InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Apostolado laico -La Palabra para el Domingo

13.09.26

La Palabra  para el Domingo - Domingo, 13 de septiembre de 2026

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Mt 18, 21-35
 
“21 Pedro se acercó entonces y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’ 22 Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.’ 23′Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. 24 Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. 25 Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. 26     Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: “Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré.” 27 Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 28 Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes.’”

29 Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré.’ 30 Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. 31Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. 32 Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo  suplicaste.

33 ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’ 34 Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. 35 Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano.’”
       


COMENTARIO
 
Es necesario/obligado perdonar si queremos que Dios nos perdone
 

Ser desagradecidos con Dios no es nada poco común sino que, muchas veces, así nos manifestamos. Eso, como bien sabemos, tiene sus consecuencias.

Una manera de no agradecer, como poco y desde aquí mismo, el don de la vida y, por lo tanto, el de nuestra existencia, es faltar a lo que tantas veces repetimos pero que, en nos pocas ocasiones, olvidamos y que no es otra cosa faltar a la verdad de lo que decimos al respecto de aquella oración que Jesús enseñó a sus discípulos cuando le pidieron que les enseñara a orar (Lc 11,1) y que no es otra que el Padre Nuestro, raíz espiritual de nuestra fe.

Por eso cuando, entre otras peticiones, pedimos a Dios que nos perdone nuestras ofensas lo hacemos con conocimiento del resto de la petición “como nosotros perdonamos a los que nos ofenden” y no podemos olvidar uno habiendo pedido lo otro.

La parábola a que se refiere
Jesús es una que pone como ejemplo cómo nos tenemos que comportar pero, sobre todo, como no tenemos que manifestarnos en nuestras relaciones con el prójimo.

¿Pero cuánto perdonar? - Educar con Jesús En justa correspondencia al perdón del señor hacia el siervo que tanto dinero le debía, el mismo tenía que haber, también, perdonado. Es cierto que es una deuda económica pero el perdón también, supone, en tal caso, reparar la ofensa que le esta infringiendo quien no devuelve lo que antes le fue entregado. Perdonar tal ofensa era importante para el siervo que tanto debía a su señor y que se vio favorecido por la magnanimidad de quien podía, en efecto, haberlo puesto en prisión. Supo, así, perdonar porque era bueno.

Pero aquel siervo no se comportó de igual manera sino que abusó de la confianza que había puesto en él su señor y no supo perdonar, a su vez, a quien muy poco le debía. Fue, así, desagradecido con quien a tanto debía y que tuvo, al menos en aquella ocasión, un corazón de carne.

Necesitamos, por lo tanto, perdonar para que se nos perdone lo que de mal hayamos hecho a lo largo de nuestra vida. Pero el perdón no ha de ser algo disimulado que, en todo caso, ve Dios pero, a lo mejor, no el prójimo. No. El perdón lo ha de ser, como dice Jesús, “de corazón” o, lo que es lo mismo, sin doblez ni engaño. Sólo así se entenderá el perdón como dado de verdad, con franqueza y no tratando de ocultar nada.

Perdonar para poder ser perdonados y saber, así, que correspondemos al Amor de Dios.  

PRECES

Por todos aquellos que no saben perdonar las ofensas.

Roguemos al Señor.
 
Por todos aquellos que, en todo caso, perdonan con engaño o falsedad.

Roguemos al Señor.

 
ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a perdonar como Tú, siempre, perdonas nuestras ofensas aún a sabiendas de nuestra falta de fidelidad.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.
 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.
 

Panecillo de hoy:

Perdonar, perdonar y perdonar. Es algo más que una repetición espiritual. 


Para leer Fe y Obras.


Para leer 
Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

6.09.26

El Domingo de la Palabra - Domingo, 6 de septiembre de 2026

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Mt 18, 15-20
 

15 ‘Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. 16 Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que = todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. = 17 Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. 18 ‘Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.19 ‘Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.’”

 
COMENTARIO

En medio de todos los que oran
 
A primera vista, pudiera dar la impresión de que lo que Jesús dice en este texto del evangelio de San Mateo que corresponde al día de hoy no tiene mucho que ver entre sí. Es decir, que se tratase de cosas que deberían ir cada una por su lado. Sin embargo, como el Hijo de Dios no da puntada sin hilo, esto es, en efecto, una simple impresión a primera vista y es más que seguro que sí tienen que ver y hay una directa relación entre unas y otras.

