(446) La muerte cristiana, 16: –en Napoleón Bonaparte

Vernet - Muerte de Napoleón

–Como suelen decir algunos conferenciantes al iniciar su perorata, «el señor N. N., no necesita presentación, pues todos ustedes lo conocen».

–Así es. Haré una presentación mínima de Napoleón.

 

Napoleón Bonaparte

Nace en Ajaccio, capital de Córcega (1769) y muere exilado en la isla de Elba (1821). Desde muy niño vivió en Francia, formándose como militar. Ya general, después de notables victorias, fue elegido Primer Cónsul de la república de Francia. En 1804 se auto-coronó en París como emperador de los franceses. Según las ideas de la reciente Revolución Francesa, reformó internamente el antiguo Reino, y consiguió con su potentísimo ejército controlar gran parte del centro y del occidente de Europa.

Después de la desastrosa campaña contra Rusia, abdica como emperador y se exila en la isla de Elba (1814). Escapa de ella a Francia y recupera el poder durante unos meses (1815). Pero es definitivamente vencido en Waterloo, lugar de la actual Bélgica (18-VI-1815), por una gran coalición de seis naciones –Reino Unido, Rusia, Prusia, Suecia, Austria, con algunos estados germánicos–. Desterrado a la isla de Santa Elena, enclave pobre y lejanísimo de soberanía británica, vive sus últimos seis años en condiciones más bien precarias. Muere (5-V-1821), según parece, de cáncer de estómago, a los 51 años de edad (+Émil Ludwig, Napoleón, Juventud, Barcelona 1957, 18 ed.).

En el texto que sigue vengo a resumir un folleto de 16 páginas, «Napoleón habla de Jesucristo», elaborado por el rector del Seminario de Pamplona para sus seminaristas Si alguno se interesa por el texto completo, puede pedirlo a seminario@iglesianavarra.org.

 

Un naturalista incrédulo e ilustrado

Las vidas escritas sobre Napoleón, que fueron y son muchas, han dado normalmente de él la fisonomía de un hombre que en lo religioso era un ilustrado, más bien escéptico, que no iba más allá del deísmo filosófico.

«De niño, se negaba a ir a misa y nunca aceptó para sí mismo ninguna religión revelada. El hombre que, en su propia vida, no admitía la intervención del milagro y atribuía todo resultado feliz a causas puramente humanas, fuera razón, espíritu de organización, audacia, conocimiento de los hombres o imaginación, no podía, lógicamente, aceptar los milagros de la Biblia […]. La idea del juicio final le es más extraña aún. […] Cinco años antes de su muerte, dice que espera morir sin confesar.

«Se expresaba como un perfecto naturalista, un materialista [… El hombre] no es sino un ser más perfecto que los seres o los árboles y que vive mejor… Pero lo mismo unos que otros no somos más que materia… La planta es el primer eslabón de una cadena en la que el hombre es el último.

«¿Qué es la electricidad, el galvanismo, el magnetismo? He aquí donde reside el gran secreto de la Naturaleza. El galvanismo trabaja en silencio. Yo creo que el hombre es el producto de esos fluidos y de la atmósfera, que el cerebro aspira esos fluidos y da la vida, que el alma está compuesta por esos fluidos y que, después de la muerte, regresan al éter, de donde son aspirados por otros cerebros… Lo repito, creo que el hombre nació de la atmósfera calentada por el sol y que al cabo de cierto tiempo esta facultad dejó de producirse».

Este naturalismo, sin embargo, fue haciéndose en él compatible con un cierto deísmo de resonancias estoicas: «Todos los hombres creen en un Dios, porque todo en la Naturaleza atestigua ante sus ojos su existencia. […] Jamás he dudado de Dios, pues aunque mi razón sea incapaz de comprenderlo, mi intuición me convence de su existencia» (Ludwig 445-447)

Político pragmático en lo religioso

Napoleón «usaba» como político de la religión solamente como de un elemento valioso al servicio de la paz y del recto orden de los pueblos:

