(318) La alegría cristiana (y III), y sus cien motivos

Pórtate bien

–Quedamos en que el paganismo es triste y el cristianismo alegre (I).

–Y en que la alegría cristiana debe ser pedida, procurada y guardada con todo cuidado (II). Veamos ahora finalmente los motivos de la alegría cristiana (y III):

Es de experiencia, es dato indiscutible –aunque haya quien lo niegue–, que allí donde se vive más en Cristo hay más alegría. En mí propia experiencia, recuerdo tantas confirmaciones de la alegría cristiana en familias, en enfermos, en seminarios y noviciados, en ancianos, en riqueza y en pobreza, en sabios e ignorantes, en colegios y escuelas, en paz o en guerra. Es una alegría sencilla la de quienes viven en Cristo, no estimulada por placeres o prestigios, sino nacida de dentro, nacida de Dios. Es a un tiempo humana y sobre-humana.

* * *

Y es que los motivos de la alegría cristiana son innumerables.

Sabernos amados por Dios es la causa principal de la alegría evangélica. «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo unigénito» (Jn 3,16). Dios nos lo entrega a los hombres en la Encarnación, en la Cruz, en la Eucaristía. «Él nos amó y nos envió a su Hijo, víctima expiatoria por nuestros pecados» (1Jn 4,10). «Dios probó (sinistesin, demostró, acreditó, garantizó) su amor hacia nosotros en que, siendo pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rm 5,8). En gloriosa consecuencia, los cristianos, en la medida en que somos cristianos, somos felices, estamos alegres, vayan las cosas como vayan a nuestro alrededor o en nosotros mismos, porque sabemos que ninguna criatura de arriba o de abajo «podrá arrancarnos al amor de Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro» (8,39).

Dios ha querido hacerse Padre nuestro, para que vengamos a ser realmente hijos de DiosHemos recibido el Espíritu Santo, que nos hace hijos adoptivos de Dios, y que clama en nuestro interior «¡Abbá, Padre! El mismo Espíritu asegura a nuestro espíritu que somos hijos de Dios, y si somos hijos, también herederos, herederos de Dios, coherederos de Cristo» (Rm 8,15-16; cf. Gal 4,6-7). «Ved qué amor nos ha mostrado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios y que lo seamos. Queridísimos, ahora somos hijos de Dios, aunque aun no se ha manifestado lo que hemos de ser» (1Jn 3,1-2). ¿Puede haber para los hombres una causa de alegría más profunda, más fuerte y permanente?  

Dios, por puro amor, habita en nosotros como en un templo. Y esto alegra necesariamente nuestros corazones. «Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos morada» (Jn 14,23). La Iglesia es el templo de Dios entre los hombres; pero cada uno de los fieles, personalmente, es «templo del Espíritu Santo» (1Cor 6,15.19; 12,27). Hemos pasado, pues, de la soledad –una de las mayores penalidades del hombre–, a la compañía continua de las Personas divinas.Ya nunca, por tanto, estamos solos, pues somos siempre cuatro: el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo y yo. ¿Es o no es como para estar «alegres, siempre alegres en el Señor» (Flp 4,4)?   

Hemos pasado de las tinieblas a la luz, de la mentira a la verdad, gracias a Cristo. Ya no estamos a oscuras, en las tinieblas, perdidos, dándonos golpes con las cosas, tristes, sin saber ni de dónde venimos ni a dónde vamos, sin entender nada de lo que pasa en el mundo o en nosotros mismos. Cristo nos libró de estar cautivos del «Padre de la Mentira», el diablo (Jn 8,44), el príncipe de las tinieblas. Y ahora estamos alegres porque somos «hijos de la luz» (12,36). «Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue no anda en tinieblas, sino que tendrá luz de vida» (8,12). Oscuridad-tristeza, luz-alegría.

Hemos pasado del egoísmo a la caridad, pues gracias a Cristo «el amor de Dios se ha derramado en nuestros corazones por la fuerza del Espíritu Santo, que nos ha sido dado» (Rm 5,5). Ahora podemos amar a Dios y al prójimo –al hermano, al cónyuge, a los pobres y enfermos, a los pecadores, a vecinos y colaboradores, a los amigos y a los enemigos– con la misma fuerza sobre-humana del amor divino. Y sabemos que así como lo que más entristece al hombre es no amar, amar poco, amar mal, lo que más le alegra es amar mucho, amar bien y amar a todos. 