Jesús sabe que lo que tenga que pasar cuando se marche a Casa del Padre será muy importante. Por eso está formando a unos discípulos de forma más profunda, con más cercanía espiritual que serían los que, al fin y al cabo, iban a transmitir su doctrina y la Buena Noticia del Reino de Dios que había traído al mundo Él como Mesías enviado por Dios. Y por eso les dice aquello que sólo ellos deben saber.

El caso de lo que les dice en este momento será crucial para la vida espiritual de la Iglesia que va a fundar porque de no hacerlo así aquello que deberá ser el quicio sobre el que apoyar el edificio de la misma se podría venir pronto abajo y tal no era la voluntad de Dios.

Mateo 18:15-20 15 «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas  tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. 16 Si no te escucha,  toma todavía Jesús quiere revestir de autoridad a quienes dirijan su Iglesia y que tengan cierta potestad sobre el resto de los cristianos. Por eso les instruye acerca de qué deben hacer cuando alguno de sus hermanos en la fe actúe de forma contraria a su fe pues no deben permitir que haya desviaciones de tal manera graves que se desvirtúe lo que constituye la misma.

Es bien cierto que no sabemos, siempre, qué es pecado y qué atenta con la fe que tenemos. Pero aún es más cierto que sí que hay hermanos nuestros que, por su especial formación, sí lo saben. Son ellos los que deben corregir nuestros pecados, nuestras desviaciones para que las mismas no vayan más lejos de lo conveniente. Y así lo harán si nos dejamos ser corregidos pues, como sabemos, la soberbia es muy peligrosa en materia humana.

Sentado esto en el corazón de sus Apóstoles debían tener en cuenta que ellos no eran unos más entre los discípulos de Jesús sino que los había elegido para cumplir una misión importantísima: regir en su Reino acerca de la fe que les estaba transmitiendo. Por eso podían atar y desatar.

No quería decir eso que podían hacer lo que les diera la gana a capricho de sus inventivas o imaginaciones espirituales sino de acuerdo con la doctrina que el Maestro les estaba enseñando. Sobre eso era sobre lo que podían atar y desatar

Pero hay más.

Jesús sabe que a través de la oración Dios Padre escucha a sus hijos y atiende sus peticiones, que nos oye y nos escucha. Por eso los instruye acerca de cómo orar: estar más de dos haciendo oración, dirigirse a Dios para ser escuchados, tener confianza en ser escuchados, etc.

Jesús es un Maestro que enseña con autoridad y sabiduría. No es como otros que enseñan lo que, luego, no hacen. Por eso si dice que hay que cumplir la voluntad del Padre, Él la cumple hasta el mismísimo extremo de dar la vida por sus amigos; si sostiene que hay que perdonar siempre, Él lo hace hasta con los que le van a matar; si, en fin, sostiene que hay que poner la otra mejilla cuando una de las dos es abofeteada, no es poco lo que, a tal respecto, hará en su Pasión.

Comprensión de lo que Dios quiere para nosotros y, luego, cumplir con lo que Dios quiere para nosotros. Eso enseña Cristo porque es, verdaderamente, la voluntad de Quien todo lo creó y todo mantiene.

PRECES

Por todos aquellos que no admiten corrección alguna en materia de fe católica.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que no quieren dirigirse a Dios en oración.

Roguemos al Señor.

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a aceptar aquello que se nos diga según nuestros pecados.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 
El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.
 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.
 
Panecillo de hoy:

Atar y desatar según sea la Voluntad de Dios.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna

30.08.26

La Palabra  para el Domingo - Domingo, 30 de agosto de 2026

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Mt 16, 21-27

 “21  Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. 22 Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: ‘¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!’ 23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!’ 24 Entonces dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 25   Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. 26 Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿Qué puede dar el hombre a cambio de su vida? 27 ‘Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno  según su conducta.’”

         
COMENTARIO

La vida que vale la pena vivir

 
Las cosas claras, podemos decir pues, de otra forma, puede llevar a engaño lo que se pueda decir aunque lo diga el mismo Hijo de Dios. 

El caso es que Jesús no le gustaban las medias tintas ni el lenguaje, tan de moda ahora, políticamente correcto. Es más, conocedor de la misión que debía cumplir por habérsela encomendado su Padre, no deja de hacer lo que le corresponde hacer. Nadie, por tanto, va a limitar su cumplimiento. 

Como tantas veces ocurre y así lo vemos en el Nuevo Testamento,
Pedro es un “echao p’alante” o, dicho de otra forma, quien da el paso cuando otros miran para ver qué pasa y eso le atrae la atención del Maestro que sabe que en él puede tener a un muy buen discípulo.

