23.02.17

Las dos ciudades de San Agustín tienen dos cabezas.

La Ciudad de Dios que tiene como fin a Dios mismo y la ciudad terrena que tiene como fin el mundo, no están acéfalas sino que tienen respectivamente su cabeza. Análogamente al modo como la cabeza de un cuerpo gobierna a todos sus miembros desde dentro, Cristo es cabeza de la Iglesia y ordena a sus miembros a Sí mismo. Pero análogamente a como un general dirige a un ejército hacia un fin, el demonio es cabeza de los que rechazan a Dios. En efecto, aunque el demonio no puede establecer un dominio interior sobre los malos, los gobierna exteriormente y los tiene sujetos a sí mismo.[1]

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14.02.17

Bioética para el siglo XXI

Centro de Estudios e Investigaciones de Bioética (CEIB)

Conferencia del 29 de junio de 2016 en la Universidad Panamericana

Guadalajara Jalisco, México

 

Dada la evidente relevancia de los problemas relacionados con la vida en el mundo actual y la urgencia de soluciones que eviten lo que en ámbitos científicos, políticos, religiosos, etc., se ha vislumbrado como una catástrofe, he pretendido presentar en esta breve exposición un panorama muy general sobre la Bioética en su aspecto histórico y en su importancia en esta primera mitad del siglo XXI. De modo que esta exposición panorámica comprende un resumen muy sucinto de la historia de la Bioética, la naturaleza de la Bioética, es decir, qué es y su importancia en el presente siglo. Para lograr este objetivo he reflexionado sobre la trayectoria histórica de esta disciplina, deduciendo algunas conclusiones, que me parecen relevantes, para ubicar la Bioética en el lugar que le corresponde como disciplina fundamental en el contexto en que nos encontramos.

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8.02.17

San Agustín y las dos ciudades

San Agustín nos enseña con mucha claridad la existencia de dos ciudades: la Ciudad de Dios y la ciudad del mundo. La Ciudad de Dios es unificada por la caridad que puede crecer y decrecer, y su fin es el establecimiento de la Ciudad celeste, que es la misma Ciudad de Dios cuyos miembros ya han alcanzado la beatitud. De modo que, San Agustín nos presenta dos ciudades: la de Dios y la del mundo, pero en la Ciudad de Dios hay dos sociedades, la que está en camino de santidad y la que posee actualmente la beatitud.

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2.02.17

El Cuerpo místico y la Ciudad de Dios.

 La unidad del Cuerpo Místico que es la Iglesia considerada desde Adán hasta el fin de los tiempos, se da por la caridad que une la diversidad de los miembros y que les da vida. Por eso la caridad es tan importante, porque sin la caridad, el cuerpo muere.[1] Quien no ama, permanece en la muerte.[2] Pero cuando hablamos de unidad del Cuerpo Místico, nos referimos a la integridad del cuerpo vivo que acoge y unifica respetando la diversidad de los miembros. De modo que la perfección del cuerpo no es ser un solo miembro, sino que jerárquicamente los órganos inferiores y superiores contribuyen a la perfección del todo. Y por esa razón si un miembro disminuye en la caridad, todo el Cuerpo disminuye y si uno de los miembros aumenta en caridad, todo el cuerpo se fortalece y se acrecienta.

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23.01.17

La verdadera muerte de Dios

Como dice San Agustín, el hombre muerto en cuerpo y alma como pena por su pecado, permaneció muerto hasta la muerte de Cristo. Y es que así como el cuerpo muere cuando se separa del alma, el alma muere cuando es abandonada por Dios. Es decir, como muere el alma cuando Dios la abandona, el cuerpo muere cuando el alma lo abandona, de modo que todo el hombre en cuerpo y alma muere cuando es desamparado por Dios, porque ni el alma vive con Dios ni el cuerpo vive con el alma.[1]

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