(18) El demonio –y III

–¿Y con qué autoridad dice usted esto? ¿Es usted profeta? –No soy.
–¿Es hijo de profeta? –Tampoco soy, aunque por ahí vamos más cerca.
–¿Y por qué habla entonces, si no es profeta ni hijo de profeta?
–Por la escasez de profetas verdaderos y la vocinglería de los falsos profetas. En cuanto aparezcan los profetas verdaderos, yo me callo. En cuanto cesen de engañar al pueblo los falsos profetas, también me callo. Por lo menos, así lo espero (P. Leonardo Castellani).

El demonio vence al hombre cuando éste se fía de sus propias fuerzas, y a ellas se limita. Pensemos, por ejemplo, en un cristiano que deja la oración, la santa Misa, el sacramento de la penitencia. Y esto sucede, observa Pablo VI, porque al ataque de los demonios «hoy se le presta poca atención. Se teme volver a caer en viejas teorías maniqueas o en terribles divagaciones fantásticas y supersticiosas. Hoy prefieren algunos mostrarse valientes y libres de prejuicios, y tomar actitudes positivas» (15-11-1972). Por esa vía se trivializa el mal del hombre y del mundo, y se trivializan los medios para vencerlos: van a la guerra atómica armados de un tirachinas. Pero ya se comprende que la decisión de eliminar ideológicamente un enemigo, que persiste obstinadamente real, sólo consigue hacerlo más peligroso.

Los medios ordinarios de lucha espiritual contra el demonio están enseñados ya por Dios en la Escritura, y en seguida fueron codificados por los maestros espirituales cristianos. Menciono brevemente los principales:

la armadura de Dios que han de revestir los cristianos viene descrita por San Pablo: «confortáos en el Señor y en la fuerza de su poder; vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis resistir ante las asechanzas del diablo» (Ef 6,10-18). Esa armadura incluye en primer lugar la espada de la Palabra divina. También la oración: «orad para que no cedáis en la tentación» (Lc 22,40), pues cierta especie de demonios «no puede ser expulsada por ningún medio si no es por la oración» (Mc 9,29). Y especialmente la evitación del pecado: «no pequéis, no deis entrada al diablo» (Ef 4,26-27). «Sometéos a Dios y resistid al diablo, y huirá de vosotros» (Sant 4,7). Pablo VI: «¿qué defensa, qué remedio oponer a la acción del demonio? Podemos decir: todo lo que nos defiende del pecado nos defiende por ello mismo del enemigo invisible» (15-11-1972).

la verdad es el arma fundamental cristiana para vencer al demonio. Nada neutraliza y anula tanto el poder del diablo sobre el mundo como la afirmación bien clara de la verdad. Juan Pablo II enseña que «los que eran esclavos del pecado, porque se encontraban bajo el influjo del padre de la mentira, son liberados mediante la participación de la Verdad, que es Cristo, y en la libertad del Hijo de Dios ellos mismos alcanzan “la libertad de los hijos de Dios” (Rm 8,21)» (3-8-1988).

La fidelidad a la doctrina y disciplina de la Iglesia, en este sentido, es necesaria para librarse del demonio. Decía Santa Teresa: «tengo por muy cierto que el demonio no engañará –no lo permitirá Dios– al alma que de ninguna cosa se fía de sí y está fortalecida en la fe». A esta alma «como tiene ya hecho asiento fuerte en estas verdades, no la moverían cuantas revelaciones pueda imaginar –aunque viese abiertos los cielos– un punto de lo que tiene la Iglesia» (Vida 25,12). Por el contrario, aquel maestro y doctor «católico» que «enseña cosas diferentes y no se atiene a las palabras saludables, las de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad» (1Tim 6,3), ése le hace el juego al diablo, cae personalmente y hace caer a otros bajo su influjo. El máximo empeño del diablo es precisamente falsificar el cristianismo.

