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25.01.09
Se ve un caballo en la gran mayoría de representaciones gráficas de la Conversión de San Pablo (c.34), (que el Papa permitió celebrarse en este domingo del año paulino), aunque la narración bíblica de ese gran acontecimiento (Hechos de los Apóstoles, 9) no menciona ningún caballo. Tampoco menciona S. Pablo (c.3-65) en sus cartas que hubiera uno. Las Sagradas Escrituras dicen que iba de camino a Damasco (a unos 190km de Jerusalén), sin mencionar cómo iba. Tardaría al menos cuatro días en recorrer el camino, que cruza el río Jordán (de gran significado religioso) y pasa por el Monte Hermón, pero lo más probable es que lo hizo a pie. Entonces, ¿por qué suele representarse una caída de caballo? ¿Qué simboliza el caballo?
Unas de las primeras representaciones de caballos en el arte occidental se encuentran en Grecia, asociados principalmente con Poseidón, el dios griego mitológico del mar y de los caballos que Homero llamó “Agitador de la Tierra” por su temperamento violento y su poder de arrojar rocas contra las costas. ¿No encajaría bien esa imagen con Saulo en su apresurado viaje para arrestar a cuantos cristianos encontrara?
En tiempos romanos, los caballos se representaban en escenas de guerra y caza y estaban asociados con el emperador romano, como por ejemplo una célebre estatua de bronce del gran perseguidor de cristianos Marco Aurelio (180) que es la única estatua ecuestre que se conserva de esa época. Además, era “un símbolo de referencia para reflejar la elevada situación social del personaje representado” (Dr. D. Francisco Portela Sandoval, “El caballo en el arte”). Por lo tanto, el caballo podría representar la familia acomodada de Saulo, su ciudadanía romana y su privilegio de llevar cartas de los jefes del sanedrín.
Aparecen además en el período gótico luchas de leones y caballos en las que según el Dr. Sandoval “late también una oculta intención simbólica: la fuerza vence a la nobleza”(“El caballo en el arte”). Se podría decir que de camino a Damasco aparece el “León de Judá”, Jesucristo, en combate con Saulo que le persigue y podría ser representado por el caballo: la fuerza divina derrotando el poder de este mundo con la verdadera nobleza.
En el renacimiento, el caballo vuelve a representar la autoridad y la fuerza militar y aparece en más representaciones de S. Pablo en el camino de Damasco, que continuó a ser un tema popular en el período barroco. 
“[En]la corriente naturalista defendida por Caravaggio, que buscaba mostrar las cosas tal como realmente eran, no deja de sorprender el punto de vista bajo y la iluminación tenebrista que emplea en la escena de “La conversión de San Pablo” (1600, iglesia de Santa María del Popolo, en Roma), aunque tal vez lo más chocante resulte el modo de presentar el caballo visto desde la parte trasera, ofreciendo las ancas en primer plano.”(Dr. Sandoval, “El caballo en el arte")
Caravaggio pintó esta versión de la conversión de S. Pablo (hubo dos anteriores) para acompañar “El martirio de S. Pedro". Los dos fueron encargados en plena Contrarreforma por la misma iglesia para acoger a los peregrinos con los mensajes de convertirse y no renegar de su fe. La iglesia era un lugar óptimo para esos cuadros, ya que “En la oración tiene lugar la conversión del alma hacia Dios, y la purificación del corazón” (S. Agustín). Un caballero preguntó a Caravaggio: “¿Por qué está el caballo en medio? ¿Es que es Dios?”, y le respondió el pintor: “No, pero está en medio de la luz de Dios”. Dios baña de luz nuestra vida pecadora, derribándonos de nuestra soberbia para que podamos ver bien nuestra miseria (las ancas del caballo en el cuadro de Caravaggio) y desde la bajeza de la humildad podamos oir su voz en la oración.
El Señor hizo con Saulo lo mismo que hizo al ver a Juan y a Santiago, como nos dice el Evangelio del 3er. domingo de Tiempo Ordinario: “Los llamó” (Mc. 1, 19). También nos llama a nosotros:
“Lo que a ti te maravilla a mí me parece razonable. —¿Que te ha ido a buscar Dios en el ejercicio de tu profesión? Así buscó a los primeros: a Pedro, a Andrés, a Juan y a Santiago, junto a las redes: a Mateo, sentado en el banco de los recaudadores… Y, ¡asómbrate!, a Pablo, en su afán de acabar con la semilla de los cristianos.” (S. Josemaría Escrivá, Camino, 799).
Quizás nos esté diciendo en este momento el Señor: “¡Ahora! Vuelve a tu vida noble ahora. No te dejes engañar: ‘ahora’ no es demasiado pronto… ni demasiado tarde.” (S. Josemaría Escrivá, Camino, 254) porque “cuanto más tiempo permanecemos en pecado, en mayor peligro nos ponemos de no convertirnos nunca” (S. Juan Vianney, sermón sobre la conversión).
Pregunta del día [Puede dejar su respuesta en los comentarios]: ¿Qué otros santos se representan con caballos y por qué?
Mañana: San Timoteo y San Tito – “lo siguieron” (Mc. 1, 18)
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