(264) Castidad –y 7. en los novios

–¿Y no nos va a hablar de la castidad de los viudos, de los «divorciados vueltos a casar»?…

–No contestaré a su pregunta, pues capto en ella un tono irónico: como si estuviera usted harto de tantos artículos sobre la castidad.

Por el noviazgo un hombre y una mujer que se aman avanzan hacia el matrimonio. Por tanto, es un período precioso, que prepara la realización de algo muy grande y santo: el matrimonio y la familia. No ha de vivirse irresponsablemente, en formas triviales, vanas, puramente placenteras y divertidas. Por el contrario, los novios han de entender que su noviazgo es como el Seminario que prepara a los que van a ser sacerdotes, o como el Noviciado, que forma a las personas que han sido llamadas por Dios para consagrarse a él en la vida religiosa. Ya se comprende, pues, fácilmente la transcendencia tan grande que para la vida de la Iglesia tiene la formación doctrinal y moral, psicológica y afectiva, que en el Noviazgo, el Seminario y el Noviciado se dé a los cristianos según su vocación.

No voy a hablar ahora del noviazgo en general, del que traté en en mi libro El matrimonio en Cristo (Fund. GRATIS DATE, Pamplona 2003, 3ª ed., 143 pgs.). Me ceñiré al tema de La castidad en los novios. Y como hace poco expuse lo referente a La castidad, gran virtud (258), estudiaré aquí sobre todo los pecados que quebrantan la virtud de la castidad.

«Es ya público que reina entre vosotros la fornicación» (1Cor 5,1). La profunda degradación de la Revolución sexualse produjo a mediados del siglo XX en gran parte de los países occidentales de antigua filiación cristiana. Iniciada en la década de los 50, estalla entre 1960 y 1980, para seguir hasta nuestros días un desarrollo siempre creciente. Muchas causas y condicionantes se pueden señalar a esta transformación histórica, relativamente brusca. Entre otras, la euforia posterior a la II Guerra Mundial, cuando las naciones se recuperan de los horrores pasados; el pelagianismo ambiental progresista, que deja la oración y los sacramentos, se aleja de Cristo y de la Iglesia, y cae en la apostasía; la ruptura consciente y deliberada con la tradición cristiana precedente, tanto en mentalidad como en costumbres. Se trata, pues, de un fenómeno muy amplio y complejo, con muchas causas y con muchos efectos derivados.

Los revolución sexual mundana, en apostasía del cristianismo, quiere vover al paganismo que da culto al cuerpo, a la desnudez, al sexo. Con la ayuda decisiva de los modernos anticonceptivos, separa la sexualidad de la procreación, normaliza la lujuria en adolescentes, jóvenes y matrimonios, reduciendo la vida sexual al placer sensual. Fomenta la pornografía en todos los medios de comunicación, en las playas, en las modas, en diarios y revistas, en la televisión, en internet, incluso en la publicidad comercial. Con la base de estudios estadísticos ideologizados (Kinsey, Master and Johnson), promueve el divorcio exprés, la masturbación, la homosexualidad, la bisexualidad, como si la malo fuera bueno al fundamentarse en la estadística, y obligando en las escuelas y colegios a difundir esas doctrinas. Desprecia la virginidad y también el matrimonio, destruyéndolo, pues lo equipara con cualquier forma de unión. Promueve por el feminismo una igualdad total entre las funciones sociales del hombre y de la mujer. Legaliza y financia la píldora postcoital y el aborto, haciendo a éste libre en la práctica. Reduce en grados extremos la nupcialidad y la natalidad. Esta invasión de pecado, aunque preparada en tiempos anteriores, se consuma en el último medio siglo.   

La declaración Persona humana (1975), sobre la persona humana y la sexualidad, de la Congregación de la Doctrina de la Fe, confirmada por Pablo VI, se enciende como una gran luz de verdad cuando más arreciaba el poder de las tinieblas.

«En nuestros días… ha ido en aumento la corrupción de costumbres, una de cuyas mayores manifestaciones consiste en la exaltación inmoderada del sexo; en tanto que con la difusión de los medios de comunicación social y de los espectáculos, tal corrupción ha llegado a invadir el campo de la educación y a infectar la mentalidad de las masas… Se han propuesto condiciones y modos de comportamiento contrarios a las verdaderas exigencias morales del ser humano, llegando hasta a favorecer un hedonismo licencioso. De ahí ha resultado que doctrinas, criterios morales y maneras de vivir conservados hasta ahora fielmente, han sufrido en algunos años [en unos cincuenta] una fuerte sacudida aun entre los cristianos; y que son hoy numerosos los que, ante tantas opiniones que contrastan con la doctrina que han recibido de la Iglesia, llegan a preguntarse qué deben considerar todavía como verdadero (1).

«La Iglesia no puede permanecer indiferente ante semejante confusión de los espíritus y relajación de las costumbres… Y como las opiniones erróneas y las desviaciones que de ellas se siguen continúan difundiéndose en todas partes [también en no pocas librerías religiosas], la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, en virtud de su función respecto de la Iglesia universal y por mandato del Soberano Pontífice, ha juzgado necesario publicar la presente Declaración» (2), «que tiene por objeto recordar el juicio de la Iglesia sobre ciertos puntos particulares, vista la urgente necesidad de oponerse a errores graves y a normas de conducta aberrante, ampliamente difundidas» (6).

