(272) Liturgia –8. Eucaristía, 3. El sacerdocio eucarístico y lo sagrado

–A ver si nos enteramos por fin de qué es un cura.

–Lo más importante es que los mismos sacerdotes se enteren bien de su identidad y misión.

Ya contemplamos (269) a Jesucristo, sacerdote eterno de la Liturgia cristiana, y concretamente de la Eucaristía. Y ya sabemos también que la liturgia es el ejercicio del sacerdocio de Cristo y de la Iglesia, que al ser su Cuerpo, es también sacerdotal.

Todo el pueblo cristiano es sacerdotal (269 in fine). La comunidad reunida en torno a Cristo forma «una estirpe elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para pregonar el poder del que os llamó de las tinieblas a su luz admirable» (1Pe 2,5-9; cf, Ex 19,6). También en el Apocalipsis los cristianos, especialmente los mártires, son llamados sacerdotes de Dios (1,6; 5,10; 20,6). Y esta inmensa dignidad les viene de su unión sacramental a Cristo sacerdote. Consideremos ahora el sacerdocio ministerial instituido por el sacramento del Orden.

–El sacerdote es el ministro re-presentante de Cristo dentro del pueblo sacerdotal cristiano. Quiso el Señor instituir un «especial sacramento [el del Orden] con el que los presbíteros, por la unción del Espíritu Santo, quedan sellados con un carácter particular, y así se configuran con Cristo sacerdote, de suerte que puedan obrar como en persona de Cristo cabeza» (Vat.II, Presbyterorum ordinis 2c). Los sacerdotes, en efecto, son «consagrados de manera nueva a Dios por la recepción del Orden [novo modo consecrati, respecto de la consagración bautismal], y se convierten en instrumentos vivos de Cristo, Sacerdote eterno». De tal modo que «todo sacerdote, a su modo, representa la persona del mismo Cristo, y es enriquecido de gracia particular para que mejor pueda alcanzar, por el servicio de los fieles, la perfección de Aquel a quien representa» (PO 12a).

Según esto, la gracia propia del sacramento del Orden da a estos fieles un nuevo ser, que les hace posible un nuevo obrar. En adelante, estos cristianos constituidos sacerdotes-ministros, han de vivir, siempre y en todo lugar, el ministerio de la re-presentación de Cristo entre sus hermanos. Sacerdos alter Christus.

Con gran audacia expresiva el Sínodo Episcopal de 1971, dedicado al tema del sacerdocio, afirma estas realidades de la fe: «Entre los diversos carismas y servicios, únicamente el ministerio sacerdotal del Nuevo Testamento, que continúa el ministerio de Cristo mediador y es distinto del sacerdocio común de los fieles por su esencia, y no solo por grado, es el que hace perenne la obra esencial de los Apóstoles. En efecto, proclamando eficazmente el Evangelio, reuniendo y guiando la comunidad, perdonando los pecados y, sobre todo, celebrando la Eucaristía, hace presente a Cristo, Cabeza de la comunidad, en el ejercicio de su obra de redención humana y de perfecta glorificación de Dios… El sacerdote hace sacramentalmente presente a Cristo, Salvador de todo el hombre, entre los hermanos, no sólo en su vida personal, sino también social» (II,4).

El sacerdote re-presenta a Cristo de modo supremo en la eucaristía. Afirma el Vaticano II que «Cristo está presente… en la persona del ministro, “ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes el mismo que entonces se ofreció en la cruz”» (Sacrosactum Concilium 7). Las oraciones eucarísticas presidenciales, las que reza el sacerdote solo, son oraciones «de Cristo con su Cuerpo al Padre» (cf. SC 84). En la liturgia de la Palabra hace el sacerdote presente al mismo Cristo, que enseña y predica a su pueblo. Es Cristo mismo, ciertamente, quien en la liturgia sacrificial dice por el sacerdote «esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre». Es Él quien saluda al pueblo, es Él quien lo bendice, y quien, al final de la Misa, lo envía al mundo. Con sus ornamentos, palabras y acciones sagradas, el sacerdote es símbolo litúrgico de Jesucristo; no tanto del Cristo histórico, sino del Cristo resucitado y celestial, que sentado a la derecha del Padre, como Sacerdote de la Nueva Alianza, «vive siempre para interceder» por nosotros (Heb 7,25).

