perturbadoras, por si sirven para averiguar soluciones positivas.

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23.04.14

Ad pedem litterae – P. Pablo Cabellos Llorente

Al pie de la letra es, digamos, una forma, de seguir lo que alguien dice sin desviarse ni siquiera un ápice.

En “Ad pedem litterae - Hermanos en la red” son reproducidos aquellos artículos de católicos que hacen su labor en la red de redes y que suponen, por eso mismo, un encarar la creencia en un sentido claro y bien definido.

Presentación del artículo del P. Pablo Cabelllos Llorente .

Si hay algo que identifica a un cristiano es, sin duda alguna, la cruz. En realidad, es bastante más que algo simbólico para nosotros, los discípulos de Cristo.

Es bien cierto que, como dice y aporta el autor del artículo, ya para griegos y judíos la cruz no era bueno tenerla en cuenta porque para unos era una locura y para otros una necedad. Sin embargo, eso lo decían porque no comprendían nada de lo que significaba lo que hizo Aquel que fue enviado por Dios para procurarnos la salvación eterna.

Dice, muy bien, el P. Pablo Cabellos, que “La fe cristiana no impide el dolor, pero le da un sentido nuevo, el de saber que encontrar la cruz es encontrar a Cristo” pues es más que cierto que debemos cargar con la nuestra (como también trae a su artículo, de las Sagradas Escrituras, el autor del mismo) si es que queremos que se nos pueda denominar, de verdad, cristianos.

Pero la cruz no siempre es entendida. Como hemos dicho arriba, ni lo fue entonces ni lo es hoy día. En realidad, la Cruz no es tema para ser tratado, en exclusiva, en la Semana más importante del año para un cristiano, la Santa sino para tenerla en cuenta cada uno de los días de nuestra vida. De otra forma, no habremos entendido nada de nada de lo hecho por Jesús. Y lo hizo por cada uno de nosotros.

Y, ahora, el artículo del P. Pablo Cabellos Llorente.

El escándalo de la cruz

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16.04.14

Ad pedem litterae – Vicente Alejandro Guillamón

Al pie de la letra es, digamos, una forma, de seguir lo que alguien dice sin desviarse ni siquiera un ápice.

En “Ad pedem litterae - Hermanos en la red” son reproducidos aquellos artículos de católicos que hacen su labor en la red de redes y que suponen, por eso mismo, un encarar la creencia en un sentido claro y bien definido.

Presentación del artículo de Alejandro Guillamón .

En el asunto-tema-aprovechamiento de río revuelto que es el de la catedral de Córdoba (antigua Mezquita y, más antiguamente aún, templo cristiano) hay muchas personas que deberían callar para no demostrar de qué pie cojean. Una de ellas es la que lleva a su artículo don Vicente Alejandro Guillamón y que no es otra que Federico Mayor Zaragoza.

Dice el autor del artículo muchas cosas atinadas de este hombre perejil de todas (o al menos muchas) salsas que en el mundo han sido desde hace muchos años. Y todo lo que dice no lo pone demasiado bien que digamos.

En realidad, cada cual se busca las críticas que se busca según lo que haya sembrado a lo largo de su vida. Y si una persona tan de izquierdas como es, sin duda alguna, Federico Mayor Zaragoza, se gana a pulso que se le diga lo que, en realidad, ha sido a lo largo de su vida y, ahora mismo, es, no puede quejarse nadie de que quien quiere diga lo que ha sido y es. Otra cosa es que no le venga bien ni al criticado ni a sus admiradores, que se le critique. Pero, la verdad, cada cual tiene, casi siempre, lo que se merece.

Y si ahora entra, además, el susodicho Mayor Zaragoza en el asunto de la catedral de Córdoba para apoyar pretensiones musulmanas… todo lo que se diga de él y sobre él será poco pues ya tuvimos, muchos siglos atrás, otros que se entregaron, a manos llenas, la España visigoda en manos de los creyentes musulmanes. No vaya a creerse nadie que podemos consentirlo otra vez.

Y, ahora, el artículo del Vicente Alejandro Guillamón.

Otro que mete cizaña en la catedral de Córdoba

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10.04.14

Ad pedem litterae – P. Pablo Cabellos Llorente

Al pie de la letra es, digamos, una forma, de seguir lo que alguien dice sin desviarse ni siquiera un ápice.

En “Ad pedem litterae - Hermanos en la red” son reproducidos aquellos artículos de católicos que hacen su labor en la red de redes y que suponen, por eso mismo, un encarar la creencia en un sentido claro y bien definido.

Ad pedem litterae - P. Pablo Cabellos Llorente

Presentación del artículo del P. Pablo Cabellos .

La verdad sólo puede doler a quien trata de tergiversarla en interés propio o del grupo al que pertenezca. Y este artículo del P. Pablo Cabellos puede doler a quien quiera que las cosas sean a su conveniencia pero no como son porque así deben ser.

Ciertamente un científico que no tenga raíces creyentes cristianas podrá decir que la naturaleza es así porque así es. Sin embargo, como dice el autor del artículo, ¿Quién ha hecho que la naturaleza se así? Es decir, existe un “antes” de que la naturaleza sea como es y no podemos hacer como si las cosas fueran como son sin un hilo que las unas a por qué son como son.

Esto le viene muy bien al P. Pablo Cabellos, y a nosotros también, para proclamar la dignidad de toda vida humana. No sólo de la nacida por nacida sino que, por ejemplo, por nacida pueda sufrir menoscabo de su salud física o mental; no sólo, decimos, de la nacida sino, también, de la por nacer, nasciturus a veces tan maltratado (maltrato hasta la muerte, cruz particular y calvario sito en el seno materno)

En realidad, toda vida humana, ¡toda!, es importante y ninguna puede despreciarse. Aunque eso, seguramente, no en todos los corazones cabe.

Y, ahora, el artículo del P. Pablo Cabellos Llorente.

El milagro de la vida

Pablo Cabellos Llorente

Subrayó Aristóteles que el sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice. Yo, tan lejos de la sabiduría, deseo al menos decir con mesura y, si pudiera, hasta poéticamente. Se habla de la poesía barata, pero ésta no existe cuando es verdadero poema. Tampoco soy poeta. Y me cautivaría saber cantar a la vida, al milagro originado cada vez que un espermatozoide encuentra un óvulo que fecundar. Es un doble manantial del que inmediatamente brota la fuente de la vida. La biología explica que con la unión de esos pequeños corpúsculos surge un ser vivo nuevo, cargado con la genética de sus dos progenitores.

Un científico diría con razón que no es un milagro porque así es la naturaleza. Entonces, ¿no es milagroso que la naturaleza goce de tal poder? Recientemente, he visto el vídeo de un feto de siete semanas que se agitaba constantemente. Semeja ya un niño hiperactivo. Causa maravilla observarlo. Es la belleza de la vida que comienza, como existe la del que se va marchando, de golpe o quedamente. Con el título de la vieja película, dan ganas de exclamar «¡qué bello es vivir!». Todas las vidas son bellas: también la del niño Down, la del disminuido por cualquier carencia, aunque no sea un Beethoven o un Stephen Hawking. Es una persona cuyo valor y dignidad nadie iguala.

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