los sacramentales de la Iglesia, el agua bendita, las oraciones de bendición, el signo de la cruz, los exorcismos, en los casos más graves, son ayudas preciosas. Como un niño que en el peligro corre a refugiarse en su madre, así el cristiano asediado por el diablo tiende, bajo la acción del Espíritu Santo, a buscar el auxilio de la Madre Iglesia. Y los sacramentales son precisamente, como dice el Vaticano II, auxilios «de carácter espiritual obtenidos por la intercesión de la Iglesia» (SC 60). Santa Teresa conoció bien la fuerza del agua bendita ante los demonios: «no hay cosa con que huyan más para no volver; de la cruz también huyen, mas vuelven. Debe ser grande la virtud del agua bendita; para mí es particular y muy conocida consolación que siente mi alma cuando la tomo». Y añade algo muy propio de ella: «considero yo qué gran cosa es todo lo que está ordenado por la Iglesia» (Vida 31,4; cf. 31,1-11).

no tener miedo al demonio, pues el Señor nos mandó: «no se turbe vuestro corazón, ni tengáis miedo» (Jn 14,27). Cristo venció al Demonio y lo sujetó. Ahora es como una fiera encadenada, que no puede dañar al cristiano si éste no se le acerca, poniéndose en ocasión próxima de pecado. El poder tentador de los demonios está completamente sujeto a la providencia del Señor, que lo emplea para nuestro bien como castigo medicinal (1Cor 5,5; 1Tim 1,20) y como prueba purificadora (2Cor 12,7-10).

Los cristianos somos en Cristo reyes, y participamos del Señorío de Jesucristo sobre toda criatura, también sobre los demonios. En este sentido escribía Santa Teresa: «si este Señor es poderoso, como veo que lo es y sé que lo es y que son sus esclavos los demonios –y de esto no hay que dudar, pues es de fe–, siendo yo sierva de este Señor y Rey ¿qué mal me pueden ellos hacer a mí?, ¿por qué no he de tener yo fortaleza para combatir contra todo el infierno? Tomaba una cruz en la mano y parecía darme Dios ánimo, que yo me veía otra en un breve tiempo, que no temiera meterme con ellos a brazos, que me parecía que con aquella cruz fácilmente los venciera a todos. Y así dije: “venid ahora todos, que siendo sierva del Señor quiero yo ver qué me podéis hacer”». Y en esta actitud desafiante, concluye: «No hay duda de que me parecía que me tenían miedo, porque yo quedé sosegada y tan sin temor de todos ellos que se me quitaron todos los miedos que solía tener hasta hoy; porque, aunque algunas veces les veía, no les he tenido más casi miedo, antes me parecía que ellos me lo tenían a mí. Me quedó un señorío contra ellos, bien dado por el Señor de todos, que no se me da más de ellos que de moscas. Me parecen tan cobardes que, en viendo que los tienen en poco, no les queda fuerza» (Vida 25,20-21).

El diablo ataca al hombre en ciertos casos con una fuerza persistente muy especial. Ese ataque se da

–en el asedio, también llamado obsesión, el demonio actúa sobre el hombre desde fuera. Se dice interno cuando afecta a las potencias espirituales, sobre todo a las inferiores: violentas inclinaciones malas, repugnancias insuperables, angustias, pulsiones suicidas, etc. Y externo cuando afecta a cualquiera de los sentidos externos, induciendo impresiones, a veces sumamente engañosas, en vista, oído, olfato, gusto, tacto.

–en la posesión el demonio entra en la víctima y la mueve despóticamente desde dentro. Pero adviértase que aunque el diablo haya invadido el cuerpo de un hombre, y obre en él como en propiedad suya, no puede influir en la persona como principio intrínseco de sus acciones y movimientos, sino por un dominio violento, que es ajeno a la sustancia del acto. La posesión diabólica afecta al cuerpo, pero el alma no es invadida, conserva la libertad y, si se mantiene unida a Dios, puede estar en gracia durante la misma posesión (cf. Juan Pablo II, 13-8-1986).

