9.07.11

JMJ: Los jóvenes son evangelizados

JMJ: LOS JÓVENES SON EVANGELIZADOS
Breves reflexiones sobre pastoral juvenil

A las puertas de la inminente JMJ que se celebrará en Madrid me gustaría compartir con los lectores del blog algunas reflexiones sobre la evangelización de los jóvenes que es, sin duda, el objetivo fundamental de la pastoral juvenil.

Recuerdo que en las conferencias de Puebla y Medellín se habló de dos opciones preferenciales (que no exclusivas) en la acción pastoral: los pobres y los jóvenes. Parece que pocos se tomaron en serio, durante muchos años, la opción preferencial por los jóvenes.

A nivel de Iglesia Universal, el Beato Juan Pablo II, se tomó muy en serio la opción por los jóvenes y articuló este extraordinario instrumento de pastoral juvenil que es la JMJ. Con razón se ha dicho que estas jornadas han configurado toda una generación de jóvenes en la Iglesia y los frutos son extraordinarios. Puedo comprender muy bien la desazón del enemigo ante el inminente evento y su afán por sembrar cizaña. Me cuesta más comprender la miopía de algunos católicos ante esta espléndida realidad.

Veo la JMJ como una gran misión juvenil donde los protagonistas, instrumentos de la Gracia, son los mismos jóvenes. Los jóvenes que evangelizan y los jóvenes que son evangelizados. JMJ podría muy bien significar “Jóvenes Misioneros de Jesucristo”.

Es un espectáculo conmovedor ver un millón de jóvenes reunidos en torno del sucesor de Pedro, con sus Pastores, rezando, celebrando la Santa Misa, adorando a Cristo Eucaristía, confesándose, compartiendo amistad y experiencias. Se trata de todo un ambiente, es decir, un ámbito vital necesario, para que los jóvenes puedan madurar en su experiencia de fe. Cuando estos chicos y chicas regresan a sus casas, a sus comunidades, muchos se convierten en fermento evangelizador, en auténticos apóstoles para sus jóvenes hermanos. La gracia que Dios concede a la Iglesia y al mundo en estas Jornadas Mundiales de la Juventud es extraordinaria. Un motivo de alegría y esperanza para toda la Iglesia.

Es aleccionador para una pastoral juvenil realista y eficaz constatar algunas realidades que se experimentan en las JMJ: El Papa habla claro y directo, proponiendo toda la grandeza, belleza y exigencia del Evangelio. No se hacen concesiones a la galería y la fe cristiana es expuesta con toda nitidez. Las celebraciones de la Misa y los sacramentos se realizan con todos sus requisitos, sin extravagancias ni arbitrariedades. ¡Cómo contrasta esto con algunas experiencias de pseudopastoral juvenil con doctrina cristiana, moral y celebraciones “a la carta”, según los gustos y conveniencias de los animadores!

No hay duda que en estas JMJ, un elemento decisivo es el grupo de jóvenes que “están preparados”. Normalmente proceden de movimientos y grupos que realizan habitualmente una pastoral juvenil seria y eficaz. Estos jóvenes se reúnen periódicamente para recibir formación católica integral, para celebrar la Santa Misa y los sacramentos y reciben una atención espiritual personalizada. Se les nota. Y su testimonio impacta a otros jóvenes. Recuerdo el testimonio de un grupo de chicos que se acercaron a una JMJ un poco por curiosidad, por ver lo que pasaba, y quedaron asombrados al ver una multitud de jóvenes como ellos rezando en silencio y acudiendo a la confesión. Su estancia en la JMJ marcó un antes y un después en su vida.

Esta reflexión nos hace ver la necesidad de poner unos sólidos fundamentos en la acción pastoral con los jóvenes. Hace poco, un joven obispo, decía que nos tocaría hacer mucha pastoral “sanitaria”, recogiendo tantos jóvenes tirados en la cuneta de la vida, y mirando de hacerles revivir la esperanza de Cristo. Esto es cierto, si bien, muchas veces, lo que se halla tirado en la cuneta es bastante irrecuperable. Sin negar esto, mejor sería apostar por una pastoral “preventiva”, al estilo de Don Bosco. Mejor prevenir que curar. Y para ello tenemos en la vida de la Iglesia y en su experiencia pastoral unos instrumentos que, renovados y puestos a punto, podrían ser la base de una pastoral juvenil digna de este nombre.