«Mi política es gobernar a los hombres como la mayor parte quiere serlo. Ahí está, creo, la manera de reconocer la soberanía del pueblo. Ha sido haciéndome católico como he ganado la guerra de la Vendée, haciéndome musulmán como me he asentado en Egipto, haciéndome ultramontano como he ganado los espíritus en Italia. Si gobernara un pueblo judío, restablecería el templo de Salomón» (Javier Paredes, Pío VII, Diccionario de los Papas y Concilios, Ariel, Barcelona 1998, 407). Él, personalmente, «no ruega al Dios de los Ejércitos en la víspera de las batallas, pero sí impone una presencia religiosa en los actos públicos como garantía suplementaria de orden y sumisión» (Frédéric Masson, Napoléon était-il croyant?, Jadis, París 1910, II).

 

En el retiro forzado de Santa Elena

 Acompañaron a Napoleón en su exilio unas cuarenta personas, entre familiares, oficiales, criados, que en aquellos seis años fue reduciéndose a la mitad.número fue disminuyendo con el tiempo. Tres criados se mantuvieron fielmente: el ayuda de cámara Marchand y dos corsos, Cipriani y Santini. También el conde de Montholon y el general Bertrand lo acompañaron hasta el final. A pesar de que el culto católico estaba prohibido en todo el imperio británico, el papa Pío VII consiguió de las autoridades británicas que un sacerdote católico asistiera a aquel exilado que, por cierto, cuando era Emperador, desterró de Roma en 1799 al papa Pío VI (Florencia, Parma, Turín, Briançon, y Valence sucesivamente, donde murió). Los sacerdotes corsos Antonio Buonavita y Angelo Paulo Vignali, fueron capellanes de Bonaparte a petición expresa suya (Ludwig 457).

Al parecer, viendo Napoleón morir a Cipriani sin asistencia religiosa católica, ya que solo había un ministro anglicano en la isla, tomó conciencia de que su fallecimiento podría ocurrir en circunstancias semejantes. Y 1818 solicitó a su tío el cardenal Fesch un capellán para Santa Elena. Como ya hemos señalado, fueron enviados con él los sacerdotes Buonavita y Vignali.

Conversión al cristianismo

La gracia de Dios llegó al corazón de Napoleón sirviéndose de muchos factores providenciales: el exilio, la soledad, el sufrimiento, el brusco paso de la gloria a la miseria, las lecturas, las conversaciones con los capellanes y con los oficiales que aún le acompañaban, también con el escéptico general Bertrand, que le reprochaba su «debilidad» religiosa. En realidad, a pesar de su adhesión a la filosofía de la Ilustración, nunca rechazó totalmente la fe cristiana de su bautismo. Exilado en Santa Elena, dijo en una ocasión:

«Sin duda estoy lejos de ser ateo, pero no puedo creer en todo lo que se me enseñe en detrimento de mi razón, so pena de ser un falso y un hipócrita. En tiempos del Imperio [el suyo] y, sobre todo, después de mi boda con María Luisa [de Austria], se me quiso llevar, a la usanza de nuestros reyes, a Notre Dame a comulgar con toda solemnidad. Siempre me opuse totalmente. No creía tanto en ello como para que me pudiera resultar beneficioso, y creía demasiado aún como para exponerme fríamente a un sacrilegio» (Conde de Las Cases, Mémorial de Sainte-Hélèna, Bourdin, París 1842, I, 668).

 

Un escritor converso, Robert-Antoine de Beauterne (1803-1846), ateniéndose a los testimonios de quienes habían permanecido con Napoleón hasta su muerte, publicó en Francia la obra Sentiment de Napoléon sur le christianisme (1840). El texto tuvo un gran éxito, y ya en 1912 se hizo de ella la decimosegunda edición. Ha vuelto a estar de actualidad al editarse recientemente en Francia, y también en Italia, con un prólogo del  cardenal Giacomo Biffi. Sin embargo, esta faceta de Napoleón –la más importante de su vida, por supuesto– tiende a ser ignorada, o si se quiere, ocultada, por los medios de comunicación. El propio general Bertrand, en Santa Elena, en sus amistosas discusiones con Napoleón, le aconsejaba resistir a la «tentación» de la fe en Cristo, o al menos a ocultarla. Pero el ex-Emperador rechazaba sus argumentos con firmeza.

