La familia católica de 10 que peregrina 22 millas al único santuario mariano aprobado de Estados Unidos

«Si puedo hacerlo por placer, puedo hacerlo por María»

La familia católica de 10 que peregrina 22 millas al único santuario mariano aprobado de Estados Unidos

Diez personas, ocho hijos, 22 millas a pie y un solo destino: el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Champion, en Wisconsin, el único lugar de aparición mariana aprobado en los Estados Unidos, donde la Virgen se apareció a Adele Brise en 1859.

(NCRegister/InfoCatólica) Dos adultos, ocho hijos, 22 millas y un solo propósito: acercarse más a Jesucristo a través de su Madre. Así resume Kym Allex lo que la familia que encabeza junto a su marido Preston, oriunda de Barrington (Illinois), vivirá el 2 de mayo al participar por décima vez consecutiva en la peregrinación anual «Walk to Mary», que concluye en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Champion, en Wisconsin. Es el único lugar de aparición mariana aprobado en los Estados Unidos, donde la Virgen se apareció a la joven Adele Brise en 1859.

Una peregrinación que nació en 2013 y convoca a miles de católicos del mundo entero

La «Walk to Mary» se celebra el primer sábado de mayo de cada año. Desde su primera edición en 2013, miles de peregrinos de todo el mundo han recorrido las 22 millas que separan el Santuario Nacional de San José del Santuario de Nuestra Señora de Champion, rezando a lo largo del camino. La ruta incluye varios puntos de incorporación intermedios para quienes no puedan completar el trayecto íntegro.

Los Allex —conocidos cariñosamente en su comunidad como «la tribu Allex»— participaron por primera vez cuando el hijo mayor tenía apenas 8 años. Entonces eran siete hijos y comenzaron con la versión de dos millas. Kym recuerda aquellos primeros años con emoción: «En esa caminata infantil, la pequeña de dos millas, fue maravilloso ver a siete niños pisando fuerte, entusiasmados por caminar por María... No parecía una caminata larga cuando tenía a un niño de dos años en la mochila portabebés o a mi hijo de 5 años corriendo tan rápido como podía porque quería alcanzar a María, lo que creo que nunca logró, pero fue una experiencia preciosa para nuestra familia la primera vez y cada año después».

Los adolescentes proponen el reto: las 22 millas completas, por primera vez

Año tras año, la familia fue aumentando la distancia recorrida. Tras las 14 millas del año pasado, fueron los dos hijos mayores —de 17 y 16 años— quienes tomaron la iniciativa de dar el salto definitivo. «Mi hija de 17 años y mi hijo de 16 vinieron a hablar con mi marido y conmigo después de las 14 millas del año pasado y dijeron: "El año que viene tenemos grandes intenciones de oración"», relata Kym. «Están en el umbral de ver a qué universidades ir y discernir adónde el Señor los llama, y dijeron: "Mamá, voy a hacer las 22 millas si te parece bien. Me gustaría que toda la familia se uniera"».

La familia entera se sentó a discernir juntos, y el resultado fue la decisión unánime de completar el recorrido entero. Hasta la pequeña de 4 años ha estado preparándose físicamente: «Nuestra pequeña de 4 años ha estado caminando y yendo en bici por el barrio todos los días que puede para tener sus piernecitas listas para esta hermosa oportunidad», cuenta la madre.

Kym confiesa que al principio la perspectiva le daba un poco de vértigo. «Las 22 millas me ponen un poco nerviosa, y sin embargo mis hijos son los que dicen: "Podemos hacerlo, mamá. Hemos hecho 18 millas en Disney, así que podemos hacer 22 millas por María". Y yo pienso: "¡Qué pensamiento tan hermoso! Si puedo hacerlo por placer, puedo hacerlo por María, por mi fe"».

Una fe que se transmite de padres a hijos... y de hijos a padres

Lo que más llama la atención de los Allex es que la iniciativa de mantener viva la tradición no viene de los padres, sino de los hijos. «Se toman días libres del trabajo, le dicen a sus entrenadores deportivos: "No vamos a poder ir a esa competición"... porque nuestra familia quiere mantener esta parte de nuestra tradición. Y es maravilloso que sean mis adolescentes quienes quieran seguir transmitiéndola. No hay ninguna pelea porque hemos crecido en esto juntos», afirma Kym.

La peregrinación también ha enseñado a los hijos a rezar por los demás. Kym recuerda cuando uno de sus hijos se acercó a un hombre durante la caminata para preguntarle si tenía alguna intención de oración. El hombre era de Brasil y caminaba pidiendo la curación de su esposa. Cada miembro de la familia tiene un diario de oración, y los niños llevan ya semanas «recogiendo las intenciones de la gente y envolviéndolas en el rosario que rezamos en familia cada noche».

Para Kym, la Virgen es mucho más que un destino al final del camino: «La Santísima Madre es una madre espiritual increíble para todos nosotros. Especialmente para mí como madre en el mundo de hoy, a veces me pierdo en la preocupación, la ansiedad, el estrés de la vida. Y saber que nuestra Santísima Madre me envolverá como en un manto y me llevará a Jesús es tan consolador». Y añade: «El hecho de que mis hijos hayan visto que yo acudo a la Santísima Madre cuando estoy sufriendo y le pido ayuda para acercarme más a su Hijo, les hace ver la humanidad de su propia madre y dicen: "Mamá quizás no lo tiene todo bajo control, pero conoce a alguien que sí lo tiene, y va a apoyarse en eso"».

«No los estoy preparando para Harvard. Los estoy preparando para el cielo»

El mensaje que la Virgen entregó a Adele Brise en Champion en 1859 resuena con fuerza en el corazón de esta madre: «Reúne a los niños en este país salvaje y enséñales lo que deben saber para la salvación». Kym lo ha memorizado porque lo vive como su vocación más honda: «Creo que cada uno de nuestros hogares puede sentirse como un país salvaje, entras y... para mí a veces lo parece. Pero si puedo seguir reuniendo a mis hijos y enseñándoles lo que deben saber... quizás no los estoy preparando para Harvard. Los estoy preparando para el cielo».

Y resume todo lo que esta peregrinación significa para su familia con una sola frase: «Esta caminata es verdaderamente una peregrinación de gracias».

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