El principal deber de la Iglesia es «dar testimonio de la verdad» (Jn 18,37), porque el hombre es conducido al pecado por el camino de la mentira: por él le guía el padre de la mentira, el demonio. Es cierto, como enseña el Concilio Vaticano II, que «en lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley, que él no se dicta a sí mismo, pero a la que debe obedecer… Tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente» (GS 19). Pero esa ley, por una innumerable abundancia de pecados, se ha oscurecido en las naciones de tal manera que acaban los pueblos considerando falsa la verdad y verdadera la mentira. Por eso la humanidad, para salir de esos abismos del mal, necesita absolutamente a Cristo Salvador, que es «la luz del mundo» (Jn 8,12), y que funda a la Iglesia como «columna y fundamento de la verdad» (1Tim 3,15). El cristiano, pues, ha de vivir en la luz, libre de los errores, dudas y tinieblas propios del mundo.

Los novios cristianos que quieren hoy vivir plenamente la castidad tienen en contra todo el mundo que les rodea y sólo hallan luz y confortación en la Iglesia católica. A ellos les dice el Apóstol: habéis de ser «irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una generación perversa y depravada, entre la cual brilláis como antorchas en el mundo, llevando en alto la Palabra de vida» (Flp 2,15-16). A poco que los novios cristianos se dejen mundanizar en criterios y costumbres, se pierden. Y ya apagados, colaboran a la oscuridad de las tinieblas. Pero si, por obra del Espíritu Santo, se mantienen fieles a Cristo, son entonces «sal de la tierra», son «luz del mundo, que alumbra a cuantos hay en la casa. Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos» (Mt 5,14-16).

Y la castidad de los noviosha de tener todas las cualidades que le son propias,y que ya vimos (258). Las resumo brevemente. Los novios cristianos, por obra del Espíritu Santo, –han de evangelizar por la caridad sus tendencias sexuales, tanto en lo afectivo como en lo físico, conscientes de que son miembros de Cristo y templos de la Santísima Trinidad. Ellos saben, deben saber, que –la castidad es perfecto respeto y caridad hacia el otro y que es total libertad y dominio de sí, pues solamente el que se posee a sí mismo está en condiciones de darse a quien ama. Entienden que –han de procurar por la oración, los sacramentos y el ejercicio de las virtudes que la castidad evangelice todos los planos de su personalidad: entendimiento y voluntad, memoria e imaginación, sentimientos y sentidos, y llegue hasta el subconsciente: hasta los sueños han de ser evangelizados. Saben los novios cristianos que –la castidad es una virtud (virtus, fuerza), y que cuanto más se desarrolla y afirma en la persona, con más facilidad y seguridad se ejercita: primero con guerra, después con paz y finalmente con gozo. Y conociendo que la castidad es una virtud, saben que –produce en la persona atracciónhacia su objeto moral propio, y al mismo tiempo repugnancia hacia todo lo que le es contrario.

Los novios cristianos, pues, como han de tender hacia la santidad, han de pretender una vida perfectamente casta. Y han de procurarla con esperanza, pues ésa es la voluntad de Dios, que les asistirá poderosamente para que puedan vivirla. De ese modo, «donde abundó el pecado, sobreabunda la gracia» (Rm 5,20).

* * *

Los novios, por el hecho de serlo, no deben autorizarse a ningún pecado contra la castidad. Si pecan, arrepiéntanse, acudan al sacramento de la penitencia, y con más humildad, tengan más cuidado: «vigilad y orad, para no caer en la tentación» (Mt 26,41). Pero, repito, no se sientan autorizados por ser novios a ningún pecado, por mínimo que sea, contra la castidad. Su amor mutuo ha de vivirse día a día participando del amor que une a Cristo con su Esposa, la Iglesia. Los novios, por tanto, no deben ser el uno para el otro tentación, ni ocasión próxima de pecado. ¡Todo lo contrario! Dios ha querido unirlos en su providencia para que se presten «ayuda» mutua hasta la muerte (Gén 2,20); pero no sólamente en los trabajos y el cuidado de los hijos, sino muy especialmente en la ayuda espiritual.

Catecismo 2350: «Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno y el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específicas del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad».

«La lujuria es un deseo o un goce desordenados del placer venéreo. El placer sexual es moralmente desordenado cuando es buscado por sí mismo, separado de las finalidades de procreación y de unión» conyugal (Catecismo 2351). La lujuria es el vicio contrario a la castidad, y se realiza por malos actos o deseos consentidos fuera del matrimonio, o dentro de él, pero contra su leyes morales. En la opinión de San Alfonso María de Ligorio, es el pecado «por el que mayor número de almas caen en el infierno» (Theologia moralis l.3, n.413). La lujuria consumada es la que realiza el acto sexual completo; y la incompleta la que, iniciándolo más o menos, no llega a él.

Los pecados principales contra la castidad vienen enumerados y descritos en el Catecismo de la Iglesia (2351-2356). Transcribo abreviando.

2352. «Por la masturbación se ha de entender la excitación voluntaria de los órganos genitales a fin de obtener un placer venéreo. Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado” (Persona humana 9)». (Nota. Conviene advertir que el término «desordenado», frecuente hoy en el lenguaje eufemístico vigente, significa «pecado»: es bueno aquello que se mantiene ordenado hacia su fin propio; es pecado, es desordenado, aquello que se desvía culpablemente de su fin verdadero. Algo «gravemente desordenado» es, por tanto, «pecado grave»). 

2353. «La fornicación es la unión carnal entre un hombre y una mujer fuera del matrimonio. Es gravemente contraria a la dignidad de las personas y de la sexualidad humana, naturalmente ordenada al bien de los esposos, así como a la generación y educación de los hijos. (…)

2354. «La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales, reales o simulados, fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. (…) 2355. «La prostitución atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye, reducida al placer venéreo que se saca de ella (…) 2356. «La violación es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona. Atenta contra la justicia y la caridad».

La delectación venérea, consumada o incompleta, directamente procurada fuera del matrimonio, es siempre pecado grave. Directamente buscada: ya sea por haber procurado el placer sexual completo o incompleto, ya sea por haber consentido en él cuando se produjo sin buscarlo. Es siempre pecado grave: sólo puede ser pecado venial cuando el acto no ha sido verdaderamente responsable, es decir, cuando ha faltado la advertencia suficiente de la mente o el pleno consentimiento de la voluntad.

