(123) Católicos y política –XXVIII. ¿Qué debemos hacer?. 15

–Muchas repeticiones. Esto se va pareciendo al Bolero de Ravel.
–Si su cultura musical no fuera tan limitada, habría reconocido al fondo de esta serie de artículos las Variaciones Goldberg, aria con 30 variaciones, para clavicémbalo, de Juan Sebastián Bach (BWV 988, 1741-1742). De todos modos, ya falta menos para el final de la serie.

–El Espíritu Santo quiere y puede renovar la faz de la tierra, pero el Padre de la mentira se empeña en paralizar en la Iglesia las misiones, la educación, la pastoral y la actividad política de los católicos. Las misiones, dejando la evangelización, la missio, derivarán al diálogo interreligioso y la acción benéfica filantrópica (13). La educación católica se irá apagando en la mayoría de colegios, escuelas y universidades católicas, perdiendo fuerza evangelizadora y apologética. La acción pastoral alcanzará solo a una décima parte de los bautizados, y en forma muy débilmente evangelizadora. Y en ese mismo cuadro de situación espiritual, la acción política de los católicos también desfallecerá, hasta desaparecer prácticamente en Occidente, de tal modo que las Iglesias locales, sin apenas lucha, permitirán que sean los hijos de las tinieblas quienes gobiernen y configuren legalmente las naciones antes cristianas, ahora mayoritariamente apóstatas.

Va todo unido. Es un desfallecimiento de Pastores y fieles en la fe, la esperanza y la caridad (104, 109, 117). Una Iglesia creciente confiesa a Cristo: «nosotros creemos, y por eso hablamos» (2Cor 4,13), pues de «de la abundancia del corazón habla la boca» (Mt 12,34). Una Iglesia decreciente, por el contrario, apenas lo confiesa: «nosotros dejamos de creer, y por eso dejamos de hablar»… Reforma o apostasía.

–Cometen un grave error los Pastores y laicos que procuran mantener la desmovilización política de los católicos. No hablo de aquellas personas, congregaciones y grupos que no están llamados por Dios a una acción política directa (119). Hablo de quienes positivamente frenan la acción política organizada y confesional de los católicos. Ya sabemos que muchos de quienes así obran, Pastores y laicos, son buenos cristianos. Pero también sabemos que en materia política piensan más según el mundo que según la doctrina política de la Iglesia. A causa de la sobreabundante ideología falsa difundida durante el postConcilio y contra el Concilio, están errados, y en no pocos casos su desvarío es una ignorancia invencible.

La Iglesia ha enseñado siempre, sobre todo en los últimos dos siglos, también en el Vaticano II, que los laicos –los llamados a ello– deben coordinar eficazmente sus fuerzas para actuar en la vida política (LG 36), de tal modo que, guiados por su pericia y bajo su responsabilidad, han de entregar sus vidas para «lograr que la ley divina quede grabada en la ciudad terrena» (GS 43; cf. AA 7). Es un ideal formidable: traer la salvación de Cristo al mismo orden temporal presente. Y la verdad de este Magisterio apostólico se ve comprobada, sensu contrario, por la experiencia histórica de los últimos decenios, en los que a causa principalmente de la mala doctrina vienen siendo continuos los avances de los hijos de las tinieblas y los retrocesos de los hijos de la luz.

Si un ejército del Enemigo asedia la ciudad y el Rey cristiano llama a las armas, traiciona a su Rey el pueblo si no acude, alegando que la acción armada enemiga no tiene por qué ser resistida y superada por otra acción armada, sino que basta con luchar con las armas de la espiritualidad, la oración y las actividades sociales y culturales. Ese pacifismo suicida equivale a entregar el dominio de la ciudad al Enemigo, y al mismo tiempo condena al Rey al exilio o a la muerte.

Objetivamente, colaboran con el Enemigo, aunque no lo pretendan, aunque sean eclesiásticos y laicos excelentes, aquellos que durante decenios, transformando la hipótesis coyuntural en tesis doctrinal,

–enseñan que los políticos cristianos, en principio, deben en nuestro tiempo diseminarse entre los partidos seculares ya existentes, causando así su dispersión y anulación total (119);

–aquellos que orientan en política al pueblo cristiano hacia un malminorismo crónico, que puede durar muchos años, un época, hasta llegar al peor malmayorismo (100);

–igualmente aquellos que propugnan en la Iglesia un apoliticismo sistemático (119), y excluyen los partidos confesionales (121), afirmando que hoy en Occidente solo es posible y conveniente, en el combate contra las fuerzas del Mal, la acción apostólica y orante, prepolítica, social y cultural, pero no la acción directamente política de los cristianos, organizada y militante.