«Usted, general Bertrand, habla de Confucio, Zoroastro, Júpiter y Mahoma. Y sin embargo, la diferencia entre ellos y Cristo es que todo lo que tiene que ver con Cristo muestra la naturaleza divina, mientras que todo lo que tiene que ver con todos los demás muestra la naturaleza terrena.

«Conozco a los hombres, y puedo decirles que Jesucristo no es meramente un hombre. Las mentes superficiales ven un parecido entre Cristo y los fundadores de imperios o los dioses de algunas religiones. Éste no es el caso puesto que tal parecido no existe. Entre el cristianismo y cualquier otra filosofía existe una distancia infinita.

«Todo lo referente a Cristo me asombra, su espíritu me anonada, su voluntad me confunde; entre El y cualquier otro personaje de la historia del mundo no hay un solo término posible de comparación. Ciertamente Alejandro, César, Carlomagno y yo hemos fundado imperios pero… ¿sobre qué descansan las creaciones de nuestro genio?… Sobre la fuerza. Sin embargo Jesucristo fundó su imperio sobre el Amor y estoy seguro de que aun en esta misma hora millones de personas (de todas clases sociales y edades; voluntaria y gustosamente) darían su vida hasta la muerte por El en el día de hoy.

«Solamente Cristo ha llegado a tener tal éxito.., ante las barreras del tiempo y del espacio, a través del intervalo abismal de mil ochocientos años. Jesucristo solicita lo que la filosofía puede a menudo buscar en vano: el corazón del hombre; e incondicionalmente su demanda es satisfecha sin tardanza. Todo aquel que cree sinceramente en El experimenta ese Amor sobrenatural hacia El. Éste fenómeno es indescriptible, pues está más allá de la comprensión del hombre. El tiempo, que es el gran destructor, no puede (no ha podido, ni podrá) agotar su fuerza ni tampoco poner un límite a su alcance.

«La naturaleza de la existencia de Cristo es misteriosa, debo admitirlo, pero este misterio satisface las necesidades más íntimas del hombre. Por lo tanto, si se le rechaza, el mundo es un enigma inexplicable; peto si se le cree, la historia de la raza humana en el mundo es explicada satisfactoriamente.

«El ciertamente es un ser único, sus ideas y sentimientos, la verdad que anuncia y su manera de convencer no pueden ser explicadas por alguna organización humana, ni por la naturaleza de las cosas. Su mensaje es la revelación de una inteligencia que ciertamente no es la de un hombre mortal, y en ninguna otra parte puede uno hallar (excepto en El) tal ejemplo de vida. Escudriño en vano en la historia para hallar alguien parecido a Jesucristo o algo que se pueda aproximar al Evangelio, pero ni la historia, ni la humanidad, ni las edades, ni la naturaleza me ofrecen algo con lo cual yo pueda compararlo o explicarlo. ¡Aquí todo es extraordinario!» (Beauterne, La muerte de un impíos, 164-166).

Y también veía en la Iglesia una realidad que participaba de esa misteriosa condición de su Fundador: «Los pueblos pasan, los tronos se derrumban, pero la Iglesia permanece. Entonces, ¿cuál es la fuerza que mantiene en pie esta Iglesia asaltada por el océano furioso de la cólera y del desprecio del mundo?»  

 

Muerte cristiana del emperador

Aproximándose su muerte, Napoleón pidió y recibió los sacramentos de manos del sacerdote Vignali –Buonavita había regresado a Córcega–, y a él le pidió celebrar la misa en los días de su agonía, así como las exequias y sufragios para después de su muerte. El conde de Montholon, que permaneción con él hasta el final, dió el siguiente testimonio:

«Sí, el emperador era cristiano. La fe era para él un principio natural y fundamental […] Yo lo he visto, sí, yo he presenciado todo eso, y yo, militar, que, lo confieso, había descuidado mi religión y no la practicaba, me admiraba al principio […].He visto al emperador religioso, y me he dicho a mí mismo: ha muerto en la religión, en el santo temor de Dios. No se me oculta que me vuelvo viejo, que la muerte me alcanzará también y quisiera morir como murió el emperador» (Beauterne 56-57).