Leía hace un par de años en un informe que los chicos y chicas españoles pierden la fe a los trece años como promedio. Habría que matizar esta afirmación. Tal vez nunca han tenido en realidad esta fe y lo que sucede es que se distancian de una vivencia cristiana que no es significativa en sus vidas. Otras veces, es el ambiente que los devora, como aquellos tiernos brotes que son ahogados por las espinas, según la parábola del Señor. Lo cierto es que en muchos ambientes, cuando chicos y chicas empiezan la enseñanza secundaria, desaparecen de la celebración de la Eucaristía y éste es un indicador importante. También sucede que en otros ambientes, estos mismos chicos y chicas perseveran en la fe, en la formación y celebración. Y todo esto no sucede por casualidad.

Allí donde hay una familia cristiana en la que los padres viven con gozo y testimonian con naturalidad su pertenencia a Cristo, con muchas probabilidades se realizará la transmisión de la fe que es la suprema misión de unos padres cristianos: pasar la antorcha de la fe a los hijos. Esto nos hace ver la importancia capital de poder organizar una verdadera pastoral familiar para que las familias reciban la ayuda necesaria para su difícil y apasionante misión. Juan Pablo II dijo en una ocasión: “La pastoral familiar es la quintaesencia de toda pastoral”.
Esta pastoral familiar puede muy bien articularse en torno a los momentos decisivos para la construcción de una familia y la iniciación cristiana de los hijos. La preparación seria al matrimonio, el acompañamiento pastoral del mismo y unos sacramentos de iniciación cristiana que realmente inicien a la vida cristiana son elementos imprescindibles en lo que podemos llamar “pastoral juvenil remota”.

La catequesis y la clase de religión en todos sus niveles pueden ser elementos determinantes para construir una personalidad cristiana o para dejar el campo sembrado de sal. Todo depende cómo se haga. Algunos Obispos españoles han reclamado últimamente la atención sobre la clase de religión en la escuela recordando elementos tan importantes como la competencia e idoneidad del profesorado y la clara identidad católica de sus contenidos. Este es un campo en que nos jugamos mucho y sabemos que el enemigo no cesa de hacer su siembra siniestra y eficaz en los corazones más jóvenes ante la alarmante pasividad de muchos padres y educadores.

Hay mucho por hacer y hay que hacerlo lo mejor posible. La JMJ que se celebrará en nuestro país va a ser, sin duda, para la Iglesia en España y en el mundo entero, un momento de gracia para la acción pastoral con los jóvenes. El Papa nos va a dejar una hoja de ruta segura para el trabajo pastoral. ¡Qué sepamos aprovecharlo!

