La Iglesia de Oriente (III)

Los cristianos de Oriente durante el dominio mongol

Hulagu Khan conquistó Siria, auxiliado por sus vasallos cruzados, en 1260; la muerte de Möngke provocó una crisis sucesoria que impidió su proyectada invasión de Egipto. El pleito finalizó con la elevación de Kublai como Gran Khan, pero varios pedazos del inmenso imperio de Gengis se independizaron definitivamente. Los mamelucos de Egipto recuperaron en poco tiempo toda Siria, ayudados por un príncipe mongol que se había convertido al islam. Buscando ayuda contra la formidable alianza musulmana, Hulagu (ahora khan de Persia) envió una misión al papa y todos los príncipes latinos, a cargo de varios monjes cristianos nestorianos de la tribu de su esposa.

Estos contaron que la reina de los mongoles era hija de un poderoso señor cristiano de oriente, y que Hulagu, como su yerno, deseaba ayudar a la Iglesia. Naturalmente, se referían al padre de Dokuz, jefe de la tribu Kerait, mayoritariamente cristiana. Esta historia (Khan se pronuncia Jan) puede estar detrás de la leyenda del Preste Juan que conmovió intensamente la imaginación de la Cristiandad, incluso hasta bien entrado el Renacimiento. La profusión de misiones de religiosos o embajadores que los reyes europeos enviaron durante los siglos siguientes no sólo deseaban entrevistarse con el poderoso Khan mongol, sino también buscar la alianza con el supuesto Preste Juan.

Para cuando la misión regresó, Hulagu ya había sido derrotado y muerto en 1265. Su hijo budista Abaqa, prohibió el islam, promovió el cristianismo y contrajo matrimonio con una hija del emperador bizantino. Acuñó algunas monedas que muestran una cruz y la inscripción trinitaria “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, un sólo Dios”. Su reinado coincide casi exactamente con el patriarcado de Denha I (1265-1281), y es conocido por la llegada a Bagdad de dos monjes nestorianos uigures de China: Bar Sauma y Markos, en su peregrinación hacia Jerusalén. Denha I les retuvo para que intercedieran por él ante Abaqa. A la muerte de Denha, Markos fue elevado como nuevo patriarca con el nombre de Yahballaha III (1281-1317), un signo de la influencia mongola en la Iglesia de Oriente. Los obispos esperaban que un patriarca mongol pudiera influir favorablemente sobre el Khan.

La alianza entre cruzados y mongoles tomó cuerpo en la Novena cruzada (dirigida por el rey Eduardo I de Inglaterra) que recuperó Alepo y Trípoli de manos del sultán mameluco Baibars auxiliada por 10.000 jinetes mongoles. Abaqa incluso envió un delegado al II concilio de Lyon en 1274. En 1280, mongoles, armenios, georgianos y caballeros hospitalarios invadieron Siria, pero fueron derrotada cerca de Homs a finales de 1281. Abaqa fue asesinado por musulmanes en 1282, siendo sucedido por su hermano Ahmed. Había nacido como cristiano (con el nombre de Nicolás Tekuder), pero se convirtió al islam y comenzó a perseguir a los no musulmanes. Su sobrino budista Arghun (hijo de Abaqa) le derribó en 1284, y proyectó restablecer la alianza con el papa y los reyes de la Cristiandad contra los mamelucos de Egipto. El patriarca Yahballaha III le sugirió como embajador a su compañero Bar Sauma, que emprendió en 1287 un periplo impresionante (anterior al regreso de Marco Polo a Venecia) que le llevó a recorrer las principales cortes europeas, incluyendo la del papa, que le regaló un anillo para Yahballaha, al que reconoció como patriarca de la Iglesia de Oriente tras ocho siglos y medio de cisma. A la muerte de Arghun en 1291 se sucedieron varios débiles monarcas de la familia, bien musulmanes o budistas, en guerra civil perpetua, cada vez más debilitados hasta la disolución del khanato persa en 1335 en varios pequeños emiratos.