–El catolicismo liberal no quiere que las fuerzas católicas se organicen para un directo combate político con el mundo. No quiere en modo alguno enfrentarse con el mundo actual, «con la civilización moderna» (Syllabus, prop. 80, Bto. Pío IX, 1864), pues más o menos se identifica con ella. Pastores y laicos, unidos en un mismo error, no quieren combatir en política con los hijos de las tinieblas. Como si reconocieran su derecho a gobernar las naciones, dirigidos por el Príncipe de este mundo, y no por Cristo Rey, el Salvador del mundo.

Si Pastores y laicos en una nación no quieren arriesgar sus vidas en un combate frontal contra el mundo laicista, entonces no es posible librar ese combate. Pero no posible precisamente porque no lo quieren. Es muy duro entrar en batalla, sufrir persecuciones y golpes, bajar de situación económica, contraponerse con el mundo vigente, y a veces con una buena parte de la misma Iglesia. Es mejor aceptar la derrota, sin presentar batalla. Y mejor aún es entender la derrota como victoria, como superación de épocas anteriores oscurantistas, marcadas por el enfrentamiento entre el Reino y el mundo. Se avergüenzan del mismo término Iglesia militante. Estiman, pues, que si alguno convoca al combate, es más prudente no acudir a la guerra: «¡todo el que sienta celo por la Ley y quiera mantener la Alianza, que me siga! Y huyeron él y sus hijos a los montes, abandonando cuanto tenían en la ciudad» (1Mac 2,27-28). No, no están por la labor.

La justificación ideológica de ese pacifismo cobarde, que traiciona a Cristo Rey, vendrá después necesariamente. De elaborarla se encargarán el liberalismo y sus variaciones modernistas y progresistas. Así lo advierte Francisco Canals Vidal:

«Los equívocos, tal vez consentidos o encubiertos más o menos conscientemente, entre el pensamiento político-social “moderno” y la doctrina católica sobre lo que León XIII llamaba “la constitución cristiana de los Estados”, ha contribuido al debilitamiento gradual, y cada vez más acelerado, de cualquier actitud coherente con el imperativo de que puedan regir en la vida pública y en la privada “las enseñanzas, los preceptos y los ejemplos de Cristo” […]

«Desde los comienzos de la corriente católico-liberal, se ha dado reiteradamente la paradoja de que, invocando que “el catolicismo no se puede identificar con un partido político”, se ha llegado a la conclusión de la práctica obligatoriedad de la actitud liberal y demócrata-cristiana […] El trágico abuso del Concilio Vaticano II, que se ha invocado para negar todo lo que no se ha sabido leer en él, y desde luego todo el Magisterio anterior [en estas materias], ha servido de acelerador de la espantosa decadencia de la doctrina ortodoxa en la teología y de la seriedad y vigor moral en las costumbres privadas, familiares y políticas […]

«El fruto más amargo de aquel abuso gravísimo del Concilio Vaticano II, por el que no sólo se ha tomado el nombre de Dios en vano, sino que se le ha invocado sacrílegamente para hacer olvidar a grandes multitudes de fieles principios inamovibles que habían sido reiterada y enérgicamente afirmados en el Magisterio Pontificio, y que nunca han sido, no podían ser, contradichos o deformados, ha sido esta generalizada pérdida de energías cristianas.

«La falta de atención a principios obligatorios para la conducta práctica católica en la vida social y política ha privado a los cristianos de la virtud de la fortaleza, virtud necesaria en los “confesores de la fe” y en los mártires o testigos de la fe […Debemos] apoyarnos en la intercesión de los mártires españoles de la gran persecución religiosa que se inició en 1934 y duró hasta 1939, para que se vea firme en nosotros la confianza en el Sagrado Corazón de Jesús, y se renueve con eficiencia práctica en nuestra vida la esperanza en su reinado en España y en el mundo» (Reflexión teológica sobre la situación contemporánea, revista Verbo nº 371-372, ener-febr. 1999).