10.05.11

La cruz que me bendijo Juan Pablo II. Breve evocación personal

La cruz que me bendijo Juan Pablo II. Breve evocación personal

Tengo siempre sobre mi escritorio una cruz de bronce que posee un gran valor para mí: El Papa Juan Pablo II me la bendijo personalmente hace ya años al final de la visita Ad Limina de mi Obispo, Mons. Juan Martí. Al final de la audiencia pude saludar al Papa y le pedí que me bendijera la cruz. Me puso su mano sobre mi hombro mientras yo le presentaba la cruz y la bendecía. Era un hombre que irradiaba a Cristo. Siempre tengo en la memoria aquel inicio de pontificado cuando el nuevo Papa venido de Polonia gritaba: “No tengáis miedo, abrid las puertas a Jesucristo”. Luego, en 1984, tuve mi primer encuentro personal con él. Yo era entonces seminarista y estaba iniciando mis estudios de licenciatura en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana. Aquel mes de noviembre tenía lugar un gran acontecimiento: un sacerdote de mi pueblo, de Tremp, iba a ser proclamado beato. Se trataba de José Manyanet, hoy San José Manyanet, fundador de dos congregaciones (Hijos e Hijas de la Sagrada familia) y gran inspirador de Gaudí para construir el espléndido templo de la Sagrada Familia de Barcelona. En aquella ocasión tuve la alegría de ejercer de acólito en la ceremonia de beatificación. Su saludo era siempre cálido y muy personal, aunque tuviera que hacerlo a centenares de personas. Luego, ya ordenado sacerdote, puede concelebrar la Santa Misa con el Papa en diversas ocasiones. Algunas muy íntimas como las de su Capilla privada, en la Misa de diario, donde estábamos pocas personas. Otras veces, en San Pedro u otra gran basílica romana. Siempre me impresionó la piedad y devoción de Juan Pablo II celebrando la Santa Misa. Con su gesto personal y con su rico magisterio a los sacerdotes, el Papa nos enseñaba que la Santa Misa está en el mismo corazón del sacerdocio católico y que celebrarla con fe, devoción y piedad, los sacerdotes podemos ejercer nuestro mayor servicio al Pueblo de Dios.
Recuerdo su capacidad de comunicarse y empatizar con todos: jóvenes, niños, ancianos. Todo brotaba de la autenticidad de su corazón.
Recuerdo su gran espíritu de oración. Nos impresionaba llegar a su capilla del Palazzo Apostólico y verle arrodillado ante el sagrario preparándose para la Santa Misa. Después de la sagrada comunión, otra vez una intensa oración y de nuevo al finalizar, una sentida acción de gracias. ¡Vaya catequesis que nos dio a los sacerdotes con su ejemplo! Y ¡la que se montó el día en que se puso en el confesionario de la Basílica Vaticana!
Magisterio firme, claro, valiente, sin concesiones a la galería. Líder moral mundial indiscutible. Acogedor y animador de los nuevos carismas que el Espíritu ha suscitado y que han rejuvenecido la Iglesia.
Heroico en el cumplimiento del deber y de la misión encomendada, hasta el final.
Cada día beso con reverencia esta preciosa cruz bendecida por un beato y le encomiendo mis apostolados sacerdotales. No tengo ninguna duda sobre su santidad y confío que esta cruz será un día una cruz bendecida por un Santo.

14.03.11

¿CIBERCONFESIÓN? Pros y contras

El tiempo de cuaresma es un momento propicio para proponer la recepción del sacramento de la Penitencia, algo que debería ser normal y habitual en nuestra vida cristiana pero que, por desgracia, ha desaparecido en la vida de muchos fieles. Ofrezco hoy a la consideración de los lectores una interesante pregunta que recibí hace poco sobre la posibilidad de confesarse por medio del teléfono móvil u otros medios similares.

CIBERCONFESIÓN

No sé si conoce usted una programa para confesarse a través del móvil. Te facilita un examen de conciencia personalizado que se envía al sacerdote. Me sorprende que la Iglesia no lo haya aceptado como un medio más para confesarse. ¿Acaso no podemos establecer una verdadera comunicación personal con las modernas tecnologías? ¿No le parece un a ocasión desaprovechada?

Conozco efectivamente la aplicación “Confession” para determinado modelo de teléfonos móviles. Me la enseñó un amigo que llegaba de EEUU. Creo que sólo existe en inglés, por el momento. He de reconocer que es una buena ayuda para preparar una provechosa recepción del sacramento de la Penitencia y para llevar un control personal sobre la vivencia de la confesión. Hasta ahí, nada tengo que objetar. En cambio, y en esto discrepo, me parece un gran acierto que la Iglesia no permita que nuestras intimidades circulen libremente por el ciberespacio y que se despersonalice una sacramento que debe ser muy personal.

No dudo que con un teléfono se puede establecer una verdadera comunicación personal. Pero el sacramento requiere algo más: una “presencia” personal plena y verdadera, cosa que sólo acontece en el encuentro de dos personas, el penitente y el confesor que representa a Cristo. Hace tiempo respondía a una pregunta semejante planteando la confesión por teléfono y muchos de los elementos de mi respuesta siguen siendo válidos.