La sagrada Escritura afirma en muchos lugares la gravedad del pecado contra la castidad. «No adulterarás» (Ex 20,14). «Todo aquel que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón» (Mt 5,28). «No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas… poseerán el reino de Dios» (1Cor 6,9-10). «Las obras de la carne son manifiestas: fornicación, impureza, lascivia… y otras como ésas, de las cuales os prevengo, como antes lo hice, que quienes tales cosas hacen no herederán el reino de Dios» (Gál 5,19-21). «Habéis de saber que ningún fornicario ni impuro… tendrá parte en la heredad del reino de Cristo y de Dios» (Ef 5,5). «Dios ha de juzgar a los fornicarios y a los adúlteros» (Heb 3,4).

El placer sexual, directamente buscado fuera del matrimonio, es pecado grave tanto si es procurado en forma consumada o solamente incompleta; y tanto si se produce con actos externos o sólo internos –una mirada, un pensamiento o un deseo–.

La teología católica explica esta intrínseca y grave maldad de la lujuria considerando que Dios unió el placer sexual con la posible procreación, para asegurar el desarrollo de la humanidad. Procurarse directamente por pura sensualidad, en mayor o menor grado, ese placer sexual fuera del matrimonio, o dentro de él en forma anticonceptiva, es una acción contra natura, gravemente desordenada, intrínsecamente mala, un pecado grave.

Y la gravedad de los pecados de lujuria incompleta, no consumada, se comprende porque es pecado grave ponerse sin causa justificada en ocasión próxima de pecado. Y ciertamente los actos incompletos conducen de suyo a ser completados. Por eso mismo es difícil sofrenarlos, y han de ser frenados en su principio, y mejor aún si se evitan antes de principiar. En realidad, es prácticamente imposible procurarse el placer sexual en forma incompleta sin que, al menos implícitamente, se procure o al menos se desee su consumación. Santo Tomás explica esto al estudiar la finalidad en los actos humanos: «la incoación de una cosa se ordena siempre a su consumación» (Summa Theologica I,1,6).

«Para emitir un juicio justo sobre la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores síquicos o sociales que reducen, e incluso eliminan la culpabilidad moral» (Catecismo 2352; cf. Persona humana 9). Esto se puede decir, obviamente, de todos los pecados. Pero ha de ser tenido en cuenta especialmente en aquellos pecados que crean una mayor huella psico-somática, como son los pecados sexuales.

Los vicios, las adicciones –en la terminología psicológica actual, bajo el reinado del eufemismo–, como la lujuria, como  el alcoholismo, son hábitos que han podido formarse en un principio por una sucesión de actos libres y culpables. Pero cuando esos hábitos malos están ya muy arraigados, pueden disminuir mucho, o eliminar, la libertad de quienes están en ellos cautivos. Vemos ahí claramente cómo la libertad, mal usada, que se ejercita pecando, puede acabar destruyéndose a sí misma en aquello en lo que más pecó.

La persona, por supuesto, no pierde su libertad en todos los campos, sino en aquellos muy especialmente pervertidos por los pecados. Con un ejemplo: un alcohólico, si se va con los amigos a la taberna, tiene perdida su libertad y se emborracha. Pero queda en él, no destruida, la libertad en otros muchos ámbitos de su persona: puede, concretamente, decidir no irse a la taberna. Algo semejante podría decirse de algunos pecados contra la castidad.

–La fornicación, la relación sexual prematrimonial, quiebra gravemente la castidad y es pecado mortal. Hoy es frecuente negarlo, y por eso el documento Persona humana (7) reafirma la verdad:

«Muchos reivindican hoy el derecho a la unión sexual antes del matrimonio, al menos cuando una resolución firme de contraerlo y un afecto que en cierto modo es ya conyugal en la psicología de los novios piden este complemento, que ellos juzgan connatural; sobre todo cuando la celebración del matrimonio se ve impedida por las circunstancias, o cuando esta relación íntima parece necesaria para la conservación del amor.

«Semejante opinión se opone a la doctrina cristiana, según la cual debe mantenerse en el cuadro del matrimonio todo acto genital humano. (…) Jesucristo quiso que fuese estable la unión y la restableció a su primitiva condición, fundada en la misma diferencia sexual. “¿No habéis leído que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer y que dijo: ‘Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa, y los dos se harán una carne’? Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre” (Mt 19,4-6)… En efecto, el amor de los esposos queda asumido por el matrimonio en el amor con el cual Cristo ama irrevocablemente a la Iglesia (Ef 5,25-32). Por el contrario, la unión corporal en el desenfreno profana el templo del Espíritu Santo, que es el cristiano. Por consiguiente, la unión carnal no puede ser legítima sino cuando se ha establecido una definitiva comunidad de vida entre un hombre y una mujer». (Nota 16: «Las relaciones sexuales extramatrimoniales se encuentran formalmente condenadas en 1Cor 5,1; 6,9; 7,2; 10,8 Ef 5,5; 1Tim 1,10; Heb 13,4; y con razones explícitas en 1Cor 6,12-20).

«Así lo entendió y enseñó siempre la Iglesia, que encontró, además, amplio acuerdo con su doctrina en la reflexión ponderada de los hombres y en los testimonios de la historia». (Nota 17: Cf. Inocencio IV, carta Sub catholica professione, 6-III-1254, Denz 835: [«En cuanto a la fornicación que comete soltero con soltera, no ha de dudarse en modo alguno que es pecado mortal, ya que afirma el Apóstol que tanto fornicarios como adúlteros son ajenos al reino de Dios (cf. 1Cor 6,9ss)»]; Pío II, Cum sicut accepimus, 13-XI-1459, Denz 1367; decr. Santo Oficio, 24-IX-1665, Denz 2045; 2-III-1679, Denz 2148; Pío XI, enc. Casti Connubii, 31-XII-1930).