El medio apropiado de lucha espiritual contra el demonio, en estos casos extremos, son los exorcismos. Como ya vimos, fueron ejercitados con frecuencia por Cristo Salvador, y él envió a los Apóstoles como exorcistas, con especiales poderes espirituales para expulsar a los demonios. Los exorcismos deben, pues, ser aplicados a aquellos hombres que son especialmente atacados por el diablo. Así lo enseña el Catecismo de la Iglesia:

«Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraído a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó, de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar (cf. Mc 3,15; 6,7.13; 16,17). En forma simple, el exorcismo tiene lugar en la celebración del Bautismo. El exorcismo solemne llamado “el gran exorcismo” sólo puede ser practicado por un sacerdote y con el permiso del obispo. En estos casos es preciso proceder con prudencia, observando estrictamente las reglas establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta expulsar a los demonios o liberar del dominio demoníaco gracias a la autoridad espiritual que Jesus ha confiado a su Iglesia. Muy distinto es el caso de las enfermedades, sobre todo psíquicas, cuyo cuidado pertenece a la ciencia médica. Por tanto, es importante asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de una presencia del Maligno y no de una enfermedad» (1673).

Aumentan hoy los asedios y posesiones del diablo. Ya advertía Juan Pablo II que «las impresionantes palabras del Apóstol Juan, “el mundo entero está bajo el Maligno” (1Jn 5,19) aluden a la presencia de Satanás en la historia de la humanidad, una presencia que se hace más fuerte a medida que el hombre y la sociedad se alejan de Dios» (13-8-1886; cf. 20-8). Donde el cristianismo disminuye, crece el poder efectivo del diablo entre los hombres. Muchos de los pocos hombres de Iglesia que hoy se ocupan en esta gravísima cuestión afirman siempre que la acción diabólica está creciendo notablemente en los últimos decenios. Espiritismo, adivinación, esoterismo, tabla ouija, cultos satánicos, santería, macumba, ritos Nueva Era, espectáculos perversos, idolatría de las riquezas, promiscuidad sexual, drogas, son puertas abiertas para la entrada del diablo.

Describen y analizan el acrecentamiento del poder diabólico en el mundo actual, p. ej., el P. Gabriele Amorth, presidente de la Asociación Internacional de Exhorcistas (30 Días, 2001, n.6), el P. René Laurentin, miembro de la Pontificia Academia Teológica de Roma (El demonio ¿símbolo o realidad? Bilbao, Desclée de Brouwer 1998, 149-201), el IV Congreso Nacional de Exorcistas celebrado en México (julio 2009).

Y al mismo tiempo disminuyen los exorcismos hasta casi desaparecer en no pocas Iglesias. En las mismas fuentes que acabo de citar puede verse documentado y analizado este hecho. La apostasía generalizada en ciertas Iglesias locales –pérdida de la fe en el demonio, absentismo masivo a la catequesis y a la Eucaristía dominical, dejación de la confirmación y de la penitencia sacramental, etc.–, lleva también al abandono despectivo de los sacramentales: el agua bendita, las bendiciones, los exorcismos. Muchas diócesis, incluso naciones, no tienen ningún exorcista. Y no pocas Curias diocesanas, por acción o por omisión, eliminan prácticamente los exorcismos de la vida pastoral, pues les ponen tantas exigencias y dificultades, que prácticamente los impiden.

La desaparición de los exorcismos es hoy una pérdida de especial gravedad, pues se produce justamente cuando más se necesitan. El pueblo cristiano pide en el Padre nuestro diariamente «líbranos del Maligno», y ya sabemos que nuestro Señor Jesucristo, gran exorcista, dió poder a sus apóstoles para expulsar los demonios. Por eso hoy es una gran vergüenza que los hombres asediados y poseídos por el diablo se vean en graves peligros espirituales y en terribles sufrimientos sin la ayuda de ciertas Iglesias locales, que se niegan a darles el auxilio poderoso de los exorcismos, resistiendo así la palabra de Cristo: «en mi nombre expulsarán los demonios» (Mc 16,17).

Reforma cuanto antes o apostasía creciente.