En mayo de 1304, Yahballaha III envió una carta al papa Benedicto XI haciendo profesión de fe católica. Todos los obispos de la Iglesia de Oriente la rechazaron, y quedó en meramente personal. En 1310, se retiró a Maragheh (cerca del Lago Urmia, actual Azerbaiján), la capital política del khanato. Allí murió en noviembre de 1317 el único patriarca mongol de la historia. En su sustitución fue elevado Timoteo II (1318-1332), autor de un tratado sobre los sacramentos, que convocó un concilio en febrero de 1318, para confirmar el Nomocanon de Abdisho de Nisbis como el primer código canónico de la Iglesia de Oriente; sus actas fueron las últimas conservadas de un concilio de la Iglesia de Oriente hasta el siglo XIX. Denha II (1336-1382) trasladó la sede epsicopal a Karamlish de Asiria (a orillas del Alto Tigris), una ciudad casi enteramente cristiana, donde estableció contactos amistosos (muy diferentes a los del pasado) con los obispos miafisistas locales, de las comunidades siria (llamados jacobitas) y armenia. Durante su gobierno, los registros de los padres franciscanos documentan la primera presencia (desde 1348 hasta 1575) de sacerdotes cristianos orientales entre los custodios del Santo Sepulcro en Jerusalén.

La conquista de China supuso el establecimiento de la nueva dinastía mongola Yuan, en el poder desde 1271 hasta 1368. Su tolerante gobierno budista permitió un postrer florecimiento de las lánguidas comunidades cristianas de Oriente (cuyo metropolitano se trasladó a la nueva capital, Beijing), como queda registrado en diversos cementerios, monumentos y estelas; el último de 1365. Apenas tenemos datos de esta época, y al advenimiento de la dinastía china de los Ming (1368), los cultos no confucio-taoistas fueron prohibidos, y la Iglesia nestoriana en China desapareció de la historia para siempre.

A partir del siglo XIV tenemos nuevas pruebas de que el contacto con los cristianos de la India había sido retomado. Un manuscrito de 1301 cita al metropolitano Yaqub de Cranganore (la capital de los reyes de Malabar, actual Kerala) y al patriarca Yahballah III. La provincia de la India es citada como uno de las metropolitanas exteriores en una lista de 1348. La comunidad empleaba su propia variante del rito siríaco oriental, llamado Rito Malabar. En la ciudad de Mylapore (en Tamil, costa oriental de la India) se veneraba el sepulcro de Santo Tomás.


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Tamerlán. Abrupta decadencia de los cristianos de Oriente

Para el siglo XIV los mongoles, divididos en numerosos reinos, habían adoptado la fe budista (Los septentrionales) o el islam (los meridionales). Tamerlán (Timur el Cojo, 1336-1405), un noble de origen mixto mongol-turco, se convirtió en el caudillo más importante de entre todos los khanatos herederos del Gran Khan. Basado en su prestigio personal, levantó un poderoso ejército de mongoles musulmanes, conquistando en 25 años de campañas un gran imperio entre Siria y la India. Tomó Bagdad en dos ocasiones, 1393 y 1399, destruyéndola hasta los cimientos en la última, como hizo con otras muchas ciudades y regiones.

La Iglesia de Oriente, que había alcanzado su máxima extensión geográfica a finales del siglo XIII, sufrió pronto una rápida decadencia. Las comunidades cristianas en Asia Central y Persia comenzaron un declive imparable a partir de la década de 1340, debido a las continuas guerras entre los príncipes mongoles; los timúridas (Tamerlán y sus sucesores) liquidaron la Iglesia de Oriente fuera de Iraq, con persecuciones, conversiones forzosas y martirios de cristianos.

En el siglo XV, la Iglesia de Oriente había quedado confinada a la Alta Mesopotamia, por lo que los cristianos recuperaron el antiquísimo nombre de asirios, civilización de la que se consideraban los genuinos herederos.


