(16) El demonio –I

–Me lo temía, me lo veía venir. Y más de uno… Mejor no digo nada.
–Yo también me lo temía, me veía venir su comentario. Lo que me sorprende gratamente es su prudente decisión de no decir nada. Comienzo a sospechar que va usted mejorando.

Hoy no creen en el demonio muchos cristianos, sobre todo entre los más ilustrados. Actualmente, la existencia y la acción del demonio en la vida de los hombres y de las sociedades es silenciada sistemáticamente por aquellos sacerdotes que han perdido la fe en esta realidad central del Evangelio. O que tienen la fe tan débil, que ya no da de sí para confesarla en la predicación y la catequesis. Hemos de reconocer, sin embargo, que esta deficiencia en la fe es muy grave, ya que falsifica el Evangelio y toda la vida cristiana. En todo caso, esto es lo que hay: aleccionados por la Manga de Sabiazos omnidocente de los últimos decenios,

algunos afirman que Satán y los demonios solo serían en la Escritura personificaciones míticas del pecado y del mal del mundo; de tal modo que «en la fe en el diablo nos enfrentamos con algo profundamente pagano y anticristiano» (H. Haag, El diablo, Barcelona, Herder 1978, 423). Están perdidos. Pablo VI, por el contrario, afirma que «se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer la existencia [del demonio]; o bien la explica como una pseudo-realidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias» (15-XI-1972).

algunos piensan que la enseñanza de Cristo sobre los demonios dependería de la creencia de sus contemporáneos. Absurdo. Jesús, «el que bajó del cielo» (Jn 6,38), siempre vivió libre del mundo. Siempre pensó, habló y actuó con absoluta libertad respecto al mundo judío de su tiempo, como se comprueba en su modo de tratar a pecadores y publicanos, de observar el sábado, de hablar a solas con una mujer pecadora y samariatana, y en tantas otras ocasiones.

Por lo demás, en tiempos de Jesús, unos judíos creían en los demonios y otros no (Hch 23,8). De modo que cuando le acusan de «expulsar los demonios» de los hombres «con el poder del demonio», si él no reconociera la existencia de los demonios, su respuesta hubiera sido muy simple: «¿de qué me acusan? Los demonios no existen». Por el contrario, Jesús reconoce la existencia de los demonios y la realidad de los endemoniados, y asegura que la eficacia irresistible de sus exorcismos es un signo cierto de que el poder del Reino de Dios ha entrado con él en el mundo (Mt 12,22-30; Mc 3,22-30).

algunos, de ciertas representaciones del diablo que estiman ingenuas o ridículas, deducen que la fe en Satanás corresponde a un estadio religioso primitivo o infantil, del que debe ser liberado el pueblo cristiano. Pero, por el contrario, cuando los hagiógrafos representan al diablo en la Biblia como serpiente, dragón o bestia, nunca confunden el signo con la realidad significada, ni tampoco se confunden sus lectores creyentes, que para entender el lenguaje simbólico no son tan analfabetos como lo es el hombre moderno. En todo caso, ese analfabetismo habrá que tenerlo hoy en cuenta en la predicación y en la catequesis.

y otros piensan que son tan horribles «las consecuencias de la fe en el diablo», que bastan para descalificar tal fe: brujería, satanismo, prácticas mágicas, sacrilegios (Haag 323-425). Pero precisamente la Escritura misma, las leyes de Israel y de la Iglesia, han sido siempre las más eficaces para denunciar y vencer todas esas aberraciones. Y negar o ignorar al demonio lleva a consecuencias iguales o peores.

Pero salgamos de la oscuridad de las nieblas emanadas por esos sabiazos, y abramos las mentes a la luz de la Revelación bíblica, haciéndonos discípulos de Dios.

En el Antiguo Testamento el demonio, aunque en forma imprecisa todavía, es conocido y denunciado: es la Serpiente que engaña y seduce a Adán y Eva (Gén 3); es Satán (en hebreo, adversario, acusador), es el enemigo del hombre, es «el espíritu de mentira» que levanta falsos profetas (1Re 22,21-23).