Por eso, la vivencia plena de la eucaristía exige una facilidad para reconocer a Cristo en el sacerdote. Apenas es posible contemplar la eucaristía en la fe, y participar de ella, si en la práctica se ignora este aspecto del misterio. En efecto, el ministro sacerdote en la Misa visibiliza la presencia y la acción invisible del único sacerdote, Jesucristo. Y, por supuesto, el ministerio del sacerdote visible no debe velar, sino revelar esa presencia invisible del Sacerdote eterno.

Si en la Misa no se ve a Cristo en el sacerdote, resulta en buena parte ininteligible, y no se podrá evitar que en su celebración se incurra en prácticas erróneas. Y esta ignorancia resulta especialmente grave cuando se da en el mismo sacerdote. Podemos apreciar lo que digo con algunos ejemplos.


–El presbítero en la sede re-presenta a Cristo, que preside la asamblea eucarística, sentado a la derecha de Dios Padre: poner como sede una banquetilla, una silla corriente o un taburete, proclama la ignorancia de esta realidad de la fe. No es ése el signo adecuado para significar litúrgicamente en la tierra la sede celestial. –El Domingo de Ramos los fieles en la procesión aclaman a Cristo, re-presentado por el sacerdote celebrante, que entra en el templo –en Jerusalén–, para ofrecer el sacrificio, y le acompañan con palmas. Ahora bien, si el sacerdote lleva también su palma, no parece que tenga muy clara conciencia de que en esa procesión de los ramos él está simbolizando a Cristo. La rúbrica 9 del Misal Romano, en el Domingo de Ramos, al establecer el orden de la procesión, dice… «a continuación el sacerdote con los ministros, y por último, los fieles, que llevan los ramos en las manos». –Ignora igualmente el sacerdote esa re-presentación misteriosa de Cristo cuando, modificando los saludos y bendiciones, dice en la Misa: «El Señor esté con nosotros», la bendición de Dios «descienda sobre nosotros», «Vayamos en paz». En realidad, actuando así, no obra en cuanto ministro que representa a Cristo-cabeza, sino como un miembro más de Cristo: oculta al Señor, a quien debería visibilizar en esos actos ministeriales.

Se podrían multiplicar los ejemplos, pero todos ellos nos llevarían a la misma comprobación: la fe en el ministerio del sacerdote como re-presentante litúrgico de Cristo está hoy con frecuencia muy debilitada  tanto en el pueblo cristiano como en los mismos sacerdotes. El igualitarismo de la mentalidad vigente es, sin duda, uno de los condicionantes ambientales que explican ese oscurecimiento de un aspecto de la fe.

* * *

Lo «sagrado» cristiano (cf. 210: La Iglesia es sagrada). En la vida litúrgica es frecuente el uso de la categoría de «sagrado». Pero ¿qué es lo sagrado en la Iglesia? En un sentido amplio, toda la Iglesia es sagrada, pues ella es «sacramento universal de salvación» (LG 48b, AG 1a). Sin embargo, el lenguaje tradicional suele hablar más bien de sagradas Escrituras, lugares sagrados, sagrados cánones conciliares, sagrados pastores, etc., y por supuesto, sagrada liturgia. En efecto, en Cristo, en su Cuerpo místico, que es la Iglesia, se dicen sagradas aquellas criaturas –personas, cosas, lugares, tiempos, acciones– que han sido especialmente elegidas y consagradas por Dios en orden a su glorificación y a la santificación de los hombres. Esa dedicación a Dios exige, normalmente, una exclusividad –la de un cáliz, por ejemplo–, que no permita el uso de esa criatura sagrada para usos profanos, por honestos que sean.

Según esto, santo y sagrado son distintos. Un ministro sagrado, por ejemplo, si es pecador, no es santo, pero sigue teniendo una sacralidad especial, que le permite realizar con eficacia ciertas funciones santificantes. De Dios no se dice que sea sagrado, sino que es Santo. Lo sagrado, en efecto, es siempre criatura. Jesucristo, en cambio, es a un tiempo el Santo y el sagrado por excelencia. Y precisamente la humanidad sagrada de Cristo, el Ungido de Dios, es la fuente de toda sacralidad cristiana.

La Iglesia establece una concreta disciplina sagrada de la liturgia. Ella tiene al mismo tiempo el derecho y la obligación de configurar las formas concretas de la sagrada liturgia, porque ellas son la expresión más importante del misterio de la fe. El concilio Vaticano II, ateniéndose a esta verdad, da normas sobre imágenes y templos, cantos y ritos (SC 22). Y por eso mismo, previendo las arbitrariedades posibles de ignorantes o de orgullosos, ordena bien claramente «que nadie, aunque sea sacerdote, añade, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la liturgia» (SC 22,3).