 

El sepulcro de Les Invalides

Napoleón fue enterrado (1821) en Santa Elena. En 1840 el rey Luis Felipe ordenó trasladar sus restos a la Capilla Real de Los Inválidos, en París, donde años más tarde (1861) se le construyó un gran monumento. El sarcófago, al centro de una especie de capilla circular, está situado sobre un pedestal de granito verde, es de pórfido rojo, y está rodeado por una gran corona de laurel. Diez bajorrelieves evocan las principales gestas del difunto. En el conjunto del lugar no hay signo cristiano alguno. Se oculta que Napoleón Bonaparte murió en el seno de la Santa Iglesia Católica. Dios, que lo venció con la misericordia de su gracia, lo tenga en su gloria.

José María Iraburu, sacerdote  

Índice de Reforma o apostasía

 

25 comentarios

  
susi
QUé buenísimo es Dios Nuestro Señor. Sea por siempre bendito y alabado.
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JMI.-Amén.


08/08/17 5:47 PM
  
hector domingo padilla
Felicito al Padre Jose Maria Ibaburu,por su investigacion sobre los ultimos dias del General Bonaparte y su conversion a la fe,tarea casi desconocida por la mayoria de los historiadores.El Gran Guerrero,supo el momento estrategico,e la Supremacia de NSJC.-
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JMI.-Iraburu, no Ibaburu.
Mi artículo no es propiamente fruto de una investigación mía, pues se apoya en un folleto que vino a parar a mi biblioteca, no recuerdo cuándo ni de dónde: "Napoleón habla de Jesucristo". Pero no lo he citado porque la obrita, extrañamente, no trae ni el nombre del autor ni da referencia alguna de la Editoral que lo publicó.
08/08/17 8:52 PM
  
Juan
¿455 o 446?
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JMI.-Gracias por su aviso. Es el (446).
Ya lo corregí.
08/08/17 9:01 PM
  
Javier Rey de Sola
Napoleón escribió en su testamento: 'Muero dentro de la religión católica, en cuyo seno nací hace más de cincuenta años'. Había un librito en mi casa que decía esto.
08/08/17 10:58 PM
  
Alberto el retrógrado reaccionario y rigido
Un artículo soberbio y la palabras de Napoleón sobre Jesucristo atestiguan que fue un gran hombre muy inteligente. Y esa inteligencia produjo la soberbia debido a la cual estuvo a punto de condenarse, porque se estuvo engañando hasta casi el momento final.

Eso demuestra que la riqueza, como la inteligencia, puede llegar a ser una maldición. Y la pobreza y la sencillez, una bendición. Al final Dios se apiadó de el y le trajo la derrota que le permitió tomar la justa medida de si mismo con respecto a Él. Toda una vida para llegar a la conclusión que un niño de 6 años intuye en su primer día de catequesis.
08/08/17 11:18 PM
  
Adriana
Me asombran las reflexiones y conclusiones a las que llegó Napoleón. Solo duele que él, como muchos otros que han cometido grandes equívocos cuyas consecuencias dolorosas y negativas las sufren pueblos, naciones, civilizaciones, no sean tan fáciles de resarcir, o de subsanar. Uno se alegra que se hayan convertido, que antes de morir se hayan acercado a Cristo, a su Iglesia, pero sus equívocos dejan grandes desastres que siguen su curso.

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JMI.-Las Guerras napoleónicas ocasionaron innumerables miles de soldados muertos, de familias rotas. Secularizaron la vida política de Occidente, responsabilizándose en gran medida del horror que vivimos ahora...
Todo esto hace que nos quedemos asombrados de la bondad misericordiosa de Dios con su hijo bautizado, Bonaparte, dándole una catequesis de seis años al final cristiano de su vida... Bendigamos al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.
09/08/17 3:28 AM
  
Cary Samayoa
No dudo de Ud., padre Iraburo, no me vaya a mal interpretar dudo de la anécdota . Iba Dios a castigar a los seguidores de Napoleón tal vez y a perdonar al causante u origen de los males por el que quizás aquellos se perdieron?
No sería que esa narración se escribió para darle un aire humano a su imagen y una imosna de piedad a la memoria de quién sería odiado por sus contemporáneos y por todos aquellos que directa o indirectamente se vieron afectados por las acciones de Napoleón?

