| « Revelación de 7 Jóvenes protestantes del Cielo y del Infierno | ¡Viva el Concilio Vaticano II!..... ¡¿Y?! » |
4.02.10
En el post anterior anunciaba la publicación de una apología del Concilio Vaticano II escrita por un servidor. En ella pretendí analizar los ataques que considero más incoherentes hacia el CVII. Para esto, tomé como ejemplo, afirmaciones reales de personas tomadas de distintos sitios en Internet.
Recientemente me enteré que uno de los autores de esos comentarios ha reaccionado y respondido a mi artículo. He querido analizar su respuesta y hacer unas aclaraciones puntuales.
Escribe alguien que utiliza el pseudónimo “Miguel25″:
!!!!Increible¡¡¡¡ lo que ha tomado de un foro católico es precisamente ….de estos foros de Catholic.net
!!!y esos aportes son míos!!! son de MIGUEL25, el tal Arraiz, los copió en su blog.
¿No es este Arraiz el que antaño andaba por estos foros y ahora, “montó el chiringuito por su cuenta"?
Y claro trae la opinión favorable del Padre Rivero
Pues yo traigo la opinión del Papa Pablo VI:
“Por medio de una rajadura el humo de satanás ha entrado en el templo de Dios: la duda, la incertidumbre, lo problemático, la inquietud, el descontento ocurre a diario… Nosotros hubiésemos creído que al día siguiente del Concilio hubiese sido un día de sol para la Iglesia. Pero encontramos nuevas tormentas. Nosotros buscamos cavar nuevos abismos en lugar de rellenarlos.”
—Papa Paulo VI, Discurso del 29 de Junio, 1972
Y te repito a tí y al señor “apologeta” (¿o debo decir “apolojeta"?) Sr. Arraiz
“Después del Concilio Vaticano II, quitaron los púlpitos de las iglesias, muchos sacerdotes tiraron la sotana, se aliaron con el comunismo (teología marxista de la liberación), el racionalismo, el humanismo, el modernismo, con lo que se mundanizaron en testimonio, se protestantizaron en liturgia, y acomodaron la sana doctrina de Cristo a filosofías y doctrinas de hombres.
Con lo que surgió una Iglesia de guitarristas, bailarines, conferenciantes, charlatanes, “catequistas” (que no saben lo que enseñan ni entienden lo que dicen), encuentros, comidas….circo, humo y ruido”
ES DECIR: CIRCO, HUMO, RUIDO, MODERNISMO, CHARLATANERIA DE FERIA, NEOPROTESTANTISMO, …RUINA Y APOSTASIA.
CIRCO en LITURGIA, CHARLATANERIA EN DOCTRINA, Y VIVIDORES EN TESTIMONIO.
Claro que ahora tronareis contra este foro, porque da cobijo y amparo a “LEFEBVRISTAS” incorregibles,
como MIGUEL25Tomado de Foros Catholic.net - Tema “La grandeza del Concilio Vaticano II”
Antes de comenzar aprovecho de aclarar que ciertamente, los comentarios publicados en mi apología si pertenecen al forista en cuestión.
Lo primero que me llama la atención, es que dicho forista intenta hacer parecer que el basa su opinión en lo que afirma el Papa Pablo VI mientras la mía se sostiene en lo que escribe el padre Antonio Rivero Sería cuestión de oponer a la opinión de un presbítero la de un pontífice. Ambas cosas como veremos a continuación, son falsas.
En primer lugar, porque yo no me he limitado a compartir la opinión de Antonio Rivero (fue solo un comentario introductorio), sino que inmediatamente después he citado al Cardenal Joseph Ratzinger (hoy el Papa Benedicto XVI) hablando precisamente de los frutos del Concilio escribe:
“«Descubramos el verdadero Vaticano II» No son, pues, ni el Vaticano II ni sus documentos (huelga casi mencionarlo) los que constituyen problema. En todo caso, a juicio de muchos —y Joseph Ratzinger se encuentra entre estos desde hace tiempo—, el problema estriba en muchas de las interpretaciones que se han dado de aquellos documentos, interpretaciones que habrían conducido a ciertos frutos de la época posconciliar.”
…
Seguía diciendo Ratzinger hace diez años: «Hay que afirmar sin ambages que una reforma real de la Iglesia presupone un decidido abandono de aquellos caminos equivocados que han conducido a consecuencias indiscutiblemente negativas».