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

25 comentarios

  
asrone
M. Virginia puso este enlace en la parte II. Me impresionó mucho lo que dice el Padre Amorth.
'El Nuevo Ritual de Exorcismos es una Farsa'

http://panodigital.com/padre-amorth-%E2%80%9Cel-nuevo-ritual-de-exorcismos-es-una-farsa%E2%80%9C
25/07/09 12:11 PM
  
Dr. Regis
A mí me parece raro que un ritual aprobado por la Santa Iglesia sea "una farsa"... tal vez se deba a la disposición del exorcista frente a ese ritual. ¿Nos podría ilustrar sobre eso Padre? Tal vez me equivoque o no entienda el problema con precisión.
25/07/09 1:42 PM
  
José María Iraburu
Dr. Regis y Asrone.
Me parece muy mal calificar de "farsa" un Ritual aprobado por la Iglesia.
Otra cosa es que bastantes exorcistas, al parecer, aprecien más el ritual antiguo y que sigan con él, para lo que tienen autorización, concedida expresamente por decisión del Cardenal Jorge Medina, cuando era Prefecto de la Congregación del Culto.
25/07/09 2:05 PM
  
asrone
Seguramente no sea la palabra apropiada, pero si se lee todo el texto que puse en el vínculo (gracias Virginia) se entiende perfectamente la gravedad de lo que expone el padre Amorth; que no es precisamente un cualquiera en temas de exorcismo.
25/07/09 2:35 PM
  
Oscar
Muy clara e instructiva su explicación sobre el demonio y un gran aviso para que todo cristiano esté vigilante.
Me atrevo a formularle esta pregunta en relación con los exorcismos a objetos :¿ Es posible ejercer el exorcismo a ciertas televisiones y programas donde parece que claramente se ha instalado el diablo y campa por sus respetos haciendo un mal al que parece no se le puede poner freno?
25/07/09 7:22 PM
  
José María Iraburu
Oscar.
El exorcismo es siempre y solo para seres humanos.
Una vez en un país americano me trajeron al final de la misa un auto para que lo "bautizase". Acepté bendecirlo, eso sí; pero bautizarlo, no.
Bendecir, p. ej., un aparato de televisión, es algo lícito y bueno, como bendecir un auto, una máquina, cualquier objeto que está al servicio del hombre, para pedirle a Dios que, por los méritos de su santa Iglesia (así obran los sacramentales), nos conceda siempre a través de ese objeto bienes, solo bienes, y nos libre de los males que por él podrían venirnos. Eso sí está bueno. Y re-bueno.
25/07/09 8:14 PM
  
Chema
Padre Iraburu, cuando se puede hablar de una posesion diabolica total y parcial? Es cierto que existen los incubos y los sucubos?
26/07/09 12:37 AM
  
Bernardita
En este caso, siguiendo en esta línea, no es razonable solicitar a quien las posee, bendecir las armas, padre? Si justamente se poseen para defensa propia, pedir a Dios no sean nunca para mal de nadie, sino para cuidado de un bien como es la vida.. Pero con la ideologización del tema hay hoy sacerdotes que responden que "las armas jamás se bendicen", y esto causa el escándalo de algunos hombres de fuerzas de seguridad, en su buena fe... Y con relación al demonio, justamente, para evitar que de ellas, como de cualquier objeto material, se pueda servir para fines espúreos, como la violencia, ira, pasiones desordenadas diversas, etc.
26/07/09 2:21 AM
  
José María Iraburu
Chema.
En la posesión diabólica hay, evidentemente, grados mayores o menores. Por ahí irá esa división a la que alude usted, parcial-total.
Los íncubos son parientes de las hadas y de los gnomos del bosque. No existen.
Bernardita.
Ciertamente que las armas pueden bendecirse y es una santa práctica. Aquellos que lo niegan, solo pueden negarlo reprobando la guerra en forma absoluta. Pero ese pacifismo absoluto es inconciliable con la doctrina de la Iglesia, que siempre ha creído que pueden darse situaciones para una "guerra justa" (vea Catecismo de la Iglesia, 2309). Ahora bien, para hacer la guerra, y de este modo defender el bien común, hacen falta armas, y quien las maneja, a veces arriesgando su vida por sus hermanos, hará muy bien en pedir que se las bendigan.
26/07/09 9:27 AM
  
Raúl
Padre Iraburu, respecto al tema de los íncubos y súcubos, aquí le dejo estas palabras tomadas de un libro del exorcista José Antonio Fortea:

"Dejando claro esto hay que decir que sí que existen espíritus íncubos, es decir, los que tienen relaciones con mujeres. Y, en menor medida, espíritus súcubos, los que tienen relaciones con hombres. Si estos espíritus son demonios o almas de seres humanos que no entraron en el Cielo es algo difícil de saber. Lo que refieren las personas que han sufrido este fenómeno es que los sienten como cuerpo, aunque no pueden verlos.