–Los partidos malminoristas de falsa inspiración cristiana exigen el apoyo de los católicos, invocando el principio del «voto útil». Los católicos malminoristas piensan y dicen que votar por aquellos mínimos partidos que hoy en Occidente mantienen realmente los grandes principios de la doctrina política de la Iglesia sería «inútil», como depositar el voto en la basura. Ellos quieren votar por un partido que, solo o en coalición con fuerzas del Enemigo, tenga próximas posibilidades de triunfo. De ningún modo quieren estar en la oposición, es decir, en el desvalimiento de los grandes poderes mediáticos, económicos e internacionales. Ellos elaboran programas políticos que sean capaces de captar a las mayorías, y para conseguirlo incluyen la producción o el mantenimiento de leyes como la del aborto. Por nada del mundo quieren quedarse en el sehol de la oposición.

Y cuando el pueblo sigue esa orientación perversa es cuando realmente deposita su voto en la basura. Cae así en la tentación diabólica que fue vencida por Cristo, y que con su gracia debe ser vencida por todos los cristianos. El diablo le dijo a Jesús en el desierto, «mostrándole todos los reinos del mundo y la gloria de ellos: “todo esto te lo daré si, postrado en tierra, me adoras”» (Jt 4,8-9). Y el Salvador, con la fuerza de la palabra divina, lo ahuyentó como a un perro.

El único «voto útil» es aquel que se da a Cristo y a su Reino. Ignoran los católicos liberales malminoristas que el voto realmente depositado en la basura es el suyo. Ignoran que, como decía Henry David Thoreau (+1862), allí donde sistemáticamente se está pisoteando el bien común, el lugar de los políticos honestos es la cárcel o al menos la oposición. Y como esta verdad ignoran también otras muchas.

–Ignoran que muchos de los grandes partidos actuales comenzaron siendo cuatro gatos. «El reino de los cielos es semejante a un grano de mostaza, que toma uno y lo siembra en su campo, y con ser la más pequeña de todas las semillas, cuando ha crecido es la más grande de todas las hortalizas y llega a hacerse un árbol, de suerte que las aves del cielo vienen a anidar en sus ramas» (Mt 13,31-32). La salvación, también política, viene de Dios, y «para el Dios del cielo no hay diferencia entre salvar con muchos o con pocos» (1Mac 3,18).

Pero no, los católicos malminoristas quieren el triunfo social-político ahora mismo, sin atravesar el desierto, sin salir de Egipto en un éxodo que quizá dure cuarenta años, hasta llegar a la Tierra prometida. Tienen miedo entre tanto a la soledad, a la pobreza, a la marginación social, a la falta de medios para actuar en la vida pública, a la vida escondida con Cristo en Dios, sin prestigios mundanos y riquezas. No saben que es imposible ganar la vida sin perderla, ni seguir a Cristo sin tomar la cruz. Es decir, no han recibido el Evangelio.

–Ignoran que el criterio fundamental para discernir el voto ha de ser la conciencia, mucho más que el cálculo de oportunidades, mucho más que el «voto útil». Al menos en forma habitual y crónica, no puede darse en conciencia el voto a partidos malminoristas, aliados con la Bestia política mundana y asociados a sus crímenes. El voto, como tantas veces han exhortado los Pastores sagrados, ha de darse «en conciencia». Por tanto, lea usted los programas de los diversos partidos, y entregue usted su voto sin vacilaciones a alguno de aquellos que son fieles al orden natural, a la soberanía de Dios, a la doctrina política de la Iglesia. Y si esa decisión viene a situarle con la oposición, o ni siquiera eso, con la nada política, siga votando a ese partido con humildad y confianza. Siga votándole en conciencia.

–Ignoran que muchos partidos pequeños han tenido un poder político grande, aunque para saberlo no es necesaria la fe; basta con el conocimiento de la historia y del presente. En Alemania, Reino Unido, Italia, también en la España actual y en tantos otros países, como en Israel los mínimos partidos religiosos, el peso escaso de partidos pequeños ha llegado a marcar a veces decisivamente la política nacional en graves cuestiones.

–Benedicto XVI: «Renuevo mi llamamiento para que surja una nueva generación de católicos», Pastores y laicos, cada uno cumpliendo su propia vocación, «que se comprometan en la política sin complejos de inferioridad», personas renovadas interiormente (meta-nous), católicos que, libres de los pensamientos y caminos del mundo, abran sus mentes al Magisterio apostólico sobre la doctrina política, que hoy muchos, en todos los gremios de la Iglesia, ignoran, más aún, falsifican y rechazan.

Reforma o apostasía.