Su pregunta plantea una cuestión de fondo que es muy importante: la dificultad que experimentan muchas personas para exponer abiertamente sus pecados, su intimidad y problemas de conciencia y que preferirían no hacerlo cara a cara manifestando su identidad. En este sentido, la experiencia de la Iglesia nos recuerda el valor que siguen teniendo las sedes penitenciales (confesionarios) que salvaguardan esta intimidad del penitente que puede confesar con más comodidad sus pecados sin necesidad de darse a conocer ni sentirse intimidado por una presencia excesivamente próxima del confesor o de personas cercanas al lugar de la confesión. Ganaríamos mucho ofreciendo esta posibilidad a los fieles. En este sentido me parece un gran desacierto la praxis de algunas parroquias que han suprimido los confesionarios y en muchas celebraciones penitenciales hacen pasar al penitente de manera manifiesta ante todos los presentes sin ninguna reserva ni identidad. ¿Cómo pretender que se confiesen bien los fieles en semejantes circunstancias? Finalmente, añadiría que el programa en cuestión puede ayudar mucho a la confesión. En lugar de enviar los pecados por el ciberespacio, el penitente puede imprimirlos en una hoja y darla al confesor. Puede ser una buena ayuda para aquellos que les cuesta la confesión.

8.02.11

CELIBATO

El tema del celibato se plantea constantemente. Acabo de recibir esta consulta desde mi Consultorio en Cataluña Cristiana.

¿Es verdad que un grupo muy importante de teólogos han pedido la supresión del celibato? ¿No cree que habría muchos más sacerdotes si pudieran serlo hombres casados?

Efectivamente un grupo de profesores de teología centroeuropeos han solicitado no tanto la supresión del celibato sino la revisión de su carácter obligatorio en la Iglesia latina. No es algo nuevo, es una petición recurrente que aflora una y otra vez. En varias respuestas que he dado en esta columna he insistido siempre que el celibato no se trata de una cuestión dogmática y que desde el punto de la doctrina de la fe nada obsta a la posible existencia de presbíteros casados en la Iglesia latina, como existen en la ortodoxia. También he destacado que el celibato es muy conforme con el estilo de vida de Jesús y ha demostrado su gran valor en una probada tradición. La Iglesia, yo creo que con muy buen criterio, ha decidido que se mantenga por ahora. Hace poco, el cardenal Piacenza ha recordado, durante una conferencia celebrada en la ciudad de Ars que la Encíclica de Pablo VI sobre el celibato sacerdotal señala que Cristo «permaneció toda su vida en estado de virginidad, que significa una total dedicación al servicio de Dios y de los hombres» y ha subrayado que el celibato sacerdotal tiene una validez perenne.

Por ello, dijo el Prefecto del Clero, «la vigente ley del sacro celibato debe acompañar al ministerio eclesiástico» para ser compatible «con la elección exclusiva, perenne y total» del sacerdote hacia «el único y sumo amor de Cristo y de la consagración al culto de Dios y al servicio de la Iglesia». Estas consideraciones del Magisterio nos invitan a ver el celibato, no como un problema, sino como un don inmenso para el sacerdote y para las comunidades cristianas.

Sinceramente pienso que, actualmente, la supresión del carácter obligatorio del celibato en la iglesia latina, constituiría más bien un empobrecimiento que una riqueza. Pensar que la escasez de vocaciones al sacerdocio ministerial en muchos lugares provienen del celibato es una ingenuidad. Esta misma crisis la padecen confesiones cristianas que tienen pastores casados. El problema es mucho más profundo y grave. Es un problema de fe, de vida de fe y de la fuerte secularización que padecemos y que ha penetrado, como indicaba Mons. Asenjo, en el mismo interior de las comunidades cristianas.

Sería bueno preguntarse porque, precisamente donde se dan abundantes vocaciones al sacerdocio, no se cuestiona el celibato ni muchos elementos valiosos de la tradición.