Al principio pensaba que los demonios íncubos eran una ficción, hasta que me llegó un caso de una señora que me contó un fenómeno demoníaco muy curioso que pos sus características concretas no había leído yo nunca. Como estaba seguro de que aquella mujer era seria y estaba cuerda, tomé buena nota del caso, pero no le di mayor importancia. Hasta que al cabo de un año me apareció un segundo caso. Ya el segundo caso me dejó muy pensativo, pues los detalles concordaban perfectamente con el primer relato. Cuando me encontré con el tercer caso concordante me di cuenta de que efectivamente podía existir este fenómeno demoníaco (...)".

(José Antonio Fortea. "Summa Daemoniaca". Pag. 203)

¿Qué le parecen estas palabras del Padre Fortea? ¿Qué opinión le merece a usted el propio Fortea...?
26/07/09 1:04 PM
  
José María Iraburu
Ana.
Si le parece que lo que la Iglesia enseña sobre la guerra justa es contrario al Evangelio, yo me veo obligado a eliminar su comentario. Aquí se discute de lo que es discutible, pero no de lo que es indiscutible.
Raúl.
Es verdad de fe la existencia de los ángeles, y que son criaturas de Dios puramente espirituales. Los ángeles caídos, los demonios, pueden afectar los sentidos de los hombres y de las mujeres, en el caso que cita, haciéndoles sentir "como si" tuvieran una relación sexual. Pero ésta no es real, concretamente en la posibilidad de procreación: no es posible, p.ej., un niño nacido de una mujer por obra de un demonio. No puede haber un hombre que realmente sea "hijo de un diablo".
26/07/09 2:47 PM
  
Bernardita
Gracias por su aclaración, padre, que ya reenvié al interesado.
Un caso interesante acerca de la persecución del "mundo" (y del demonio, sin duda)mezclando la verdad con difamación, y confundiendo, cuando un buen pastor hace todo lo que puede y debe para cuidar a sus ovejas... Por otra parte, es un ejemplo alentador: El Espíritu Santo no se duerme jamás cuidando a su Esposa! http://www.elargentino.com/nota-50687-El-cura-inquisidor.html
26/07/09 6:05 PM
  
Alf
Saludos D, Jose Mª: Primeramente acotar que algunas cosas expuestas por P. Fortea en sus libros no son correctas teologicamente.Respectos a incubos y demàs puede equivocarse y en alguna otra cosa más, tambien. P. Fortea Sin duda es un sacerdote que ha ayudado mucho a tomarnos en serio este tema y eso hay que agradecerselo; pero tiene errores. La corporalidad espiritual de los angeles que en un principio defendieron los padres y permenecio en la teologia hasta Santo tomás no da para tanto. eso esta claro.Respecto a los exorcismos, creo que hay que animar a los sacerdotes a que de ninguna manera se olviden del tema, cuando en su labor pastoral les pudieran surgir casos que deban ser atendidos. Es obvio que un obispo o una curia racionalista llega a ser más agotador que meses de exorcismos, pero la caridad hacia los pobres tambièn exige atender a las personas que nos solicitan ayuda en estos casos. Estos sí que son verdaderamente pobres.Y el sacerdote pecaría y quizás gravemente si no hace todo lo que pueda por salvar a un hermano en ese sufrimiento. Gracias D. Jose Mª por su sana doctrina.
26/07/09 10:43 PM
  
Valerio
Padre. se que no es un blog de preguntas. Si no me contesta lo comprendo, siga con su labor meritoria. Pareciendome que es usted unbuen sacerdote y de buen criterio, mi cuestión es: mi propio demonio es la bebida. Me confieso cada dos o tre años, con amor a Dios pero con frialdad. Voy a misa los dos o tre siguientes Domingos... y vuelta a empezar a los dos o tre años. Rezo las oraciones de la noche y la mañana (muy infantiles, supongo). Megusta leer todo en materia religiosa (católica) que caee en mis manos. ¿Qué es mejor, me confieso mañana y vuelta a repetir o espero a sentir, dolor, arrepentimiento, etc. Tengo 58 años. Gracias en cualquier caso.
27/07/09 12:06 PM
  