Ahora resulta que Jesús les dice que lo va a pasar mal. ¡Él!, va a morir de una manera terrible!. Pero también les dice que va a resucitar. 

Domingo XXII del Tiempo ordinario: Jesús resuelve las incógnitas de Dios -  OAR • PSNT A Pedro parece que le importa poco lo último: la resurrección, el hecho de volver a estar entre ellos. Y le preocupa menos la resurrección porque, seguramente, no lo acaba de entender. A él lo único que le preocupa, lógicamente, es que al Maestro no le pase nada de lo que dice que le va a pasar. 

Olvida aquel hombre Quién es el Mesías y Quién conoce mucho más que los que entonces escuchan. Sabe, pues, todo lo que va a pasar y no puede negar que pueda pasar porque conoce perfectamente que es la voluntad de Dios y no va a ser Él, Dios hecho hombre, quien la contradiga. 

Pedro, sin embargo, se enfrenta a la voluntad de Dios como lo hace, como lo debe hacer (según vemos a lo largo de nuestra vida) Satanás. No quiere que eso pase pues es posible que sepa lo que eso supone para el Mal: será vencido para siempre jamás. 

Y Jesús, que conoce a Pedro, sabe que, así como otras veces ha sido el Espíritu Santo quien le ha comunicado aquello que debe decir (como cuando lo reconoce como el Hijo de Dios vivo, por ejemplo) ahora ha sido el Príncipe de este mundo quien le ha hecho proferir aquel comportamiento totalmente alejado de la voluntad de Dios. Y entonces, justamente, entonces, hace referencia a lo que supone ser su discípulo. Y no es, precisamente, de lo más agradable… si hablamos en el sentido mundano o carnal. 

Quien quiera seguirlo ha de hacerlo con su propia cruz, la cruz con la que cada cual cargamos y que, a veces, tanto nos pesa. Pues con ella debemos seguir a Jesús pues hay que perder la vida por Cristo y, entonces, la ganaremos para siempre, siempre, siempre que es lo que dice Santa Teresa de Jesús que dura (por decirlo así) la Gloria. 

Eso, lógicamente, es muy difícil de llevar a cabo pero debemos saber que las cosas de este mundo suelen servir para que se pierda, para la vida eterna, quien sigue al mundo siendo lo mejor no seguir tales desmanes sino al Hijo que vino del Padre para traernos el Espíritu Santo. 

Y es más. Jesús avisa acerca de qué es lo que sucederá: vendrá, volverá  venir para juzgar a vivos y a muertos. Y eso, se crea lo que se crea, es una buena forma de decirnos que debemos estar siempre más atentos a las mociones del Espíritu Santo que a las que nos pueda presentar el mundo; menos a lo que nos proponga Satanás y más a lo dicho por  Jesucristo por ser Dios mismo. 

Se
pagará a cada uno “según su conducta”. Por eso , la conducta de cada uno de nosotros ha de ser la que Dios quiere que sea. Así, se nos pagará con una medida bien grande y llena; vamos, con la vida eterna. 
 

PRECES
 
Por todos aquellos que prefieran seguir al mundo que a Cristo. 

Roguemos al Señor.
 
Por todos aquellos que no creen en la vida eterna y actúan como tal. 

Roguemos al Señor.
 
ORACIÓN
 
Padre Dios; ayúdanos a tener siempre presente nuestro Juicio particular y a actuar en consecuencia.
 
Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

  
El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 
Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.
 

Panecillo de hoy:

¡Cuánto nos conviene no ser instrumento de Satanás!


Para leer Fe y Obras.


Para leer 
Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

23.08.26

La Palabra  para el Domingo - Domingo, 23 de agosto de 2026

Resultado de imagen de SAnta BibliaMt 16, 13-20

 
“13 Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’ 14 Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.’ 15 Díceles él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’ 16 Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.’ 17 Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 19 A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.’ 20 Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.”

 

   
COMENTARIO
 
El que en otro tiempo era llamado Cefas y vino a ser Pedro
 
Jesús era la mar de curioso. Le gustaba saber lo que pensaban de Él. Se quiere decir que le gustaba escucharlo en boca de otros porque saberlo, por ser Dios, lo sabía aunque pueda creerse que, en cuanto hombre no podía saberlo todo. Sí, claro, en cuanto Dios.

Pero
este texto del evangelio de san Mateo resulta curioso porque es circular. Resulta que empieza y acaba de la misma forma que no es otra que diciendo Jesucristo que era el Enviado de Dios, el Mesías… el Cristo. Al menos tiene tal espíritu.