El demonio es el gran ángel caído que, no pudiendo nada contra Dios, embiste contra la creación visible, y contra su jefe, el hombre, buscando que toda criatura se rebele contra el Señor del cielo y de la tierra. La historia humana fue ayer y es hoy el eco de aquella inmensa «batalla en el cielo», cuando Miguel con sus ángeles venció al Demonio y a los suyos (Ap 12,7-9). Todo mal, todo pecado, tiene en este mundo raíz diabólica, pues por la «envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen» (Sab 2,24).

En el Nuevo Testamento, Cristo se manifiesta como el vencedor del demonio. El Evangelio relata en el comienzo mismo de la vida pública de Jesús que «fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo» (Mt 4,1-11). La misión pública de Cristo en el mundo tiene, pues, en ese terrible encontronazo con el diablo su principio, y en él se revela claramente cuál es su fin: llegada la plenitud de los tiempos, «el Hijo de Dios se manifestó para destruir las obras del diablo» (1 Jn 3,8).

Satanás, príncipe de un reino tenebroso, formado por muchos ángeles malos (Mt 24,41; Lc 11,18) y por muchos hombres pecadores (Ef 2,2), tiene un poder inmenso: «el mundo entero está puesto bajo el Maligno» (1 Jn 5,19). Efectivamente, el «Príncipe de los demonios» (Mt 9,34) es el «Príncipe de este mundo» (Jn 12,31), más aún, el «dios de este mundo» (2 Cor 4,4), y forma un reino contrapuesto al reino de Dios (Mt 12,26; Hch 26,18). Los pecadores son sus súbditos, pues «quien comete pecado ése es del Diablo» (1Jn 3,8; cf. Rm 6,16; 2 Pe 2,19).

Consciente de este poder, Satanás en el desierto le muestra a Jesús con arrogancia «todos los reinos y la gloria de ellos», y le tienta sin rodeos: «todo esto te daré si postrándote me adoras». Satanás, en efecto, puede «dar el mundo» a quien –por soberbia y pecado, mentira, lujuria y riqueza– le adore: lo vemos cada día. Tres asaltos hace contra Jesús, y en los tres intenta llevar a Cristo a un mesianismo temporal, ofreciéndole una liberación de la humanidad «sin efusión de sangre» (Heb 9,22). Y esa misma tentación habrán de sufrir después, a través de los siglos, sus discípulos. Por eso Cristo quiso revelar en su evangelio las tentaciones del diablo que Él mismo sufrió realmente, para librarnos a nosotros de ellas. En el desierto, desde el principio, quedó claro que el Príncipe de este mundo no tiene ningún poder sobre él (Jn 14,30), porque en él no hay pecado (8,46). Es Jesús quien impera sobre el diablo con poder irresistible: «apártate, Satanás». Lo echa fuera como a un perro.

Tras el combate en el desierto, «agotada toda tentación, el Diablo se retiró de él temporalmente» (Lc 4,13). Solo por un tiempo. Vuelve a atacar con todas sus infernales fuerzas a Jesús cuando éste se aproxima al final de su ministerio. En la Cena, «Satanás entró en Judas» (22,3; Jn 13,27). Y el Señor es consciente de su acción: «viene el Príncipe de este mundo, que en mí no tiene poder alguno» (14,30). Por eso en Getsemaní dice: «ésta es vuestra hora, cuando mandan las tinieblas» (Lc 22,53). La victoria de la cruz está próxima: «ahora es el juicio del mundo, ahora el Príncipe de este mundo será arrojado fuera. Y yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,31-32; cf. 16,11).