En cierta ocasión escribió: «El cardenal Julius Döpfner decía que la Iglesia del posconcilio es un gran astillero. Pero un espíritu crítico añadía a esto que es un gran astillero donde se ha perdido de vista el proyecto y donde cada uno continúa trabajando a su antojo. El resultado es evidente».
Pero no deja de repetir con la misma claridad que «en sus expresiones oficiales, en sus documentos auténticos, el Vaticano II no puede considerarse responsable de una evolución que —muy al contrario— contradice radicalmente tanto la letra como el espíritu de los Padres conciliares».
Dice: «Estoy convencido de que los males que hemos experimentado en estos veinte años no se deben al Concilio «verdadero», sino al hecho de haberse desatado en el interior de la Iglesia ocultas fuerzas agresivas, centrífugas, irresponsables o simplemente ingenuas, de un optimismo fácil, de un énfasis en la modernidad, que ha confundido el progreso técnico actual con un progreso auténtico e integral. Y, en el exterior, al choque con una revolución cultural: la afirmación en Occidente del estamento medio-superior, de la nueva «burguesía del terciario», con su ideología radicalmente liberal de sello individualista, racionalista y hedonista».
La consigna, la exhortación de Ratzinger a todos los católicos que quieran seguir siendo tales, no es ciertamente un «volver atrás», sino un «volver a los textos auténticos del auténtico Vaticano II». Para él, insiste «defender hoy la verdadera Tradición de la Iglesia significa defender el Concilio. Es también culpa nuestra si de vez en cuando hemos dado ocasión (tanto a la «derecha» como a la «izquierda») de pensar que el Vaticano II representa una «ruptura», un abandono de la Tradición. Muy al contrario, existe una continuidad que no permite ni retornos al pasado ni huidas hacia delante, ni nostalgias anacrónicas ni impaciencias injustificadas. Debemos permanecer fieles al hoy de la Iglesia; no al ayer o al mañana: y este hoy de la Iglesia son los documentos auténticos del Vaticano II. Sin reservas que los cercenen. Y sin arbitrariedades que los desfiguren».
“Lo repito: el católico que con lucidez y, por lo tanto, con sufrimiento, ve los problemas producidos en su Iglesia por las deformaciones del Vaticano II, debe encontrar en este mismo Vaticano II la posibilidad de un nuevo comienzo. El Concilio es suyo”
Informe sobre la Fe, capítulo 2, Joseph Ratzinger
Así, no es solo el padre Antonio Rivero, sino quien es hoy el Papa Benedicto XVI quien opina algo completamente opuesto a mi interlocutor.
Ahora, uno podría pensar, que dado que eso lo escribió el Papa cuando todavía era cardenal, su opinión pudo haber cambiado al respecto, pero para eso también le cité cuando recientemente declaró: “Estamos en deuda con el Concilio Vaticano II”
Allí, el Papa declara “Los documentos conciliares no han perdido actualidad con el paso del tiempo “, sino que al contrario “se revelan particularmente pertinentes en relación a las nuevas instancias de la Iglesia y de la presente sociedad globalizada”, y enfatiza “todos nosotros somos verdaderamente deudores de este extraordinario acontecimiento eclesial“.
Y no es esa ni mucho menos la primera ocasión en que el Papa defiende el Concilio Vaticano II, y sus intervenciones al respecto están bien sustentadas en la apología. Me limito solo a recordar algunas de sus palabras:
“Si bien es verdad que la Iglesia católica no nace con el Concilio, es verdad también que la Iglesia, renovada por el Concilio, no es una Iglesia diferente, sino la misma Iglesia de Cristo, fundada sobre los apóstoles, garantizada por el sucesor de Pedro, y por tanto parte viva de la tradición".
“Con el anuncio del Papa Juan la tradición no desaparece, sino que sigue todavía hoy según las formas propias de una pastoral y de un magisterio actualizados por el último gran Concilio".
Ahora, ¿Cómo podría esta persona demostrar que los males que aquejan a la Iglesia hoy son consecuencia del Concilio Vaticano II? ¿Puede saber -más allá de adivinar- como hubieran acontecido las cosas si el Concilio no se hubiera efectuado? ¿No son los problemas de hoy suficientemente complejos como para de forma simplista echar la culpa al Concilio?.