Así
les pregunta a sus discípulos que qué decía la gente al respecto del Hijo del hombre que es una forma de decir, a tenor del profeta Daniel (7, 14), que sería quien Dios enviaría, en la plenitud de los tiempos, para salvar a la humanidad. Y luego, al final de las palabras recogidas por el que fuera recaudador de impuestos, el mismo Jesús manda a los discípulos que no digan que era, precisamente, el Cristo.

Esto ha de querer decir, en primer lugar, que
Jesús sabía, a la perfección, que era, en efecto, el Enviado de Dios, el Mesías… el Cristo o, lo que es lo mismo, que no fue una invención de sus discípulos que, tras la muerte, quisieran dar importancia al Maestro que habían conocido y que había muerte en la Cruz de infamante muerte o, algo así, como una manipulación interesada para cimentar una nueva fe, una nueva religión.

Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo - VEN Y VE - PAXTV.ORGPero, en segundo lugar, y no es poco importante, el hecho de que tuviera conciencia de su ser divino tenía que querer decir que no podía quedarse su vida entre sus semejantes como la que lo hubiera sido de alguien importante sin más objetivo en la vida que ser, eso, importante entre los suyos y, como mucho, entre los más alejados que pudieran conocerlo. Tenía, por lo tanto, que nombrar a alguien para que fuera, digamos, su representante en la Tierra, su Vicario.

Y
escogió a Pedro. Podía haber escogido a otro de los doce pero decidió escoger a Cefas a pesar de conocer lo que luego pasaría entre los dos en la noche de su Pasión (que si te seguiré a todas partes, que si el gallo que iba a cantar, que si luego pasó eso…). Bueno, seguramente, por eso mismo pues quería mostrar el poder del Amor de Dios perdonando a quien lo iba a traicionar no una vez sino tres, tres, veces.

El Espíritu Santo había soplado en el oído y en el corazón de Pedro para que dijera que Jesús era el “Hijo de Dios vivo” y que, por eso mismo, los demás ignoraban, en realidad, que tenían ante sí a quien Dios había enviado para la salvación de una humanidad desviada del camino que el Creador había trazado para ella desde la eternidad y que había tratado de enderezar suscitando, de entre su pueblo elegido, a muchos que cumpliera la tuvieran el don de profecía y hablasen lo que Dios les sugería al corazón.

¿Para qué escogió, entonces, Jesús a Pedro?

Lo dice Él mismo: 
ser piedra sobre la que edificar su Iglesia. Para ello le da, además, las llaves de la misma.

Sabemos que con unas llaves se abre y se cierra una puerta y que, por eso mismo, quien la tiene podemos decir que tiene el poder de dejar entrar a la casa o invitar a salir a quien esté fuera de la misma o dentro de ella. Pues algo así quiso hacer Jesucristo con la persona misma de Pedro.

Jesús dio el poder a Pedro de mucho: atar y desatar. Pero no sólo lo hizo en el sentido según el cual quedaría atado o desatado en la tierra y que aquí se quedaba. No. Hizo mucho más el Hijo de Dios porque, siendo el Creador hecho hombre, bien podía hacer lo que hizo y que no era otra cosa que vincular el Reino que había venido a fundar con el definitivo de Dios en la vida eterna.

Así, lo que Pedro entendiese que era bueno para la Iglesia, luego llamada católica, sería bueno en el cielo y lo que entendiese que era malo para la Iglesia, sería malo en el cielo y no tenido por bueno. Y el poder de atar y desatar quería decir, y quiere decir, de atar y desatar, sin más preámbulos ni innecesarias explicaciones. Se entiende a la perfección.

Ataba, por lo tanto y, también, desataba pero no por capricho o porque quisiera su conveniencia. Muy al contrario tenía que hacer porque la Iglesia fundada por Cristo no se la entregó a Pedro para que fuera suya en el sentido de propiedad exclusiva sino, en todo caso, para que la transmitiera a su sucesor y éste al suyo y, así, hasta hoy mismo cuando es el Papa Francisco el que ocupa la bien llamada, por eso mismo, silla de Pedro y tenemos, además, a un Papa Emérito, Benedicto XVI.

 
PRECES

Por todos aquellos que no confían en la divinidad de Cristo.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que no tienen por bueno el Magisterio Papal.

Roguemos al Señor.
 

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a tener en cuenta que Cristo es Hijo de Dios y que está vivo entre nosotros.


Gracias, Señor, por poder transmitir esto.
 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

  
Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.
 

Panecillo de hoy:

Está más que bien saber Quién es Cristo. 