Por la caridad, ya no estamos sordos y mudos ante Dios y ante los hermanos. Nos alegra la oración, el diálogo con Dios: «dichoso el pueblo que sabe aclamarte, Señor, caminará a la luz de tu rostro. Tu Nombre es su gozo cada día, tu justicia es su orgullo» (Sal 88,16-17). Y nos alegra también el diálogo con los hermanos, pues la caridad nos libra de ser para ellos, por la falta de amor, como sordos y mudos.

Hemos pasado del pecado a la gracia. Cristo nos ha librado de vivir aplastados bajo el peso de nuestras culpas. El pecado entristece, debilita, destruye al pecador. «No tienen descanso mis huesos a causa de mis pecados. Mis culpas sobrepasan mi cabeza, son un peso superior a mis fuerzas. Mis llagas están podridas y supuran por causa de mi insensatez. Voy encorvado y encogido, todo el día camino sombrío, no hay parte ilesa en mi carne. Estoy agotado, desecho del todo» (Sal 37). Así es: «la maldad da muerte al malvado» (33,22). Tenía razón León Bloy: «la única tristeza es la de no ser santos». Y toda la alegría está en la gracia, en la unión con Dios y en la santidad. «Tu gracia vale más que la vida» (62,4).

Hemos pasado del miedo continuo a la confianza filial en nuestro Padre celestial. Cuántas tristezas vienen en los hombres mundanos de la ansiedad, del miedo a qué pasará en esto y en lo otro. Cristo, por el contrario, nos alegra llevándonos al abandono confiado en la Providencia divina, que es siempre paternal, amorosa, solícita. «Todas las cosas colaboran para el bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28). Por eso, «aunque pase por valle de tinieblas no temeré mal alguno, porque tú vas conmigo» (Sal 22,4)  El justo «no temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor, su corazón está seguro, sin temor» (112,7-8) ). En realidad no hay para los cristianos malas noticias, pase lo que pase, pues todas son buenas noticias, todas son Evangelio bajo la acción de la Providencia divina. Continuamente son evangelizados por las vicisitudes penosas o gozosas de la vida.

Hemos pasado en Cristo de la muerte a la vida, es decir, de la enfermedad, de la vitalidad espiritual escasa y triste, a la vida sana e inmortal. «Yo he venido para que tengan vida, y vida abundante» (Jn 10,10). «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. Si alguno come de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo le daré es mi carne, vida del mundo» (6,51). «Si alguno tiene sed, venga a mí y beba… Ríos de agua viva correrán de su seno» (7,37-38).

Ya no vivimos odiando el dolor, sino amando la Cruz. Los hijos de las tinieblas, que con sus pecados atrajeron sobre sí las siete copas de la ira, gimen abrumados bajo el sufrimiento. «Pero no se arrepintieron, y blasfemaron contra Dios» (Apoc 16), acrecentando así sus dolores. Es cierto que también el cristiano, atravesando este «valle de lágrimas», ha de sufrir a veces noches oscuras, deficiencias psíquicas muy penosas, grandes dolores por los pecados propios y por los pecados del mundo. Pero sufre siempre con paz y esperanza, en pie, junto a la Cruz salvadora –como la Virgen: stabat Mater–. Dice como San Pablo, «ahora me alegro en mis padecimientos por vosotros, y suplo en mi carne lo que falta a las sufrimientos de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1,24). Sabe que sus propios dolores, porque son realmente sufrimientos de Cristo, participan así de su inmenso valor expiatorio y santificante: «ave Crux, spes unica». «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos consuela en todas nuestras penalidades» (2Cor 1,3-4).