Lo sagrado es un lenguaje, verbal o fáctico, que establece y expresa la comunión espiritual unánime de los fieles. Pero un lenguaje, si es arbitrario, no establece comunicación, como no sea entre un grupo de iniciados. Por eso los ritos sagrados implican repetición tradicional, serenamente previsible. En este sentido, los fieles tienen derecho a participar en la eucaristía de la Iglesia católica –no en la de Don Fulano–. Y para que puedan participar más profundamente en los ritos litúrgicos, «los ministros no sólo han de desempeñar su función rectamente, según las normas de las leyes litúrgicas, sino actuar de tal modo que inculquen el sentido de lo sagrado» (1967, instrucc. Eucharisticum mysterium 20).

* * *

–Que la mente concuerde con la voz. Hemos recordado brevemente la naturaleza misteriosa de lo sagrado y de la liturgia. Afirmemos ahora, antes de analizar en los artículos siguientes la celebración de la eucaristía en cada una de sus partes, el valor precioso de la oración vocal, y especialmente de la oración vocal litúrgica. Toda la liturgia, y concretamente la eucaristía, es una gran oración, una grandiosa oración vocal: himnos y colectas, salmos, responsorios, anáforas.

La oración vocal –como en otro lugar hemos escrito– «es el modo de orar más humilde, más fácil de enseñar y de aprender, más universalmente practicado en la historia de la Iglesia, y más válido en todas las edades espirituales… El cristiano, rezando las oraciones vocales de la Iglesia, procedentes de la Biblia, de la liturgia o de la tradición piadosa, abre su corazón al influjo del Espíritu Santo, que le configura así a Cristo orante. Se hace como niño, y se deja enseñar a orar» por su Madre, la Iglesia (Rivera- Iraburu, Síntesis de Espiritualidad Católica, Fund. GRATIS DATE, Pamplona 2008, 7ª ed. 305-306).

El menosprecio de la oración vocal, por tanto, cierra en gran medida la puerta a la espiritualidad litúrgica. Por el contrario, la devoción a las oraciones vocales facilita en gran medida la vida litúrgica, y concretamente la vivencia de la Misa. En efecto, una de las maneras más sencillas y eficaces de participar en la eucaristía consiste simplemente en procurar «que la mente concuerde con la voz». Esta norma litúrgica del Vaticano II (SC 90) es sumamente tradicional, y la encontramos, por ejemplo, en Santo Tomás (STh II-II,83,13) o en Santa Teresa (Camino Perf. 25,3; 37,1). Digamos, pues, de corazón lo que estamos diciendo en la Misa. Con una continua atención e intención, hagamos nuestro de verdad todo lo que dicen el sacerdote o los fieles. No tenga el Señor que reprocharnos: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí» (Mt 7,6 = Is 29,13).

Y que la voz se oiga y entienda. El sacerdote que preside, dando a su recitación la claridad, la entonación y la velocidad convenientes, ha de pretender que los fieles participantes en la celebración puedan con facilidad entender, atender y participar, haciendo suyo lo que él va diciendo. No está él haciendo una oración ordenada solamente a su devoción privada, sino que está orando, en un ministerio sagrado, en el nombre de Cristo y de la Iglesia.

Y los fieles congregados, del mismo modo, deben participar también activamente en aquellas respuestas, acciones, cantos y aclamaciones que les corresponden, poniendo el corazón en lo que dicen o hacen. En la Casa de Dios están en su casa, como hijos del Padre, hermanos de Cristo, unidos en un mismo Espíritu. No tienen, pues, que estar cohibidos. El respeto y la humildad con que se  debe asistir a los sagrados misterios no debe llevarles a colocarse al fondo de la Iglesia, lo más lejos posible del altar, o a recitar lo que es su parte en voz casi inaudible, como si en cierto modo fueran espectadores distantes o intrusos ajenos a la celebración. Los cristianos no van a oir Misa, sino a participar en ella. Éste es, felizmente, su derecho y su deber. Por eso es indicio de una espiritualidad litúrgica muy deficiente la recitación monótona, sin énfasis, en voz apenas audible e inteligible, de las grandiosas oraciones litúrgicas, que son nada menos que «la oración de Cristo con su Cuerpo al Padre» (SC 84).

