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15.06.09
Descubro gracias al blog de Eleuterio Fernández Guzmán en Info Católica que la “Plataforma por la educación pública y laica de Alcalá de Henares” ha publicado un manifiesto en el que, entre otras cosas, dice:
“… hacemos un llamamiento a aquellos partidos políticos que se autodenominan laicos, para que a través de la modificación de las leyes conviertan en una realidad aquellos principios en los que dicen sustentarse. Y también a la ciudadanía en general, para que se sume a este manifiesto…
Entendemos que el adoctrinamiento religioso bajo el que se rige el Opus Dei, no sólo se limita a la segregación de sexos, sino que genera desigualdades sociales encaminadas a generar élites, pretendiendo con este tipo de educación un ataque a los derechos sociales, políticos y económicos por los que históricamente hemos luchado y conseguido.
Afirmamos que el ideario ultraconservador que practica el Opus Dei en sus Centros religiosos, ofertando una ‘educación diferenciada por sexos’, se basa en principios discriminatorios, y que con este tipo de educación la mujer vuelva a ser objeto de sumisión y a adoptar roles sexistas discriminatorios, ejerciendo la peor de las violencias de género, la educacional…
Exigimos una educación 100% pública, basada en principios de coeducación, de igualdad, laica, integradora, socializadora y participativa.”
Iba a redactar un comentario en el post de Eleuterio. Sin embargo, la falta de tiempo me ha impedido escribir un texto más corto que se pudiera presentar como comentario.
Dadas las oportunas explicaciones, sin más preámbulos, éste es mi “comentario”.
UNO.
Si el Ilmo. y Rvdmo. Mons. Dr. Juan Antonio Reig Plá se decidiera a aplicar a esta “Plataforma por la educación pública y laica de Alcalá de Henares” el mismo “tratamiento” que aplicó no hace tanto al asunto de la UCAM, no creo que haya nada de lo que preocuparse. Sin embargo, mucho me temo que su eminencia, según qué “tratamientos”, los reserve sólo para “la gent de casa”.
Nada desearía más que, en este asunto, equivocarme. Pero “obras son amores, y no buenas razones”.
DOS.
Estos progresistas aplican la teoría pavloviana a todo. Creen que diciendo “¡Ultraconservador…!”, como en el reflejo condicionado de los perros de Pávlov, nos vamos a poner todos a temblar (más que a salivar). Supongo que deben estar convencidos que los católicos somos como el PP de don Mariano Rajoy Brey, ese partido que está únicamente preocupado en “construir mayorías”, no en “dar testimonio”, tal y como afirmó hace bien poco don Jaime Mayor Oreja en el programa de “La Mañana", de Federico Jiménez Losantos en la Cadena Cope el jueves 4 de junio de 2009.
Pues no. Va a ser que no. No todos los católicos somos “posibilistas”. O, por lo menos, yo no lo soy.
TRES.
En el matrimonio católico los esposos se comprometen a través de su donación mutua a la creación de un vínculo indisoluble basado en el amor, la entrega y la fidelidad. El objetivo primario de ese vínculo son los hijos, su cuidado y educación. El objetivo secundario del vínculo es el apoyo mutuo de los padres para llevar a cabo ese objetivo primario. Se trata de una paternidad que debe ser, fundamentalmente, generosa. Por eso, en ningún caso puede tratarse de una paternidad irresponsable. En qué consisten esa “generosidad” y esa “responsabilidad” en las circunstancias de cada matrimonio corresponde decidirlo a la conciencia rectamente formada de los esposos, no a los autodenominados “laicos” o “progresistas” de turno. Finalmente, el objetivo terciario de ese vínculo, objetivamente el menos importante de los tres, es la relación personal de los esposos[1].
De la misma forma que el objetivo primordial de un ojo que no ve no deja de ser la visión, igualmente el objetivo primordial de una pareja que no pueda tener descendencia no deja de ser el estar abierta a tenerla. Por otra parte, si tuviéramos que contar los niños que era médicamente imposible que pudieran ser concebidos pero que, sin embargo, lo fueron, igual sumaríamos unos cuantos millares sólo en España y sólo en la última década.