«Como enseña la experiencia, para que la unión sexual responda verdaderamente a las exigencias de su propia finalidad y de la dignidad humana, el amor tiene que tener su salvaguardia en la estabilidad del matrimonio. Estas exigencias reclaman un contrato conyugal sancionado y garantizado por la sociedad; contrato que instaura un estado de vida de capital importancia tanto para la unión exclusiva del hombre y de la mujer como para el bien de su familia y de la comunidad humana. A la verdad, las relaciones sexuales prematrimoniales excluyen las más de las veces la prole; y lo que se presenta como un amor conyugal no podrá desplegarse, como debería indefectiblemente, en un amor paternal y maternal. O si eventualmente se despliega, lo hará con detrimento de los hijos, que se verán privados de la convivencia estable en la que puedan desarrollarse, como conviene, y encontrar el camino y los medios necesarios para integrarse en la sociedad.

«Por tanto, el consentimiento de las personas que quieren unirse en matrimonio tiene que ser manifestado exteriormente y de manera válida ante la sociedad. En cuanto a los fieles, es menester que, para la instauración de la sociedad conyugal, expresen según las leyes de la Iglesia su consentimiento, lo cual hará de su matrimonio un sacramento de Cristo» (7).

–Hoy son muchos quienes piensan que guardar la castidad es imposible, y más entre los novios.Esa afirmación puede formularse en otra variante, prácticamente equivalente: los pecados contra la castidad no son propiamente pecados, sino actos normales, naturales, exigidos por la propia naturaleza humana. Un texto de la declaración Persona humana (9), niega ese grave error y afirma la verdad:

«Con frecuencia se pone hoy en duda, o se niega expresamente, la doctrina tradicional según la cual la masturbación constituye un grave desorden moral. Se dice que la psicología y la sociología demuestran que se trata de un fenómeno normal de la evolución de la sexualidad, sobre todo en los jóvenes, y que no se da falta real y grave [falta, otro eufemismo: culpa, en el original latino] sino en la medida en que el sujeto ceda deliberadamente a una autosatisfacción cerrada en sí misma (ipsación); entonces sí que el acto es radicalmente contrario a la unión amorosa entre personas de sexo diferente, siendo tal unión, a juicio de algunos, el objetivo principal del uso de la facultad sexual.

«Tal opinión contradice la doctrina y la práctica pastoral de la Iglesia católica. Sea lo que fuere de ciertos argumentos de orden biológico o filosófico de que se sirvieron a veces los teólogos, tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado». (Nota 19. Cf. León IX, carta Ad splendidum nitentis, 1054, Denz 687-688; decr. Santo Oficio, 2-III-1679, Denz 2149; Pío XII, Aloc. 18-X-1953; 19-V-1956). (…).

«Las encuestas sociológicas pueden indicar la frecuencia de este desorden según los lugares, la población o las circunstancias que tomen en consideración. Pero entonces se constatan hechos. Y los hechos no constituyen un criterio que permita juzgar del valor moral de los actos humanos. La frecuencia del fenómeno en cuestión ha de ponerse indudablemente en relación con la debilidad innata del hombre a consecuencia del pecado original; pero también con la pérdida del sentido de Dios, con la depravación de las costumbres engendrada por la comercialización del vicio, con la licencia desenfrenada de tantos espectáculos y publicaciones; así como también con el olvido del pudor, custodio de la castidad».

* * *

Una vida cristiana sana hace posible la castidad en todas las edades del cristiano, niño y adolescente, adulto y anciano. También en los novios. El concilio de Trento, haciendo suya una frase de San Agustín, enseña que «Dios no manda cosas imposibles, sino que el mandar avisa que hagas lo que puedas y pidas lo que no puedas, y ayuda para que puedas: “sus mandamientos no son pesados” (1Jn 5,3), y “su yugo es suave y su carga ligera” (Mt 11,30)» (1547: Denz 1536). La experiencia de muchos cristianos, que están viviendo con fidelidad la vida cristiana nos muestra que la estabilidad en la vida de la gracia es posible en todas las edades y circunstancias, aunque puedan producirse caídas esporádicas. Valga el ejemplo, aunque sea un tanto prosaico: es perfectamente posible conducir un coche sin producir accidentes, atropellos, choques. Éstos pueden darse en algún momento, pero un conductor atento y cuidadoso puede pasar años sin fallo alguno considerable. No es preciso ningún milagro para eso.


Cuando decae la vida cristiana esta convicción vacila, apoyándose en las experiencias negativas. Los bautizados, los novios concretamente, que se consideran autorizados a vivir según los criterios y costumbres del mundo, que incluso lo consideran un deber en virtud de una espiritualidad de «encarnación» (!); que no viven la oración, la misa dominical, la lectura de las Escrituras y libros espirituales, la comunidad parroquial o de otros grupos cristianos; aquellos que no guardan el pudor en el vestido, las conversaciones, los espectáculos, las lecturas, las miradas; quienes asimilan las costumbres del mundo, novios, por ejemplo, que pasan juntos semidesnudos en la playa horas y horas; que hacen solos un viaje de vacaciones; que no se privan de películas obscenas… et sic de cæteris, podrán afirmar, con graves fundamentos experimentales, que es imposible la castidad en los novios. La castidad y cualquier otra virtud.

Pero la experiencia positiva de los novios verdaderamente cristianos es un testimonio elocuente en favor de la castidad. De facto ad posse valet illatio (es válida la ilación que del hecho mismo concluye su posibilidad). Los novios cristianos que viven de «la fe operante por la caridad» (Gal 5,6), piden al Señor la castidad, la procuran auxiliados por su gracia y la viven. Y la misma castidad les hace distinguir perfectamente entre las muestras físicas de cariño que son puras, de aquellas otras pecaminosas en las que se busca el placer netamente sexual, excitando una sensualidad específica que estaba latente.