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

9 comentarios

  
Libertódulo
Extremadamente de acuerdo con eso que dice usted, padre, de que el fiel no acude a oir misa, sino a participar en ella. Me confieso culpable de no estar a la altura de lo que Dios me imagino que espera de un fiel a ese concreto respecto. Algunas veces intento "animarme" y contribuir a "animar" a los otros poniendo énfasis al menos en los cánticos que me se de memoria o que puedo seguir fácilmente aunque no los haya memorizado. Lo malo es que habitualmente uno es cobarde y seguidista, y la forma monótona de proceder de la mayoría acaba contagiándolo. Y a menudo pienso que es una pena, porque efectivamente desluce terriblemente la celebración eucarística. IHS
08/06/14 3:35 PM
  
Bartimeo
Padre:
Muchísimas gracias por estos artículos, me ayudan mucho.
Ahora mismo estoy indignado. Me siento engañado. ¡Cuántos abusos litúrgicos invocando criterios pastorales, invocando el Concilio o el "espíritu del Concilio" para terminar leyendo aquí que la S.C. prohíbe a los sacerdotes cambiar nada de la liturgia.

Estoy cansado de asistir a misa de don Fulano o de don Mengano y que se altere, a veces gravemente, la liturgia de la Iglesia a la que como fiel tengo derecho. Lo pasaba muy mal. Si decía algo quedaba como el carca, intransigente... Total que desde hace más de un año me armo de paciencia, me refugio en mi interior y evito juzgar lo que veo ("ya tienen a Moisés y a los profetas") con frecuencia cierro los ojos, rezo y adoro. Me retiré del coro de mi parroquia y he dejado de colaborar en las "liturgias creativas"; especialmente en las misas para niños.
Para hacer cambios un 'argumento', muy frecuente, es el estético: algo se decide solo porque-es-muy-bonito o porque-me-gusta. Es inútil razonar con esta gente.

Los religiosos tienen superiores y todos los sacerdotes tienen arciprestes, vicarios y obispos. ¿Por qué se tolera que un sacerdote (y son muchísimos donde vivo)haga lo que quiere? En la vida civil muchos trabajadores seguimos protocolos, procedimientos establecidos etc. porque el lo que te mandan. ¿Parece razonable que sea más riguroso en su trabajo un empleado de banca, p. e., que un sacerdote celebrando el Santo Sacrificio de la Misa? Esta ha quedado reducida a una fiesta, una comida simbólica. La unción religiosa, la piedad, el sentido de lo sagrado en muchos casos solo se ha sustituido por jolgorio.

Lamento la extensión.
Pax et Bonum
08/06/14 11:14 PM
  
Joaquín
Padre Iraburu:
Muchas gracias por sus aportaciones sobre la liturgia. ¿Pueden encontrarse en un documento único? ¿Piensa publicarlas, o están publicadas, en forma de libro? Estoy muy interesado en tenerlos todos juntos para proponer su lectura en la parroquia (ya sé que puedo copiar-y-pegar cada uno de ellos y darles unidad formal, pero es por si existiera ya publicación o piensa que puede haberla).
Gracias.
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JMI.-No sé todavía si publicaremos en la Fund. GRATIS DATE los artículos de este blog reunidos sobre la Liturgia. Tenemos bastantes títulos esperando turno.

En la F.GD (fundación@gratisdate.org) tengo ya publicada la "Síntesis de la Eucaristía".
09/06/14 9:41 PM
  
Miriam
"Es Cristo mismo, ciertamente, quien en la liturgia sacrificial dice por el sacerdote «esto es mi cuerpo, ésta es mi sangre». Es Él quien saluda al pueblo, es Él quien lo bendice, y quien, al final de la Misa, lo envía al mundo." En esta línea va la pregunta: ¿Pueden los laicos imponer las manos en la Misa de Vigilia de Pentecostés? O bueno, en cualquier otra Misa donde se hace imposición de manos para recibir la efusión del Espíritu.
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JMI.-En la misma Misa no, porque está claro que en ella se puede y debe hacer todo y sólo lo que ha dispuesto la Autoridad apostólica, tal como aparece en el Misal Romano y en otros documentos.

Que fuera de la Misa se practique una imposición de manos orante por parte de uno o varios laicos ha de considerarse como un acto devocional, no como una liturgia o sacramento. Es un modo de expresar con un gesto el "pedid y se os dará": es, pues, una oración de petición personal o de un grupo.
10/06/14 10:57 PM
  
Roberto
Con esto del sacerdocio ministerial, siempre se me ha suscitado una duda importante, vamos a ver, ¿como podemos decir que hay pocas vocaciones sacerdotales si es Dios quien toma la iniciativa? Porque si dependiera del ser humano, el asunto estaría muy claro, el hombre no puede asumir tamaña responsabilidad como el sacerdocio, de hecho, desde un punto de vista moral es imposible que viva con coherencia esta exigencia.

