Las redes sociales como sustituto de Dios: Monseñor Munilla desnuda la idolatría de la mirada ajena
Mons. José Ignacio Munilla, obispo de Orihuela-Alicante

Mons. Munilla diagnostica la crisis espiritual de la era digital

Las redes sociales como sustituto de Dios: Monseñor Munilla desnuda la idolatría de la mirada ajena

El Obispo de Orihuela-Alicante, Mons. José Ignacio Munilla, ha puesto el dedo en la llaga de la crisis espiritual juvenil con una frase que resume el mal de nuestro tiempo: «Nuestro mayor problema en redes sociales es que estamos sustituyendo la presencia de Dios por la mirada de los demás».

(ACI Prensa/InfoCatólica) El Obispo de Orihuela-Alicante, Mons. José Ignacio Munilla, ofreció en el último programa de Rebeldes Podcast una reflexión de honda lucidez sobre la crisis espiritual de la juventud contemporánea. Desde el convento de los dominicos en Madrid, el prelado identificó en las redes sociales no un mero problema tecnológico, sino una herida de raíz religiosa: «Nuestro mayor problema en redes sociales es que estamos sustituyendo la presencia de Dios por la mirada de los demás». Rebeldes Podcast es un espacio de entrevistas conducido por el P. Ignacio Amorós y Fray Marcos Rodríguez, nacido del canal de YouTube Se Buscan Rebeldes.

La trampa de la aprobación ajena

Mons. Munilla explicó que cuando la autoestima depende exclusivamente de cómo uno es percibido por los demás, resulta «muy fácil que termines actuando sin autenticidad porque quieres ser aceptado». La búsqueda compulsiva de la aprobación ajena no solo erosiona la identidad personal, sino que destruye la capacidad de vivir desde adentro, desde la conciencia y desde Dios.

Esta carencia de vida interior conduce, a juicio del obispo, a una incapacidad profunda para afrontar el futuro. El hombre que no posee una «visión vocacionada de la vida» —es decir, aquel que no descubre su porvenir de la mano de Dios, sino que pretende inventarlo por su propia cuenta— vive inevitablemente en angustia: «Si yo tengo que inventar mi futuro en vez de descubrirlo, es una angustia (...) porque en realidad estoy jugando a ser Dios».

De Prometeo a Narciso: el diagnóstico cultural

El prelado encuadró esta realidad en un análisis más amplio de la evolución cultural de las últimas décadas. La sociedad occidental ha transitado, a su juicio, de la figura de Prometeo —el hombre soberbio que desafía a Dios y pretende decidir por sí mismo el bien y el mal— al vacío interior de Narciso. El narcisismo contemporáneo no es ya la soberbia del que se cree Dios, sino el naufragio del que se ha quedado sin él: «El narcisismo es la imagen de alguien que no hace más que mirarse a sí mismo (...) me miro con los demás y siento envidia (...) hemos pasado de esa imagen autosuficiente y soberbia a alguien roto interiormente».

Este empobrecimiento de la condición humana se enmarca en lo que el obispo denomina la «dictadura del relativismo», un régimen cultural que censura todo lo que no resulta políticamente correcto y que ha trasladado el combate a un terreno más profundo que el ideológico: «Ya no peleamos sólo contra ideologías, sino contra la pérdida de nuestra propia naturaleza humana».

El sacerdote que acompañó a cien jóvenes moribundos

Mons. Munilla vinculó su diagnóstico espiritual con su propia trayectoria sacerdotal. Nacido en San Sebastián en 1961, relató cómo a los quince años firmó un «cheque en blanco» a Dios para su vocación. Ordenado en 1986, sus primeros años de ministerio transcurrieron en Zumárraga, donde acompañó a más de un centenar de jóvenes víctimas de la heroína y el SIDA.

Esa experiencia extrema forjó en él una claridad descarnada sobre lo que realmente importa: «Llegado un momento como ese, no caben tonterías, no cabe dar esperanzas vanas. Esos chicos sabían perfectamente que se iban a morir. Pero era muy importante explicarles que no es lo mismo morir de una manera que de otra. No es lo mismo morir estando enganchado a la droga que siendo libre. No es lo mismo morir habiendo dado todos los disgustos a mi familia, que habiendo dado alegría a mis padres por ver cómo yo he luchado por volver a nacer de nuevo. Al final, vivir en gracia y morir en gracia de Dios es el éxito de esta vida».

Santidad y felicidad: un solo camino

El obispo concluyó su intervención desmontando el falso dualismo que enfrenta la felicidad humana con la santidad, uno de los errores más extendidos en la cultura contemporánea: «Decir que Dios te quiere santo y que Dios te quiere feliz es lo mismo. Ser santo es visto desde Dios y ser feliz es visto desde ti. Cuando tú entiendes que no hay dos vías, la felicidad humana o la santidad, sino que es una sola, ese día cambia tu cosmovisión de las cosas. Mientras pienses que son dos caminos, tienes un problema».

Y la felicidad verdadera, insistió Mons. Munilla, no se encuentra huyendo de la cruz, sino en todo lo contrario: en «abrazar la cruz y ver que es gloriosa».

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