(250) San Juan de la Cruz, Doctor pascual-esencial

–Antes, antes, el día anterior a su fiesta, tenía usted que haber escrito sobre el Santo.

–Tiene usted toda la razón. Pero es que al celebrarle temprano en la Misa, entonces se me ocurre escribir sobre él.

La espiritualidad de San Juan de la Cruz es totalmente pascual (1542-1591). De tal modo se centra en lo central de la doctrina de Cristo que logra una validez universal: ilumina igualmente la vida de los laicos que la de los religiosos, en el siglo XVI o en el XXI, la vida de los carmelitas, dominicos o benedictinos, la de quienes están en clausura o en el mundo, dedicándose a la familia, el trabajo, las misiones, los enfermos, la educación o a lo que sea. Es igual.

Su espiritualidad es la de Cristo: todos los cristianos estamos llamados a la santidad, y ésta exige que, por la gracia, participemos plenamente de su Cruz (muriendo al hombre viejo) y logremos así participar plenamente de su gloriosa vida resucitada (renaciendo al hombre nuevo).Es la espiritualidad central del Evangelio, la enseñanza central de San Pablo y la de todos los grandes Maestros espirituales de la historia de la Iglesia: Agustín, Benito, Domingo, Francisco, Ignacio, Teresa, Teresita, etc. Por eso, así como a Santo Tomás de Aquino se le da, entre otros, el título de Doctor común en cuestiones filosóficas y teológicas, San Juan de la Cruz viene a ser el Doctor común en el campo de la espiritualidad cristiana.

Cada uno de los grandes Maestros espirituales cristianos, dando siempre lo central del misterio de Cristo en los hombres, acentúan más ciertos aspectos de la vida en Cristo y menos otros. Y ésta es una realidad providencial, suscitada por el Espíritu Santo. De este modo, los cristianos, siempre por el camino de Cristo, se ven más ayudados por ésta o la otra escuela o tendencia de espiritualidad. San Juan de la Cruz, por el contrario, en sus escritos fundamentales –Subida al Monte Carmelo, Cántico espiritual, Llama de amor viva–, guarda siempre una altura y una esencialidad según la cual apenas nunca menciona a los carmelitas, a los votos religiosos, a la vida de los matrimonios, a las diversas vocaciones concretas, como no sea en alguna obra chica –Avisos a un religioso–, en sus Cartas o en algún ejemplo dado al paso de sus grandes escritos. También esta universalidad substancial de su doctrina se puede apreciar en los gruesos volúmenes de la Bibliographia Internationalis Spiritualitatis, anuario publicado por el Angelicum de Roma. En la sección dedicada a los Autores espirituales, se comprueba año tras año que el número de artículos y libros publicados sobre San Juan de la Cruz, en muchas lenguas e incluso en campos religiosos no cristianos, es incomparablemente mayor al dedicado a otros Maestros cristianos de la más alta calidad.

La espiritualidad pascual de Cristo es la de San Juan de la Cruz. «Sólo el espíritu da vida, la carne no sirve para nada» (Jn 6, 63). Es preciso, es necesario, por tanto, que el hombre carnal –adámico, viejo, animal y terreno– venga a transformarse en hombre espiritual –cristiano, nuevo, deificado, celestial–, pues «el espíritu está pronto, pero la carne es débil» (Mt 26,41). No puede el hombre liberarse de la cautividad del Demonio y del mundo, si permanece cautivo de la carne, es decir, de sí mismo: de sus propios pensamientos, voluntades, sentimientos y obras. La metanoia plena que lleva a la plena transfiguración en el Cristo glorioso, bajo la acción de la gracia, sólo puede producirse en la total abnegación (arneomai) de sí mismo, en el renunciamiento (apotasso), el despojamiento y desposeimiento (apotithe­mi) y en la mortificación del hombre carnal.

Jesús enseñaba esta doctrina a todo el pueblo, no a un grupo reducido de ascetas. «Decía a todos: el que quiere venir detrás de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. Porque quien quiere salvar su vida, la perderá, y quien perdiere su vida por mi causa, la salvará» (Lc 9,23-24; cf. Mt 16,24-25; Mc 8,34-35). No es posible ser discípulo de Jesús si no se le prefiere a todo, aun a la propia vida, y si no se renuncia a todo lo que se tiene o podría llegarse a tener (Lc 14,26-27. 33). Para dar fruto en Cristo, es preciso caer en tierra, como grano de trigo, y morir a sí mismo (Jn 12,24-25). Es éste un lenguaje fuerte, fascinante, verdadero, deslumbrante, ininteligible para quien no ha recibido la lucidez sobrehumana de la fe. ¿Cómo entenderlo?

Es lo mismo que enseña San Pablo. «Dejando vuestra antigua conducta, despojáos del hombre viejo, viciado por la corrupción del error; renováos en vuestro espíritu, y vestíos del hombre nuevo, creado según Dios en justicia y santidad verdaderas» (Ef 4,22-24; cf. Rm 13, 12.14; Col 3,9-10). La razón es clara: «No somos deudores a la carne de vivir según la carne, que si vivís según la carne, moriréis; mas si con el Espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis» (Rm 8,12-13).