José María Iraburu, sacerdote


Índice de Reforma o apostasía

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12 comentarios

  
Antígono
D. José María, muchas gracias por sus artículos.
Animan mucho a los católicos que andamos metidos en política casi a la fuerza y por un mero imperativo moral, frente a tantas voces (incluidas las procedentes de la propia Iglesia) que nos sugieren como única vía de política «eficaz» para un católico, el apoyo a los partidos «grandes» y con posibilidad de representación, porque cualquier otra opción es tirar el voto.
Llevo «tirando» mi voto muchos años; los mismos que llevo comprobando que la estrategia del voto útil sólo ha conseguido que esos partidos «grandes» y con representación siempre asegurada, se han ido apartando progresivamente de los postulados innegociables para un católico. Mientras sus representantes más abiertamente católicos, han ido quedando postergados o relegados a la tercera fila; hasta el momento en que al partido le interesa sacarlos a la palestra para mostrar que cuentan con católicos comprometidos, y así captar el llamado voto católico.
No juzgo a los católicos de buena fe que integrados en esos partidos grandes intentan ser levadura en la masa; cada uno hace lo que puede según le dicte su conciencia, mejor o peor formada.
Pero a nivel de política «eficaz» (utilizando el mismo argumento que alegan para pedirnos el voto), los frutos están ahí: una sociedad cada vez más descristianizada y, lo que es aún peor (o simple consecuencia de lo anterior), cada vez menos esperanzada.



05/02/11 2:13 PM
  
Jorge
Este es un tema complejo y difícil, estaba esperando a que escribiera algo sobre el mal menor y el voto útil. Me ha despejado dudas y ahora tengo certezas. Como siempre, gracias.
05/02/11 2:13 PM
  
Koko
Como ya le dije en otra ocasión, sería bueno que llegase a publicar todos sus artículos en una editorial conocida para que el mensaje de la verdad Vd. aborda llegue a todos.
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JMI.- Tengo, sí, idea de publicar la serie como un libro.
Y otras series, como las que dediqué a Gracia-libertad.
05/02/11 7:04 PM
  
santodomingo
Padre, creo que ha dado en el clavo cuando habla de los católicos liberales que se avergüenzan del término "Iglesia Militante".

Hoy mismo, hablando con uno de ellos, me dice algo así: "a mí no me gusta esa actitud de estar siempre en guerra contra el mal, contra las herejías, contra tantos enemigos. Prefiero una Iglesia donde se está a gusto simplemente, cada uno buscando a Dios."

Le he contestado que el cristiano tiene que estar en guerra permanente contra el pecado. Si tenemos pecado dentro de nosotros, también es evidente que hay pecado a nuestro alrededor. Si no lo combatimos significa que aceptamos que ya nos hemos rendido, y quiera o no, nos dominará.

Siempre ha sido así, pero resulta que hoy en Occidente la cosa está peor que nunca, por lo que nuestra beligerancia en teoría debería ir en aumento. Sin embargo, vemos que cada vez más gente se ha dejado conformar al mundo, como dice San Pablo. La gente no quiere sufrir ni luchar por Cristo. Quiere vivir cómodamente, sin complicaciones. Hay que explicarles que esa actitud desde luego no es cristiana.
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JMI.- Esos cristianos se avergüenzan del Evangelio, bueno, y de Cristo: "Yo he vencido al mundo"... será porque lo ha combatido ¿no? "Ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera"... ¿por las buenas, indicándole la puerta y diciéndole que la cierre por fuera?

No acabaría yo de citar al NT. Y el Apocalipsis está todo concebido como una batalla inmensa, continua, entre los hijos de la luz y los de las tinieblas (lo mismo Vat.II, Gaudium et spes 37), sujetos a la Bestia, fortalecida ella por el Dragón infernal...

Es increíble, con qué paz estos cristianos ignoran lo que tan claro está en Biblia, Tradición, Magisterio, Catecismo... y se quedan tan anchos.

Oremos, oremos, oremos.
Y hablemos claro y fuerte, como lo hacía Cristo.
05/02/11 8:34 PM
  
lostrego
Gracias de nuevo Padre. Usted se sale...
05/02/11 8:47 PM
  
Benigno Soto
La Acción Católica de Propagandistas fue fundada hace un siglo por el P. Ayala S.J. y por Ángel Herrera. Hace unos días hubo cambio de presidente, cesó Alfredo Dagnino y comenzó Carlos Romero.

Pregunto: ¿Traerá esto algún cambio en la ACdP, concretamente en su actitud hacia la acción política de los católicos?