Cristo es un exorcista potentísimo. En los Evangelios, una y otra vez, Jesús se manifiesta como predicador del Reino, como taumaturgo, sanador de enfermos sobre todo, y como exorcista. No conoce a Cristo quien no lo reconoce como exorcista. Y quien no cree en Jesús como exorcista no cree en el Evangelio. Consta que los relatos evangélicos de la expulsión de demonios pertenecen al fondo más antiguo de la tradición sinóptica (Mc 1,25; 5,8; 7,29; 9,25). Y como ya vimos, el mismo Cristo entiende que su fuerza de exorcista es signo claro de que el Reino de Dios ha entrado con él en el mundo (Mt 12,28). Cito los exorcismos principales (sin dar la referencia de sus lugares paralelos).

Ya en el mismo inicio de su ministerio público, Cristo, en la sinagoga de Cafarnaún, libera con violencia a un endemoniado: «¡cállate y sal de él!». La impresión que su poder espiritual causa es enorme: «su fama se extendió por toda Galilea» (Mc 1,21-28). Es sin duda exorcismo la liberación del epiléptico endemoniado (Mt 17,14-18). Cristo realiza a distancia el exorcismo de la niña cananea (Mt 15,21-28). Particularmente violento es el exorcismo del endemoniado de Gerasa (Mc 5,1-20). También se refiere con detalle el exorcismo del endemoniado mudo, o ciego y mudo (Lc 11,14; Mt 12,22). De María Magdalena había echado Jesús siete demonios (Lc 8,2).

Los Evangelios testifican reiteradas veces que la expulsión de demonios era una parte habitual del ministerio de Cristo, claramente diferenciado de la sanación de enfermos. «Al anochecer, le llevaban todos los enfermos y endemoniados, y toda la ciudad se agolpaba a la puerta. Jesús sanó a muchos pacientes de diversas enfermedades y expulsó a muchos demonios» (Mc 1,32; cf. Lc 13,32). Las curaciones, sin apenas diálogo, las realiza Jesús con suavidad y gestos compasivos, como tomar de la mano; los exorcismos en cambio suelen ser con diálogo, y siempre violentos, duros, imperativos. Una aproximación histórica a la figura de Jesús que venga a asimilar los exorcismos a las sanaciones se habrá realizado seguramente sin dar crédito a los Evangelios.

También los Apóstoles son exorcistas, ya que Cristo, al enviarlos, les comunica para ello un poder especial: «les dió poder sobre todos los demonios y para curar enfermedades» (Lc 9,1). Jesús profetiza: «en mi nombre expulsarán los demonios, hablarán lenguas nuevas, pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán» (Mc 16,17-18). Y los Apóstoles, fieles al mandato del Señor, ejercitaron frecuentemente los exorcismos, como lo había hecho Cristo. Por ejemplo, San Pablo: «Dios hacía milagros extraordinarios por medio de Pablo, hasta el punto de que con solo aplicar a los enfermos los pañuelos o cualquier otra prenda de Pablo, se curaban las enfermedades y salían los espíritus malignos» (Hch 19,11-12).

Reforma o apostasía. Seguiré con el tema, Dios mediante; pero antes de terminar quiero recordar una vez más que la reforma de la Iglesia requiere principalmente una meta-noia, un cambio de mente, un paso de la ignorancia, del error, de la herejía, a la luz de la verdad de Cristo. Aquellas verdades de la fe que hoy sean ignoradas o negadas, han de ser reafirmadas cuanto antes. De otro modo seguirá creciendo la apostasía.

Hace unos decenios, cuando más ruidosamente se difundían herejías sobre el demonio –ahora ya se han arraigado calladamente en no pocas Iglesia locales–, Pablo VI reafirmó la fe católica, haciendo notar que hoy, con desconcertante frecuencia, aquí y allá, «encontramos el pecado, que es perversión de la libertad humana, y causa profunda de la muerte, y que es además ocasión y efecto de una intervención en nosotros y en el mundo de un agente oscuro y enemigo, el demonio. El mal no es sólamente una deficiencia, es una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y perversor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa… Y se trata no de un solo demonio, sino de muchos, como diversos pasajes evangélicos nos lo indican: todo un mundo misterioso, revuelto por un drama desgraciadísimo, del que conocemos muy poco» (15-XI-1972).