6.01.11

Carta de Baltasar

Me llego hace poco un correo con un interesante texto. Lo he compartido con mis feligreses y ahora lo hago con los lectores del blog. Es una carta del Rey Baltasar con algún pequeño retoque que me he permitido introducir. ¡Qué bien irían las familias si los padres y madres hicieran caso de los consejos de los Santos Magos de Oriente!

Carta de Baltasar a los padres y madres de familia.

Queridos Padres:

Melchor Gaspar y el que os escribe Baltasar, hemos recibido miles de cartas de vuestros hijos, pidiéndonos todo tipo de juguetes que gustosamente traemos para ellos pero permitidnos que os recordemos los regalos que también necesitan vuestros hijos.
En primer lugar lo que más necesitan vuestros hijos, es Amor. Debéis querer para ellos lo mejor y manifestarles vuestro afecto, escucharlos, besarlos, abrazarlos, acariciarlos y decirles oportunamente que les queréis de verdad. Sin amor, los niños no pueden crecer ni madurar, pero cuidado, no confundáis amor con sensiblería barata, amor no significa consentirlo todo, satisfacer todos los caprichos o dejarse chantajear con sus pataletas, eso sería malcriarlos. Amar significa también marcar límites, enseñarles a distinguir lo que está bien y lo que no y a seguir siempre la voluntad de Dios que quiere nuestra felicidad. Lo que se puede y debe hacer en cada momento y lo que no se puede consentir. Amar es también castigar cuando es preciso.
La segunda cosa que necesitan es Educación: esa es la mejor herencia que les podéis dejar, hay que enseñarles a comportarse en cada circunstancia. Las normas de urbanidad y buena educación debéis enseñarlas en casa; es vuestra responsabilidad, no la podéis delegar a nadie y para educarlos correctamente se empieza predicando con el ejemplo, los padres sois el ejemplo que seguirán vuestros hijos. No lo olvidéis.

Debéis enseñarles también que su futuro depende de ellos mismos y de su esfuerzo y que los sueños solo se consiguen a base de sacrificio, porque las cosas importantes de la vida nadie se las va a regalar. Por eso tenéis el deber de educar su voluntad para que sepan cuales son sus obligaciones y las cumplan en cada momento.
Tenéis que inculcarles que en la vida hay que hacer cosas que muchas veces no nos apetecen ni nos gustan pero que son necesarias, lo bueno no siempre es lo que nos gusta, y lo que es bueno hay que hacerlo aunque suponga un esfuerzo. Con vuestra enseñanza y ejemplo vuestros hijos deben comprender, por ejemplo, que negar los impulsos egoístas, sacrificarse por los demás, trabajar bien, cumplir con nuestros deberes con Dios, son cosas muy importantes para ser felices en este mundo y en la otra vida. Por supuesto hay que recompensarles por el trabajo bien hecho y hacerles ver que no están solos en el mundo, que hay otros niños, no tan afortunados como ellos con los que deben ser solidarios.
También tenéis la obligación de explicarles a vuestros hijos para qué los habéis traído al mundo, qué sentido tienen sus vidas, porque sino, pueden pensar que el sentido de la vida es solamente divertirse como sea (beber, drogarse, consumir locamente…) y poco más. ¡Qué importante y decisivo es para unos padres cristianos saber transmitir su fe en Jesucristo a sus hijos!
A nosotros el sentido nos lo indicó una estrella que nos llevó hasta Belén y allí descubrimos al niño Dios que desde entonces es el que da sentido a nuestras vidas. El es el que hace posible que desde hace tantos años sigamos visitando vuestras casas sin desfallecer. Sin El no lo podríamos conseguir. ¿Habéis descubierto ya vuestra estrella? ¿Habéis descubierto a Jesús? Es el gran regalo de Dios a los hombres.
Ah se me olvidaba: muchos padres nos habéis preguntado ¿qué les podéis regalar a vuestros hijos este año?; Melchor, Gaspar y Baltasar lo hemos hablado y hemos llegado a la conclusión que el mejor regalo que les podéis hacer es un poco más de vuestras personas y de vuestro tiempo, ellos lo agradecerán algún día.

Atentamente Gaspar Melchor y en su nombre Baltasar.
Feliz Epifanía del Señor.