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16.01.10

Santos por las calles de Nueva York (III): La protectora de los inmigrantes

NACIDA EN ITALIA, SANTA FRANCISCA CABRINI SE CONVIRTIÓ EN LA PROTECTORA DE LOS INMIGRANTES LLEGADOS A NUEVA YORK DEL MUNDO ENTERO

La historia de esta admirable mujer comienza muy lejos de la gran manzana americana, concretamente en el norte de italia. Agustín Cabrini era un cultivador muy acomodado, cuyas tierras estaban situadas cerca de Sant’ Angelo Lodigiano, entre Pavía y Lodi. Su esposa, Estela Oldini, era milanesa. Tuvieron trece hijos, de los que la menor, nacida el 15 de julio de 1850, recibió en el bautismo los nombres de María Francisca, a los que más tarde había de añadir el de Javier.

La familia Cabrini era sólidamente piadosa. Rosa, una de las hermanas de Francisca, que había sido maestra de escuela y no había escapado a todos los defectos de su profesión, se encargó especialmente de la educación de su hermanita en forma muy estricta. Hay que reconocer que Francisca aprendió mucho de Rosa y que el rigor con que la trataba su hermana no le hizo ningún daño. La piedad de Francisca fue un tanto precoz, pero no por ello menos real. Oyendo en su casa la lectura de los “Anales de la Propagación de la Fe", Francisca determinó desde niña ir a trabajar en las misiones extranjeras. China era su país predilecto. Francisca vestía de religiosas a sus muñecas; solía también hacer barquitos de papel, y los echaba al río cubiertos de violetas, que representaban a los misioneros que iban a las misiones. Sabiendo que en China no había caramelos, renunció a ellos para irse acostumbrando a esa privación. Los padres de Francisca, que deseaban que fuese maestra de escuela, la enviaron a estudiar en la escuela de las religiosas de Arluno. La joven pasó con éxito los exámenes a los dieciocho años. En 1870, tuvo la pena enorme de perder a sus padres.

Durante los dos años siguientes, Francisca vivió apaciblemente con su hermana Rosa. Su bondad sin pretensiones impresionaba a cuantos la conocían. Francisca quiso ingresar en la congregación en la que había hecho sus estudios; pero no fue admitida a causa de su mala salud. También otra congregación le negó la admisión por la misma razón. Pero Don Serrati, el sacerdote en cuya escuela enseñaba Francisca, no olvidó las cualidades de la joven maestra. En 1874, Don Serrati fue nombrado preboste de la colegiata de Codogno. En su nueva parroquia había un pequeño orfanato, llamado la Casa de la Providencia, cuyo estado dejaba mucho que desear. La fundadora, que se llamaba Antonia Tondini, y otras dos mujeres, se encargaban de la administración, pero lo hacían muy mal. El obispo de Lodi y Mons. Serrati invitaron a Francisca a ir a ayudar en esa institución y a fundar ahí una congregación religiosa. La joven aceptó, no sin gran repugnancia.

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1.01.10

Este año veremos en los altares al Cardenal Newman

LA FIGURA DE ESTE SANTO PURPURADO INGLÉS, MÁS ACTUAL HOY QUE NUNCA

En el año que comienza veremos en los altares a grandes figuras de la historia de la Iglesia, entre los cuales destacan el Papa Juan Pablo II y el Cardenal John Henry Newman, por el que el autor de este blog siente especial admiración. Es, además, un personaje de gran actualidad: El camino de conversión de Newman, en el que actuaron activamente su inteligencia y u fuerte sensibilidad religiosa, es ejemplar para todo cristiano, pero sin duda tiene especiales connotaciones para los que desde la confesión anglicana se preguntan también hoy -como cuando él vivía- si no estará la verdad en la Iglesia Católica:

En 1832 Newman emprendió un largo viaje alrededor del Mediterráneo con Froude, y regresó a Oxford el 14 de julio de 1833, el mismo día que comenzaba el llamado Movimiento de Oxford. El viaje de Newman a las costas del Norte de África, Italia, Grecia Occidental, y Sicilia (Diciembre de 1832 - Julio de 1833) fue un episodio romántico, del que sus diarios han preservado los incidentes y el color. Roma, como madre de la religión de su tierra nativa, lo embrujó de tal manera que nunca se olvidó de ella. Se sintió llamado para una misión grande; y cuando la fiebre lo atrapó en Leonforte, en Sicilia(donde estaba errando solo) gritó, “No debo morir, no he pecado en contra de la luz.” En el Cabo Ortegal, el 11 de diciembre de 1832 había compuesto el primero de una serie de poemas, denso, apasionado, y original que profetizaba que la Iglesia reinaría como en el principio.