Ellos son conscientes de ser miembros del Cuerpo de Cristo, templos de la Santísima Trinidad, herederos del cielo, destinados no a la perdición, sino a la vida eterna. Saben amar al prójimo en caridad, no en amor egoísta, culpable y destructivo, sino en amor santo y santificante. Se levantan de sus caídas por el arrepentimiento y el sacramento de la penitencia. Guardan cuidadosamente el pudor, procurando «abstenerse hasta de la apariencia del mal» (1Tes 5,22). Viven en la presencia de Dios, procurando ser dóciles a su gracia, para serle gratos en todo. Saben, intuyen al menos, aunque no hayan leído la Familiaris consortio (57), que «la Eucaristía es la fuente misma del matrimonio cristiano». Frecuentan, pues, la santa Misa, participan del sacrificio de la cruz –muriendo al hombre carnal–, y participan por tanto de la resurrección de Cristo –viviendo el hombre espiritual–. Rezan juntos al Señor y se encomiendan al amparo de la Santísima Virgen. Éstos, los novios verdaderamente cristianos, viven así «al amparo del Altísimo» (Sal 90).

«Él te librará de la red del cazador, de la peste funesta. Te cubrirá con sus plumas, bajo sus alas te refugiarás, su brazo es escudo y armadura. No temerás el espanto nocturno, ni la flecha que vuela de día. Caerán a tu izquierda mil, diez mil a tu derecha: a ti no te alcanzará, porque hiciste del Señor tu refugio, tomaste al Altísimo por defensa. No se te acercará la desgracia, porque a sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos; te llevarán en sus palmas, pra que tu pie no tropiece en la piedra. Lo defenderé, lo glorificaré, lo saciaré de largos días, y le haré ver mi salvación».

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

30 comentarios

  
Ricardo de Argentina
Soy testigo de un noviazgo en mi familia que duró 7 años en perfecta castidad. Se acaban de casar y no hay palabras para describir la alegría que sienten y que irradian ambos, la cual se contagia a sus respectivas familias y relaciones.
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JMI.-Bendigamos al Señor.
Demos gracias a Dios.
20/03/14 1:55 PM
  
Ricardo de Argentina
"La profunda degradación de la Revolución sexual se produjo a mediados del siglo XX en gran parte de los países occidentales de antigua filiación cristiana. Iniciada en la década de los 50, estalla entre 1960 y 1980..."
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He llegado a la conclusión de que la IIGM fue una confrontación de dos bloques: los que respondían a la Masonería (EEUU, GB, Francia y la URSS), y quienes la odiaban con gran resentimiento: nazis, facsistas y japoneses.
El triunfo completo e incondicional de la Masonería tuvo como inevitable consecuencia la difusión (o imposición) de su "moral" -o como quiera llamársele- en todos los estamentos del Occidente que una vez fue cristiano.
Y en el resto del orbe tambíén.
La Iglesia no quedó indemne, al contrario. El daño que se le produjo fue grande y muy profundo, y las consecuencias perduran. El siglo XX en su primera mitad nos mostró a una Iglesia pujante y protagónica, pero en su segunda mitad parecía que le había pasado por encima una aplanadora.
20/03/14 2:19 PM
  
Luis Fdo. Sánchez
Ricardo, creo sinceramente que debería leer algo más de Historia.
Es altamente improbable que los nazis alemanes y los fascistas italianos tuvieran la masonería como elemento a considerar, ni siquiera de forma colateral. En cuanto a los japoneses no creo ni que deba comentarse. Considerar masónico al estado soviético estalinista roza lo cómico si no hubiera millones de muertos por medio.
Las causas por las que en Occidente han cambiado los valores morales serían objeto de un estudio muy extenso que se sale del tema del post y puede que algún día el P. Iraburu lo trate. No es el tema del día.
Atribuir ese cambio a la victoria de los aliados frente a los demonios nazis no es el menor de los argumentos que, desde luego ningún historiador aprobaría ni ningún católico espero (esperamos) consideraría como propio.
20/03/14 3:15 PM
  
Ricardo de Argentina
Estimado Luis Sánchez, coincidimos: yo debería leer algo más de Historia, y es lo que me propongo hacer apenas mis ocupaciones me lo permitan. Sin perjuicio de haber leído algo en mi vida, y de fuentes diversas a las suyas, lo cual es evidente.

Acépteme que le devuelva el consejo y le sugiera lea Historia adonde suene otra campana diferente a la que usted ha escuchado. Quizás tenga suerte y pueda enterarse de la influencia que ha tenido la Masonería en la difusión del marxismo y en la formación de la URSS. Busque mejor en autores no políticamente correctos, porque me imagino que sabrá quién marca la corrección política hoy en día, ¿verdad?.

Y aquí termino, porque el tema del artículo es otro y además, porque usted no aporta argumentos que rebatir sino sólo descalificaciones bastante peyorativas.
20/03/14 4:09 PM
  
susi
Padre: todo lo que usted dice en el post apenas se oye en la predicación o en la catequesis.
La mayoría de los chicos en los colegios e institutos-y ahí están los católicos que asisten a ellos- oyen por activa y pasiva absolutamente todo lo contrario. Añádanse a esto las películas, la publicidad, las lecturas, las canciones con sus correspondientes vídeo-clips, internet...Son como ovejas que no solo no tienen pastor sino que están rodeados de lobos muy listos y feroces.
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JMI.-Así es.
Oremos, oremos, oremos.
Y demos testimonio de la verdad de Cristo con oportunidad o sin ella.
Siempre que podamos. En esta cuestión y en todas.
20/03/14 5:03 PM
  
Nunca es tarde
Lo cierto es que sí, que estamos un poco hartos de sus articulos sobre la castidad
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JMI.-Aseguro la veracidad de su mensaje cambiándolo un poquito:
"Yo estoy un poco harto de sus artículos sobre la castidad".
Y le aconsejo: no lo lea.
20/03/14 8:37 PM
  
naiden
mmm...

un sacerdote de un seminario nos predicaba (a los seminaristas) criticando a quienes apartan la vista de la pantalla del televisor cuando, al estar viendo una película ("en comunidad", eufemismo que parece justificarlo todo...), aparece una escena de sexo más o menos explícito o algún desnudo más o menos artístico. Que eso es falta de naturalidad, falta de auto conocimiento, falta de madurez...