Es tan importante la descendencia para la familia católica que muchas veces uno de los esposos se dedica plenamente a ella. Hasta ahora solía ser la mujer. Ahora puede serlo cualquiera de los dos. En nuestro caso soy yo, el hombre. Cuando mi hija pequeña cumpla tres años ya veremos qué es lo que haremos entonces. Deus providebit (Gn.22:8).
Pero de momento, y desde que nació, el que “cuida de la casa y de los niños” soy yo. ¡Menudo lujazo! ¡Vaya Gracia de Dios: ver crecer a nuestros tres hijos! ¡Dios quiera que podamos tener más![2]
En el matrimonio civil no hay compromisos ni de fidelidad ni de indisolubilidad, y su objetivo es puramente práctico: la voluntad de los contrayentes desligada de cualquier propósito de descendencia. ¿Qué lugar ocupan los hijos en este matrimonio? El de una elección opcional que, cada vez más, es asumida como un “lujo” material más. ¿Qué papeles ejerce el hombre en esa familia “progresista”? Unas veces ejerce de inseminador silente. Otras, por desgracia, de ogro tiránico. Y otras, seguro que la mayoría, ejerce como si fuera un buen padre católico.
¡Y tienen que llegar los defensores “laicos” del “laico” matrimonio civil a “enseñar” a los católicos en qué consiste la “verdadera” preocupación por los hijos y por su educación! Pues consiste, nada más y nada menos, que… en comportarse como buenos católicos (!).
Nada más. Y nada menos.
CUATRO.
Todos los centros educativos relacionados con el Opus Dei que conozco sufren del mismo problema. Es un problema extraordinarimente grave. Más que grave, gravísimo: son demasiado pequeños.
No caben los hijos de todos los padres, católicos o no, que quieren educar a sus hijos en ellos. Padres como don Ignacio Gabilondo Pujol, que llevó a sus hijos a estudiar, entre otros, a un centro del Grupo Fomento en Navarra.
CINCO.
La mente totalitaria se define por dos deseos: un deseo de control absoluto del “espacio público” y un deseo de convertir todo, incluido el “espacio privado”, en “espacio público”.
Para una mente totalitaria, ni la religión ni el sexo pueden escapar al control “educativo” del gobierno. De ahí la insistencia “progresista” en el “laicismo” y en la “educación afectivo-sexual” a partir de los once años.
SEIS.
Para poderlo apreciar mejor, no hay nada como poner el asunto en perspectiva: ¿Qué pasaría si se hiciera público un “Manifiesto de la Plataforma por la Educación Religiosa diferenciada y privada_pagada_con_el_cheque_escolar_gratuito”?
Podría decir cosas como éstas:
“… hacemos un llamamiento a aquellos políticos que se autodenominan católicos para que, a través de la modificación de las leyes, conviertan en una realidad aquellos principios en los que dicen sustentarse. Y también a la ciudadanía en general, para que se sume a este manifiesto…
Entendemos que el adoctrinamiento político bajo el que se rigen todos los partidos no confesionales, no sólo se limita a una educación mixta, sino que, además, genera desigualdades sociales encaminadas a mantener a las élites en sus poltronas caciquiles e impedir el progreso de los pobres a través del estudio, pretendiendo con este tipo de educación un ataque a los derechos sociales, políticos y económicos por los que históricamente hemos luchado los católicos y que, gracias a Dios, hemos ido consiguiendo, aunque sólo sea de forma parcial.
Afirmamos que el ideario ultratotalitario que practican todos los partidos no confesionales sin excepción en todos los centros públicos y en la casi práctica totalidad de los concertados y privados ofreciendo una educación exclusivamente mixta, atea o herética pero siempre sexualmente degradada y degradante, se basa en principios discriminatorios y que, con este tipo de educación, la mujer se convierte desde su más tierna infancia más en un objeto de deseo y adorno, en un trofeo, que en un ciudadano crítico y productivo, ejerciendo sobre ella la peor de las violencias, la educativa…
Exigimos una educación 100% privada, gratuita para quien la quiera así a través del cheque escolar; basada en los principios de atención a la diversidad, en la que se entregue a cada cual según sus necesidades y capacidades; de religiosidad personal, basada en la caridad fraterna; de ciudadanía activa, crítica y responsable, basada en exigir a nuestros políticos que representen lo que somos y cómo pensamos y no lo que son y cómo piensan otros bajo la excusa del mal menor que, siempre y sólo para ellos, es del “bien mayor.”
