(373) Misericordia de Cristo sacerdote. –San Pedro Crisólogo

Rávena, San Apolinar, s. VI

–Yo quisiera ir a Misa donde hubiera una iglesia y una predicación como éstas.

–Yo también. Pero a veces tenemos que participar en santas Misas terribles, que actualizan realmente con el horror de su fealdad el sacrificio de Cristo en el Calvario.

San Pedro Crisólogo (380-450), Obispo de Rávena, Italia, uno de los Padres de la Iglesia latina, Doctor de la Iglesia, fue llamado Crisólogo (palabra de oro), como San Juan Crisóstomo (349-407), también Obispo, Padre y Doctor de la Iglesia, que fue llamado Crisóstomo (boca de oro). Sus Sermones –se conservan 725– se difundieron por toda la Iglesia de Occidente. Combatió las herejías de su tiempo, arrianismo, nestorianismo, monofisismo, y predicó el esplendor de la verdad católica con una elocuencia contemplativa admirable.

La Basílica de San Apolinar comenzó a construirse en 505, y es una de las más bellas iglesias de Rávena, cuyos ocho templos bizantinos han sido declarados Patrimonio de la Humanidad.

* * *

El cristiano es en Cristo sacerdote y víctima

Sermón 108

Os exhorto, por la misericordia de Dios, nos dice San Pablo [Rm 12,1]. Él nos exhorta, o mejor dicho, Dios nos exhorta, por medio de él. El Señor se presenta como quien ruega, porque prefiere ser amado que temido, y le agrada más mostrarse como Padre que apa­recer como Señor. Dios, pues, suplica por misericordia para no tener que castigar con rigor.  

Escucha cómo suplica el Señor: «Mirad y contemplad en mí vuestro mismo cuerpo, vuestros miembros, vuestras entrañas, vues­tros huesos, vuestra sangre. Y si ante lo que es propio de Dios teméis, ¿por qué no amáis al contemplar lo que es de vuestra misma naturaleza? Si teméis a Dios como Señor ¿por qué no acudís a él como Padre?

«Pero quizá sea la inmensidad de mi Pasión, cuyos responsables fuisteis vosotros, lo que os confunde. No temáis. Esta cruz no es mi aguijón, sino el aguijón de la muerte. Estos clavos no me infligen dolor, lo que hacen es acrecentar en mí el amor por vosotros. Estas llagas no provocan mis gemidos, lo que hacen es introduciros más en mis entrañas. Mi cuerpo al ser extendido en la cruz os acoge con un seno más dilatado, pero no aumenta mi sufrimiento. Mi sangre no es para mí una pérdida, sino el pago de vuestro precio.

«Venid, pues, retornad y comprobaréis que soy un padre, que devuelvo bien por mal, amor por injurias, inmensa caridad como paga de las muchas heridas».

 Rávena, ábside basílica S. Apolinar

Pero escuchemos ya lo que nos dice el Após­tol: Os exhorto a presentar vuestros cuerpos. Al rogar así el Apóstol eleva a todos los hombres a la dignidad del sacer­docio: a presentar vuestros cuerpos como hostia viva.

¡Oh inaudita riqueza del sacerdocio cris­tiano: el hombre es, a la vez, sacerdote y víctima! El cristiano ya no tiene que buscar fuera de sí la ofrenda que debe inmolar a Dios: lleva consigo y en sí mismo lo que va a sacrificar a Dios. Tanto la víctima como el sacerdote permanecen intactos: la víctima sacrificada sigue viviendo, y el sacerdote que presenta el sacrificio no podría matar esta víctima.

Misterioso sacrificio en que el cuerpo es ofrecido sin inmolación del cuerpo, y la sangre se ofrece sin derramamiento de sangre. Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva.

Este sacrificio, hermanos, es como una imagen del de Cristo que, permaneciendo vivo, inmoló su cuerpo por la vida del mundo: él hizo efectivamente de su cuerpo una hostia viva, porque a pesar de haber sido muerto, continúa viviendo. En un sacrificio como éste, la muerte tuvo su parte, pero la víctima per­maneció viva; la muerte resultó castigada, la víctima, en cambio, no perdió la vida. Así también, para los mártires, la muerte fue un nacimiento: su fin, un principio, al ajusticiar­los encontraron la vida y, cuando, en la tierra, los hombres pensaban que habían muerto, empezaron a brillar resplandecientes en el cielo.

Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como una hostia viva. Es lo mismo que ya había dicho el profeta: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo [Heb 10,5; Sal 39,7].

Hombre, procura, pues, ser tú mismo el sacrificio y el sacerdote de Dios. No desprecies lo que el poder de Dios te ha dado y concedido. Revístete con la túnica de la santidad, que la castidad sea tu ceñidor, que Cristo sea el casco de tu cabeza, que la cruz defienda tu frente, que en tu pecho more el conocimiento de los misterios de Dios, que tú oración arda conti­nuamente, como perfume de incienso: toma en tus manos la espada del Espíritu: haz de tu corazón un altar, y así, afianzado en Dios, presenta tu cuerpo al Señor como sacrificio.

Dios quiere tu fe, no desea tu muerte; tiene sed de tu entrega, no de tu sangre; se aplaca, no con tu muerte, sino con tu buena voluntad.

Índice de Reforma o apostasía

 

7 comentarios

  
J.C. Polavieja
Reconfortante y verdadero el párrafo final...
19/04/16 1:44 PM
  
Carlos
Ave Maria
Gracias querido y Rev. Padre José María por este texto tan profundo que ha calado muy profundamente en mi ser, me quedé sin palabras. Dios lo guarde.
Hemos vuelto a Canadá a la misión y estaremos muy pronto en una Semana de Adoración al Santísimo, conocida como el "Sitio de Jericó" , lo tendremos en nuestras pobres oraciones y le rogamos su bendición.
Carlos y Teresa
San Miguel Arcángel
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JMI.-Dios bendiga siempre sus apostolados.
Bendición +
19/04/16 3:17 PM
  
Guillermo
¿San Padre Crisólogo? Ágios Patér Imón, páter...
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JMI.-Lapsus teclae.
Padre por Pedro.
Gracias por avisar, ya lo cambié.
19/04/16 4:10 PM
  
Franco David
Buenas tardes Padre, le escribo desde Paraguay. ¿Qué podría decirme sobre el fenómeno San Expedito? No sé si en España es muy venerado, acá lo es sobremanera. Ahora bien, ¿es verídico que no es un santo oficialmente reconocido por la Iglesia? Perdone si me salgo del tema del blog, pero me parece un tema muy interesante.
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JMI.-No tengo la menor idea.
Lo siento.
19/04/16 10:20 PM
  
Águeda
"A veces tenemos que participar en santas Misas terribles".
¡Qué verdad más grande, y cuánta humildad la de nuestro Señor!
19/04/16 11:01 PM
  
Beatriz Mercedes Alonso (Córdoba - Argentina)
¡¡¡Qué maravilloso Sermón!!! Yo disfruto mucho del Oficio de lectura porque nos alimenta y conforta el alma. Qué hermosas enseñanzas y cuán necesarias en estos tiempos.

Muchísimas gracias, Padre Iraburu por todo lo que hace para ayudarnos a crecer en la fe, la esperanza y la caridad. Que Dios le recompense con creces y lo bendiga siempre. Rezo por Ud y por todos los que hacen InfoCatólica que tanto nos están ayudando en estos momentos.
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JMI.-Bendición +
20/04/16 2:10 PM
  
antonio
Estimado padre, esté no lo habia leido.
Como Dice Beatriz, muchísimas gracias!!!!!
Que Dios lo bendiga y lo haga con la Iglesia.y con está página, que ilumina mucho, aclara, nos sentimos guiados.En la VERDAD de la Iglesia.
Que como me enseño mi director, está como me enseño mi director, quizás en forma sucesiva, está el Mismo CRISTO.La Iglesia, humaniza al mundo, no es enemiga!!!!Estoy leyendo la Redemptor Hominis, de San Juan Pablo II.


Que Dios lo bendiga ,lo haga con la Iglesia, y con el mundo.
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JMI.-Bendición +
08/05/16 2:55 PM

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