Respecto al comentario atribuido al Papa Pablo VI, tengo que comentar varias cosas:
Luego de que me fuera imposible encontrar la cita del Papa Pablo VI en los Discursos del Papa Pablo VI, Junio de 1972 , solicité la cita completa en caso de existir para analizarla en su contexto, la cual, gracias a un lector, ya se encuentra localizada, siendo que no pertenece a un discurso sino a una homilía, publicada AQUI
Lo primero en llamar mi atención es que la cita en cuestión, aparece en un contexto mucho más amplio que la suministrada, y que causalmente está truncada exactamente de la misma manera en lo hacen las siguientes páginas Webs:
http://www.nuestrasenoradelasrosas.org/directrices/spd127.htm
http://www.tldm.org/Spanish/directives/spd127.htm
Si se lee la cita en su contexto se ve que se han tomado dos frases y se han unido para dar la impresión de que el Papa achaca como frutos del Concilio al “humo de Satanás” infiltrado en la Iglesia. Una lectura completa de la homilía revela que el Papa no está hablando del concilio, sino de conflictos posteriores a él “para sofocar los frutos del Concilio Ecuménico”.
No es errado así interpretar en su contexto que no fueron los frutos del Concilio los causantes del problema, sino Satanás que ha intentado sofocar esos frutos (palabras del Papa).
Esto está en sintonía con lo dicho por el Papa Benedicto XVI ya citado anteriormente donde afirma que “en sus expresiones oficiales, en sus documentos auténticos, el Vaticano II no puede considerarse responsable de una evolución que —muy al contrario— contradice radicalmente tanto la letra como el espíritu de los Padres conciliares”
Aclaraciones puntuales
Algo que no deja de llamarme la atención, es la forma en que esta persona se refiere a un servidor. Comienza calificándome despectiva y sarcásticamente de “apolojeta” (con J), y remata diciendo que era yo “el que antaño andaba por estos foros y ahora, “montó el chiringuito por su cuenta” . Cuando la lengua es vigorosa para el insulto es síntoma de que el intelecto no lo es tanto.
Aprovecho de aclarar, que lo que él llama “chiringuito” es el foro del sitio Web ApologeticaCatolica.org. El foro existe desde el año 1999, un año antes de que inclusive existiera Catholic.net en español. Dicho foro en un comienzo se llamaba “Católicos ecuménicos al servicio de Cristo” y estaba alojado en las comunidades MSN Groups, juntamente con el foro “Ex evangélicos ahora católicos”.
En ambos foros participaron y colaboraron inclusive varias personas que soy hoy moderadoras de Catholic.net y otros reconocidos católicos, como Luis Fernando Pérez (director de Infocatolica.com)
Desgraciadamente perdimos la mayoría de nuestros miembros (nos desintegramos) cuando MSN cerró sus puertas y el sitio que conseguimos para mudarnos no cubrió las expectativas. De allí se debe que pasáramos por varios sitios (google groups, miarroba) hasta que gracias a la ayuda de uno de nuestros colaboradores llegamos al sitio en que estamos hoy, donde estamos volviendo a reunirnos.
Sugiero al forista “Miguel” informarse primero, antes de repetir de forma imprudente despropósitos que no se adecuan a la realidad.
Nota: Este post no lo he abierto para iniciar un debate que se preste a apologías a favor del lefebvrismo. Quienes gusten este tipo de apologías, por favor esperen futuros post. Es bienvenido el forista Miguel a analizar lo que aquí expongo.
83 comentarios
"Es un fenómeno de inexplicable desobediencia... Verdaderamente hay algo de preternatural, inimicus homo... et seminavit zizannia" (RFDE 52)
”El Demonio es el enemigo número uno, es el tentador por excelencia. Sabemos que este ser oscuro y perturbador existe realmente y sigue actuando; es el que insidia sofísticamente el equilibrio moral del hombre, el incrédulo encantador que sabe insinuarse en nosotros por medio de los sentidos, de la fantasía, de la concupiscencia, de la lógica utópica, o de las confusas aciones sociales, para introducir en nosotros la desviación... “
Nota del blogger: Pedro, no admito insultos en mi blog. Desde ahora estás incluido en la lista de personas no gratas del blog. No te molestes en volver a escribir.
"El último y humilde sucesor del Príncipe de los Apóstoles, que una vez más el Magisterio de la Iglesia, el cual perdura sin cesar hasta el fin de los siglos. Este magisterio se manifiesta actualmente a todos los hombres de manera solemne mediante este Concilio...