¿Radical y poco dialogante? Pues eso mismo, pero al revés, es lo que nos acaban de decir a los católicos. Y lo peor de todo es que igual el nuevo obispo de la diócesis de Alcalá no se da ni por aludido.
Espero que no sea así, porque no debe ser así.
ADVENIAT REGNVM TVVM.
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[1]
Sé que esta afirmación le resultará “dura” a más de uno. Y también sé que le resultará tanto más “dura” cuanto más “progresista”, “liberal”, “modernista” o “positivista” (los cuatro lexemas designan al mismo referente teológico) sea su forma de pensar.
Entorno a esta afirmación, voy a realizar una consideración inicial, una puntualización, un nota entorno a la puntualización, y una consideración final:
a) La consideración inicial:
Es curioso ver cómo a ningún@ de nuestr@s autodenominad@s progresist@s le llama la “atención” el hecho de que en el mundo musulmán de nuestros pueblos y ciudades la mujer sólo pueda ser, y por este orden, vientre fecundo para mayor gloria del Islam, servicio doméstico con dedicación exclusiva para mayor gloria de los hombres que convivan con ella en la casa, y esclava del lecho para mayor gloria de su marido.
Es curioso ver cómo a ningún@ de nuestr@s autodenominad@s progresist@s le llama la “atención” el hecho de que en el mundo musulmán de nuestros pueblos y ciudades sea perfectamente “correcto” casar a niñas de nueve años con hombres de cincuenta, a pesar de que la edad de consentimiento legal está en los trece y no en los nueve años, realizar ablaciones de clítoris, y usar el apaleamiento como herramienta de “diálogo” conyugal.
Se trata de “circunstancias” que, comparadas con el matrimonio y la educación católicos, no parecen resultarles especialmente “duras” ni “sexistas” a nuestr@s autodenominad@s “mentes” progresist@s.
¿No es curioso?
b) La puntualización:
Aunque la relación personal de los esposos es el objetivo menos importante de los tres, eso no quiere decir que no sea extraordinariamente importante. De hecho, es más importante que el objetivo más importante que pueda imponer cualquier otro tipo de matrimonio no judeocristiano. Por el vínculo matrimonial, además de todo lo dicho, los esposos creyentes se comprometen ante Dios a amarse y a ser castos y fieles de pensamiento y obra todos y cada uno de los momentos de todos y cada unos de los días de su vida hasta el día de su muerte.
¿Es que el matrimonio “laico” y “progresista” ofrece algo mejor a los contrayentes verdaderamente enamorados el uno del otro?
Acerca de este objetivo terciario del matrimonio, Juan Pablo II enseñó una Teología del Cuerpo, impartida en forma de 129 catequesis desde el 5 de septiembre de 1979 hasta el 28 de noviembre de 1984.
La fundación Gratis Date pone estas catequesis a disposición de quien esté interesado en leerlas.
c) La nota a la puntualización:
Quizá no esté del todo de más leer alguno de los comentarios de Randy Engel, expuestos en su documento electrónico de 81 páginas “John Paul II and the ‘Theology of the Body’ - A Study in Modernism”.
El título me parece un tanto exagerado, aunque algunas de las observaciones que hace a lo largo del texto no dejan de apuntar correctamente a peligros ciertos. En cualquier caso, el documento muestra claramente las fuentes de Juan Pablo II para estas catequesis, cosa que no deja de ser muy interesante por sí misma.