Regresó a casa de su madre el martes 9 de julio de 1833. Al domingo siguiente John Keble predicó desde el púlpito de Santa María el “sermón de los jueces” sobre la apostasía nacional, que Newman consideró como el comienzo del Movimiento de Oxford. El pequeño grupo de seguidores de la Iglesia Alta se movilizó rápidamente. Su primer objetivo era defender la libertad de la Iglesia respecto al Estado, basándola en el origen apostólico de la autoridad eclesiástica. Newman propuso a Keble y a Froude asociarse para publicar folletos. Keble y Froude lo apoyaron. Estos “folletos de actualidad” (“Tracts for the Times”) eran breves artículos en defensa de la independencia de la Iglesia. Al final del año habían aparecido veinte tracts, once de los cuales escritos por Newman. En los últimos días de 1833 se unió al movimiento el prestigioso doctor Pusey. Pronto los tracts se vendieron en grandes cantidades. Newman dedicó gran parte de sus energías al movimiento que estaba en marcha. Asistía a reuniones y asambleas de todo tipo, cenas y veladas, y mantenía abundante correspondencia.

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29.12.09

Sacerdotes que han dejado huella (III): Don Luigi Giussani

“YO SOY CERO, DIOS ES TODO”

El 22 de febrero del 2005, a la madrugada, fallecía a los 82 años, Don Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación, uno de los movimientos más pujantes que está recuperando la catolicidad de la sociedad en el mundo. Don Luigi nació en Desio, localidad del Milanesado, en 1922. De su madre aprenderá a tener una intensa vida espiritual, mientras que de su padre recibirá su concepto de la estética y de la belleza. Amante de la música, su casa sería siempre hogar para muchos amigos dedicados al noble arte de Euterpe. Don “Gius”, como lo llamaban cariñosamente los miembros de la familia espiritual que fundó, recordaba a menudo algunos episodios de su vida en familia, como por ejemplo, el episodio cuando aún niño caminando a la misa matutina con su madre, bajo la primera luz del amanecer, quedó grabada en su memoria la repentina exclamación de su madre al ver la última estrella en el cielo: “¡Qué bello es el mundo y qué grande Dios!“.

En la juventud, Luigi Giussani entre en el seminario diocesano de Milán, donde coincidirá con profesores de relieve en la facultad de Teología de Venegono. Gaetano Corti, Carlo Colombo, Giovanni Colombo y Carlo Figini ayudaron a agudizar la intensa vida espiritual del joven seminarista.Su amor por la estética, y su cultivo de la música le llevará a acercarse a Dios a través de la belleza. Además de la formación cultural y de las relaciones de estima y humanidad viva que tuvo con algunos de sus maestros, Venegono fue para Giussani un ámbito importantísimo para vivir la amistad con algunos de sus compañeros como Enrico Manfredini, futuro Arzobispo de Bologna. También pudo descubrir el valor de la vocación, valor que se realiza en el mundo y para el mundo. Fueron años de estudio intenso y de grandes descubrimientos.

Su fuerte personalidad e inquietud le hace promover junto a otros seminaristas una pequeña revista “Studium Christi” que trasmite, a nivel interno, la búsqueda de Cristo de este grupo de jóvenes que lo han dejado todo por Cristo. Tras su ordenación, será invitado a quedarse en el seminario como profesor de los futuros sacerdotes. Sus estudios se orientarán hacía la adhesión racional a la fe y a la Iglesia, por lo que estudiará la teología de los hermanos separados, de la Europa oriental y del protestantismo norteamericano. Incluso irá a Estados Unidos, de cuyo fruto saldrá su obra: “Grandi linee della teologia protestante americana. Profilo storico dalle origine agli anni 50″.

En aquellos años se reforzó la convicción de que la cima de todo genio humano es profecía, a menudo inconsciente, del acontecimiento de Cristo. Desde entonces, la idea de que la verdad se reconoce por la belleza con que se manifiesta, formó siempre parte de su método educativo. A la disciplina y el orden en la vida del seminario se sumó la fuerza de un temperamento que se distinguió, en el coloquio con sus superiores y en las actividades con los compañeros, por su vivacidad y agudeza. Ya ordenado sacerdote, don Giussani se quedó como profesor en el mismo seminario de Venegono.

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20.12.09

Un acto de justicia histórica hacia Pío XII

LO QUE TODOS AFIRMARON CUANDO MURIÓ PÍO XII Y QUE LA LEYENDA NEGRA HABÍA HECHO OLVIDAR A ALGUNOS

La decisión de Benedicto XVI de declarar Venerable a Pío XII es un acto de justicia por parte del Papa. Sería desconocer a este Papa el pensar que dejaría de realizar un acto tan justo como el de declarar Venerable a Pío XII por miedo a los medios de comunicación o a las presiones de ciertos rabinos ignorantes o malintencionados(que ni siquiera son la mayoría). Él ha hecho lo que ha visto que era de justicia, y realmente lo es. Y los susodichos rabinos han empezado a dar la matraca en contra de la decisión papal, como se esperaba, pero la justicia es la justicia.

Cuando Pablo VI anunció durante el Concilio el propósito de comenzar la causa de Canonización de su predecesor Juan XXIII, anunció a la vez el comienzo de la causa de Pío XII, uniendo estrechamente dichas causas, una de las cuales confió a los Dominicos y la otra a los Jesuítas. Se concluyó mucho antes la de Juan XXIII, porque realmente era más fácil, y sirvió su beatificación para quitarse en el Vaticano un problema que no sabían como resolver para no quedar mal con el estado italiano, esto es, la beatificación de Pío IX. Realizadas ambas Beatificaciones, quedaba esperar el final de la causa de Pío XII, que ha sido lenta y fatigosa, pero que ha concluido en tiempo bastante oportuno para poder hacerla a coincidir con otra declaración de Venerable -y quizás también con la Beatificación- de Juan Pablo II, que a todos parecerá bien y en principio no atraerá ninguna crítica.