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

22 comentarios

  
Raúl
Al hilo de la apostasía y de las herejías en la Iglesia en los últimos decenios, y aprovechando el tema que trae hoy a colación, son también interesantes aquellas palabras atribuidas, creo, a Pablo VI durante una audiencia o una homilía: "A través de una fisura, el humo de Satanás ha entrado en el templo de la Iglesia".

No las recuerdo exactamente, pero creo que eran esas. Siempre me han impresionado y deben hacer reflexionar bastante.
19/07/09 11:27 PM
  
asrone
Muchas gracias por su artículo.

Aquí van unas preguntas (a menos que tenga pensado contestarlas en la 2ª parte)

¿Será perfecta la libertad del hombre en el Cielo? ¿Cómo es la libertad de un demonio? ¿La verdad de Dios habita en un demonio? ¿Cuál es la causa del sufrimiento de un demonio? ¿Cambiará en algo el conocimiento de Dios que tiene un demonio, después del Juicio Final?

Saludos cordiales, asrone.
20/07/09 12:02 AM
  
Ignacio González
Creo que las palabras de Pablo VI fueron "El humo de Satanás penetra por debajo de las puertas de la Iglesia".
20/07/09 4:31 AM
  
Miguel Serrano Cabeza
Raúl:

El Papa Pablo VI, en su discurso:

i) del 7 de diciembre de 1968 (Osservatore Romano del 8) al Seminario lombardo en Roma, afirmó que:

"la Iglesia se encuentra en una hora inquieta de autocrítica o, mejor dicho, de auto demolición. Es como una inversión aguda y compleja que nadie se habría esperado después del Concilio. La Iglesia está prácticamente golpeándose a sí misma".

ii) del 29 de junio de 1972 (Osservatore Romano del 30), afirmó que:

"por alguna rendija se ha introducido el humo de Satanás en el templo de Dios... También en la Iglesia reina este estado de incertidumbre. Se creyó que después del Concilio vendría una jornada de sol para la historia de la Iglesia. Ha llegado, sin embargo, una jornada de nubes, de tempestad, de oscuridad".

iii) del 22 de noviembre de 1973 (Osservatore romano del 23), afirmó que:

"la apertura al mundo fue una verdadera invasión del pensamiento mundano en la Iglesia".

iv) del 17 de julio de 1975 (Osservatore Romano del 18), afirmó que:

"¡Basta con la disensión dentro de la Iglesia! ¡Basta con una disgregadora interpretación del pluralismo! ¡Basta con la lesión que los mismos católicos infligen a su indispensable cohesión! ¡Basta con la desobediencia calificada de libertad!".

El Papa Juan Pablo II, en su discurso del 6 de febero de 1981 (Osservatore Romano del 7), afirmó que:

"Es necesario admitir con realismo, y con profunda y atormentada sensibilidad, que los cristianos hoy, en gran parte, se sienten extraviados, confusos, perplejos, e incluso desilusionados; se han esparcido a manos llenas ideas contrastantes con la verdad revelada y enseñada desde siempre; se han propalado verdaderas y propias herejías en el campo dogmático y moral, creando dudas, confusiones, rebeliones; se ha manipulado incluso la liturgia; inmersos en el relativismo intelectual y moral, y por esto en el permisivismo, los cristianos se ven tentados por el ateísmo, el agnosticismo, el iluminismo vagamente moralista, por un cristianismo sociológico, sin dogmas definidos y sin moral objetiva".

cfr. Romano Amerio: "Iota Unum", puntos §7 y §9.
http://66.240.239.19/4/2/2/42200.ZIP
http:/www.statveritas.com.ar/Libros/IOTA_UNUM.zip

ADVENIAT REGNVM TVVM.
20/07/09 9:31 AM
  
José María Iraburu
Gracias, Miguel.
20/07/09 9:36 AM
  
ricardo
Pablo VI, ruega por la Iglesia.
20/07/09 9:39 AM
  
converso
Recomiendo encarecidamente la lectura de la Suma Teológica de Santo Tomás, Primera Parte (Prima), a partir de la Cuestión 50 (relativas a los ángeles), y en especial las Cuestiones 63 (La maldad de los ángeles: la culpa) y 64 (La pena de los demonios).