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El cisma de la Iglesia de Oriente

Debido a la falta de fuentes y a la inestabilidad política, apenas conocemos nada más que los nombres de los patriarcas que siguieron a Denha II. Son Shemon II (1385-1405), Elija IV (1405-1425), Shemon III (1425-1450), Shemon IV (1450-1497), Shemon V (1497-1502), Elija V (1503-1504) y Shemon VI (1504-1538). Desde Shemon IV el principio hereditario se había establecido en su familia (la de Bar Mama, o Abuna), y los últimos patriarcas designaban a sus sucesores (llamados natar kursi) entre sus hermanos o sobrinos. Para entonces, el sultán otomano había ocupado Iraq, y la dominaría durante casi 4 siglos.

En 1538 fue elevado Isoyahab, el hermano de Shemon VI, con el nombre de Shemon VII (1539-1558). Era detestado por su costumbre de vender cargos eclesiásticos y permitir el concubinato, pero cuando en 1552 designó a su hermano adolescente Eliya como su sucesor, el malestar estalló en una revuelta. Un grupo de obispos y abades (sobre todo en la región del Alto Eufrates), se rebelaron contra el patriarca y eligieron al abad Yohannan Sulaqa del monasterio del Beato Hormisdas (Alqosh, Asiria). Como entre ellos no había ningún metropolitano con autoridad para consagrarlo obispo (pues el patriarca solo elevaba metropolitanos entre miembros de su propia familia, y estos le eran fieles), con la recomendación de unos misioneros franciscanos viajó a Roma. Ante el papa Julio III presentó una carta de apoyo de los prelados orientales que le seguían, y realizó una profesión de fe católica. También afirmó que el patriarca había muerto y que su sobrino estaba incapacitado para el cargo, aunque la Santa Sede no conoció el engaño hasta 7 años después. En abril de 1553, el papa Julio III consagró a Shemon VIII Yohannan Sulaqa (1553-1555) como obispo y arzobispo en la basílica de san Pedro, y consecuentemente “Patriarca de Babilonia de los Caldeos”. Caldea era el nombre tradicional de la región al sur del Eufrates meridional, empleado con frecuencia por autores latinos. Se permitió a los caldeos mantener sus tradiciones y ritos, aunque incluyendo la recitación eucarística en la consagración durante la liturgia de Addai y Mari. Dado que Sulaqa no tenía el apoyo más que de una parte de la congregación, este acto supuso en la práctica la escisión de la Iglesia de Oriente en dos.

A su regreso a Asiria, obtuvo el reconocimiento de las autoridades otomanas, consagró diversos obispos y metropolitanos, y estableció su sede en Amida. Shemon VII Isoyahab sobornó al pasha o gobernador de Amida, que encarceló a Shemon VIII Sulaqa, torturándolo y finalmente ejecutándolo en 1555. Fue reconocido como mártir por la Iglesia católica.


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División de la Iglesia de Oriente en la India

El relativamente brusco hundimiento de la Iglesia de Oriente afectó una vez más a la única provincia externa que sobrevivió, la India. Los cristianos malabares (también llamados nasranis- “nazarenos”) tenían como lengua común el malayalam (lengua de Kerala) y como litúrgica el siríaco. Mantenían su liturgia siríaca oriental y resto de tradiciones de la Iglesia de Oriente.

Los obispos debían ser consagrados y enviados desde Iraq; todo el clero local quedaba bajo la autoridad de un archidiácono, el cargo más elevado que podía ocupar un indio. A lo largo del siglo XV nuevamente se perdió el contacto, y conforme fueron muriendo los últimos obispos nombrados, nuevamente los cristianos quedaron sin cabezas rectoras. Esto provocó que, con el tiempo, el cargo de archidiácono fuese el poder efectivo sobre la comunidad, aunque la cabeza honoraria se seguía reconociendo en los “padres” que consagraban y enviaban desde “Persia”, que daban legitimidad a la Iglesia india. En 1491, el archidiácono mandó emisarios solicitando nuevos obispos al patriarca. Shemon IV Basidi consagró y envió dos nuevos obispos, pero estos ya ejercieron como invitados de honor en su diócesis, más que como el verdadero poder. Desde el primer viaje de Vasco de Gama, en 1498, los portugueses se establecieron rápidamente en la costa occidental de la India, firmando tratados tanto comerciales como políticos con los cristianos, que veían en sus hermanos de fe un escudo contra el poder cada vez más amenazante de los rajás de Kerala. El rey de Portugal creó la colonia de Goa en 1510, donde se estableció un arzobispado latino para toda la India; con su estrecha colaboración fueron fundadas diversas misiones jesuitas para evangelizar a los indios.