Y rece por mí, que sufro de falta de estómago para estas cosas y ya he visto demasiadas estupideces como éstas en el Seminario...

Gracias por sus artículos!
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JMI.-Son demasiadas, sí.
Dios le bendiga y le guarde.
20/03/14 10:48 PM
  
Anaí
No calle lo que ha visto y oído, padre. Gracias por decir "sí, cuando es sí y no, cuando es no". Faltan voces y testimonios valientes en nuestra iglesia que hagan frente a tanto ruido del mundo que, efectivamente, nos presentan la verdad como mentira y la mentira como verdadera, siendo que la Verdad es una. Por favor, hable sobre la anticoncepción sin ambages, en especial si el matrimonio tiene ya varios hijos. Busco verdad, no alcahuetes. Gracias.
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JMI.-Dios me mueva a dar siempre testimonio de la verdad de Cristo y de la Iglesia.
Pero si después de mis artículos (261-263) hablo más de la peste de la anticoncepción me arriesgo a una sublevación de mis lectores que ni siquiera la Guardia Civil pueda contener.
20/03/14 11:19 PM
  
Rafael
No, yo NO estoy harto de los artículos de castidad. Ojalá el padre Iraburu pudiera contrarrestar tan siquiera la centésima parte de artículos que hablan estúpidamente de sexo. Si alguien pretende hartarse de leer sobre castidad, que primero se harte de leer en periódicos, revistas, televisión y cine cómo desenfrenar la sexualidad, eso sería más coherente.

Por otra parte, agradezco al padre que se tome la molestia en escribir sobre la castidad y el pudor, pues buena falta nos hace. Mi generación está absolutamente confundida en este aspecto. El sexo es un derecho, un impulso, una actividad tan frecuente y banal como platicar en un desayuno.
21/03/14 3:35 AM
  
jaimeastudillo
Agradezco a Dios por darle vida Padre Iraburu y aprovecho para agradecer una vez mas por una joya de libro que llegó a mis manos y que titula "Síntesis de Espiritualidad Católica" del cual no despego los ojos, Dios los guarde a Usted y al Padre Rivera.
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JMI.-Gracias a Dios.
Bendición +
21/03/14 5:14 AM
  
Javier Palao OblSB
+ Pax
Padre Iraburu, gracias por poner en el candelero la verdad pura de la fe católica. Dios quiera que estos artículos den mucho fruto en forma de conversiones. Un abrazo en San Benito.
Ut in Omnibus Glorificetur Deus.
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JMI.-Ahí está el centro y el fin.
Ut in omnibus glorificetur Deus.

En el nacimiento de InfoCatólica tuvo un lugar decisivo Schola Veritatis, de raíz benedictina, que hace suyo ese lema.
Si no sabe nada de SV, pregúnteselo a internet.
Gracias. Benedictio +
21/03/14 12:05 PM
  
carlos
Estimado Padre


Sus consideraciones, son excelentes, profundas y verdaderas como siempre.

A Cristo por Maria y con el Papa.
21/03/14 12:49 PM
  
Carlos Enrique Correa Jaramillo
¡Qué refrescante lectura! Un grano de oro vale más que toneladas de basura. Porque el bien es siempre superior al mal y una pequeña obra sobrepasa a muchas obras malignas. ¡He recibido una fuerza que me ayudará a mi espíritu a mantener una actitud recta y amorosa como siempre lo he querido aunque continuamente acosada! Gracias por el escrito.
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JMI.-Bendigamos a Cristo, el único Maestro.
21/03/14 3:12 PM
  
Anonimo
A los noviazgos jóvenes nos cuesta ser castos, sobre todo cuando uno o los dos miembros no han tenido un encuentro personal con Cristo que es la luz verdadera. Me ha hecho reflexionar y pensar que en realidad tenemos la oportunidad de cambiar y seguir a Cristo.
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JMI.-Pedid y se os dará.
Sea la oración de súplica a Cristo Salvador la proa del barco
en el empeño de ir adelante hacia la plena y segura castidad.
Bendición +
21/03/14 5:36 PM
  
Rebolé
"Por favor, hable sobre la anticoncepción sin ambages, en especial si el matrimonio tiene ya varios hijos" dice Anai en su comentario.
Me parece que este comentario quiere salir al paso de algo que se da con frecuencia entre los " buenos " católoicos por no entender adecuadamente lo que es la paternidad responsable. Además la dificuldad para vivir la castidad conyugal y el no tener claro el valor y el significado del acto conyugal,les lleva a relativizar el valor de la castidad en el matrimonio que exige la regulacón de los nacimientos desde una paternidad auténticamente responsable. Hoy muchos solo valoran la paternidad responsable en función de los hijos. Por ello, lo que comenta Anai, que una vez que tienen ya varios hijos,viven desde la anticoncepción.
La anticoncepción desvirtúa y desnaturaliza el sentido de la sexualidad y del matrimonio. Por ello, hace tanto daño y resta vitalidad humana y sobrenatural a los que la viven,aunque no sean del todo conscientes de la maldad que encierra.