Manda narices que salgan ahora teólogos de tres al cuarto doctorados en Alemania a decir que todo esto es mitología. Increíble.

¿Sabemos lo que decimos cuando afirmamos "Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra, DE TODO LO VISIBLE Y LO INVISIBLE..." Ah, es verdad, es que ahora este Credo no se usa, se usa el otro, que es más cortito y más cómodo.

Vergonzoso. Y muy triste.
20/07/09 10:02 AM
  
chus
Siempre pensé que se creía en las verdades reveladas por la autoridad de Quien revela y no porque nos parezca más o menos racional lo revelado. SI se renuncia a creer en algo concreto, se invalida todo lo demás. Creer conlleva el "kit" completo, guste o no, nos parezca más o menos lógico o no. El demonio entra en el "kit".
Impresionantes las palabras de Pablo VI y Juan Pablo II que se recogen antes.
20/07/09 11:13 AM
  
Luis López
Desde mi vuelta a la fe el tema de la "realidad" del demonio ha sido mi último bastión de duda, quizás dejándome llevar excesivamente por esa nueva teología que no quiere oír hablar ni en broma del demonio y los ángeles caídos. Me parecía más "racional" entender el demonio como la "ausencia o alejamiento de Dios", sin darle categoría ontológica alguna.

Sin embargo, basta leer el Evangelio para darse cuenta de que las cosas no son así, y que la lucha contra el demonio -como ser real- ha sido una de las principales acciones de Jesús en su vida terrenal (acción que continúan hoy los exorcistas bajo la autoridad de la Iglesia). Y creo también que uno de los principales éxitos del demonio es su carácter invisible, hacer creer al mundo moderno que es una mera mitología caduca, lo que ha producido la quiebra de la fe de muchos. Y también desgraciadamente el incremento de sus malvadas acciones.
20/07/09 6:59 PM
  
M. Virginia
Creo que una muestra elocuente de la pasmosa falta de fe de muchos pastores en la existencia del demonio y en su acción, es la entrevista de hace unos días al padre Amorth, http://panodigital.com/entrevistas/padre_amorth_el_nuevo_ritual_de_exorcismos_es_una_farsa . Creo que tal vez sería oportuno, en este Año Sacerdotal, pedir que los sacerdotes vuelvan a la saludable costumbre de rezar siempre, luego de la Misa, la oración a San Miguel Arcángel, como lo había pedido en su momento S.S. León XIII. ¿Hay algun documento "oficial" que haya pedido que ésta se suprima, o simplemente cayó en desuso por negligencia, padre?... Otra inquietud: ¿podría aclarar la hipótesis (que a la luz de lo expuesto, parece inconcebible)de Von Balthasar (a quien citan muchos modernos "iluminados") acerca de que "el infierno existe, pero está vacío" (¡¡!!). Y si es posible, citar dónde es que lo afirma... Gracias padre.
20/07/09 7:17 PM
  