A raíz del cisma de 1552, ambos patriarcas enviaron metropolitanos a la India, aumentando la confusión. El arzobispo de Goa aprovechó el momento para exhibir la autoridad de un documento papal (el Padroado Real) que le otorgaba derecho de veto sobre nombramientos, permitiendo únicamente la instalación de Mar Joseph Sulaqa y Mar Elias (los designados por el Patriarca católico de Babilonia de los Caldeos, Shemon VIII Yohannan), y de ese modo, erigiéndose en árbitro de la cristiandad india. Tras la muerte en 1599 del último metropolitano católico oriental, Mar Abraham, el arzobispo Aleixo de Menezes convocó al archidiácono Jorge y resto de clero local al sínodo de Diamper, que prohibió el sistema de castas y eliminó del rito malabar todo aquello que chocaba con el rito romano. Tras este sínodo, oficialmente los cristianos de la India pasaron a formar parte de la Iglesia Católica, empleando un rito parecido al latino.

No obstante, la pérdida de sus tradiciones por imposición portuguesa produjo el progresivo descontento de la comunidad india, que envió algunas misiones secretas e infructuosas pidiendo al patriarca de Oriente que nombrara un metropolitano. En 1653, tras la evacuación por parte del arzobispo de un misterioso clérigo sirio llamado Ahatalla que pretendía ser el “metropolitano de las Indias” enviado por el patriarca de Seleucia (y que había causado una fuerte impresión en los nativos), se dio la señal a la rebelión. El archidiácono Tomás (que había sucedido a su tío Jorge), reunió en la Iglesia de Nuestra Señora de Mattancherry (cerca de Cochin, Kerala) a los jefes religiosos y políticos más representativos, y junto a ellos prestó el conocido como “Juramento de la Cruz de Coonan”, por el que rechazaban el dominio de los portugueses y los jesuitas, y se sujetaban a Tomás hasta la llegada de obispos enviados por el patriarca legítimo de Oriente. Prácticamente todos los cristianos de la India adhirieron esta nueva comunidad, que recuperó los ritos y tradiciones siríacas orientales. El archidiácono Tomás fue elevado por doce sacerdotes indios como primer metropolitano autocéfalo.

Las malas relaciones y la expulsión por parte de los holandeses de casi todas sus colonias malabares (salvo Goa) en 1662, eliminó a los portugueses como interlocutores adecuados. El papa Alejandro VII envió en 1663 una misión de carmelitas encabezada por el obispo católico siro-oriental Joseph Sebastiani, como administrador de la Iglesia en Malabar. Lograron convencer a la mayoría de los miembros de la comunidad de que la elevación de Tomás era ilegítima, pues no había sido consagrado por obispos. Sebastiani consagró como obispo y vicario apostólico a Chandy Parampil, siendo el primer indio elevado a la dignidad episcopal. Chandy encabezó la llamada “Vieja facción”, que reconocía la autoridad de Roma (y conservó 84 parroquias), y Mar Tomás la “Nueva facción”, que se vinculaba al antiguo patriarcado mesopotámico pero era virtualmente autocéfala (que retuvo 32 parroquias).