Los Concilios ecuménicos, cada vez que se celebran, proclaman de manera solemne esta unión con Cristo y con su Iglesia e irradian hacia todas partes la luz de la verdad. Así dirigen la vida de las personas, de las familias y de la sociedad hacia el camino recto...
Por eso es un deber dar gracias al supremo Dador de todo bien a causa de la celebración de este Concilio...
Este Concilio ecuménico n.XXI -que tendrá la ayuda eficaz e inestimable de personas que destacan por sus conocimientos de las ciencias sagradas, del apostolado y de la organización de un orden justo- quiere transmitir la doctrina en su integridad, sin atenuaciones ni deformaciones
Discurso de S.S. Juan XXIII, 11 de Octubre de 1962 Concilio Vaticano II
"...Pero este Concilio no sólo entregará a la posteridad la imagen de la Iglesia, sino también el patrimonio de su doctrina y sus preceptos, es decir, el depósito que Cristo le confió y que, a lo largo de los siglos los hombres han meditado por siempre...
En este tiempo se ha celebrado este Concilio nuestro en honor a Dios, bajo la inspiración del Espíritu Santo, que todo lo penetra y que desde dentro sigue animando la Iglesia para que conozcamos lo que Dios nos ha dado...
Gracias a este Concilio, la concepción teológica y teocéntrica de la naturaleza humana y del hombre ha atraído sobre sí la atención de todos como desafiando a aquellos que piensan que es ajena y extraña a nuestro tiempo; y ha asumido pretensiones que el mundo juzgará en un momento absurdas, pero que confiamos que después reconocerá como mucho más humanas, sabias y saludables...
Los documentos conciliares, especialmente los que tratan de la divina revelación, de la liturgia, de la Iglesia, de los sacerdotes, de los religiosos y los laicos, muestran claramente esta primera intención religiosa; y demuestran cuán límpida, fresca y rica es la vena espiritual que, por el vivo contacto con el Dios vivo, irrumpe desde el seno de la Iglesia..."
Discurso de S.S. Pablo VI, 7 de diciembre de 1965
Comentario del blogger: No admito ni insultos, ni calumnias, ni especulaciones sobre la identidad de nadie en mi blog. Si alguien tiene algún foro donde se denuncia tu conducta en los foros de Catholic.net, no tengo yo porqué ponerme a especular quien es ni porqué. Arreglatelas con él.
No creo que necesite recordarte que eres persona no grata en mi blog. Tuve la gentileza de poner un enlace donde escribes libremente. Pon allí, todo lo que quieras.
Comentario del blogger:
Puedes publicar todos los videos de ti mismo que quieras poniendo comentarios en mi blog.
Te recuerdo que no eres bien recibido en mi blog. Agradezco un poco de dignidad.
Y repito: Puse un enlace a donde puedes expresarte con claridad y donde eres bien recibido. Pon allí todo lo que quieras y los lectores de este blog podrán leerte.
2. La Profesión de fe, debidamente precedida por el Símbolo Niceno constantinopolitano, contiene además tres proposiciones o apartados, dirigidos a explicar las verdades de la fe católica que la Iglesia, en los siglos sucesivos, bajo la guía del Espíritu Santo, que le «enseñará toda la verdad» (Jn 16, 13), ha indagado o debe aún indagar más profundamente.(3)
El primer apartado dice: «Creo, también, con fe firme, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida por la Tradición, y que la Iglesia propone para ser creído, como divinamente revelado, mediante un juicio solemne o mediante el Magisterio ordinario y universal»(4). Este apartado afirma congruentemente lo que establece la legislación universal de la Iglesia y se prescribe en los cann. 750 del Código de Derecho Canónico(5) y 598 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales(6).
El tercer apartado, que dice: «Me adhiero, además, con religioso asentimiento de voluntad y entendimiento, a las doctrinas enunciadas por el Romano Pontífice o por el Colegio de los Obispos cuando ejercen el Magisterio auténtico, aunque no tengan la intención de proclamarlas con un acto definitivo»(7), encuentra su lugar en los cann. 752 del Código de Derecho Canónico (8) y 599 del Código de Cánones de las Iglesias Orientales(9).