Entonces, si Dios elige y toma la iniciativa en el candidato ¿como es que el contactado, elegido o llamado no lo percibe? ¿o quizá haya que admitir que la llamada de Dios es tan difusa, nebulosa o poco nítida, que a duras penas se percibe, si no se hace un sobreesfuerzo titánico de discernimiento?
Otra cuestión adyacente: si Dios elige libremente, igual puede elegir a un viejo, un joven, un viudo, casado, enfermo, pobre o rico o lo que sea.......es que el perfil vocacional es de un joven sin novia y con cualidades para el estudio, en general. Se fue "triste".
Lógico.
Entonces la elección no es tan libre como pensamos, está mediatizada por muchos factores históricos y humanos de tradiciones, etc,
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JMI.-Dios elige y llama a quien quiere, joven, viejo, etc.
El llamado, puede estar tan mundanizado y con tan poca vida espiritual, que no le oye, o le oye y se resiste, como el joven que no siguió a Cristo cuando le llamó "porque tenía muchas riquezas".
11/06/14 12:48 PM
  
Mª Virginia
Suscribo con pena lo dicho por Bartimeo, aunque convencida de que no debemos cansarnos ni darnos por vencidos ante el error y la desidia: seguir rezando, pero también insistiendo, como la viuda inoportuna del Evangelio; y siempre haciendo lo que se pueda, permanecer "en la trinchera". En la medida que bajemos los brazos, se les dará la razón en que "todo esto son puras formulitas", como quien dice. Y NO.

Es preciso, por caridad, contribuir a que nuestros sacerdotes "se enteren" de su verdadera identidad, aún cuando quedemos como locos...Pues hay algunos para quienes estas verdades les suenan a chino básico, lamentablemente.

Dios lo bendiga cada día más, pater.

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JMI.-Eso, eso: cada día más. Mucho más.
11/06/14 5:55 PM
  
Alphonse
Complica usted tanto las cosas que la mayoría de las veces no soy capaz de entender tanta parafernalia.
En fin intentaré "ser como un niño" (Mt 18,3) y complicarme menos la vida no sea que no entre en el Reino de los Cielos por ser demasiado "adulto"
A fin de cuentas es el "abba" quien tiene la llave del Reino y no la Congregación para la Doctirna de la Fe, o InfoCatólica, aunque usted me considere un herehje (a veces yo pienso que lo es usted pero ¿Quién soy yo para juzgar a nadie y llamarle "fariseo"? Nadie. Exactamente lo mismo que usted)
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JMI.-Me han dicho tantas veces "habla-escribe Ud. muy claramente", que al final me lo he creído.
Pienso, pues, que si Ud. no me entiende no es porque complique yo las cosas.
Es mi opinión.
12/06/14 1:20 PM
  
antonio
Muchas Gracias Padre,todo es poco para Sacralizar Semejante momento.
De Vivir ese momento como corresponde,de acuerdo a Benedicto XVI, en la Deus Caritas Est, nace el amór al prójimo, la práctica en el mundo, de la doctrina social de la Iglesia.
La Gran Esperanza de la Iglesia es tratar a Dios Nuestro Señor, como corresponde, lo explica muy bien Santa Teresa de Jesús, con palabras suyas, pero de acuerdo a todas las epocas.

Muchas Gracias y siempre aconsejo leer todos sus Blogs, se requiere gran formación, para amar.Evitar todos los errores que proliferan en el Cuerpo Místico, con gran peligro para las almas.

Muchas Gracias.
13/06/14 1:48 PM
  
Maria Eugenia Trenova Balharry
GRACIAS PADRE!!!!
Cuánto me ha servido espiritualmente: "Dame de Beber" y ahora esto.
Espero no se moleste lo suba a FaceBook.
Le pido oración por mi país, Chile, lo necesita y mucho!!
Muchas gracias, por todo lo que comparte con nosotros.
La Trinidad Santísima lo siga iluminando y bendiga todo lo que escribe.
María, nuestra Santa Madre lo tenga siempre bajo su amparo.
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JMI.-Estuvo cinco años en Chile, en Talca, recién ordenado. Y después he vuelto, a Valparaíso y a otros lugares unos veinte viajes. Pido mucho por Chile porque lo llevo en el corazón, y "de lo que está en el corazón habla la boca" cuando oro al Señor. Bendición + JMI
14/06/14 11:48 PM

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