Algunas claves previas son convenientes para entender bien esta espiritual pascual –muerte/resurrección– que enseña Cristo, la de San Pablo, San Juan de la Cruz y todos los maestros verdaderos de la espiritualidad cristiana.

La ab-negación cristiana en realidad no niega nada. El hombre se niega a sí mismo cuando se aleja de Dios y peca, y se afirma a sí mismo, es decir, se realiza profunda y verdaderamente, cuando se une con Dios dejándole obrar en él por su gracia. En otras palabras: el viejo hombre pecador es falso, irreal, negativo, auto-destructivo, pues el pecado es un no-ser. Su pensamiento es erróneo, tremendamente vulnerable a la mentira, su voluntad está enferma, hace lo que no quiere y no consigue hacer lo que quiere (Rm 7), sus aspiraciones son vanas, sus ideas alucinatorias, sus relaciones con los demás están falseadas por un egoísmo que deforma y confunde todo, su vida sensible y afectiva está sumamente trastornada. Por supuesto, negar esta negación de hombre es una afirmación. Jesús emplea, sin embargo, un lenguaje de negaciones y renuncias porque todavía sus oyentes son pecadores. Lo que él viene a afirmar no puede ser recibido por los pecadores sin que nieguen primero todo el mundo falseado en el que malviven.

Algunos creen que afirmar lo cristiano exige negar lo humano, y que ganar la vida eterna implica perder la presente. Según esta convicción, más o menos consciente, no es posible realizar la vida cristiana sin frustrar y destrozar la vida humana. Lógicamente, son muchos los que no pasan por ello. Otros hay que lo aceptan, pero de muy mala gana. Por ejemplo, una mujer casada que piense así, si es abandonada por su marido, por fidelidad a Cristo, renunciará a casarse de nuevo, «aunque así se destroce mi vida de mujer». La pobre no ha entendido apenas el Evangelio, quizá lo ignore o se lo han explicado mal. Permaneciendo fiel a Dios, fiel a su marido ausente, fiel a sí misma, evita con la gracia de Dios la destrucción de su vida por el adulterio, y sigue vistiendo el hábito maravilloso de la gracia, guarda su dignidad de hija de Dios, de miembro de Cristo, de templo de la Santísima Trinidad. Bienaventurada ella, que recibirá en esta vida el céntuplo, y después la vida eterna en el cielo.

La abnegación de sí mismo se hace siempre por la fuerza afirmativa del amor. Toda abnegación cristiana es un acto de amor a Dios y al prójimo, y nada hay más positivo que el amor. La Cruz nos hace posible seguir a Cristo, vivir con él, transformarnos progresivamente en él. La Cruz es, como el signo +, la positividad más total. San Juan de la Cruz deja bien claro que el cristiano se niega a sí mismo –es decir, niega en sí el hombre falsificado, negativo y pecador– para amar, por amor, con la fuerza del amor.

«Dice el alma que “con ansias, en amores inflamada”, pasó y salió en esta noche oscura del sentido a la unión con el Amado, porque, para vencer todos los apetitos y negar los gustos de todas las cosas, era menester otra inflamación mayor de otro amor mejor, que es el de su Esposo, para que, teniendo su gusto y fuerza en éste, tuviese valor y constancia para fácilmente negar todos los otros» (1Subida 14,2). Con la fuerza del amor fácil­mente –fácilmente– se niega y se renuncia a lo que sea. Eso lo sabe cualquier enamorado.

El desposeimiento siempre ha de ser afectivo, no siempre efectivo. La santidad cristiana no siempre exige «no tener» (casa, cónyuge, hijos, campos, trabajos), pero siempre exige «tener como si no se tuviera» todo eso que Dios nos da; es decir, tenerlo sin apego desordenado, en sometimiento amoroso, obediente y continuo a la voluntad de Dios providente (1Cor 7,29-31).

Así pues, «no tratamos aquí del carecer de las cosas –porque eso no desnuda al alma si tiene apetito de ellas–, sino de la desnudez del gusto y apetito de ellas, que es lo que deja al alma libre y vacía de ellas, aunque las tenga; porque no ocupan al alma las cosas de este mundo ni la dañan, pues no entra en ellas, sino la voluntad y apetito de ellas que moran en ella» (1Subida 3,4).

La vida ascética-activa-al modo humano conduce a la perfección mística-pasiva-al modo divino. San Juan de la Cruz, en La Noche oscura de la Subida al monte Carmelo (dos escritos, que al parecer forman una sola obra), con el término noche viene a significar purificación o santificación. Él describe con maravillosa claridad, siempre fundamentado en la Escritura y en la experiencia de los santos, cómo la deificación progresiva del hombre carnal se realiza en un proceso que incluye varias fases: –santificación activa del sentido (1Subida); –santificación activa del espíritu: entendimiento, memoria, voluntad (2-3Subida); –santificación pasiva del sentido (1Noche) y –santificación pasiva del espíritu ( 2Noche), en la que se alcanza ya la plena unión con Dios, la total configuración a Jesucristo.