Por Cristo ya no sufrimos contrariedades, pues sólo queremos que se cumpla en nosotros la voluntad de Dios. Nosotros, como Cristo, no hemos venido a este mundo a hacer nuestra voluntad, sino a cumplir la voluntad de Dios (Jn 6,38). Hacer día a día la Voluntad divina, ése es «nuestro alimento» (4,34). En consecuencia, nunca sufrimos «contrariedades». Éstas las sufren quienes viven queriendo siempre que se cumpla su propia voluntad, y tantas veces se ven frustados. Pero nosotros tenemos ya concentrado todo nuestro empeño en cumplir la voluntad de Dios providente: «hágase tu voluntad». Incondicionalmente: «aquí está la esclava del Señor; hágase en mí» según Su voluntad. Y de este modo, sin apegos desordenados de la voluntad, guardados en la humildad y en la confianza filial, ya no sufrimos las muchas penalidades que proceden de las voluntades propias, de la soberbia, de la vanidad o de la ambición desordenada. En la humildad de Cristo vivimos  con paz y gozo en la esperanza.

Los cristianos estamos alegres porque aspiramos a las cosas de arriba, no a las de abajo (Col 3,1-2). Por eso sabemos bien que «por la momentánea y ligera tribulación se nos prepara un peso eterno de gloria incalculable, y  no tenemos puestos los ojos en las cosas visibles, sino en las invisibles, pues las visibles son temporales, y las invisibles, eternas» (2Cor 4,18). Los otros, en cambio, los que viven «sin esperanza y sin Dios en este mundo» (Ef 2,12), los que tienen «a su vientre por dios, y no piensan más que en las cosas de la tierra» (Flp 3,19), siempre están sufriendo por cosas vanas, y son como niños que lloran sin consuelo por un juguete roto, por una inyección, por tener que irse a la cama. Los hombres nuevos en Cristo viven, por el contrario, en este mundo «como forasteros y emigrantes» (1Pe 2,11). Tenemos conciencia de que «somos ciudadanos del cielo» (Flp 3,20) y «buscamos las cosas de arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios» (Col 3,1).

* * *

Objeción. «Dice usted, gratuitamente, que los cristianos estamos alegres, etc. etc., y todo eso suena muy bien. Pero no querrá negarnos que tantísimas veces esto no es así». Respondeo dicendum: Los cristianos no están alegres cuando no viven cristianamente. Es decir: están alegres en la medida en que viven el Evangelio de Cristo. Quod erat demonstrandum.

Vengan y comparen, hagan el favor. A ver dónde encuentran ustedes más alegría, en un matrimonio cristiano que anda por los caminos del Evangelio, o en aquel otro que vive según el mundo. Díganme dónde hallan la verdadera alegría, en un sacerdote o religioso que vive solo para la gloria de Dios y la santificación de los hermanos, o en otro que vive «abandonado a los deseos de su corazón» (Sal 80,13; Rm 1,24). Miren a los jóvenes, y reconozcan la diferencia entre aquellos que, por la gracia de Cristo, tienen un alma sana, o en tantos otros que «están muertos por sus delitos y pecados» (Ef 2,1). Ni siquiera hay comparación posible. Y no merece la pena discutir lo indiscutible.

Perdónenme que insista. Díganme quién es más feliz, el que perdona las ofensas o el que las guarda y colecciona con amargura en el rencor; el que es humilde o el que sufre por la soberbia y la vanidad; el que sabe dar al necesitado o el que está en la cárcel de su egoísmo; el que es casto y tiene dominio sobre su cuerpo o el que vive esclavo de sus pasiones; el que vive con Dios, en oración continua, o el que vive la soledad indecible del que no tiene fe en Dios; el que orienta su vida para el bien de los demás, o el que busca únicamente su propio gusto y provecho; el que tiene hijos o el que sólo tiene perros… Que no, que no hay ni comparación, digan lo que digan ateos y pecadores. 

Sigamos a Cristo por «el camino estrecho que lleva a la vida» (Mt 7,14), y conoceremos «la perfecta alegría», la de Jesús, la de San Pablo, la de San Francisco de Asís y la de todos los santos. Recordemos siempre que nuestro Salvador «decía a todos: el que quiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Porque quien quiere salvar su vida, la perderá, y quien perdiere su vida por mi causa, la salvará» (Lc 9,23-24). Y «todo el que haya dejado casa o mujer o hermanos o padres o hijos por causa del reino de Dios» (18,29), «recibirá el céntuplo ahora, en este mundo, en casas, hermanos y hermanas, y madres, hijos y campos, juntamente conpersecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna» (Mc 10,30).

