El domingo de Pascua, la solemnidad de las solemnidades
El santoral o “martirologio romano” dice sobre el domingo de Pascua: “Este es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: la resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne”. El hecho de que los cristianos celebren, desde el principio hasta hoy, el domingo como “el día del Señor” tiene su razón de ser en aquel “tercer día” que siguió al viernes de la crucifixión. Es el día del primer encuentro con el Resucitado, acontecimiento decisivo que provocó en los discípulos la renuncia al sábado y su sustitución por el primer día de la semana.
“Este es el día en que actuó el Señor”. La Iglesia aplica al domingo de Pascua estas palabras tomadas del Salmo 118 proporcionándonos, de este modo, una clave interpretativa fundamental: La resurrección de Jesús solo se puede comprender teológicamente; es decir, desde Dios. Es, como escribe Olegario González de Cardedal, “una acción de Dios, que recae sobre la entera persona de Jesús, sustrayéndola al poder de la muerte y haciéndolo partícipe de la vida divina, que le permite manifestarse al mundo de una ‘forma nueva’ (Mc 16,12) a como lo hizo a sus contemporáneos. La resurrección es personal y, por tanto, corporal”.

A lo largo de la historia se ha ido definiendo al hombre partiendo de - y quizá absolutizando- uno de sus aspectos constitutivos. Del “hombre político” de la antigüedad se ha pasado, sucesivamente, al “hombre religioso” medieval y al “hombre científico” de la modernidad, con sus inevitables extensiones; entre ellas, el “hombre trabajador” del progreso industrial y el “hombre virtual” de la presente era digital.
En una de sus acepciones, la palabra “diálogo” significa “discusión o trato en busca de avenencia”. La conversación, la interlocución, el debate, ha de tener por objetivo un cierto acuerdo o conformidad. En español se habla de “diálogo de besugos” cuando el coloquio carece de toda coherencia lógica y de “diálogo de sordos” cuando los interlocutores no se prestan atención.
Corría el año 1991 cuando los “Celtas cortos” cantaban aquello de “Cuéntame un cuento y verás qué contento me voy a la cama y tengo lindos sueños”. En una remezcla de 2025, Ara Malikian aporta a ese tema su virtuosismo como violinista. Los cuentos, los relatos breves, las narraciones, las historias, las fábulas, las parábolas… nacen, quizá, de los sueños y ayudan a que estos sean más bellos, pero, sobre todo, nacen para ser, más que leídos, cantados, contados y escuchados.
En una reciente nota doctrinal titulada “Cor ad cor loquitur” – “el corazón habla al corazón”, evocando el lema cardenalicio de san Juan Enrique Newman- los obispos de la Comisión para la Doctrina de la fe de la Conferencia Episcopal Española abordan el papel de las emociones en el acto de fe. La experiencia de fe, señalan, se caracteriza por la integralidad, ya que abarca a toda la persona humana en el conjunto de sus dimensiones. La fe es confianza y conocimiento e incorpora, asimismo, emociones y sentimientos.