La llegada en 1665 del iraquí Mar Gregorio Abdul Jaleel, obispo de la Iglesia miafisista siria, fue saludada (confusamente) por el metropolitano autocéfalo Tomás, como la venida de un legítimo representante del patriarca de Oriente. La “Nueva facción” aceptó el rito siríaco occidental (ligeramente diferente al oriental, como vimos), con unas variantes propias que lo conformaron como el llamado rito malankara. Asimismo, entró en comunión con el Patriarcado miafisista de Antioquía, dando lugar con el tiempo a la llamada Iglesia siria Malankara (Maliankara era el nombre de la isla, cerca de Muziris, donde la tradición situaba el desembarco de Santo Tomás a su llegada a la India). La “Vieja facción” mantuvo el rito malabar (variante del siríaco oriental) y una dependencia del Patriarca católico de Babilonia de los Caldeos (o más bien directamente de Roma), y con el tiempo se conoció con el nombre de Iglesia católica Malabar. También la Iglesia de Oriente en la India conoció la división.


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Linajes patriarcales. La compleja relación con Roma

A partir de 1555 se produjo en la Iglesia de Oriente en Iraq una escisión en los linajes patriarcales; seguirlos será lo más práctico para describir este período.

La línea “nestoriana” del sucesor de Shemon VII fue la llamada “de Eliya (Elías)”- la antigua familia Abuna- porque todos sus miembros se llamaron así. Tuvo su sede en el monasterio del Beato Hormisdas, en Alqosh (cerca de Mosul). Fueron Eliya VII (1558-1591); Eliya VIII (1591-1617), que en 1610 entró en comunión con Roma (con gran rechazo de los suyos), por lo que durante 7 años ambos patriarcas orientales lo estuvieron; Eliya IX (1617- 1660) rompió de inmediato la comunión con Roma. Fue sucedido por Eliya X Yohannan (1660-1700), Eliya XI Marogin (1700-1722) y Eliya XII Denha (1722-1778).

Los sucesores en el patriarcado de Babilonia de los Caldeos de Shimun VIII Sulaqa formaron la línea llamada “de Shimun (Simón)”: Abdisho V Maron (1555-1570), que recibió el palio del papa Pío IV en 1562 (el cual confirmó los usos propios y el rito siríaco oriental de la Iglesia caldea), entregó al concilio de Trento un tomo explicando la situación de su Iglesia, pero no se quedó a las sesiones; fue sucedido por Shimun VIII (1570-1580) y Shimun X Dinkha (1580-1600), que reintrodujo el patriarcado hereditario en un familiar, práctica prohibida por el papa, por lo que a su muerte, su sucesor Shimun X Eliya (1600-1638), no fue reconocido por Roma. Ya sin reconocimiento papal, le sucedieron Shimun XI Esjuyow (1638-1656), Shimun XII Yoalaha (1656-1662) y Shimun XIII Dinkha (1662-1700). En 1692 Shimun XIII abandonó la fe católica, renunció al título de Patriarca de Babilonia de los Caldeos y retomó la bandera del nestorianismo, proclamándose a sí mismo como auténtico sucesor del antiguo patriarcado de Bagdad hasta su muerte en 1700, trasladando la sede a la ciudad de Qochanis (en las montañas que separan Iraq de Armenia).

En esa época, la antaño pujante Iglesia de Oriente no ofrecía más que linajes hereditarios de patriarcas y dos Iglesias (ninguna de ellas en comunión con el papa o entre sí) en una reducida región del norte de Iraq. Para aumentar la confusión, en 1672, el metropolitano de Amida, Joseph (sometido al patriarcado de Alqosh), tras escuchar las prédicas de una misión capuchina, se convirtió al catolicismo. El patriarca Eliya X le depuso fulminantemente y lo encerró en prisión, nombrando un sustituto. Tras lograr escapar, protestó al papa por su deposición anticanónica. Regresó en 1677 y tomó posesión de su sede gracias al reconocimiento de los gobernantes otomanos. En 1681 llegó de Roma el palio que le concedía el título de “Patriarca de la nación Caldea, privada de su patriarca”, plenamente católico, que ostentó hasta su abdicación en 1696; una especie de “patriarca sustituto” del de Babilonia de los Caldeos, que había roto su comunión con el papa. Ahora había tres linajes que se consideraban a sí mismos herederos del Catholicos de Oriente.

(concluirá)

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