Son coincidencias (aunque ha habido que retrasar el decreto de virtudes heroicas de Pío XII un par de años) que ayudan a la Santa Sede a presentar algo tan justo y verdadero como la santidad del Pastor Angélico, pero que pocos quieren escuchar en el mundo progre de hoy. Ha sido tan larga y profunda la leyenda negra que ha rodeado a Pío XII, que parecía que nunca se llegaría su Beatificación. Se necesitaba la valentía de un Papa sin respetos humanos pero con gran respeto a la verdad y el bien de la Iglesia.

El pobre Pío XII ha tenido que aguantar de todo en los últimos años, aunque desde el cielo imagino que le habrá importado poco. Las mentiras más gordas se han dicho sobre él sin ningún pudor, y temo que en los próximos meses serán repetidas por el coro de los periodistas mediocres que pueblan la faz de la tierra (que no son todos, por supuesto, pero sí son muchos). Y, sin embargo, si quisieran averiguar la verdad la podrían encontrar facilmente.

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11.11.09

En la familia Borgia floreció, sorprendentemente, la santidad

QUINTO CENTENARIO DEL NACIMIENTO DEL BISNIETO DE ALEJANDRO VI Y SOBRINO DE LUCRECIA BORGIA: SAN FRANCISCO DE BORJA

La Iglesia entera, y muy especialmente la Compañía de Jesús, han comenzado las celebraciones del año jubilar con ocasión del quinto centenario del nacimiento de San Francisco de Borja, un personaje fascinante del periodo de la contrarreforma católica, y esto por muchas razones. En primer lugar, su vida es toda una aventura y muestra cómo la carrera del poder terreno no necesariamente llena el corazón de los que la siguen; en segundo lugar, como Prepósito General de La Compañía de Jesús dejó una huella profunda en aquella institución; por otro lado es muy interesante estudiarlo como típica figura de la contrarreforma, en relación otros santos de la época que fueron sus amigos: Santa Teresa de Jesús, San Ignacio, San Carlos Borromeo, San Roberto Bellarmino, etc…

Pero el aspecto que más me impresiona de Francisco de Borja y Aragón, el que fue Duque de Gandía y Marqués de Llombay, además de Grande de España y Virrey de Cataluña, es cómo de una familia tan poco ejemplar pudo florecer un tal ejemplo de santidad. Los Borja, que en Italia se convirtieron en Borgia por cuestiones de pronunciación, fueron al menos, por ponerlo suavemente, una familia controvertida, por no decir cosas peores (que muchos historiadores han dicho, aunque no esté yo de acuerdo con toda esa leyenda negra). Pues que en esa familia surgiese la santidad es, por lo menos, admirable, aunque no es un caso único. Poco después, en otra familia “controvertida” como la de los Gonzaga surgió un ejemplo sublime de santidad como fue San Luis Gonzaga.

Pues bien, la carrera, conversión y ascenso hasta la santidad de Francisco de Borja adquiere mayor valor a la luz de sus orígenes familiare. Su abuelo, Juan Borja, el Segundo hijo de Alejandro VI, fue asesinado en Roma el 14 de junio de 1497 por un asesino desconocido, pero su familia siempre creyó que había sido César Borgia (Borja). Rodrigo Borgia, electo papa en 1402 bajo el nombre de Alejandro VI, tenía ocho hijos. El mayor, Pedro Luis, obtuvo en 1485 el hereditario ducado de Gandía en el reino de Valencia, el cual, a su muerte, pasó a su hermano Juan, quien estaba casado con María Enríquez de Luna. Habiendo quedado viuda debido al asesinato de su marido, María Enríquez renunció a su ducado y se dedicó piadosamente a la educación de sus dos hijos, Juan e Isabel. Luego del matrimonio de su hijo en 1509, siguió el ejemplo de su hija, quien había retirado al convento de las Clarisas Pobres en Gandía y fue mediante estas dos mujeres que la santidad entró a la familia Borja y en la Casa de Gandía había empezado el trabajo de reparación que Francisco de Borja habría de culminar. Biznieto de Alejandro VI por vía paterna, era, por el lado de su madre, biznieto del Rey Católico Fernando de Aragón. Este monarca había procurado el nombramiento de su hijo natural, Alfonso al Arzobispado de Zaragoza, a la edad de nueve años. De Ana de Gurrea, Alfonso tuvo dos hijos, quienes lo sucedieron en su sede arquiepiscopal y dos hijas, una de las cuales, Juana, se casó con el duque Juan de Gandía y se convirtió en la madre de nuestro santo. De este matrimonio Juan tuvo tres hijos y cuatro hijas. De un segundo, contraído en 1523, tuvo cinco hijos y cinco hijas. El mayor de todos y heredero al ducado era Francisco.

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