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JMI.-Así es.
21/03/14 6:44 PM
  
ACB
No me canso de leer sus posts sobre la castidad y el pudor. A penas si se habla del tema. Mi formación sobre este aspecto es penosa (deformada por malos catequistas y por mi anterior falta de curiosidad por las cosas del Señor). Un libro que me hizo progresar mucho en el modo de vivir el pudor yo misma y ayudarlo a mi novio es Noviazgo cristiano en un mundo hiper sexualizado, de Morrow. ¡Que Dios lo bendiga a usted y a todos los que luchan por vivir estas virtudes olvidadas!
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JMI.-Pida usted al Señor por mí y yo pido por usted.
Trato hecho.
Bendición +
21/03/14 8:34 PM
  
Juan
Hola, saludos Padre Iraburu, Yo no estoy harto, ni en contra de este articulo suyo, al contrario, es el primero que veo al respecto de la castidad, y me agrado bastante, animo y adelante con su apostolado. Gracias.
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JMI.-Pues si estos artículos le han hecho bien, bendigamos al Señor. Ahora viene el apostolado, porque el bien es difusivo de sí mismo: páselos a otros.
Cordial saludo en Cristo.
22/03/14 5:02 AM
  
María
Lo que tiene que ver con el Amor.....
La atracción sexual es respecto del Amor....lo que Ortega expresó con una metáfora....y por lo tanto con insuperable concisión y precisión a la vez...
" Como el viento en las velas"...Ahí empieza y termina la historia.........

Saludos
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JMI.-El "por lo tanto", con perdón, no lo veo tan claro...
Cuando el viento cesa en las velas, se para el barco.
Sin embargo, cuando cesa la atracción sexual, incluso cuando cesa el sentimiento, el amor puede-debe seguir adelante, con el auxilio de la gracia, porque el amor radica fundamentalmente en la voluntad, y la voluntad es LIBRE para seguir amando, aunque le falte atracción sensual y sentimental: es la voluntad la que ama, la que quiere, la que decide, la que persiste fiel a sí misma, la que dona, la que per-dona.

Esa maravilla es la que, p.ej., hace posible que siga adelante un matrimonio, aunque uno de los cónyuges le haga mil perrerías al otro, que en consecuencia tiene más bien arrugadita su sensualidad y su sentimiento, pero que con el axulio de la gracia, sigue amando a su cónyuge, cumple su juramento de amor eterno, hasta la muerte, y salva la familia.
22/03/14 11:36 PM
  
William Rey Montenegro
Muy buen artículo desearía conocer más referentes a la dignidad del ser gracias
23/03/14 1:33 PM
  
María
Buenas noches P.Iraburu:
Desde mi punto de vista... la comparación que hace, es que una relación basada en la atracción sexual en una pareja es tan efímera que cuando cesa todo se detiene....a diferencia de una relación basada en el amor .

Saludos

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JMI.-
1. El amor puede y debe permanecer para siempre.
2. La atracción sexual puede aminorarse o incluso cesar.
3. Menos probable es que ocurra lo último del 2 si permanece el 1.
23/03/14 10:28 PM
  
José Luis
A tiempo y a destiempo, como decía San Pablo 2Tm. 4, 2. Porque hay personas que necesitan que se les recuerden estas verdades que le harán mucho bien.

Cuando una persona no puede soportar esto, tiene un problema interior muy grave, el número de pecados, son los malos hábitos que han corrompido su vida. Es horrible cuando un alma termina ser como una marioneta del Maligno, que les mueve para hacer las mismas maldades.

Porque estas reflexiones, a mi modo de ver, también van dirigida a los que desean vivir más plenamente la castidad, aunque no tenga un noviazgo.

Muchas gracias, P. Iraburu.
24/03/14 9:44 AM
  
pablo velasco
"A los noviazgos jóvenes nos cuesta ser castos, sobre todo cuando uno o los dos miembros no han tenido un encuentro personal con Cristo que es la luz verdadera"

Problema fácil de atajar, échate de novio a un cristiano
25/03/14 7:52 PM
  
José Luis
Fragmento del discurso de Benedicto XVI

• «¡Queridos jóvenes, no tengáis miedo de afrontar estos desafíos! No perdáis nunca la esperanza. Tened valor, también en las dificultades, permaneciendo firmes en la fe. Estad seguros de que, en toda circunstancia, sois amados y custodiados por el amor de Dios, que es nuestra fuerza. Por esto es importante que el encuentro con Él, sobre todo en la oración personal y comunitaria, sea constante, fiel, precisamente como el camino de vuestro amor: amar a Dios y sentir que Él me ama. ¡Nada nos puede separar del amor de Dios! » (Discurso del Papa a parejas de novios, Zenit,org. 11 de septiembre de 2011)

Léase el discurso completo, y que los novios mediten estos temas espirituales, porque conseguirán si perseveran en la Voluntad de Dios, abundantes frutos espirituales.

Sin el encuentro con Cristo, uno termina cediendo ante cualquier tentación, no conviene abandonar la oración ¡nunca!