Estos conceptos se entenderán mejor si se sabe que las virtudes tienen un modo activo y humano de ejercicio: por ellos participamos de la vida sobrenatural en Cristo al modo humano. Mientras que por los dones del Espíritu Santo, que perfeccionan el ejercicio de las virtudes, participamos al modo divino, sobre-humano, de la vida divina (Cf. Rivera-Iraburu, Síntesis de espiritualidad católica, Pamplona 2008, 7ª ed., pgs. 93-109). En efecto, entendemos por santificación ascética y activa aquella que el alma hace de su parte con el auxilio de la gracia; y por mística y pasiva aquella modalidad de santificación en la que el alma está ya como si no hiciera nada, siendo Dios quien obra en ella, y estando ella como paciente que libremente recibe la acción divina (1Subida 13,1).

Adviértase, por otra parte, que esas cuatro fases de la santificación son simultáneas, aunque las describa San Juan de la Cruz separadamente para mayor claridad. Sin embargo, él enseña claramente que la actividad ascética de las virtudes predomina en los comienzos de la vida espiritual, y que mientras esa ascesis no está bien adelantada, no es posible llegar a la vida mística pasiva, en la que predomina el régimen espiritual de los dones. Como también es cosa cierta que normalmente la purificación del sentido precede a la del espíritu. Todo eso es así. Pero nótese también que la santificación pasiva comienza ya desde el mismo nacimiento del cristiano en el bautismo, y sigue a lo largo de toda su vida en múltiples formas, sacramentales o no.

San Juan de la Cruz describe maravillosamente la «deificación» final a la que llega el cristiano santo, perfectamente muerto para sí y vivo plenamente en Cristo: «ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí» (Gal 2,20). No he citado apenas hasta aquí textos de este gran Doctor espiritual. Me he limitado a transcribir las enseñanzas de Cristo, porque ellas son las suyas. Pero quiero terminar dejándoles oír su propia voz.

La mística del espíritu, evangelizando totalmente al cristiano, le lleva a inmensos bienes:

La abnegación total de la persona: «desasida de lo exterior, desposesionada de lo interior, desapropiada de las cosas de Dios, ni lo próspero la detiene ni lo adverso la impide» (Dichos 124). La lucidez espiritual: «En esta oscura luz espiritual de que está embestida el alma, cuando tiene en qué reverberar, esto es, cuando se ofrece alguna cosa que entender espiritual y de perfección o de imperfección –por mínimo átomo que sea, o juicio de lo que es falso o verdadero–, luego [muy pronto, en castellano antiguo] la ve y entiende mucho más claramente que antes que estuviese en estas oscuridades» (2Noche 8,4). Queda así el alma purificada de sus miserias «más incurables» (2,4). Queda dispuesta para ser «llevada a la divina unión» (1,1). Y la fuerza y causa de este sagrado crecimiento ha sido siempre el amor. Por eso ya los gustos del alma los ha recogido Dios de tal modo «que no pueden gustar de cosa que ellos quieran. Todo lo cual hace Dios a fin de que, apartándolos y recogiéndolos todos para sí, tenga el alma más fortaleza y habilidad para recibir esta fuerte unión de amor de Dios, que por este medio purificativo le comienza ya a dar, en que el alma ha de amar con gran fuerza de todas las fuerzas y apetitos espirituales y sensitivos del alma» (11,3).

La mística del espíritu es sumamente pasiva, y el místico ha de decir: «Salí del trato y operación humana mía a operación y trato de Dios» (2Noche 4,2). Se consuma así la perfecta transformación del hombre carnal en hombre espiritual, y es Dios mismo quien enciende al hombre como llama de amor viva.

«Dios obra en el alma como se ha el fuego en el madero para transformarle en sí; porque el fuego material, en aplicándose al madero lo primero que hace es comenzarle a secar, echándole la humedad fuera y haciéndole llorar el agua que en sí tiene;… y finalmente, comenzándole a inflamar por de fuera y calentarle, viene a transformarle en sí y ponerle hermoso como el mismo fuego» (2Noche 10,1).

Sólo Dios puede santificar al hombre, llevándole a la perfecta santiadad que corresponde a todos los que han sido llamados a ser en Cristo, por obra del Espíritu Santo, «hijos del Padre celestial». Por eso, los que conciben la santidad cristiana como un perfeccionamiento ético asequible a las fuerzas humanas son pelagianos que no saben de qué va la cosa.