M. Virginia
Perdón; aclaro, por si a alguien le resulta novedosa la mención que referí del P.León XIII:

En Octubre 13, 1884, el Papa León XIII, experimento una visión horrible. Después de celebrar la Eucaristía, estaba consultando sobre ciertos temas con sus cardenales en la capilla privada del Vaticano cuando de pronto se detuvo al pie del altar y quedo sumido en una realidad que solo el veía. Su rostro tenia expresión de horror y de impacto. Se fue palideciendo. Algo muy duro había visto. De repente, se incorporó, levantó su mano como saludando y se fue a su estudio privado. Lo siguieron y le preguntaron: ¿Qué le sucede su Santidad? ¿Se siente mal?
El respondió: "¡Oh, qué imágenes tan terribles se me han permitido ver y escuchar!", y se encerró en su oficina.
Luego refirió: "Vi demonios y oí sus crujidos, sus blasfemias, sus burlas. Oí la espeluznante voz de Satanás desafiando a Dios, diciendo que el podía destruir la Iglesia y llevar todo el mundo al infierno si se le daba suficiente tiempo y poder. Satanás pidió permiso a Dios de tener 100 años para poder influenciar al mundo como nunca antes había podido hacerlo." También León XIII pudo comprender que si el demonio no lograba cumplir su propósito en el tiempo permitido, sufriría una derrota humillante. Vio a San Miguel Arcángel aparecer y lanzar a Satanás con sus legiones en el abismo del infierno.
Después de media hora, llamó al Secretario para la Congregación de Ritos. Le entregó una hoja de papel y le ordenó que la enviara a todos los obispos del mundo indicando que bajo su mandato tenía que ser recitada después de cada misa, la oración que ahí él había escrito. (la tradiciconal oración a S.Miguel). http://www.corazones.org/santos/miguel_arcangel.htm

20/07/09 7:23 PM
  
José María Iraburu
Virginia,
muchas gracias por traer la historia de la oración al arcángel San Miguel, dispuesta por León XIII.
De todos modos, un párroco hoy no puede imponerla, por decirlo así, al final de sus misas simplemente porque a él le da devoción. En esto, como en todo, debe atenerse a las normas establecidas por sus Obispos. Yo, personalmente, hice una estampa con esa oración, la llevo en el Breviario y la rezo con frecuencia, pero no se me ocurre rezarla en público en las Misas que he de celebrar aquí y allá. No estaría bien.
20/07/09 9:32 PM
  
M. Virginia
Gracias por su corrección, padre. Creí que se podía incluir libremente, como muchos sacerdotes incluyen el Alma de Cristo como costumbre en la Acción de gracias.
20/07/09 10:46 PM
  
Fernando
Padre, los sacerdotes no pueden imponer esa oración, pero ciertamente sí pueden recomendarla, y explicar por qué León XIII dispuso que se rezara después de la Misa.

Bueno, cuando el sacerdote celebre según el modo extraordinario del Rito romano sí que se incluirá, después de cada Misa, la oración al Arcángel San Miguel.
21/07/09 1:51 AM
  
M. Virginia
Padre: le reitero el pedido de aclaración acerca de la tesis de Von Balthasar sobre el infierno "vacío"(a mi modesto entender, bastante herética), ya que he oído a muchos que lo citan como "autoridad" para sostenerla, incluso en institutos de enseñanza. Gracias nuevamente!




21/07/09 9:28 PM
  
O.A
Pues yo la rezo todos los dias,por la mañana y por la noche,al final de mis plegarias y se la he enseñado a mis hijos y ahora a mis nietos que son pequeños.Ellos saben que existe el infierno y los demonios y son conscientes de que existe la tentacion y el pecado.Los niños no son esos tontitos que queremos ver.No siempre hay que enseñarles que el mundo es tan maravilloso;segun mi humilde criterio hay que fortalecerles y darles en su edad toda la formacion posible que sea veraz y no esas cosas tan ñoñas y blandas que se disuelven como un azucarillo cuando llegan a la adolescencia, si no es incluso, despues de la 1ª Cmunión.Sin cargar las tintas tienen que estar preparados y formados para el mundo que les va a tocar vivir y eso no solo se enseña en el colegio en la catequesis sino en el dia a dia en la familia.
Una familia catolica tiene que saber transmitir las verdades de la fé aunque sepa que los niños van a ir a contrapelo de lo que se lleva y hay que darles el "escudo protector" para que sepan vivir en el mundo sin caer en sus" trampas"En todas la espocas han habido niños santos,incluso martires,pues se les formaba desde muy pequeños y tenian el sentido del bien y del mal,desde muy temprana edad.Pero hoy en dia ya nadie habla de pecado ni de la responsabilidad de los propios actos ni de las consecuencias de actuar bien o mal( empezando por "los púlpitos")y asi hemos llegado a donde hemos llegado...!
Gracias a este Papa,Benedicto xvI,que es un tesoro para estos tiempos de tanta confusión e incredulidad, poco a poco con la ayuda del Espiritu Santo,nos va trazando el camino a seguir.¡Dios le bendiga y le dé muchos años y fortaleza para llevar con firmeza la Nave de la Iglesia hacia buen puerto.Recemos todos por él,en este Año Sacerdotal,pues de verdad lo necesita.¡Los lobos le cercan por todas partes!
21/07/09 9:56 PM
  