José María Iraburu
Valerio,
ya es sabido que el alcoholismo es una adicción muy fuerte. Para contraerlo, con excesos reiteratods en la bebida, me figuro que usted habría sido culpable muchas veces, no sé, por supuesto, en qué grado. Pero una vez que está cautivo de esa adicción, es indudable que la responsabilidad moral queda disminuida. Los excesos negativos cometidos libremente, así es la cosa, llegan a disminuir la libertad, hasta casi perderla (en un punto concreto de la vida, en los demás seguimos libres).
No se desanime, que el Salvador salva. Rece, pida y pida (pedid y se os dará), frecuente los sacramentos, tenga mucho cuidado con evitar las ocasiones próximas de pecado (juntarse con tales amigos que beben, acercarse a tales lugares, lo que sea: ahí su libertad está libre, y ha de ejercitarla con la gracia de Dios, buscando liberarse de la adicción). Piense que su alcoholismo probablemente comenzó por pecados reiterados, pero ahora es más cruz que culpa: aquí sí que puede decirse que en el pecado lleva la penitencia. Para usted la bebida, la cautividad de la bebida, es una cruz enorme, aplastante, y en lo que tiene de cruz sepa que es humillante, expiatoria, sencillamente, santificante. Tome su cruz, pues, y sígale al Señor. Levántase cada vez que se caiga. Una vez por semana, si hace falta, acuda a la confesión sacramental y comulgue: el sacramento de la penitencia es perdón y es también medicina, para curarnos de los pecados que nos atan; y el Pan vivo bajado del cielo es alimento que da fuerzas y también medicina que nos va sanando de nuestros vicios. Ánimo, Valerio, que mucha gente nos quedamos rezando por usted.
No piense que la reiteración de ese pecado indica necesariamente que no hay en usted buena voluntad real de salir de él. Puede haber en usted una real buena voluntad de ser sobrio, de guardar fidelidad al Señor y a su gracia, y sin embargo, debido a su adicción, cae en el exceso de la bebida una y otra vez. No le haga pensar esto que es falsa su buena voluntad. En una u otra medida, todos andamos en lo mismo: como somos la misma persona, como tenemos las mismas debilidades y más o menos las mismas circunstancias, todos venimos a caer siempre en lo mismo, y nuestras confesiones sacramentales dice siempre una lista de pecados casi igual que en la confesión anterior. Pero esto no significa que seamos unos falsos, y que no haya en nosotros sincera contrición y propósito. Evidentemente que si hubiera más contrición, antes nos libraríamos de nuestros vicios. Sin embargo, lo que esa reiteración lamentable indica es fundamentalmente que somos la misma persona y nos caemos siempre del mismo lado. Normal. Yo no me tengo que acusar nunca de asaltar bancos, de borracheras, de tratar mal a servidores (que no tengo), etc. De esos pecados no tengo ni tentación ni ocasión. Yo tengo mis flaquezas, usted tiene las suyas, y Dios tiene con usted, conmigo y con todos una MISERICORDIA inmensa, en la que nuestras MISERIAS caen, así decía Sta. Teresita, como una gota de agua en un brasero. No queda nada. Bendición +
27/07/09 12:46 PM
  
solamente juan
Gracias padre, Dios honrará su esfuerzo para con todos nosotros. Preguntas a millares tengo, pero no es lugar.

A Valerio, quiero decirle que me hago eco del padre cuando dice "Ánimo, Valerio, que mucha gente nos quedamos rezando por usted." Sin duda alguna.

