(387) P. Luis Murri: Ejercicios Espirituales de Cuaresma en Buenos Aires
- “Ciertamente que en estos tiempos, cuando el espíritu sobrenatural, vive cercado por tantos estorbos, cuando por todas partes domina el naturalismo, que debilita la firmeza de la fe y extingue las llamas de la caridad, importa que el hombre se sustraiga a esa fascinación de la vanidad, y se esconda en aquella bienaventurada soledad, donde aprenda a conocer el verdadero valor y precio de la vida humana…” (Pío XI, Mens Nostra)
- Ningún manjar es más sabroso para el alma que el conocimiento de la verdad (Lactancio, De falsa relig. 1,1; PL 6,118),
- «Elígete un lugar conveniente y apartado del tráfago familiar, en el cual te refugies como en un puerto. Lee allí tanto la Sagrada Escritura, sea tu oración tan asidua, tan sólido y concentrado el pensamiento sobre todo el futuro, que con esa vacación fácilmente compenses todas las ocupaciones del tiempo restante. Y no decimos esto por apartarte de los tuyos; más bien lo hacemos así, para que allí aprendas y medites cómo habrás de portarte con los tuyos» (S. Jerónimo., Ep. 148 ad Celant., 24: PL 22,1216)
Aunque todas las Cuaresmas nos presentan la necesidad de detenernos y suplicar la gracia renovada de la Conversión, sin duda los tiempos que transitamos parecen cada vez más acuciantes para ello, porque “cuanto más borrascosos son los tiempos por que atraviesa la sociedad humana, con tanta mayor fuerza los hombres sedientos de justicia y verdad son impulsados por el Espíritu Santo al retiro” (Pío XI, Mens Nostra).
Es tan grande, en efecto, el aturdimiento que provocan los escándalos y las guerras -de todo tipo-, que incluso se pierde de vista a veces hasta lo esencial, y entonces es más necesario que nunca recordar que “Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los albañiles” (Sal.127,1), y que frente a las múltiples iniciativas pastorales y propuestas de acciones humanas, urge sobre todo buscar decididamente la Voluntad de Dios dejándole a Él la iniciativa y primacía que le corresponde por derecho propio; volver, en fin, al Principio y Fundamento, tal como señalaba el Papa hace casi un siglo, en palabras que parecen escritas el día de hoy:
“La más grave enfermedad que aflige a nuestra época, siendo fuente fecunda de los males que toda persona sensata lamenta, es la ligereza e irreflexión que lleva extraviados a los hombres.
De ahí la disipación continua y vehemente en las cosas exteriores; de ahí la insaciable codicia de riquezas y placeres, que poco a poco debilita y extingue en las almas el deseo de bienes más elevados, y de tal manera las enreda en las cosas exteriores y transitorias, que no las deja elevarse a la consideración de las verdades eternas, ni de las leyes divinas, ni aun del mismo Dios, único principio y fin de todo el universo creado; el cual, no obstante, por su infinita bondad y misericordia, en nuestros mismos días y a pesar de la corrupción de costumbres que todo lo invade, no deja de atraer a los hombres hacia Sí con abundantísimas gracias. (ibid.)”
Por esta razón, proponemos a nuestros lectores más cercanos geográficamente, compartir los Ejercicios Espirituales (*) que organizamos junto al p. Luis Murri (en Grand Bourg, Pcia de Buenos Aires), en esta generosa visita suya a Buenos Aires, encomiando no sólo su fidelidad en la doctrina católica sino su capacidad para transmitirla con el fervor de un celoso pastor en nombre de Cristo Rey,
“..cuando nuestros mismos países exigen escogidísimas legiones de sacerdotes de ambos cleros que sean idóneos dispensadores de los misterios divinos y numerosos ejércitos de piadosos seglares que, unidos estrechamente con el apostolado jerárquico, le ayuden con celosa actividad…”
Insistimos, pues, promediando este tiempo que la Dios enriquece con tantas gracias especiales, teniendo en cuenta el consejo de San Pedro Crisólogo:
«Hemos dado al cuerpo un año, concedamos al alma unos días... Vivamos un poco para Dios, ya que el resto del tiempo lo hemos dedicado al siglo… Resuene en nuestros oídos la voz divina, no ensordezca nuestro oído el tráfago familiar… Armados ya así, hermanos, ordenados así para el combate, declaremos la guerra a los pecados… contando segura nuestra victoria» (serm.12: PL 52,186).
En este tiempo en que escasean en muchos lugares los sacerdotes fieles, hemos de dar incesantes gracias cuando tenemos la oportunidad de fortalecernos espiritualmente con la presencia de algunos de ellos, siendo conscientes del tesoro que significan para toda la Iglesia. ¡Dios los guarde y nos los conserve perseverando hasta el fin!
*Informes: wsp: +549 011599 09239
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