Pero, como dice Santa Teresa, «no acabamos de creer que aun en esta vida da Dios ciento por uno» (Vida 22,15). O San Anselmo (+1109): «Yo te pido, Señor, que reciba todo lo que prometes por tu fidelidad, para que mi gozo sea perfecto. Que éste sea el hambre de mi alma y la sed de mi cuerpo: que todo mi ser lo desee, hasta que entre en el gozo del Señor, que es Dios trino y uno, bendito en todos los siglos. Amén» (Proslogion 26).

José María Iraburu, sacerdote

Post post.- Hay, por supuesto, muchísimos otros motivos permanentes para la alegría en la vida cristiana. Tener a la Virgen María como madre, tener la compañía de los ángeles, la comunión de los santos, que nos mantiene unidos a los bienaventurados del cielo, el seguro perdón de los pecados, la Eucaristía que guarda entre nosotros la real y verdadera presencia de Cristo en esta vida y que nos anticipa la vida celestial… todo el mundo, en fin, de la gracia y de los sacramentos, etc.

Índice de Reforma o apostasía

 

 

16 comentarios

  
Mª Virginia
¡Gracias, gracias, gracias, por cada palabra y gesto suyos llenos de luz, paz y Verdad, querido pater!
26/04/15 3:03 AM
  
Antonio1
Este post es espectacularmente bueno!!
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JMI.-Casi se puede decir que no es mío.
Es una antología de textos de la Escritura, del NT sobre todo, sobre la alegría en Dios.
26/04/15 5:21 AM
  
Luiscar73
"Los cristianos no están alegres cuando no viven cristianamente. Es decir: están alegres en la medida en que viven el Evangelio de Cristo. "
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Esto es inapelable. En efecto, el Gozo cristiano es directamenhte proporcional a la Com-union con Jesucristo. Estamos en la absoluta certeza, de que cuando Pablo(como tantos otros santos) decia;"ya no vivo yo,sino es Cristo el que vive en Mi" ,su Gozo era inenarrable ,aun en medio de sufrimientos. Mas aun,el hecho de sufrir por Cristo ,es convertido por SU Espiritu ,en indecible consolacion(sentida o no,en Luz o en la oscuridad de la Fe). Porque nada consuela mas a un alma cristiana-santificada, que conformarse en todo a SU Señor. Esto es obra del Espiritu de Dios y ,ciertamente,es incomprensible para el que todavia no vive en las Gracias sobrenaturales.
Porque es en la Cruz,en razon del Amor de Cristo, donde comulgamos perfectamente con EL. Porque es en la Cruz de Cristo,donde se clavan nuestros egoismos, motivos de toda vaciedad,tristeza y desesperacion.

Edificantisimo leer sus escritos. Gloria a Dios.

La Paz de Cristo.
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JMI.- "Así como abundan en nosotros los padecimientos de Cristo, así por Cristo abunda nuestra consolación" (2Cor 1,5).
Bien claro.
26/04/15 2:45 PM
  
Ricardo de Argentina
Hasta los infieles reconocen la alegría que es consustancial a la verdadera Fe vivida y asumida.
Más aún, los peores infieles, a saber los enemigos de la Fe, esos que constantemente buscan "deconstruir" la fe del prójimo mediante la pseudo sicología y otros ardides al uso, sabedores de que no la pueden negar también la reconocen. ¡Porque de buen gusto la desconocerían de poder hacerlo!
Pero como no la pueden aceptar así por así, lo cual sería una claudicación inaceptable, la presentan como una "autosatisfacción producida por una ilusión".
Pasando de sus obvios sofismas, aquí puede aplicarse el aforismo jurídico:"A confesión de parte, relevo de prueba", porque a la alegría cristiana no la niegan ni los más acérrimnos enemigos de la Religión.

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JMI.-Cierto.
26/04/15 3:52 PM
  