La santidad es deificación que sólo Dios puede obrar y consumar en el hombre, «apretándole y enjugándole las afecciones sensitivas y espirituales, y debilitándole y adelgazándole las fuerzas naturales del alma acerca de todo (lo cual nunca el alma por sí misma pudiera conseguir), haciéndola Dios desfallecer y desnudar en esta manera a todo lo que no es Dios naturalmente, para irla vistiendo de nuevo, desnudada y desollada ya ella de su antiguo pellejo. Lo cual no es otra cosa sino alumbrarle el entendimiento con la lumbre sobrenatural [fe], de manera que de entendimiento humano se haga divino unido con el divino; y, ni más ni menos, informarle la voluntad de amor divino [caridad], de manera que no sea voluntad menos que divina, no amando menos que divinamente, hecha y unida en uno con la divina voluntad y amor; y la memoria, ni más ni menos [esperanza]; y también las afecciones y apetitos todos mudados y vueltos según Dios, divinamente. Y así, esta alma será ya alma del cielo celestial y más divina que humana» (2Noche 13,11). Ya aquí en la tierra.

José María Iraburu, sacerdote

Post post.–Puede hallarse una síntesis de la doctrina de San Juan de la Cruz en la obra antes citada de Rivera-Iraburu (pgs. 216-237).

Índice de Reforma o apostasía

22 comentarios

  
Gloria Irene (Flavia)
Muchísimas gracias por tan excelente exposición. San Juan de la Cruz es el santo que más "me dice", aunque sea pobre y pequeña en ese aprendizaje. Conozco la síntesis que cita, tengo ese libro y su manual estupendo de "Teología espiritual" que recomiendo a todos.

Gracias de nuevo y pida por mí.
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JMI.-Eso está hecho. Bendición +
14/12/13 3:35 PM
  
carlos
Por eso, los que conciben la santidad cristiana como un perfeccionamiento ético asequible a las fuerzas humanas, son pelagianos que no saben de qué va la cosa.


Muchas Gracias
14/12/13 4:06 PM
  
Luis Fernando
Hay ocasiones en las que al alma que empieza a caminar por el sendero de la actividad de la vida ascética de las virtudes recibe pequeños "flashes" de la vida mística pasiva, y queda prendada de tal manera que anhela el día en que alcanzará el don de poder vivir solo ese tipo de vida.

Es como si el Señor permitiera a ese alma ver un trocito de cielo, para así reforzar la voluntad que está todavía sujeta a las cosas de este mundo.

Y eso es porque quien ve un poquito de cielo, no anhela otra cosa que llegar allí para no salir jamás.

No sé si tal cosa ocurre con todas las almas, pero sin duda sí con las que están llamadas a lograr vivir en esta vida un adelanto de lo que será la vida en el cielo y sobre todo, con las que están llamadas a ser luces que iluminan a otros, como es el caso de San Juan de la Cruz, el P. Rivera y tantos hombres y mujeres de Dios que nos hacen de testigos de la grandeza y maravilla de la vida eterna.
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JMI.-Yo creo que sí, que en no pocas personas que están navegando laboriosamente a remos de virtudes, se dan momentos en que, desplegadas las velas por nuestro ángel, sopla suavemente el ESanto y la barca avanza a vela con una extraña rapidez y facilidad. Para volver luego a remar, claro, hasta que un mayor crecimiento espiritual, logrado bajo la gracia en el ejercicio de las virtudes, hacen que la barca navegue normalmente a vela. Es el paso de la ascética a la mística, y es en ésta en la que se da la perfección evangélica.
14/12/13 4:06 PM
  
Josafat
"Subida al Monte Carmelo", es espectacular, además ni siquiera hace falta creer en la transcendencia para que te llegue al espiritu; lo increible es como se relata una sensación de fracaso, la perdida de cualquier horizonte, el derrumbe de la propia personalidad, el dolor mental, estructuras psíquicas que no valían nada y hasta entonces lo eran todo....

San Juan de la Cruz, no es solo patrimonio de la Iglesia sino de la Humanidad un autentico psicólogo moderno antes de que se creara la disciplina científica.
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JMI.-Quizá sea el autor espiritual cristiano más leído por no-cristianos y más estudiado por los expertos en psicología. Y por los poetas.

Pero eso de "no hace falta creer en la transcendencia para" no es verdadero: él pone a la fe, la fe sobrenatural, como principio de toda la obra de Dios en la transformación del hombre: "el justo vive de la fe" (Rm 1,17).
14/12/13 4:12 PM
  
Luis Fernando
Y a veces esas velas se desplegan en la niñez:
http://www.angelfire.com/hi/luisperez/mio.html
14/12/13 5:43 PM
  
Joaquín
Una pregunta, Padre: ¿Cómo encaja dentro de la espiritualidad de san Juan de la Cruz todo lo que le hicieron pasar en vida, que fue muchísimo?
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JMI.-Muy sencillo. Encaja en forma de Cruz.
14/12/13 6:04 PM
  
Uriel Antonio Ramirez G
Que ejemplo tan grande nos deja este hombre,para aprender demasiado en nuestras vidas.En especial cuando el ser humano es tentando continuamente,por la carne.Si todo esto lo tuviéramos presente y miráramos lo que verdaderamente lo que el padre CELESTIAL,nos tiene reservado si guardamos una buena conducta,desechando todo aquello que nos pueda alejar de el regalo divino,cambiaríamos todas nuestras actitudes,estaríamos mas preparados,para el servicio y orientación de las alma,que es la tarea encomendada,por el Creador.
14/12/13 6:57 PM
  