Cada uno habrá de decidir si vale o no la pena pagar los, más o menos, cuatro euros que cuesta descargarse el documento electrónico en formato Adobe PDF. Ciertamente, es un poco más caro que un politono para el teléfono móvil. Pero también es cierto que es más útil.
d) La consideración final:
En cualquier caso, visto lo visto, creo que queda meridianamente claro, más allá de toda duda racionalmente posible, que el ejercicio de la “paternidad” no es algo baladí para los padres católicos. Y que por eso buscan colegios católicos para sus hijos. Y, dado el estado de la enseñanza católica en España, los centros relacionados con el Opus Dei, por más que se construyan nuevos centros y se amplíen los ya existentes, siempre resultan ser insuficientes y pequeños.
Viendo el estado deplorable de “adaptación” a la EpC de don José Antonio Marina Torres y de la Editorial Santa María (alias Grupo SM) que impera en los colegios de la FERE-CECA y EyG, no es de extrañar que los fieles laicos se vayan a buscar la “catolicidad” a los centros relacionados con el Opus Dei.
En esto, como en tantas otras cosas, aunque lo obispos callen, los padres actúan.
[2]
¡Claro que nuestra decisión acarrea consecuencias! Supone tener que vivir como lo que somos: unos auténticos pobretones en términos materiales. ¿Pero desde cuándo le ha importado eso a un hijo de Dios? ¡A otro perro con ese hueso!
Ya hemos probado a trabajar los dos como mulas para ganar más dinero para poder enviar a nuestro hijo mayor a un prestigioso colegio católico, totalmente privado. Lo que hemos descubierto es que, entre otras cosas, lo tenían todo el día ocupado enseñándole “herramientas sociales”, pintando, realizando trabajos manuales, celebrando Halloween, recalcándole la importancia de no gastar papel y de no coger el coche para cuidar del medio ambiente, amén de otros asuntos de extraordinaria importancia.
Evidentemente, todas las oraciones que sabe las ha aprendido en casa. En el colegio tiene que aprenderse los ¿“poemas”? de Gianni Rodari, entre otros.
Como llegaba a casa pasadas las seis de la tarde no le quedaba ni tiempo a él ni fuerzas a nosotros para “desprogramarlo” de tan importantes asuntos. Moraleja: lo enviamos a un colegio concertado, papá deja de trabajar y a las dos de la tarde lo tengo en casa, listo para la “desprogramación” mental de tan importantísimos conocimientos.
¿Y qué ha pasado? Pues que, aunque escasos de dinero, estamos todos juntos y unidos: las abuelitas, los papás y los nietos. Ahora tenemos tiempo para hacer cosas que antes eran del todo impensables. Cosas como, por ejemplo, leer juntos la Biblia.
La de verdad, no la de los niños.
10 comentarios
"Yo, con su permiso, es que aún creo en que el bien y el mal existen y que son distintos, aunque a veces se entreveren más o menos; pero que no todo es lo mismo o según. De forma que tengo mi insidia por más justificada que la suya."
"He hablado del sr. Mendoza, de monseñor Reig Plá y de la UCAM. No veo qué tiene que ver todo lo demás con el asunto asunto que estoy tratando: el silencio de tantos obispos BUENOS ante las agresiones injustificadas de grupos laicistas. Silencio tanto más llamativo cuanto que procede de un obispo que no tiene miedo a decir lo que piensa y a hacer lo que cree, pase lo que pase y pese a quien pese. En este caso la alusión a monseñor Reig Plá debe tomarse más bien como una metonimia ("pars pro toto") del resto de aquellos obispos españoles que han elegido el camino del silencio."
"...la vehemente pertinacia de la acción pastoral de monseñor Plá en el asunto de la UCAM contrastaría amargamente con un hipotético silencio ante el manifiesto que la 'Plataforma por la educación pública y laica de Alcalá de Henares' ha publicado en su nueva diócesis. En ese triste caso habría que preguntarse ¿por qué monseñor Plá usa la vehemencia contra un laico que se juega su dinero para crear una universidad católica pero se abandona a la inacción frente a unos laicistas que luchan contra la creación de un colegio católico? ¿No debería ser, en todo caso, al revés?"
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Barcelonés de origen zaragozano (Aranda de Moncayo-Illueca), licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona y católico converso del indiferentismo, vive con su familia en Murcia.
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