8.03.16

Consuelo del mundo y alegría de la Iglesia Católica

Somos amigos desde hace tiempo y nos entendemos bastante bien, aunque hace años que no nos vemos porque vivimos en distintas ciudades; pero por teléfono hablamos con cierta frecuencia. Nos dimos novedades de las respectivas familias, y comprobé que casi todo va bien y algunas cosas hay que mejorarlas, porque todo en esta tierra no puede ir bien. Todo irá bien cuando nos hayamos muerto y por la misericordia de Dios estemos en el Cielo, que es el bien sin mezcla de mal alguno, según me enseñaron de pequeño.

Y esta vez el que llamó fue él, porque había visto un artículo que se refería a mi último libro, Las llagas de la monja, se lo había leído y me confesó que había descubierto en sus páginas la grandeza de Sor Patrocinio, personaje de quien yo le había hablado hacía tiempo sin que él le hubiera prestado mucha atención. Y tras contarme todas aquellas facetas de la vida de Sor Patrocinio durante su estancia en el convento del Caballero de Gracia que le habían emocionado, remató con este pase de pecho que me dejó clavada la lengua al paladar:

-                     Después de leer tu libro, ahora entiendo que lleves tantos años estudiando la figura tan inmensa de Sor Patrocinio.

Me dieron ganas de darle las gracias por haberme expedido el certificado de persona cuerda, porque mi amigo es de los que piensan que los de «letras» somos tan raros, que cuando uno de «letras» coge una vereda, la vereda se acaba y el de «letras» sigue. Pero no es mi caso con Sor Patrocinio, a mí me falta todavía mucha vereda por andar, porque todavía me queda bastante trecho que recorrer hasta que descubra toda la verdad de una vida tan extraordinaria como la de Sor Patrocinio, que durante tanto tiempo ha permanecido enterrada por la mentira y la calumnia.

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21.02.16

El consuelo del mundo

“Nadie debe ser inquietado por sus opiniones, incluso religiosas, en tanto que su manifestación no altere el orden público establecido por la ley”. Así quedó degradada la religión en el artículo décimo de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que aprobaron los revolucionarios franceses en el verano de 1789, durante el periodo de la Asamblea Constituyente. Para los nuevos dirigentes de Francia el reconocimiento y la adoración a Dios Creador, dejaba de ser una religión para convertirse en una opinión.

Semejante atropello tuvo tres gravísimas consecuencias para los católicos franceses. En primer lugar,  la Iglesia Católica perdió su status  al vaciarla de contenido, por cuanto “una Iglesia de  la opinión” es una Iglesia sin religión. A continuación, el lugar dejado por la Iglesia Católica fue ocupado por la nueva  Iglesia Constitucional creada por los revolucionarios, que según la Constitución Civil del Clero de 12 de julio de 1790, separaba del Papa y convertía a los sacerdotes y a los obispos en funcionarios del nuevo Estado, que era quien les nombraba, consagraba y pagaba, por cierto con mayores atenciones económicas que las que hasta entonces habían disfrutado. Y en tercer lugar, al convertirse la cismática Iglesia Constitucional en la religión oficial del nuevo Estado, a la que había obligación de prestar juramento, los católicos por el mero hecho de permanecer como tales pasaron a ser considerados elementos contrarrevolucionarios, acusación por la que muchos miles de católicos franceses pagaron con su vida y fueron ajusticiados en la guillotina, ametrallados en grupos con balas de cañón, quemados en hornos de pan y hasta ahogados en el Loira, río al que los revolucionarios denominaron “la bañera nacional” .

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11.01.16

La prehistoria de un libro: Las llagas de la monja

Hay personas que un día se cruzan en tu vida de un modo inesperado y resulta que se acaban convirtiendo en uno de esos pocos amigos fieles, seguros y de toda la vida, porque ya saben lo que decía el aldeano de que aquella querida región española, donde el “muy” es sustituido por el “mucho”…, se lo escuche cuando tras cantar las excelencias de unos espárragos  al grito de esto está “mucho” bueno, sentenció a continuación: “mira, Javierico, los amigos…, “mucho” pocos, y “mucho” elegidos”. Y eso es, exactamente, lo que a mí ha pasado con Sor Patrocinio, que forma parte del grupo de mis amigos históricos, que son muy pocos y muy elegidos.