Amanda Elvir Osejo
¡Gracias! Padre Iraburu. Su comentario permite entrar en comunión con este místico del s.XVI, que tanto dice y exige en este s.XXI para hacer de nuestra vida, por la gracia del Dios Uno y Trino, todo aquéllo que en realidad somos: imagen y semejanza de Dios; llamados a la plenitud de vida, mediante ese proceso de ascética-activa a una mística-pasiva. Desde lo humano en que nos movemos, buscar lo divino que debemos ser.
14/12/13 7:03 PM
  
Gris Funcionario
Muchas gracias, soy "fan" de este santo

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JMI.- "El que a buen árbol se arrima,
buena sombra le cobija".
15/12/13 12:40 PM
  
guillermo
" Algunos creen que afirmar lo cristiano es negar lo humano".Santa Teresa , en la segunda morada, afirma: "Pués pensar que hemos de entrar en el cielo y no entrar en nosotros, conociéndonos y considerando nuestra miseria y lo que debemos a Dios, y pidiéndole muchas veces misericordia , es desatino".En estas fechas en que se llama a los cristianos a ejercer con más fuerza la caridad se suele entender ésta especialmente en lo material , y no falta razón para ello , pero en nuestro mundo , y me refiero a mi entorno de amigos más o menos alejados de Dios , también se da el hambre de espíritu. A veces es el hambre más notorio. Damos de comer al hambriento, vestimos al desnudo y así a Cristo mismo vestimos y alimentamos , pero Cristo es el Hijo de Dios y Dios mismo La mirada de los que acuden a nosotros es la mirada del Dios Uno y Trino. Se nos olvida la dádiva del Espíritu , prometido por Aquél que , ante el Despreciador , dijo . " Está escrito, no sólo de pan vive el hombre si no de toda palabra que sale de la boca del Señor "
15/12/13 10:44 PM
  
Ricardo de Argentina
Guillermo, lo que dices es muy cierto y muy a propósito para la "Nueva Apologética", o sea el abordaje de las ingentes multitudes que han sido paciente y prolijamente vaciadas de todo su acervo espiritual, de todo su afán de conocer a Dios.

Muchas veces me pregunté cómo se podría encarar el acercamiento y la conversión de tantísimos ateos prácticos y algunos también teóricos, o sea que han intelectualizado su alejamiento de Dios. Y creo que parte de la respuesta pasa por entender que ellos, que fatalmente carecen del "sentido de la vida" que tan bien explicara Viktor Frankl, lo suplen con un endeble "optimismo" tan pelagiano como irracional, según explica el Card. Ratzinger y lo podemos leer en el último artículo del blog de Daniel Iglesias.

Ese vacío espiritual, que produce un entrañable aunque bien disimulado horror (¿causa de estrés quizás?), y que es llenado torpemente con "optimismo" en cualquier cosa, está reclamando a gritos la Esperanza cristiana.
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JMI.-Y a la esperanza, claro, solamente puede llegarse por la fe. Por la fe en Cristo y en su Iglesia.
15/12/13 11:38 PM
  
guillermo
Frente a lo que normalmente se afirma de que " la esperanza es lo último que se pierde " tengo para mí, sin animo paradojal, si no como matización , que es lo primero que se pierde . Ya que perdida la esperanza - no me refiero a la virtud teologal - se cae lo demás como un castillo de naipes . Yo , personalmente , intento tener la esperanza de mantener la fé , de que frente a aquella pregunta de Jesús , alguna me quede hasta el final de mis dias.Respecto a lo que dice Ricardo , estoy de acuerdo : el hombre actual ha desertado de dar un sentido a su vida, es un superviviente y el nivel de sus deseos - y está la publicidad para comprobarlo - está más bajo que nunca . Aquella frase . no sé si de Pascal , de " creo porque es absurdo "llevaba la idea de lo imposible pero deseable. Unamuno afirmaba que peor que a rás de suelo era estar a rás de Cielo.
17/12/13 10:28 PM
  
Isabel
San Juan de la Cruz es uno de los santos que más admiro. Estuvo en mi ciudad una parte de su vida, y hasta he visitado un gran árbol me parece que en el Carmen de los Mártires, en dónde se dice que se sentaba a escribir. También he visitado el convento de las carmelitas descalzas, en dónde se conservan varios recuerdos del santo.
Así que voy a retomar la lectura del libro que tengo de sus poesías, entre las que figuran "Subida al Monte Carmelo", que empieza:
(Los versillos siguientes declaran el modo de subir por la senda al monte de perfección, y dan aviso para no ir por los dos caminos torcidos.)
1. Para venir a gustarlo todo,
no quieras tener gusto en nada.

Así que le agradezco Padre, el habernos traído a este gran santo y místico del siglo XVI.

