1.08.16

Me arrodillo ante el Señor

Hasta las mulas se arrodillan ante Jesús Sacramentado

Corría el año de 1227 cuando, en Rimini, San Antonio de Padua fue desafiado por un hereje:

 - ¿Por qué no hacemos una apuesta? Tendré encerrada por tres días una de mis bestias y le haré sentir el tormento del hambre. Luego de tres días, la traeré aquí, delante del público y le enseñaré su comida. Tú estarás al frente con aquello que tú consideras el Cuerpo de Cristo. Si la bestia, despreciando el forraje, se apresura a adorar a tu Dios, yo me convertiré a la fe de tu Iglesia.

 San Antonio aceptó el reto y el día acordado salió a la calle con el Santísimo en la Custodia y, dirigiéndose a la mula, le dijo:

 - En virtud y en el nombre de tu Creador, que yo siendo indigno, lo tengo en mis manos, te digo y te ordeno: avanza con prontitud y rinde honores al Señor con el debido respeto, para que así los malvados y los herejes comprendan que todas las creaturas deben humillarse delante de su Creador, a quien los sacerdotes tienen en sus manos en el altar”.

Inmediatamente, el animal, rechazando el alimento del patrón, se acercó dócilmente hacia el religioso, dobló las patas delanteras ante la Hostia y permaneció así, reverentemente. Y el hereje se convirtió.

Yo soy muy burro, pero hasta los asnos como yo se arrodillan ante el Señor.

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17.07.16

Militia Fidei

Empezamos, hace ya muchos años, por desechar el concepto de “pecado”. Lo que antes era pecado, ahora ya no lo es. Así que no hay que confesarse. No hay necesidad. No hacen falta confesores ni confesionarios. Y empezamos con celebraciones comunitarias del sacramento de la reconciliación con absoluciones generales una vez o dos al año: por cuaresma, en adviento… Y poco más. Se han abolido los mandamientos de un plumazo. Dios es tan bueno y tan misericordioso que, ¡cómo va a condenar a nadie! Dios lo perdona todo y sin necesidad de pedirle perdón. O en todo caso, yo le pido perdón directamente a Dios sin necesidad de pasar vergüenza delante de un sacerdote en un confesionario y listo. Triunfa Lutero cuatro siglos después de Trento.

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12.06.16

Ser feliz es ser santo

Querida María José:

Te prometí que escribiría algo en mi blog sobre el misterio del sufrimiento: “O sea que el sufrimiento y las caídas de la vida, ¿son la forma de llegar al cielo?”

A ver si soy capaz de contestar de alguna manera a tu pregunta. No me lo pones fácil.

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5.06.16

24.05.16

"Amoris Laetitia"

Tengo que hacerles una confesión: mi mujer no me lee. Mi hijo mayor sospecho que, más que leer lo que escribo, espía de vez en cuando mi blog para comprobar con cierto temor las burradas políticamente incorrectas que puedo llegar a poner negro sobre blanco: más que nada por si me vuelven a despedir del trabajo por ultracatólico y nos volvemos a ver en el paro. Mi hija mayor - a sus dieciséis años - ha vaticinado que cuando estalle la revolución seré el primero en caer fusilado por las cosas que digo y escribo: por no ser del montón y no saber estarme calladito como todo el mundo. “No quieras ser un general: sé un simple peón”, me dice… Pero ella sabe que no sé ser de otra manera. Y la pequeña de la casa todavía es inocente y no se entera, aunque algo debe de sospechar ya después de tantas mudanzas, cambios de colegio, etc.

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