InfoCatólica / Reforma o apostasía / Categoría: Salvación o condenación

4.07.16

(382) Elija, por favor: ¿martirio o apostasía?

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–Yo, con perdón, no tengo vocación de mártir. Y el otro día le oí decir eso mismo a un sacerdote.

–Pues convendrá que vaya usted a la parroquia y pida que anoten en su acta bautismal: apóstata.

El concilio Vaticano II va y dice que «a través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final» (Gaudium et spes 37b). La mayoría actual de los bautizados ni se entera siquiera de que existe esa batalla: están sordos para oír su fragor… Pues bien, en esta «lucha dramática entre la luz y las tinieblas» (ib. 13b), o elige usted estar con los hijos de la luz por el martirio, o prefiere unirse por la apostasía a los hijos de las tinieblas. No hay una tercera opción. Se lo explico a continuación y usted elija.

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20.07.15

27.10.14

20.02.13

(209) Reforma o apostasía –V. La Iglesia es para la salvación de los hombres

–¿Y usted cree que hoy es posible predicar a los hombres sobre una salvación o condenación eterna después de la muerte?

–Yo creo que sí. Más aún, es de fe que el Evangelio puede y debe ser predicado a toda criatura. Por eso, quienes evitan sistemáticamente predicar esa misión salvadora de Cristo y de la Iglesia falsifican del todo el Evangelio.

Reforma o apostasía. Así como decae en la ruina la Iglesia local que olvida prácticamente su fin doxológico, suscitar la gloria de Dios entre los hombres, igualmente se viene abajo aquella que olvida o niega su fin soteriológico, que es salvar en Cristo la vida temporal y eterna de los hombres. Resumo ahora lo que ya escribí en 2009, al comienzo de este blog (08-09), Reforma o apostasía.

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30.06.09

(09) Salvación o condenación –y II

–Pues si no se predica el Evangelio cuando se silencia sistemáticamente el tema salvación o condenación, eso significa que hoy el Evangelio apenas se predica.
–Efectivamente, apenas se predica en nuestras parroquias, catequesis y misiones. Bueno, ya se entiende que estas afirmaciones requieren muchos matices: en ciertas Iglesia locales, etc. Digamos que se predica, pero muy deficientemente, con muy poca fuerza para suscitar en los hombres de hoy la fe y para motivarles a conversión.

Los pecadores, la descendencia de Adán, están en un error mortal: piensan que pueden hacer de su vida lo que les dé la gana, sin que pase nada, es decir, sin sufrir castigos en ésta y en la otra vida. Con una ceguera espiritual insolente, llena de soberbia, creen los pecadores que, impunemente, pueden gobernarse por sí mismos, sin sujeción alguna al Señor Creador. Piensan que ellos mismos son dioses, capaces de decidir qué es bueno o malo (Gén 3,5), y que por tanto pueden renunciar al pensamiento racional, autorizándose al absurdo y abandonándose a las pensaciones. Estiman que pueden legalizar el aborto, los matrimonios homosexuales y lo que les venga en gana. Creen igualmente que pueden autorizarse a vivir en el lujo, matando a otros hombres que, sin su ayuda, mueren de hambre y enfermedad. Piensan que en esta vida es perfectamente lícito no dedicarse a «hacer el bien», sino a «pasarlo bien». No temen, en fin, que su conducta les acarree penalidades tremendas en este mundo y eternas en el otro.

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