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JMI.-Su no-creencia o duda sobre la veracidad de... es una suspicacia que no se apoya en documentos. En cambio son bastantes los testigos, a veces directos, que escribierton y publicaron en su tiempo la conversión de Napoleón. Hay, pues, argumentos firmas, coincidentes, no-sospechos, para creer que se produjo.
09/08/17 7:59 AM
  
chico
Estupendo. Pero....: Parece que algunos estaban tomando nota de los pensamientos teológicos de Napoleón , porque están todos muy bien ordenados, hilvanados, muy lógicos.... Que en Gloria esté. Pero me parece todo muy acomodado y muy claro, como si los que escriben fueran amanuenses de Napoleón en tales momentos.
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JMI.-Me parece que son testimonios fide-dignos, porque son bastantes, porque son coincidente, y porque no han sido negados como falsos, que yo sepa, cuando se publicaron y hasta ahora por quienes más interés tuvieron y tienen por los que más querrían que fueran testimonios falsos.
09/08/17 10:44 AM
  
Álvaro Sarmiento Gómez
Conocía el escepticismo de Napoleón acerca de las religiones, así como su criterio de que sin embargo consideraba las mismas útiles y convenientes para mantener el orden, pues de lo contrario imperaría el caos. Pero ignoraba esta circunstancia de su conversión final y muerte en el seno de la Iglesia Católica, que me ha emocionado profundamente.
Me recuerda la de Azaña, nuestro último presidente de la República y autor de frases como "España ha dejado de ser católica" y "ni todos los conventos de Madrid valen la vida de un republicano". Pues bien, este hombre murió tras confesarse con Monseñor Théas ( obispo de Montauban ) y abrazado a un crucifijo mientras repetía insistentemente "Jesús, piedad...misericordia".
¿ Qué abocaría a estos dos hombres tan ilustrados a ese súbita conversión y arrepentimiento final, de no ser la misericordia infinita de Dios ?.
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JMI.-Bendigamos al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
09/08/17 11:50 AM
  
Carlos Bockor
Cary no es Napoleón el único caso de la Misericordia Infinita de Dios. Pablo lo perseguía y terminó siendo San Pablo. Por qué pretendemos ponerle límites a Dios?
09/08/17 12:30 PM
  
Jordi
Todo esto hace que nos quedemos asombrados de la bondad misericordiosa de Dios con su hijo bautizado, Bonaparte, dándole una catequesis de seis años al final cristiano de su vida

Sería interesante que se pudiera explicar en un artículo qué cataquesis le dio.
09/08/17 12:32 PM
  
Jordi
Secularizaron la vida política de Occidente, responsabilizándose en gran medida del horror que vivimos ahora...

La secularización vino en 1917 con los comunistas, y para Occidente fueron continuas oleadas desde 1960 con la aparición de la píldora.
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JMI.-La secularización comienza con Lutero, sujetándose a los príncipes alemanes. Sigue tomando fuerza con la fuerza de la masonería, 1717. Toda la Ilustración, desde el XVIII y en el XIX, sobre todo la Revolución Francesa, la afianza más y más: es muy significativo el gesto de Napoleón, auto-coronándose, colocándose él mismo la corona en su cabeza. En 1917, la Revolución Soviética. Ya en el signo XX la secularización de la política es tan general que penetra hasta la Democracia "Cristiana". El poder no viene de Dios, sino exclusivamente de la voluntad popular (es decir, bancos, medios de comunicación, partidos políticos sin principios morales, y menos aún religiosos).
09/08/17 12:34 PM
  
chico
Otra cosa me llama la atención: Napoleón devastó asoló a la Iglesia en toda Europa hasta se puede decir que la destruyó. Por su culpa hubieron tremendas matanzas, robos, sacrilegios.... Y no djjo nada de arrepentirse por eso.
09/08/17 12:37 PM
  