Contesto: No. En una entrevista con "La Razón" (10-11-2010), preguntado el Sr. Romero sobre el tema, declaró:
"La ACdP puede opinar, pero no tomar partido por una formación política. Ojalá hubiera más propagandistas en la política, pero la asociación como tal no debe significarse. Si el presidente va a ciertos foros, algunos pueden interpretar que apoya a ciertas formaciones, y eso es lo que mi candidatura quiere evitar".

O sea que en este punto sigue la ACdP, según parece, en la misma orientación que con el Sr. Dagnino.
06/02/11 8:17 PM
  
Grego
Amén padre.

Conclusiones y corolarios prácticos simplemente impecables, clarísimos y muy pedagógicos en su exposición.

Y a quién le pique que ponga los medios para que no le pique.

Yo también estoy convencido de que las dos magníficas series que he seguido, esta y la de "Gracia y Libertad", deberían ser ampliamente divulgadas.

Harán mucho bien a quién esté dispuesto a ello.
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JMI.- Así se hará, con el favor de Dios.
08/02/11 2:26 PM
  
Raúl
Creo que muchos de los males que nos aflijen actualmente tienen indudablemente una causa de orden moral. La crisis que vivimos es en su raíz una crisis moral. Nos domina el materialismo, el egoísmo, la soberbia y el ansia de poder. Y todo eso sólo se puede superar desde la humildad y con el Evangelio de Cristo en la mano.

Por ello creo muy acertadas las propuestas de otorgar el verdadero voto "útil" a aquéllas opciones políticas, aunque sean marginales y casi meramente testimoniales, que no se avergüencen de la doctrina cristiana y de los principios del orden natural.

Sé que hay muchísimos católicos, de buena fé, que consideran como único voto útil aquél que se otorga a alguna opción mayoritaria y con opciones de poder, pero creo que es inevitable con el tiempo que la gente se dé cuenta de la inutilidad y lo absurdo de esos planteamientos.

Al final será todo una cuestión de conciencia de cada uno. Y para ello hará falta mucha humildad, mucha reflexión sincera y mucha oración.

Que el Señor nos ilumine a todos para ir siempre por el camino recto y cumplir siempre Su voluntad.
10/02/11 4:14 PM
  
Alonso Gracián
Pienso que la causa de los males que nos afligen es principalmente la devaluación de la Gracia, que no es sino devaluación de Cristo y sobrevaloración del hombre.

Sin la Gracia no podemos hacer nada (Juan 15, 5), estamos perdidos, la sociedad está perdida.

El cristiano adámico confía en el hombre su labor apostólica y política, pone sus esperanzas en lo que hace el hombre. Pero como todo bien procede de la Gracia de Cristo, todo cuanto hace se vuelve vano y estéril.

Cuando falta la Gracia, porque los sacramentos pasan a segundo plano (es decir, porque la Iglesia pasa a segundo plano, y no al primero, donde debe estar siempre)

entonces falta toda acción eficaz, se olvida que el único eficaz es Cristo, y se pacta con los poderes de este mundo para utilizar su fuerza material, con las consecuencias desastrosas que conocemos.

Un saludo en Cristo, desde su Madre Inmaculada
11/02/11 5:53 PM
  
Jolti
Querido Padre (le conocí en Pozuelo):
He retomado hoy la lactura de sus artículos Católicos y Política a partir del 120. Del 119 he hecho copias que he repartido entre amigos que no tienen Internet pues a los que sí lo tienen se lo he enviado por esta vía.
Pues bien, en el 120 dice que "todos" los partidos son anti-Cristo. No es verdad a mi parecer. hay varios y precisamente en estos momentos uno de sus líderes está intentando reunirlos para defender juntos aquello que es común, entre ello los "principios innegociables" que dice SS Benedicto XVI.
12/02/11 2:39 PM
  
Quidam
¡Estupendo artículo!
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JMI.- Pienso lo mismo.
17/05/11 11:31 AM
  
trabis
Hace unos años, tras unas elecciones, entré en crisis y vi claro que tenía que cambiar mi orientación de voto y votar en conciencia.
Siguiendo la política del mal menor demostramos que estamos locos, como bien decía Albert Einstein:
"Locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes".

Llevamos años con la misma política malminorista y todo ha sido un estrepitoso fracaso.

Desde el punto de vista católico, lo mejor que puede hacer uno es seguir la conciencia bien formada en la Iglesia.

En España, de todos modos, se vota más con el estómago que con la cabeza. ¡Hay que echar a éste o al otro!

Y mientras echamos a unos, se ponen otros que continúan las políticas de los que han sido desbancados.

Gracias por sus escritos. Muchas gracias.
06/10/11 12:37 PM

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