Carta Apostólica dada en forma de 'Motu Proprio' «AD TUENDAM FIDEM», Juan Pablo II
"Todos estos temas tienen un gran alcance —eran los grandes temas de la segunda parte del Concilio— y no nos es posible reflexionar más ampliamente sobre ellos en este contexto. Es claro que en todos estos sectores, que en su conjunto forman un único problema, podría emerger una cierta forma de discontinuidad y que, en cierto sentido, de hecho se había manifestado una discontinuidad, en la cual, sin embargo, hechas las debidas distinciones entre las situaciones históricas concretas y sus exigencias, resultaba que no se había abandonado la continuidad en los principios; este hecho fácilmente escapa a la primera percepción.
Precisamente en este conjunto de continuidad y discontinuidad en diferentes niveles consiste la naturaleza de la verdadera reforma. En este proceso de novedad en la continuidad debíamos aprender a captar más concretamente que antes que las decisiones de la Iglesia relativas a cosas contingentes —por ejemplo, ciertas formas concretas de liberalismo o de interpretación liberal de la Biblia— necesariamente debían ser contingentes también ellas, precisamente porque se referían a una realidad determinada en sí misma mudable. Era necesario aprender a reconocer que, en esas decisiones, sólo los principios expresan el aspecto duradero, permaneciendo en el fondo y motivando la decisión desde dentro."
DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LOS CARDENALES, ARZOBISPOS, OBISPOS Y PRELADOS SUPERIORES DE LA CURIA ROMANA
A la hermenéutica de la discontinuidad se opone la hermenéutica de la reforma, como la presentaron primero el Papa Juan XXIII en su discurso de apertura del Concilio el 11 de octubre de 1962 y luego el Papa Pablo VI en el discurso de clausura el 7 de diciembre de 1965. Aquí quisiera citar solamente las palabras, muy conocidas, del Papa Juan XXIII, en las que esta hermenéutica se expresa de una forma inequívoca cuando dice que el Concilio "quiere transmitir la doctrina en su pureza e integridad, sin atenuaciones ni deformaciones", y prosigue: "Nuestra tarea no es únicamente guardar este tesoro precioso, como si nos preocupáramos tan sólo de la antigüedad, sino también dedicarnos con voluntad diligente, sin temor, a estudiar lo que exige nuestra época (...). Es necesario que esta doctrina, verdadera e inmutable, a la que se debe prestar fielmente obediencia, se profundice y exponga según las exigencias de nuestro tiempo. En efecto, una cosa es el depósito de la fe, es decir, las verdades que contiene nuestra venerable doctrina, y otra distinta el modo como se enuncian estas verdades, conservando sin embargo el mismo sentido y significado" (Concilio ecuménico Vaticano II, Constituciones. Decretos. Declaraciones,BAC, Madrid 1993, pp. 1094-1095).
Las particulares circunstancias, objetivas y subjetivas, en las que se ha realizado el acto del arzobispo Lefebvre, ofrecen a todos la ocasión para reflexionar profundamente y para renovar el deber de fidelidad a Cristo y a su Iglesia.
3. Ese acto ha sido en sí mismo una desobediencia al Romano Pontífice en materia gravísima y de capital importancia para la unidad de la Iglesia, como es la ordenación de obispos, por medio de la cual se mantiene sacramentalmente la sucesión apostólica. Por ello, esa desobediencia - que lleva consigo un verdadero rechazo del Primado romano - constituye un acto cismático (3). Al realizar ese acto, a pesar del monitum público que le hizo el cardenal Prefecto de la Congregación para los Obispos el pasado día 17 de junio, el reverendísmo mons. Lefebvre y los sacerdotes Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta, han incurrido en la grave pena de excomunión prevista por la disciplina eclesiástica(4).
4. La raíz de este acto cismático se puede individuar en una inperfecta y contradictoria noción de Tradición: imperfecta porque no tiene suficientemente en cuenta el carácter vivo de la Tradición, que - como enseña claramente el Concilio Vaticano II - arranca orginariamente de los Apóstolos, "va progresando en la Iglesia bajo la asistencia del Espíritu Santo; es decir, crece con la comprensión de las cosas y de las palabras transmitidas, cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón, cuando conprenden internamente los misterios que viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad"
...
En las presentes circunstancias, deseo sobre todo dirigir una llamada a la vez solemne y ferviente, paterna y fraterna, a todos los que hasta ahora han estado vinculados de diversos modos con las actividades del arzobispo Lefebvre, para que cumplan el grave deber de permanecer unidos al Vicario de Cristo en la unidad de la Iglesia católica y dejen de sostener de cualquier forma que sea esa reprobable forma de actuar. Todos deben saber que la adhesión formal al cisma constituye una grave ofensa a Dios y lleva consigo la excomunión debidamente establecida por la ley de la Iglesia(8).
