22.10.17

Mis hermanos y yo viviremos conforme a la alianza de nuestros padres

Es palabra de Dios:

Matatías respondió a grandes voces. -¡Aunque todos los pueblos que están bajo el imperio del rey le obedezcan y cada uno se aparte del culto establecido por sus padres acatando las órdenes del rey, mis hijos, mis hermanos y yo viviremos conforme a la alianza de nuestros padres! ¡Que Dios nos libre de abandonar la Ley y las costumbres! ¡No obedeceremos los mandatos del rey para no apartarnos de nuestro culto ni a derecha ni a izquierda!
1 Mac 2,19-22

Y:

Queridísimos: como tengo gran interés en escribiros sobre nuestra común salvación, me siento obligado a dirigiros esta carta, para exhortaros a combatir por la fe que ha sido entregada a los santos de una vez por todas.  Porque se han infiltrado ciertos hombres, ya desde hace tiempo señalados en la Escritura para esta condenación, hombres impíos que convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios y niegan al único Dueño y Señor nuestro, Jesucristo.
Jud 3-4

Y;

Si alguno tiene oídos para oír, que oiga.
Mc 4,23

Santidad o muerte,

Luis Fernando

16.10.17

Spadaro pretende corregir a Cristo

Los modernistas andan desatados. Creen que es el momento de su victoria y ya no disimulan lo más mínimo. Uno de los más famosos e influyentes, el jesuita italiano Antonio Spadaro, editor de la revista La Civiltà Cattolica -que está revisada por la Santa Sede-, dio recientemente una charla sobre Amoris Laetitia ante dos cardenales, doce obispos y veinticuatro teólogos de Estados Unidos.

He aquí una de las frases de su charla:

Ya no es posible juzgar a las personas sobre la base de una norma que está por encima de todo“.

No me lo invento. Lo pueden leer ustedes en el National Catholic Reporter.

Cuando dice “ya no es posible", quiere decir que antes sí era posible. Y ciertamente, Jesucristo advirtió que habrá un juicio para los que no aceptan sus palabras:

El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, esa lo juzgará en el último día.
Jn 12,48

¿Y bien? ¿a quién hemos de creer? ¿A Cristo o a Spadaro? 

Les aconsejo, por el bien de su alma, que crean a Cristo. Siquiera sea porque va a ser Él, y no Spadaro, quien les juzgará cuando comparezcan ante Él en el Día del Juicio.

Ahora bien, el problema no está solo en que Spadaro diga eso. Hasta donde informa el NCR, ninguno de los cardenales, obispos y teólogos se levantaron para corregir la barbaridad que estaba diciendo. De hecho, lo que el jesuita pretende es que ese ataque al evangelio, a las palabras de Cristo, emana de la exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia.

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10.10.17

La oración, mirada a la eternidad

Sorprendes al alma de tus hijos, Señor, cuando le das el don de alabarte en momentos inesperados, cuando la mente no tenía previsto entrar en oración. 

Derrama tu Espíritu sobre nosotros para que comprendamos el misterio de tu presencia en el Sagrario, lugar de encuentro para quienes anhelan adorarte.

Entremos en el descanso del sueño entregados a la oración, y despertaremos alumbrados por su Espíritu.

Aunque a veces lo parezca, no se para el tiempo cuando nos sumergimos en la oración, pero es como si echáramos una mirada a la eternidad, donde Dios lo ocupa todo.

Porque conoces nuestras necesidades, Señor, te rogamos que tu Espíritu nos enseñe a pedir lo que nos conviene.

De tu Madre, Señor, aprendemos a decir “hagase tu voluntad". Bendita sea por siempre.

Moldea nuestra conciencia Señor mediante la oración y la meditación en tu Palabra, para que sea sorda a las cosas mundandas y solo oiga tu voluntad para ponerla por obra.

Luis Fernando

6.10.17

El obispo sedicioso

El pecado de sedición cae primera y principalmente sobre aquellos que la procuran, los cuales pecan gravísimamente y después sobre quienes les secundan, perturbando el bien común.
Santo Tomás de Aquino

Poco más que añadir.

Luis Fernando Pérez

2.10.17

La creatividad como excusa para enseñar un evangelio diferente

Parece de sentido común creer que veinte siglos de catolicismo han producido una doctrina moral consistente, firme, verdadera y, por tanto, liberadora. De todas las encíclicas papales publicadas tras el Concilio Vaticano II, “El esplendor de la Verdad” (Veritatis Splendor) de san Juan Pablo II, es clave tanto para entender los fundamentos de esa doctrina como para combatir los errores que la acechan.

Entre esos errores figura la herejía de que la conciencia humana no está sujeta en última instancia a la ley de Dios, sino que tiene libertad para obedecerla o no dependiendo de las circunstancias, siendo estas circunstancias, y no la voluntad divina, las que determinen el juicio moral -y de paso eclesial- que merecen nuestros actos.

La ley, en esa herejía, no pasaría de ser más que un ideal a alcanzar, pero que en realidad sería inaccesible para la mayoría y solo asumible por unos cuantos elegidos, mayormente aquellos que acaban en los altares como santos y beatos.

No negaré que la gracia de Dios actúa de forma más abundante y frucífera en las almas a las que Dios ha querido adornar con la corona de la santidad más excelsa, pero no hay bautizado que no reciba la gracia suficiente como para poder verse libre de la lacra de vivir practicando el pecado de forma pertinaz. Hoy, igual que hace veinte siglos, siguen vigentes las palabras del apóstol:

No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea de medida humana. Dios es fiel, y él no permitirá que seáis tentados por encima de vuestras fuerzas, sino que con la tentación hará que encontréis también el modo de poder soportarla.
1ª Cor 10,13

Existe un doble error a la hora de enfrentarse a cómo debe actuar el cristiano de cara a poder ser contado entre los que se salvan:

1- La idea de que depende de él, en primera y última instancia, el poder vivir en santidad. Si acaso, ayudado por la gracia. Es decir, Dios ayuda, ciertamente, pero luego pasa a ser mero espectador de nuestras decisiones finales.

2- La idea de que al hombre la basta con creer, con tener fe, para ser salvo, independientemente de cómo se comporte, ya que la misericordia divina pasará por alto sus pecados tanto si se arrepiente de ellos como si no.

Herejes son los que creen y enseñan lo primero. Herejes son los que creen y enseñan lo segundo.

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