Hace ya más de treinta años que hacía mi tesis doctoral, investigaba la figura de Pascual Madoz y estudiaba, por lo tanto su partido político, al que Salustiano Olózaga, ese personaje  listo como pocos y malo como un diablo, cambio el nombre de partido exaltado por el de partido progresista. Y un buen día me encontré con un folleto de Sor Patrocinio. Lo recuerdo perfectamente, fue en el departamento de Historia de Don Federico Suárez, en el que aquella persona, buena y trabajadora como he conocido pocas, que se llamaba Ana María Berazaluce, había recogido y ordenado una utilísima biblioteca con la bibliografía fundamental del siglo XIX, de manera que a los que los fuimos detrás de ellos nos ahorró muchas horas de búsqueda, al poner a nuestra disposición lo que ellos ya habían encontrado con el trabajo de toda una vida. Así eran de generosos. Los que visitamos aquel departamento de Historia, nunca  estaremos lo suficientemente agradecidos a Don Federico y a Ana María Berazaluce, porque además de ayudarnos profesionalmente nos querían a todos de verdad, incluida una compañera que también hacía la tesis conmigo y que era más roja que los pimientos de Tudela.

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31.12.15

Marcando el norte: ideología de género

Nuevamente he contado con la inestimable colaboración del Profesor Alberto Bárcena en una nueva serie de “Marcando el Norte". En este un nuevo bloque nos hablará de la Ingeniería Social, y concretamente el enlace del capítulo que quiero presentar ahora está dedicado a la ideología de género.

Sobran las palabras para ponderar la importancia y la trascendencia de esta perversa manipulación que retuerce la realidad hasta desfigurarla. No es necesario escribir más, hay que ver el vídeo para escuchar al profesor Bárcena que habla sin pelos en la lengua de la ideología de género.

Javier Paredes

16.12.15

La Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias

Madrid y 13 de mayo de 1831, la Santísima Virgen se aparece a una monja jovencísima de veinte años en el madrileño convento del Caballero de Gracia. La monja se llamaba Sor Patrocinio y mantiene con la Reina del Cielo la siguiente conversación:

.- Señora y Reina mía, ¿no veis la España; no veis los males que nos afligen?

.- Hija mía, los veo; pero no puede mi amor ser más benéfico para con los hombres. Ellos se olvidan de mí y retiran las misericordias; y por esto, a esta imagen le darás el título misterioso del Olvido; para darles a entender, que me han olvidado; pero yo que soy vuestra tierna y amorosa madre, quiero poner a vista de todos los mortales en esta imagen mía, que jamás mis misericordias se apartan de ellos.

Y efectivamente, tras manifestarse como una tierna y amorosa madre, la Santísima Virgen le entrega una imagen para que se venere bajo la advocación del la Virgen del Olvido Triunfo y Misericordias. Inmediatamente se envían informes a Roma, y el papa Gregorio XVI autoriza el culto. Los madrileños acuden al convento del Caballero de Gracia y a partir de 1833 aparecen las noticias en El Diario de Avisos de Madrid de los cultos que allí se celebran, porque Madrid se ha convertido en un centro de devoción mariana.

Tales manifestaciones públicas de fe resultan intolerables para el gobierno liberal que impone en España un laicismo sectario, dictado desde las logias masónicas a las que pertenecen los elementos dirigentes de los partidos políticos, que entonces se llaman partido moderado y partido exaltado. Y entre ellos destaca Salustiano Olózaga que propone que su partido deje de llamarse exaltado para denominarse «partido progresista». Así suena mejor; sin duda, Salustiano Olózaga es listo como pocos, pero también malo como un diablo y un cobarde, porque se esconde detrás los fusiles de la Milicia Urbana para satisfacer sus más bajos instintos. El 9 de noviembre de 1836 saca del convento a Sor Patrocinio acusándola de alta traición porque dice que apoya al carlismo en plena guerra civil. En aquellas circunstancias, por menos se fusilaba a la gente, pero Olózaga ni siquiera la traslada a la cárcel, retiene a Sor Patrocinio en una casa de mala fama de la calle de Almudena que regenta Manuela Peirote. Sin embargo, Sor Patrocinio no cede y por gracia extraordinaria no le va a poder tocar ni el borde de su hábito. Y como el sucio deseo incumplido del cobarde se transforma en venganza, Sor Patrocinio es condenada injustamente a un destierro de más de nueve años por no haber hecho nada, la comunidad de Caballero de Gracia al completo es expulsada del convento, el Estado se apropia del edificio y se vende en una subasta.

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