"La Santa Sede espera el fin del cisma lefebvrista en un lapso de tiempo “razonable”, dijo el Director de la Sala de Prensa del Vaticano, Joaquín Navarro-Valls, tras el encuentro del Papa Benedicto XVI con el Superior de la “Sociedad San Pío X”, el obispo Bernard Fellay.
“El encuentro se desarrolló en un clima de amor por la Iglesia y con el deseo de arribar a una comunión perfecta”, dijo Navarro-Valls, en un comunicado posterior a la reunión que se llevó a cabo en la residencia papal de verano a pedido de Fellay.
“Pese a que estamos al tanto de las dificultades, se manifestó el deseo de avanzar paso a paso y en un lapso de tiempo razonable”.
El comunicado indica que aún tomará algún tiempo poner fin al cisma de 17 años que inició Monseñor Marcel Lefebvre al ordenar, contra la autoridad del Papa, a cuatro obispos –entre ellos a Fellay–, iniciando así un cisma al interior de la Iglesia. Lefebvre murió excomulgado por la Santa Sede.
En la reunión participó también el Cardenal Darío Castrillón Hoyos, Presidente de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, instituida por Juan Pablo II el 2 de julio de 1988, tras el gesto cismático de las ordenaciones episcopales ilegítimas realizadas por Lefebvre en Ecône (Suiza).
La Carta Apostólica indica la finalidad de la Comisión: “colaborar con los Obispos, con los Dicasterios de la Curia Romana y con otros ambientes interesados para facilitar la plena comunión eclesial de los sacerdotes, seminaristas, comunidades y religiosos y religiosas ligados a la Fraternidad fundada por Lefebvre, que deseen permanecer unidos al Sucesor de Pedro en la Iglesia Católica, conservando sus tradiciones espirituales y litúrgicas, a la luz de Protocolo firmado el 5 de mayo de 1988 por el Cardenal Joseph Ratzinger y el Arzobispo Lefebvre”".
Comentario del blogger: Por favor, dime la fuente para verificarla, ya he citado una carta apostólica (Ecclesia Dei) donde se dice que el lefebvrismo es un cisma.
"La hermenéutica de la discontinuidad corre el riesgo de acabar en una ruptura entre Iglesia preconciliar e Iglesia posconciliar. Afirma que los textos del Concilio como tales no serían aún la verdadera expresión del espíritu del Concilio. Serían el resultado de componendas, en las cuales, para lograr la unanimidad, se tuvo que retroceder aún, reconfirmando muchas cosas antiguas ya inútiles. Pero en estas componendas no se reflejaría el verdadero espíritu del Concilio, sino en los impulsos hacia lo nuevo que subyacen en los textos: sólo esos impulsos representarían el verdadero espíritu del Concilio, y partiendo de ellos y de acuerdo con ellos sería necesario seguir adelante. Precisamente porque los textos sólo reflejarían de modo imperfecto el verdadero espíritu del Concilio y su novedad, sería necesario tener la valentía de ir más allá de los textos, dejando espacio a la novedad en la que se expresaría la intención más profunda, aunque aún indeterminada, del Concilio. En una palabra: sería preciso seguir no los textos del Concilio, sino su espíritu.
De ese modo, como es obvio, queda un amplio margen para la pregunta sobre cómo se define entonces ese espíritu y, en consecuencia, se deja espacio a cualquier arbitrariedad. Pero así se tergiversa en su raíz la naturaleza de un Concilio como tal. De esta manera, se lo considera como una especie de Asamblea Constituyente, que elimina una Constitución antigua y crea una nueva. Pero la Asamblea Constituyente necesita una autoridad que le confiera el mandato y luego una confirmación por parte de esa autoridad, es decir, del pueblo al que la Constitución debe servir.
Los padres no tenían ese mandato y nadie se lo había dado; por lo demás, nadie podía dárselo, porque la Constitución esencial de la Iglesia viene del Señor y nos ha sido dada para que nosotros podamos alcanzar la vida eterna y, partiendo de esta perspectiva, podamos iluminar también la vida en el tiempo y el tiempo mismo."
Nota del blogger: Tal como ofrecí dedicaré un futuro post exclusivamente al tema de la libertad religiosa. Agradezco no volver a desviar el tema a lo mismo
Los comentarios están cerrados para esta publicación.