antonio
Es de experiencia, es dato indiscutible –aunque haya quien lo niegue–, que allí donde se vive más en Cristo hay más alegría.,
Es contundente estimado Padre es asi, siempre recuerdo, cuando conocí a la que es hoy es mi mujer.Familia de Intelectuales, mi Santa Suegra, con sus hermosisimos ojos celestes, y gran distnción, en la cabecera de la Mesa, a su derecha su Padre, un hombre abogado,también un Santo, tenia 9 hijos, no le cobraba a los pobres, de ahi sus penurias económicas.
Una hermana de mi mujer a la izquierda, también muy buena.Mi mujer adelante, jovén de increibles ojos celestes, haciendo chistes de mafalda,llegaba mi cuñado que hoy es Sacerdote, una máquina de hacer chistes. Conoci las tremendas cruces de mis suegros, por mi mujer, pero yo pensaba "que bien se está aqui", ahora con la vida interior, me doy cuenta que estaba Dios, en ese lugar, habia alegria, no resignación, alegria, interior y exterior,.Dios ilumina todo!!!!!!Le da vida a todo, siempre que se viva en Cristo, y mis suegros unos Santos, y no les regalo nada.
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JMI.-Ya puede dar gracias a Dios.
26/04/15 3:53 PM
  
Ricardo de Argentina
Pos Data: La monja pertenece a una congregación argentina, el IVE, cuyo carisma principal es la evangelización de la cultura.
Y a pesar de lo "seriota" que pudiera parecer semejante meta, ellos son de lo más alegres.
Y contagian su alegría.
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JMI.- "Una imagen vale más que cien palabras".
Siempre la frase me ha parecido una considerable estupidez, con apariencia de gran sabiduría china.

Pero en este caso, hago una excepción:
La sonrisa de la Hna. L., del IVE, sí, es una pura y elocuente proclamación del Evangelio.
26/04/15 3:55 PM
  
antonio
Todo lo que usted comenta, y como dice 100 motivos,más siempre viviendo en Cristo, es alegria, una alegria que sale del alma y que como usted dice es sobrenatural, cuando no se vive en Cristo, es una alegria, para llenar iglesias, y hay otras que son pura postura.
La imagén que ilustra el post, es de una alegria, sobrenatural ahi está Dios.
Sería una gran cosa la reforma de la Iglesia!!!!!!

Muchas Gracias, como siempre.
26/04/15 4:00 PM
  
antonio
Por supuesto, leí lo que me comento, a Dios a Través de la Santisima Virgén Maria, dolor, dolor y más dolor, antes de convertirme, le pedi una devoción interesada diría San Luis Maria, a la Virgén como un grito que salta del corazón, que me sacara de eso, y Dios a Través de la Santisima Virgén María, conoci a la que es hoy mi familia, politica,.
Y todo lo que usted comenta es cierto, sufrimiento, mas sufrimiento, sin Cristo nada.
Meter la pata y de que forma!!!!!
26/04/15 4:25 PM
  
Luis Fernando
Pues si ya estamos alegres aquí, en esta vida, imaginaos...

El pasto de los elegidos es la presencia del rostro de Dios, que, al ser contemplado ya sin obstáculo alguno, sacia para siempre el espíritu con el alimento de vida.
San Gregorio Magno, Papa.
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JMI.-"Ahora somos hijos de Dios, aunque aun no se ha manifestado lo que hemos de ser. Sabemos que cuando [Cristo] aparezca, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es" (1Jn 3,2).
26/04/15 5:00 PM
  
Carmen de Chile
"Resistidle firmes en la fe, sabiendo que vuestros hermanos en el mundo entero pasan por los mismos sufrimientos. Tras un breve padecer, el mismo Dios de toda gracia, que os ha llamado en Cristo a su eterna gloria, os restablecerá, os afianzará, os robustecerá. Suyo es el poder por los siglos. Amén." (1 Pe 5, 8-11)

Copio parte de las hermosas lecturas de la Fiesta de San Marcos, de ayer sábado, porque invita a la alegría que se anuncia aquí. Si vienen sufrimientos por amor a la Verdad, no somos los únicos que lo padecemos, lo compartimos con tantos otros; son breves y destinados a reproducir en nosotros la Imágen de Cristo. ¡Cuánta alegría!

"En la cruz está el Señor
de cielo y tierra,
y el gozar de mucha paz,
aunque haya guerra."
(Santa Teresa de Ávila)
26/04/15 5:32 PM
  
antonio
El pasto de los elegidos es la presencia del rostro de Dios, que, al ser contemplado ya sin obstáculo alguno, sacia para siempre el espíritu con el alimento de vida.
San Gregorio Magno, Papa.