Alberto GT
Padre, nuy buen articulo. No lo sabia. Deberia hacer uno de muerte cristiana sobre la Paionaria, Alcala Zamora, Azaña y Lerroux.
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JMI.-A ver si está de Dios...
Gracias.
09/08/17 2:04 PM
  
Luis Piqué Muñoz
¡Enhorabuena, una Vez más, admirado y estimado Dr Iraburu, por desvelar Grandes Verdades que están ocultas por el satanismo mediático y la Modernidad, compendio de todas las Herejías! Efectivamente, Napoleón ¡un Gran Hombre, en el que anidaba ¡como en todos! el Espíritu Santo, y por tanto el Amor, el dulce Jesús que al final de su Vida comprendió y encontró! es otro de los numerosos Grandes Hombres que al Final de su Vida se Convierten y mueren Cristianamente ¡Le Honra especialmente que nunca quisiera cometer el Sacrilegio de comulgar ¡cuántos católicos son ¡somos, Ay! Sacrílegos! Y también su deísmo de siempre y respeto por un Dios Superior, Eterno y Perfecto. Finalmente decir, en su contra que extendió la satánica Revolución Francesa y que era un Carnicero sanguinario con la Población Civil ¡como demostró ¡Ay, por desgracia! en España! Por Cierto, parece ser que murió envenenado por la Pérfida Albión. Nada más.
09/08/17 6:17 PM
  
Gabriel Araceli
Napoleón, que había despreciado a España, "esa nación gobernada por curas", y cuya invasión lamentaría más tarde: "aquella maldita guerra", pues supuso el comienzo de su declive, ya que hasta Bailen, permaneció imbatido, derrotado y humillado en el destierro de Santa Elena, ganó la más importante de sus batallas. Su ambición y sed de gloria llenó de muerte y dolor a toda Europa, como reflejan los cuadros de Goya, siendo el causante de la decadencia española, tarea en la que le ayudaron por su estupidez, los reyes y políticos españoles. Eso en lo material. El destrozo para la fe cristiana fue todavía mayor con la institucionalización de la secularización como nos ha descrito el P. Iraburu. Y sin embargo aquí tenemos un ejemplo más del la sorprendente Gracia de Dios para con un corazón arrepentido como tantas veces se nos dice en la Biblia. Causa de la Esperanza para nosotros pobres pecadores.
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JMI.-Un corazón contrito y humillado Tú no lo desprecias (Sal 50).
09/08/17 7:33 PM
  
Manuel d
Gracias estimado padre Iraburu. El artículo que nos ofrece y deleita no es sino una prueba del inmenso amor que Dios nos tiene hacia los hombres, porque siendo en mi humilde opinión Napoleón un terrible criminal, le ofreció la oportunidad de arrepentirse de sus faltas en los momentos postreros de su existencia, sin hacer cuenta de sus horribles hechos pasados.
¡Qué insondables y desconocidos son los caminos de Dios, manifestado en su único Hijo Jesucristo, nuestro Señor! ¡A Él gloria por siempre!
09/08/17 10:51 PM
  
estéfano sobrino
En efecto, son frecuentes los que, tras años de luchar contra Dios, sea en el plano político, teórico o práctico, "descubren la verdad" cuando sus fuerzas decaen y sus teorías caducan. Y Dios siempre está ahí, como el pescador que ha dado mucho hilo al pez que ha picado, antes de dar un tirón a la caña.
¡Que suerte contar con un Padre tan misericordioso!
A los que se quejan de esas conversiones finales les recomendaría repasar la parábolo de los que trabajan por un denario, aunque sólo sea una hora. Los últimos serán los primeros. Y los primeros hemos de alegrarnos de que el dueño del campo sea bueno.
09/08/17 11:25 PM
  
Cornelius
El folleto titulado «Napoleón habla de Jesucristo» que cita el P. Iraburu en su respuesta a Héctor Domingo Padilla es un trabajo realizado en el pasado curso por el rector del Seminario de Pamplona para sus seminaristas.
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JMI.-Resuelto el enigma. Muchas gracias.
Ya he añadido ese dato en el segundo párrafo del texto.
09/08/17 11:33 PM
  