En cuanto a la conversión que hace tanta falta para tantas almas, es algo al menos difícil en esta sociedad descristianizada, en dónde perdida la fe y con ella la esperanza, todo se circunscribe por parte de muchas personas a vivir el presente, por medio de todos los placeres que estén a su alcance.
Conozco a un señor que estuvo desde su niñez en el seminario, y que se abandonó el seminario mayor, poco antes de hacer los votos, según me dijo, porque se veía incapaz de vivir en la "soledad" en que tiene que vivir un sacerdote; él necesitaba una mujer a su lado. Buscó un trabajo, se casó, y ha vivido con su mujer siendo un buen católico. Tras unos años de dejar de verlo, me entero de que su mujer ha fallecido hace año y medio, y que está viviendo con una mujer, a la que ya conocía, sin siquiera previo matrimonio civil, estando los dos viudos. Ese señor era católico practicante, y de repente deja de creer, puesto que vive de espaldas a los Mandamientos de Dios. Sabe perfectamente que lo que hace no es conforme a la Religión que siempre ha practicado, lo sabe perfectamente; no tiene nadie que venir a enseñárselo, y sin embargo lo hace. Como él conozco varios casos más, como me imagino que conocerán la mayoría de ustedes.
Y si por que salga alguna conversación, se intenta hablar "en contra" de la moda del "todo vale", enseguida te acusan de fanática, o se te mira como si fueras un bicho muy raro.
Resultado: No solo no convences de nada al otro, sino que sales desanimada y compungida, como cuando según cuenta la leyenda, Santiago estaba en Zaragoza y se sentó junto a un pilar cansado y desasosegado, por el poco resultado que obtenía de sus predicaciones, y se le apareció la Virgen "del Pilar", para reconfortarlo y animarlo.

Así están las cosas querido Padre.
Dios lo bendiga.
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JMI.-En cualquier acción, y más si es apostólica, la oración ha de ir 1.-por delante, 2.-en la propia acción y 3.-después de ella, porque "sin Él no podemos NADA" (Jn 15). "Ora et lab-ora".
18/12/13 10:53 AM
  
Javiergo
Gracias, gracias, mil gracias, P. Iraburu, por tan magnífico y tan edificante post. Como católico fiel al Magisterio y como cristiano impresionado agradablemente cuando leí hace muchos años la tesis doctoral del Beato Papa Juan Pablo II sobre el Doctor Místico, he constatado, por contraste, que en nuestro tiempo nihilista y anticristiano, en esta era posmoderna y descreída, al igual que el ser, la nada ha sido objeto de un persistente reduccionismo a lo largo de la historia del pensamiento occidental en estos dos últimos siglos principalmente. Tal parece que la caída en desgracia del uno también ha acarreado la caída inevitable del otro. Si el ser se vio reducido al ente y éste al mero dato, la nada también se ha visto reducida al vacío inerte y la mera ausencia de características.

Sin embargo, todos los místicos cristianos han sondeado en profundidad el corazón de la nada mística y nos refieren las muchas cualidades que atesora. Y es que, conociendo que somos nada, que valemos nada y que podemos nada, abrazaremos con quietud las pasivas sequedades que a veces invaden el camino y por medio de esa nada habremos de morir a nosotros mismos de muchas maneras, en todos tiempos y a todas horas. Y cuanto más vayamos muriendo, tanto más iremos profundizando en nuestra miseria y bajeza, y tanto más nos irá el Señor elevando y a sí mismo uniendo. Pues como bien dice San Juan de la Cruz: “De manera que todo el ser de las criaturas, comparado con el infinito de Dios, nada es...” Por su parte, como bien sabe, P. Iraburu, toda la tradición cristiana ha sostenido desde el comienzo este lema: Vacate et videte quoniam ego sum Deus, un célebre dicho bíblico que, en versión directa de nuestro místico, sería: “Aprended a estaros vacíos de todas las cosas, interiores y exteriores, y veréis que yo soy Dios”.

Otra de las muchas, muchísimas cosas, que me han impresionado también de la obra de San Juan de la Cruz es que cerca ya de la cima del Monte, reina un completo silencio, el silentium divinum que, junto a la divina sapientia -o la sabiduría silenciosa de Dios-, es el lema que corona la contemplación. Son el silencio y la paz que impregnan la última parte de noche, poco antes de la madrugada, “...en par de los levantes de la aurora, la música callada, la soledad sonora”, el silencio y la sabiduría que preceden a la unión transformante, el “matrimonio espiritual”, la última morada del camino, y que acaece ya, ahora sí, en la cima del Monte. Entre otros, el fruto más importante de esa unión es la fecundidad espiritual que revierte en la acción ilimitada al servicio de todo lo creado.

Por último, en lo más alto figura el lema Juge Convivium o Convite Eterno, aunque un significado alternativo podría ser el de “unión con la vida”, pues el término “convite” significa etimológicamente “con la vida”, porque la Vida -esto es, Cristo- es el principio y el final de la búsqueda, Alfa y Omega... Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida.