Lejos de San Gregorio, esa es la verdadera alegria!!!!!!!!!La otra es la del mundo.En la Novo Millenio Ineunte, San Juan Pablo II, habla que el apostolado sin contemplar el rostro sufriente de Cristo es ineficaz.
Ahora es difícil, con la invasión de la alegria del mundo en la Iglesia.
Pero no imposible.
26/04/15 11:32 PM
  
antonio
Perdone Padre, lo de la alegria para llenar iglesias, y los comentarios, pido perdon no están destinados a las personas, si a las ideas.
Lo sacro es la verdadera alegria en la Iglesia, (Lo sacro y lo profano), recomiendo siempre a los jóvenes los quiero mucho,les toman el pelo, pueden hacer mucho ,hacia ellos no van dirigidas mis opiniones, hablo con jóvenes no creyentes, me gustaría hablar con creyentes, siempre he tenido un don de acercarme a la Juventud, pero como me ven como fanático!!!!Huyen,Muchachos los quiero mucho ustedes son el futuro de la patria.Lo que tengo es suyo.
27/04/15 6:06 PM
  
antonio
ha como siempre muchas gracias!!!!

Como aconsejo leer, sus Blogs ,son de una gran formación, que es lo que necesitán los jóvenes.
27/04/15 6:10 PM
  
Damián+
Celebramos hoy a San Luis María Grignión de Montfort. Un santazo de la gran Alegría en Cristo: Los amigos de la Cruz y María. María: "causa de nuestra Alegría". Abandonados en María combatimos alegres las batallas de mi vida, las batallas de mi tiempo. La Virgen Ssma: nuestra Madre, Esposa, Consuelo y Confidente. Ella libra nuestras batallas en Cristo, Nuestra Pascua. Y eso nos hace permanecer tranquilos y contentos en medio de las aguas tempestuosas y putrefacentes de nuestro tiempo. ¡¡¡Qué fácil y que difícil es dejarse hacer por tan buena madre!! Dejarse querer exige fe y humildad. La fe y humildad de la Sierva del Señor. Y brota la Alegría en Cristo. Y la alabanza como el magma de un volcán.
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JMI.-Celebramos hoy etc.
Sí, pero será con el común de pastores.
Está AUSENTE tanto del Misal romano español como de la Liturgia de las Horas en España.
Increíble.
28/04/15 12:05 PM
  
JOSE RUIZ DE CHAVEZ
Saber que Cristo camina a tu lado te reconforta y te da la alegria necesaria para superar cualquier dificultad.Todo sufrimiento que padezcamos será siempre pequeño comparado con los sufrimientos de Cristo a los que enfrentó con gran valentía por cumplir con su deber ante SU PADRE..VIVA CRISTO REY.
29/04/15 5:33 AM
  
Maria José
Buenas noches, Padre
Yo personalmente tengo que agradecerle mi regreso al catolicismo practicante, de esto hace aproximadamente dos años y medio. Vivo en Zaragoza, capital y encontré casualmente una emisora de radio pirata que transmitía sus conferencias de forma ininterrumpida durante días, una emisora sin publicidad y que nunca dijo el nombre de la misma ni el de sus patrocinadores, (actualmente no se puede sintonizar).
A raíz de ello le busque por internet y di con radio Maria. Y solo fue cuestión de tiempo que diera el paso definitivo. Me siento muy agraciada por Dios que ha puesto un director espiritual/confesor en mi camino.
Le sigo en infocatolica pero no puedo escuchar las conferencias desde el movil. No tengo iPhone es un smartphone y me gustaría saber qué aplicación debo descargar para oírle si fuese posible.
Sé que este comentario no parece que tenga nada que ver con su post, pero no deja de ser un motivo más para la alegría. De todas formas, si le parece, puede contestarle directamente a mi correo si existe esa aplicación.
Y mi más afectuoso agradecimiento y mis oraciones.
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JMI.-Demos gracias a Dios por todo el bien que le ha hecho en este último tiempo, concretamente a través de Radio María.

Mis conferencias, de una hora, más de 200,están asequibles
1.pidiéndolas a Radio María; o más fácilmente
2. descargándolas de la web de la Fundación GRATIS DATE
WWW.gratisdate.or, en pestaña ESPIRITUALIDAD
3. Pidiéndolas a la fundación GRATIS DATE fundaion@gratisdate.org
y se las mandaremos en dos DVDs gratuitamente, van en MP3

Bendición +


30/04/15 1:10 AM

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