Para leer Fe y Obras.


Para leer 
Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

9.08.26

La Palabra para el Domingo - Domingo, 9 de agosto de 2026

Resultado de imagen de SAnta BibliaMt 14, 22-33

“22 Inmediatamente obligó a los discípulos a subir a la barca y a ir por delante de él a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23 Después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar; al atardecer estaba solo allí. 24 La barca se hallaba ya distante de la tierra muchos estadios, zarandeada por las olas, pues el viento era contrario. 25 Y a la cuarta vigilia de la noche vino él hacia ellos, caminando sobre el mar. 26 Los discípulos, viéndole caminar sobre el mar, se turbaron y decían: ‘Es un fantasma’, y de miedo se pusieron a gritar. 27 Pero al instante les habló Jesús diciendo: ‘¡Animo!, que soy yo; no temáis.’ 28 Pedro le respondió:  29 ‘¡Ven!’, le dijo. Bajó Pedro de la barca y se puso a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. 30 Pero, viendo la violencia del viento, le entró miedo y, como comenzara a hundirse, gritó: ‘¡Señor, sálvame!’ 31 Al punto Jesús, tendiendo la mano, le agarró y le dice: ‘Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?’ 32 Subieron a la barca y amainó el viento. 33 Y los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: ‘Verdaderamente eres Hijo de Dios.’” 

 
COMENTARIO

Confiar en Cristo

Tener fe es, en esencia, confiar en Aquel en quien creemos. Por eso mismo si se nos pide algo por parte de Quien nos creó sólo podemos asentir a lo que sea y hacer, eso sí, lo que buenamente podamos con los talentos que, por cierto, también nos donó.

La barca de la Iglesia es zarandeada por muchos vientos de mala doctrina o, simplemente, por el mundo con sus añadidas mundanidades. Seguir, entonces, en el seno de la Esposa de Cristo sólo puede hacerse si es que se tiene confianza en Quien la fundó que no es otro que Jesucristo, Hijo de Dios y hermano nuestro.

Algo así les pasaba a los discípulos que, aún conociendo a Jesús demostraban no llegar, aún, a tener en sus corazones al Maestro. Creen, al ver a aquella persona que no conocían, en principio, que se trataba de un fantasma o, lo que es lo mismo, de un ser que no tenía vida sino que se aparecía, a su antojo, a quien quería. Tuvieron miedo aquellos rudos pescadores de lo que no conocían.

Catholic.net - "Señor si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua"


Cristo, sin embargo, como tantas veces haría (incluso tras la resurrección cuando los encontró escondidos por miedo a los judíos) los anima a darse cuenta de que no había razón para pasar aquel mal rato. Por eso dice “Soy yo”, yo soy el que soy que es mención del nombre que Dios dio de sí mismo y que recoge el Antiguo Testamento.

Pero, incluso aquellos entre aquellos miedosos había uno, Pedro, que confiaba en Jesús bastante. Por eso le dice que le mande ir hacia Él y que, en tal caso, estará seguro de que no habrá problema alguno. Y va hacia Él porque confía en la palabra de Cristo.

Sin embargo, Pedro es hombre y, como tal, no puede evitar darse cuenta de que su naturaleza humana no puede hacer lo que está haciendo. Necesita algo más; necesita ser como el Maestro para poder andar sobre las aguas sin sufrir daño alguno y dominar a los elementos como en otras ocasiones había demostrado que hacía.

Dudó. Pedro dudo ante Cristo y, por eso mismo, por la duda, se hundía en las aguas. Tuvo poca fe y eso mismo es lo que le dice Jesús tratándolo de hombre, exactamente, de escasa confianza en Quien tanto amaba.

Y los demás, incluso el que había ido hacia Cristo, vieron y creyeron. Por eso exclaman que era, verdaderamente, Hijo de Dios porque no tenían duda alguna de que tal portentosa demostración de poder sobre las aguas sólo podía ser obra del Creador y, en todo caso, de Su Hijo. 
Y tal es así la confianza que debemos a Quien, con su entrega en la cruz, supo dar su vida, perdonando, por nosotros.

PRECES

Por todos aquellos que no confían en Dios.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que no se reconocen pecadores.

Roguemos al Señor.

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a confiar siempre en ti y a reconocer que somos pecadores ante tu bondad y misericordia.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 
Eleuterio Fernández Guzmán


Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.
 
Panecillo de hoy:

Es falta de fe dudar de Cristo, dudar de Dios.


Para leer Fe y Obras.


Para leer 
Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.