Juan Francisco
Excelente Padre, muchas gracias. Solo me quedo pensando en el tema del Juicio Particular y el Juicio Final, sobre la manera en que se relacionan (o no) el Perdón y la Misericordia de Dios a la hora de la muerte del pecador arrepentido, con todos los males ocasionados y originados por esa persona (muchas veces por el término de muchos años más luego de su muerte) como por ejemplo con publicaciones heréticas y/o blasfemas.
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JMI.-Arrepentido, confesado, sacramentado al morir... todo acaba de arreglarlo el amor de Dios en el purgatorio, que para eso está.
10/08/17 3:29 PM
  
Luis E
El purgatorio podría MUY TERRIBLE para varios de nosotros.
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JMI-Pensar con fe en esa realidad debe llevarnos a ser más fieles a la gracia, pecar menos, y disponer con tiempo que se ofrezcan Misas, oraciones y sacrificio para cuando nos muramos.
Eso en lo personal. Y lo mismo hacia nuestros hermanos difuntos, especialmente aquellos que por familia, trabajo, etc. unió especialmente a cada uno
11/08/17 12:23 AM
  
ALEJANDRO
Magnífico artículo Padre, como todos los suyos,
Permítame indicarle un pequeño error, Napoleón no murió en la isla de Elba, sino en la de Santa Elena.
En Elba vivió su primer destierro, del que volvió para asumir de nuevo, efímeramente, el poder.
Definitivamente derrotado, fue desterrado a Santa Elena, muchísimo más lejos de Francia que Elba, donde finalmente murió o tal vez lo "murieron"
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JMI.-Es verdad. Ya he corregido ese dato. Muchas gracias.
11/08/17 12:37 AM
  
Centurión Cornelio
Napoleón restauró el culto católico en Francia. Se valió para sus conquistas de una soldadesca trufada de elementos revolucionarios que cometieron grandes desmanes contra la religión, pero no creo que se pueda hacer a Napoleón directamente responsable de ellos.
11/08/17 8:42 AM
  
Gerardus VIII
«En tiempos del Imperio [el suyo] y, sobre todo, después de mi boda con María Luisa [de Austria], se me quiso llevar, a la usanza de nuestros reyes, a Notre Dame a comulgar con toda solemnidad. Siempre me opuse totalmente. No creía tanto en ello como para que me pudiera resultar beneficioso, y creía demasiado aún como para exponerme fríamente a un sacrilegio»

Este pensamiento de Napoleón, revela que incluso en ese tiempo, aunque pecador, creía y se reconocía pecador, indigno de comulgar.
Es decir, ese Napoleón estaba más cerca de ser cristiano, que muchos jerarcas y seglares, impenitentes y negadores del pecado, los cuales practican y promueven el pecado, la impenitencia y el sacrilegio Eucarístico.

En cierta ocasion escuche que le preguntaron a Napoleón cual había sido el día mas feliz de su vida. Me imagino que quien le pregunto esperaba que le respondiera el día en que fue coronado emperador, además si no mal lo recuerdo, por esas fechas también se caso.
Él respondió que el día más feliz, fue el día de su primera comunión.
No se si esa anécdota sea cierta, pero de serlo, muestra esa semilla que nunca murió, y germinó al final de su vida.
Si son auténticos los últimos dichos de Napoleón, recogidos en este artículo, se me hacen sublimes, una obra de la gracia.
11/08/17 8:30 PM
  
Menka
Hay que pedir por la gracia de la perseverancia final, es la mayor gracia de todas.

Hay que pedir luego por la conversión de los pecadores, haciendo mortificación y penitencia.

Napoleón fue sin duda el medio utilizado por la Ilustración para derribar Antiguo Régimen.

Por cierto, creo que era el general Bertrand (por la orden de Napoleón) el que expulsa a Pío VI de Roma en la noche del 20 de febrero de 1798.
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JMI.-Pío VI tenía más de 80 años cuando Napoleón lo expulsa de Roma...
11/08/17 10:56 PM

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