En el libro de Tobías (los que no lo sepan, es uno de los libro de la Santa Biblia), Tobías y Sara nunca jamás se comportaron con intenciones impuras, porque siempre tenía a Dios presenta en su vida, (Tob. 9, 5-8). Ahora los novios puede tener mas resistencia gracias a Jesucristo y a la ayuda del Espíritu Santo, de no caer en las impurezas, porque Cristo está presente en nuestras vidas, debe estarlo porque es importante para nosotros, y la Iglesia Católica.
26/03/14 11:12 AM
  
Mª Virginia
Bendito sea, pater, por estos tan necesarios artículos. Pienso que la "pastoral del noviazgo" es un área bastante desatendida en general, y precisamente en una época en que los pobres -¿nadie piensa en su pobreza de indefensos espirituales?- jóvenes se sienten a menudo muy desmoralizados, como ovejas sin pastor, desorientados ante tantas voces oscuras.
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JMI.-Bendigamos al Señor, Virginia.
"Uno solo es vuestro Maestro, el Cristo".
27/03/14 12:30 AM
  
Roberto
Si, si, si todo esto está muy bien, de acuerdo.
Si de lo que se trata es de afirmar verdades sublimes y santas, pues muy bien. Pero me gustaría que pisáramos los pies un poco en la tierra. ¿Qué pasa cuando uno o una no encuentra una persona creyente que viva todo esto? Porque para entender estas cosas hace falta un nivel de formación y espiritualidad que pocos tienen.
Si no te mueves en círculos eclesiales muy concretos (Opus, neocatecumenales o afines)es difícil encontrar gente que piense así.
Entonces ¿que pasa? ¿que hay que quedarse solterón de por vida? Porque si queremos hilar muy fino en estos temas, lo más común es que ocurra esto, que te quedes solo.
No sé que pensareis, pero así lo veo, y creo que es una visión muy realista y objetiva, por experiencia.
Me gustaría saber vuestra opinión.

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JMI.-Desde luego, si un cristiano busca con quien casarse, tendrá que pedir a Dios (1) y que buscar (2) una buena cristiana. Hay una enorme probabilidad de que el noviazgo y el matrimonio vayan mal, muy mal, si se une a una paganita.
Y lo mismo, claro, si una cristiana busca etc.

Esto ES ASÍ, y nosotros no podemos cambiar la realidad de personas y cosas.
Y eso es pisar con los pies la tierra, sin perderse en sueños irreales.
27/03/14 12:15 PM
  
Otro realista
Roberto, yo tambien soy realista, y coincido en que hoy encontrar una chica, o en el caso de las chicas encontrar un muchacho, que esté decidida/o a guardar la castidad durante el noviazgo, y ademas esté decidida/o a no practicar la anticoncepcion durante el matrimonio, es muy dificil si no es en un entorno eclesial tal como los que nombras, la Accion Catolica, grupos parroquiales, etc.

Y dado que para realizar la voluntad de Dios en estos temas de pareja es necesario que ambos miembros de la pareja coincidan en el entendimiento de la voluntad de Dios y en la decision de ponerla en practica, decididamente la situacion es la que dices. Si quieres poner en practica la voluntad de Dios, tienes dos opciones: o encontrar a alguien que la entienda como tú y quiera ponerla en practica, o quedarte solo. Es asi.

Te digo mas: en la cultura contemporanea, es muy dificil que alguien que no sea catolico practicante profese la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio. Por lo que es probable que el matrimonio contraido por esa persona sea directamente nulo desde el punto de vista canonico. Canon 1101 inciso 2: "si uno o ambos contrayentes excluyen con un acto positivo de la voluntad el matrimonio mismo,
o un elemento esencial del matrimonio, o una propiedad esencial, contraen inválidamente."

Ya que estoy, te comento una alternativa. Hay un servicio online para buscar pareja en que uno puede especificar, para la persona buscada, tanto la religion como el nivel de practica: practicante estricto, practicante esporadico, no practicante.

Dejo a decision del P. Iraburu publicar o no la direccion. Es match.com.

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JMI.-Gracias por la información.
No conozco apenas qué posibilidades reales da una búsqueda así on-line. En cambio sí conozco muchos casos de hallar un posible novio/a en ambientes sanos de Iglesia.
29/03/14 12:09 AM
  
pablo velasco
"JMI.-Desde luego, si un cristiano busca con quien casarse, tendrá que pedir a Dios (1) y que buscar (2) una buena cristiana. Hay una enorme probabilidad de que el noviazgo y el matrimonio vayan mal, muy mal, si se une a una paganita.
Y lo mismo, claro, si una cristiana busca etc.

Esto ES ASÍ, y nosotros no podemos cambiar la realidad de personas y cosas.
Y eso es pisar con los pies la tierra, sin perderse en sueños irreales. "

-Exacto
29/03/14 12:56 AM
  
amicus
Muchas gracias Padre Iraburu por la buena Doctrina, que en estos momentos históricos es tan necesaria, por el mundo que va en dirección contraria, y por el humo de satanás que se ha colado dentro de la Iglesia.
Tengo una duda, que todavía creo que no lo menciona en su blog y es esta:

cuando mi mujer llegue a la etapa esteril por edad, cuales serian los actos de unión carnal lícitos y cuales serian ilícitos.

Oro por usted y pido su Bendición

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JMI.-Los mismos actos que son lícitos en la unión conyugal cuando ésta puede ser fértil son lícitos cuando llega la etapa estéril. Y los mismos que son ilícitos, etc. En una etapa y en la otra deben obrar los esposos respetando el orden natural dispuesto por Dios y guardando la castidad conyugal.
29/03/14 12:23 PM
  
Antón
Ojalá se escucharan sermones así en las parroquias, pues lo que se escucha es derivados de "Cristo te ama", sin un sólo gramo de doctrina
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JMI.-Oremos, oremos, oremos.
30/03/14 7:07 PM
  
José Manuel.
Creo, Padre Iraburu que guardar la castidad en el noviazgo, puede ser fácil si los dos están de acuerdo. Si no es asi, se puede ir al traste con la castidad o con el noviazgo.Y como se decía en comentarios anteriores, o se queda uno soltero o dar con una persona creyente como uno mismo puede ser muy dificil.
Gracias por sus orientaciones, son de mucho provecho.
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JMI.-La gracia de Cristo le dé a vivir bajo el amparo del Altísimo, y que sus ángeles impidan que tropiece en las piedras (Sal 90). Bendición +
30/03/15 11:50 AM

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