Un saludo en Cristo Jesús

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18/12/13 11:07 AM
  
Pepito
Decía el Santo: "Para venir a gustarlo todo, no quieras tener algo en nada. Y cuando lo vengas del todo a tener, has de tenerlo sin nada querer." Oración y desapropio. Todo un programa de ascética y mística católica.
18/12/13 1:20 PM
  
manuel
No nos autoengañemos.Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos.La Navidad es alegre, y muchos la celebran.Pero muy pocos, poquísimos, diría yo, quieren ser crucificados, con Cristo.Aunque ellos digan que sí, otra parte de ellos dice:no.Seamos honestos, no es fácil.Y el Monte Carmelo, //////, echa para atrás, ya que lo pinta de manera bastante terrorífica.Hay otros místicos, que habiendo llegado a lo mismo, relatan la vía de forma más amable, Enrique Herp, lo considero uno de ellos.
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JMI.-Gracias a Dios, hay en la Iglesia grandes maestros espirituales muy diversos entre sí, y a unos les ayuda más uno, a otros, otro.

Por eso, su SJCruz "echa para atrás", quedaría más exacto "me echa"... A muchos nos echa para adelante y para arriba.
18/12/13 7:28 PM
  
Xristoforos Theotokou
Más que terrorífico, yo diría que da una sensación de vértigo cuando uno se encuentra con la espiritualidad del Carmelo Descalzo. Sin embargo esta lista debería hacernos reflexionar: la beata Elías de San Clemente murió con 26 años, la beata Isabel de la Trinidad murió con 26 años, santa Teresa de Jesús de los Andes falleció con 20 años, santa Teresa Margarita del Sagrado Corazón de Jesús Redi murió con 22 años y santa Teresa del Niño Jesús entró en la gloria con 24 años. El camino del Carmelo Descalzo es un camino áspero, es cierto y más para los tiempos actuales, pero fijémonos como en muy pocos años de vida carmelitana muchas monjas se santificaron sin problema con las enseñanzas de santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. Además, ¿qué terror puede inspirar una mística que hace escribir estas cosas?:

¡Oh llama de amor viva,
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva,
acaba ya, si quieres;
¡rompe la tela de este dulce encuentro!

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
que a vida eterna sabe,
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida la has trocado.

¡Oh lámparas de fuego,
en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores
calor y luz dan junto a su Querido!

¡Cuán manso y amoroso
recuerdas en mi seno,
donde secretamente solo moras
y en tu aspirar sabroso,
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!
19/12/13 12:51 AM
  
Pepito
San Juan de la Cruz no es duro ni terrorífico. Lo duro y terrorífico es más bien el pecado original, con el que todos nacemos, que ha dejado en nosotros un amor desordando hacia el propio yo, hacia nosotros mismos, a nuestos gustos y apetitos personales, de lo cual tenemos que purificarnos de una manera más profunda y radical de la que ordinariamente pensamos.

San Juan de la Cruz habla sobre todo a aquellos que se toman en serio esta profunda y radical purificación del yo desordanado y herido por el pecado y que son capaces de acometer ya durante esta misma vida y de manera ardiente, extrema o radical, sin paños calientes ni flojeras, esa radical purificación.

San Juan de la Cruz habla sobre todo a religiosos contemplativos que quieran vivir en serio su profesión. Es una espiritualidad para los que quieren esforzarse al máximo y sin recortes, ya en esta misma vida, por alcanzar la perfecta unión con Dios tal y como es posible en este mundo: el matrimonio espiritual.

San Juan de la Cruz se dirige a los legionarios de la vida contemplativa. Hay otras clases de tropa, que no se toman tan en serio la purificación del propio yo, que pueden andar más suavemente la vida del espíritu, pero un Carmelita o un Cartujo son como legionarios de la vida de perfección.

Y es a éstos esforzados a los que se dirige ante todo el Santo, con su doctrina radical de las nadas, que nos parece áspera, pero es dulce y sabrosa para los que decididamente han puesto su empeño en alcanzar, con la gracia de Dios, el radical y profundo despojamiento del yo egoista hasta el grado en que es posible hacerlo al hombre durante esta misma vida.

Al que no haga durante esta vida tal profundo y radical despojamiento del yo egoista herido por el pecado original, lo tendrá que hacer en la otra vida en el purgatorio. Por eso algunas veces dice el Santo que los que llevan este camino pasan el purgatorio en vida o que si van al purgatorio se detienen muy poco en él.

San Juan de la Cruz es como un profesional ardiente de la perfección espiritual cristiana y nos resulta áspero y terrible a los que nos tomamos menos en serio dicho camino de perfección o despojamiento máximo, ya en esta misma vida, de nuestro yo desordenado por la profunda herida del pecado original.

Por otra parte, el que haya habido Carmelitas muertos muy jóvenes es la excepción, pues la mayor parte de ellos mueren bien viejitos. Igual que los Cartujos, a los que un Papa quiso una vez reformarlos, por parecerle muy austera su modo de vida, y se le presentaron varios cartujos todos viejos con muy buena salud, y el Papa desistió de su intento de darles una vida menos austera.