Me atrevo algo más valerio, porque tengo mi propia cautividad, pero desde que me rodeo con otros cristianos frecuentemente para rezar y dar gracias, unos con otros, "juntos" la cruz se hace ligera y me doy cuenta que lo que nos sostiene es la Gracia de Dios que es para pedirla y recibirla. Que el Señor esté contigo Valerio.
27/07/09 6:02 PM
Valerio, si me lo permite, le diré que para todo hace falta un motivo. Si el motivo para dejar la bebida es generoso con respecto a procurar el bien de las personas, aprovechar la vida en este sentido, y no un simple interés personal, seguro que servirá del mejor contrapeso para cuando tenga la tentación de beber.
El demonio es mucho más inteligente que los humanos y sólo podremos ganarle la batalla si nos ejercitamos en el amor auténtico a los demás. Piense en el bien que puede hacerles, por ejemplo, a los que pudieran ofrecerle bebida, aunque aparentemente no se quedasen contentos con su negativa; de ahí la dificultad de actuar bien, ya que siempre hay que poner delante el hacer el bien a quedar bien o cualquier otro interés personal.
27/07/09 7:29 PM
  
Ricardo de Agentina
Padre, disculpe pero no entiendo.
Ud. cita que:"«Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona O UN OBJETO sea protegido contra las asechanzas del Maligno y sustraído a su dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó, de Él tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar (cf. Mc 3,15; 6,7.13; 16,17)."
Luego aclara que sólo se exorcizan personas. ¿Cómo debe entenderse entonces lo de "una persona O UN OBJETO"?
28/07/09 5:10 AM
  
Prado
Gracias, padre Iraburu, por tanta luz, tanta luz...

A Valerio: rezo por Vd. No podía dejar de escribir en este blog para decirle que mi oración estará con Vd., con su alma...

Que Dios cuide de su alma, es lo único importante...
Prado
28/07/09 9:30 AM
  
José María Iraburu
Ricardo de Argentina
Tiene razón, y yo estaba equivocado.
Efectivamente, los exorcismos puede hacerse a personas, animales y objetos.
Oscar.
Como ve, estaba yo en un error cuando le contesté el día 25: El exorcismo es siempre y solo para seres humanos.
Es verdad que los exorcismos, cuando se hacen, "suelen hacerse" a personas.
28/07/09 9:34 AM
  
alf
si se contempla el exorcismo de cosas o las casas, por ejemplo. el rtual toledano si lo contemplaba.
28/07/09 5:22 PM
  
Ricardo de Argentina
Padre, gracias por su ejemplo de humildad y franqueza.

Hará unos 4 años, mi párroco de entonces recibió a una feligresa muy alarmada porque el caos se había apoderado súbitamente de su familia, otrora muy unida, y lo atribuía a un muñeco que uno de los miembros había traído a la casa tras un viaje. El Padre, que había comenzado a sentir una fuerte jaqueca apenas comenzada la entrevista, pidió a la atribulada mujer que le trajera el tal muñeco para verlo. _"Lo traje, Padre, aquí lo tengo", le dijo la mujer mostrándoselo. _"Bien, le haremos una bendición especial", respondió el sacerdote, y acto seguido pronunción una fórmula de exorcismo. Fue tan solo terminar el ritual que su dolor de cabeza desapareció como había venido.
Esto se lo contó luego ese párroco a los jóvenes de la Pquia. para que tuviesen cuidado con objetos sospechosos de provenir de cultos satánicos, tan frecuentes hoy en día.
29/07/09 2:00 AM
  
José María Iraburu
Ricardo de Argentina,
gracias por el caso que nos cuenta, bien interesante y creíble.
También le hubiera venido muy bien un exorcismo a la habitación donde dormía el santo Cura de Ars, en la que muchas veces el demonio, durante la noche, para desmoralizarlo y agotarlo, sin dejarle dormir las pocas horas que reservaba al sueño, organizaba cada dos por tres un festival horrendo de ruidos, movimiento de muebles y demás.
29/07/09 9:10 AM
  
M. Virginia
Comparto con uds. un relato interesante de un sacerdote exorcista residente en La Plata, Argentina, teniendo en cuenta que no abundan hoy los "especialistas", llegado -Dios no lo quiera- el caso de que algún día conozcamos a alguien que necesite consultarlo:
http://www.iesvs.org/ "El exorcista de la calle 6".
02/08/09 11:04 PM
  
Katheryne
Gracias por la información, de mucha ayuda. Me gustaría saber sobre que opinión tenemos en la iglesia católica sobre lo que se conoce como "parálisis del sueño", gracias desde ya.
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JMI.-No sé decirle. Nunca he oído nada sobre ello.
12/10/16 12:56 AM

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