José María Iraburu
Virginia,
en (09)Salvación o condenación -y II, al final, trato de la inaceptable teoría de Von Balthasar sobre el infierno vacío.
O. A.,
tiene razón, a los niños hay que transmitirles toda la fe. Mire usted cómo la Santísima Virgen, la Madre del cielo, hace ver a los niños de Fátima, que eran unos críos, una visión del infierno. Quedaron, por supuesto, muy impresionados, y se dedicaron con todo empeño a ofrecer oraciones y sacrificios por la conversión de los pecadores, para que ninguno se pierda para siempre.
21/07/09 10:16 PM
  
solamente juan
Hay donde ahora vivo, unas pocas iglesias que al final de la Misa todos rezamos la oración suplicante a ‘St. Michael the Archangel´ no en España,. No debiera haber restricción alguna, ya que creo que aunque Juan Pablo II no re-instauró la plegaria, la recomendó de nuevo.

La gente piensa que eso del maligno es una superstición obsoleta. Y a veces la culpa es de la jerarquía . Conozco un sacerdote que durante la renovación del Bautismo, cuando preguntaba ¿Renuncian ustedes a Satán ...aclaraba “Es decir satán, lo malo que sale de nosotros, el pecado. ¡No gracias!

El éxito parcial del maligno es hacer creer que él no existe. Mientras tanto y sin embargo, a través del adulterio, la falta de pudor, la abundancia de lujuria, el espiritismo, las adivinanzas del futuro, el tarot , ciertos juegos de rol, satanismo, ciertas músicas infernales, la Nueva Era etc etc el camino fácil de la perdición se ensancha cada vez más y Satán ese que se dice no existir se apodera de almas en el seno de nuestra propia Iglesia. A menudo me dicen algunos cuando les hablo de Dios “yo soy ,muy espiritual” ya sé lo que eso a veces quiere decir.

En general la Iglesia sigue mirando a un lado dejando creer, si no haciendo creer, que la puerta al cielo no es tan estrecha y sinuosa y que todo el mundo eventualmente se salvará. Sin tener en cuenta que Jesús habló más del Infierno que del Cielo. No es popular hablar del diablo, pero sí es bien popular seguirle.

¡Señor ten piedad!
22/07/09 4:26 AM
  
asrone
Padre:

¿Siempre que uno peca es porque ha habido tentación? ¿A Satanás quien lo tentó? ¿Una persona puede pecar 'independientemente del diablo'?
22/07/09 12:31 PM
  
converso
asrone:

En la Suma Teológica de Santo Tomás tienes cumplida respuesta a tus preguntas. Mira mi comentario anterior de las 10:02 del día 20
22/07/09 6:01 PM
  
asrone
converso, muchas gracias.
25/07/09 12:08 PM
  
Hugo Roqué
La Iglesia me enseño a creer en satanas (con minuscula ?) pero he conocido algunos fieles que asisten a curas sanadores aunque ellos mismos no me inspiran total sentido de autenticidad.¿Sera que el maligno se apodera de mi para expresar lo antedicho?
Dios y Señor mnio, ayudame.
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JMI.-El demonio existe, y cuando domina especialmente a una persona, almenos en algunos aspectos, se debe recurrir al exorcismo, en el que Cristo actúa con su inmenso poder.
Grave pecado es acudir a sanadores más o menos brujos.
16/01/17 3:50 PM

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