Seguro que el Hermano Carlos, Carmelita Observante, si está por ahí me comprenderá. Un fraternal saludo al Hermano Carlos y todos los austeros monjes de vida contemplativa como los Carmelitas y los Cartujos, que éstos últimos tampoco son moco de pavo.
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JMI.-Tampoco son grano de anís ni bostezo de caracol. Cierto.
20/12/13 12:00 PM
  
manuel
No, no he dicho "me echa".Eso es una "proyección" suya en mi persona, a causa su interpretación de mi comentario.
Precisamente mis líneas son una advertencia, a los que teorizan, sobre cosas que son puramente experiencia."Qué bellas las poesías de San Juan de la Cruz",dicen todos, desde luego; pero no olvidemos lo que hay detrás.
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JMI.-Aclaración, pues. Cuando manuel dice:
"Y el Monte Carmelo echa para atrás, ya que lo pinta de manera bastante terrorífica",
no lo dice en referencia a sí mismo, sino a otros.
Ya. Aclarado.
Era una "proyección" mía etc.
20/12/13 6:46 PM
  
manuel
Tendré que especificar, más.Cuando escribí eso, estaba pensando, en lo que los estudiosos, dicen de su mística.La mística de San Juan, comparte ciertas caracteristicas con otros como Eckart,Tauler,Suso de cáriz intelectualista.Para éstos, el despojamiento absoluto y sus abismos, son esenciales.Pero no todos los maestros de la espiritualidad, comparten ese punto de vista.Santa Teresa aboga por no olvidar la humanidad de Cristo, en un exceso de despojamiento.
Era un pensamiento en voz alta, una presuposición de lo que es su mística en base a mis humildes conocimientos.Y también pensando en los que quieran seguir su camino, como si lo compara, con otros, de su talla.Es cierto, era frase demasiado críptica.
Por eso, he escrito "echa" sin el "me", porque yo no me incluía, era una opinión colectiva más bien hecha, tomando como base unas lecturas.
También cuando Ud dice "que a muchos nos echa, para arriba y adelante" pues no lo voy a tomar literalmente, le entiendo perfectamente.Con su formación, pensaba que sabría ver a qué me refería.


20/12/13 11:17 PM
  
Pepito
Dice el Santo en el Prólogo a la Subida del Monte Carmelo:

"Y si algunas personas con esta doctrina no se hallaren bien, hacerlo ha mi poco saber y bajo estilo, porque la materia, de suyo, buena es y harto necesaria."

"Pero paréceme que, aunque se escribiera más acabada y perfectamente de lo que aquí va, no se aprovecharán de ella sino los menos, porque aquí no se escribirán cosas muy morales y sabrosas para todos los espirituales que gustan ir por cosas dulces y sabrosas a Dios, sino doctrina sustancial y sólida, así para los unos como para los otros, si quieren pasar a la desnudez de espíritu que aquí se escribe."

"Ni aun mi prinicpal intento es hablar con todos, sino con algunas personas de nuestra sagrada Religión de los primitivos monjes del Carmelo, así frailes como monjas, por habérmelo ellos pedido, a quien Dios hace la merced de meter en la senda de este Monte; los cuales, como ya están bien desnudos de las cosas temporales de este siglo, entenderán mejor la doctrina de la desnudez de espíritu."

Una delicia, tanto espiritual como literaria, leer a nuestro Santo Doctor místico. Respecto a las objecciones que se puedan poner a su doctrina, el mismo Doctor las responde insuperablemente a lo largo de toda su obra.

Leamos a San Juan de la Cruz y si tenemos agallas practiquemos su doctrina de la total desnudez de lo creado para quedarnos a solas con el Creador. Aunque en esa soledad increada que mora en el Monte nos volvemos a encontrar con todo lo creado pero de manera totalmente renovada y purificada, porque es nuestro yo más íntimo el que ha sido profundamente transformado por la intensa participación en el Amor de Dios.
21/12/13 12:43 PM
  
magdalena narvaez pazmiño
Soy católica, Dios me ha amado siempre, pero no crecía en el espíritu, me di cuenta que me faltaba un guía espiritual y una doctrina,. Pensé buscar un sacerdote, pero no quería crear dependencias y en San Juan de la Cruz encontré lo que necesitaba. Su s propuesta de dejar el no ser para ser, es la santidad. Estoy contenta, he dejado a la mujer vieja y soy la nueva, he muerto a mí, pero vive Cristo en mi. Me siento plena, sólo aquí hay una posibilidad de realizarme, el camino es largo, pero confió en Dios. Cando deje todo, encontré todo en el TODO, esos es verdad, ya no hay posibilidad de retorno a lo viejo.Gracias por la vida de un hombre como yo, San Juan de la Cruz, que tuvo el coraje de escalar peldaños tan difíciles.
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JMI.-En doctrina teológica espiritual creo yo que ninguno hay más alto y más profundo y más claro y preciso que San Juan de la Cruz.
Ya puede darle gracias a Dios que le ha dado en este Doctor de la Iglesia tan excelente maestro.
Bendición +
08/05/16 6:46 PM

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