(95) Católicos y política –I. reforma o apostasía

–Este tema es mucho tema. No sé si usted va a poder con él.
–Yo tampoco lo sé. Oremos.

La actividad política es nobilísima. Entre todas las actividades seculares, la función política es una de las más altas, pues es la más directamente dedicada al bien común de los hombres. Así lo ha considerado siempre el cristianismo, como podemos comprobarlo en la enseñanza de Santo Tomás de Aquino. Y el concilio Vaticano II ha exhortado con especial insistencia a los cristianos para que trabajen «por la inspiración cristiana del orden temporal» (+LG 31b; 36c; AA 2b, 4e, 5, 7de, 19a, 29g, 31d; AG 15g, etc.). Pablo VI, en la encíclica Populorum progressio (1967), hacía una llamada urgente:

«Nos conjuramos en primer lugar a todos nuestros hijos. En los países en vías de desarrollo, no menos que en los otros, los seglares deben asumir como tarea propia la renovación del orden temporal […] Los cambios son necesarios; las reformas profundas, indispensables: deben emplearse resueltamente en infundirles el espíritu evangélico. A nuestros hijos católicos de los países más favorecidos, les pedimos que aporten su competencia y su activa participación en las organizaciones oficiales o privadas, civiles o religiosas, dedicadas a superar las dificultades de los países en vías de desarrollo» (81).

Todos los Papas de los últimos tiempos, como León XIII, San Pío X, Pío XI, Pío XII, inculcaron con gran fuerza en los católicos su deber de colaborar al bien común de su pueblo, valorando en alto grado la actividad política y social, y encareciendo su necesidad.

Los mayores males del mundo actual han sido causados principalmente por la actividad política. Esta afirmación no es contradictoria con la anteriormente establecida, sino que más bien la confirma: corruptio optimi pessima (la corrupción de lo mejor es lo peor). La perversión de la política moderna es la causa principal de la degradación social de la cultura y de las leyes, de las costumbres, de la educación y de la familia, de la filosofía y del arte. Sin la actividad perversa de los políticos, el pueblo común nunca hubiera llegado por sus propias tradiciones e inclinaciones a legalizar la eutanasia, a reconocer el aborto como un «derecho», o a considerar «matrimonio» la unión de homosexuales. Más aún, la apostasía de las naciones occidentales de antigua filiación católica, aunque se deba principalmente a causas internas a la vida de la Iglesia –herejías, infidelidades, aversión a la Cruz, mundanización creciente, etc.–, ha tenido en las coordenadas políticas de los últimos tiempos uno de sus condicionantes más decisivos.

Es muy escaso el influjo actual de los cristianos en la vida política de las naciones de Occidente, todas ellas de antigua filiación cristiana. Son muchos los católicos que ven con perplejidad, con tristeza y a veces con resentimiento hacia la Jerarquía pastoral, cómo la presencia de los laicos en la res publica nunca ha sido tan valorada y exhortada en la Iglesia como en nuestro tiempo, y nunca ha sido tan mínima e ineficaz como ahora. No pocas naciones actuales de mayoría cristiana, desde hace más de medio siglo, han ido avanzando derechamente hacia los peores extremos del mal, conducidos por una minoría política perversa y eficacísima. Esta minoría, en una y otra cuestión, con la complicidad activa o pasiva de políticos cristianos, ha ido imponiendo siempre sus objetivos y leyes criminales, como si la gran mayoría católica no existiera, y ¡apoyándose principalmente en sus votos! «Además de cornudos, apaleados»… Así ha logrado arrancar las raíces cristianas de muchas naciones, ha ignorado y calumniado su verdadera historia, ha encerrado el pensamiento y la vida moral de esas sociedades en unas mallas férreas cada vez peores y más constrictivas.

En el artículo (19) de este blog contemplaba yo la historia de la humanidad como una batalla incesante de Cristo y la Iglesia contra Satanás y «los dominadores de este mundo tenebroso» (Ef 6,12), que ciertamente terminará con la victoria final de Cristo (20-21). Pues bien, si nos atenemos al criterio fundamental de discernimiento que nos enseña Cristo –«por sus frutos los conoceréis»–, parece evidente que el pensamiento y la actividad del pueblo católico en la vida política exige hoy una reforma profunda, en el criterio y en la acción, pues de otro modo seguirá creciendo la apostasía de las naciones.

Reforma o apostasía. Sería absurdo esperar que este pobre blog ofreciera soluciones concretas a una cuestión tan enorme y compleja, en la que personas de Iglesia muy valiosas piensan en modos tan diversos. Mi intento se limita a señalar patentes errores y deficiencias, y a recordar los grandes principios católicos sobre la política, sin pretensión alguna de promover soluciones concretas de validez universal. De este modo las pocas fuerzas de este blog se unen otras fuerzas mayores que en la Iglesia de hoy están clamando ¡reforma! acerca de la inserción de los católicos en la vida política.

No vamos bien, es decir, vamos mal. Es urgente para la Iglesia discernir en todo, y concretamente en la acción de los cristianos en la vida política: verificar si los pensamientos y caminos que se están siguiendo son de Dios o más bien son de los hombres (Is 55,8-9). En la historia cristiana no pocas veces un Sínodo o Concilo se ha reunido para superar un grave mal de la Iglesia, respondiendo a un clamor reformationis, y sin conocer de antemano cuáles han de ser los modos concretos más convenientes para conseguir esas reformas necesarias. Para eso justamente se reúnen los sucesores de los Apóstoles en su intento reformador, para conseguir luz y fuerza del Espíritu Santo, el único que puede «renovar la faz de la tierra». Reforma o apostasía.

Nadie ponga principalmente su esperanza en la política. Sería un pelagianismo pésimo. La acción política, de hecho, es con frecuencia la causa principal de los males que sufre el pueblo. Desde luego, aún peor sería una total anarquía. Pero el pecado original, que deteriora tanto el ser y la acción de los humanos, obra con especial fuerza en los políticos, en los «poderosos» que tienen gobierno en las cosas de este mundo. Hemos de considerar esto en otro artículo con más detenimiento. Pero digamos ya, viniendo al campo cristiano, que aquellos políticos que, sin referencia a Dios, prometen grandes bienes al pueblo, y lo mismo aquellos que ponen su esperanza en ciertos hombres, partidos o grupos políticos, son infieles a la esperanza cristiana. Son más o menos pelagianos.

«Asi dice Yavé: “Maldito el hombre que en el hombre pone su confianza, y aleja su corazón del Señor. Será como un arbusto reseco en el desierto. Bienaventurado el hombre que confía en el Señor, y en Él pone su esperanza”» (Jer 17,5-7). Alguna literatura postconciliar, sobre todo por los años 70-80, sin referencia alguna a la necesaria ayuda de nuestro Salvador Jesucristo, encarecía la acción política en la vida de los cristianos o ensalzaba los poderes salvíficos de ciertos partidos o movimientos en unos modos evidentemente pelagianos. Revistas y panfletos, grandes escenarios espectaculares, formidables megafonías y medios audiovisuales, slogans mesiánicos, VOTAR MMNN = VOTAR LIBERTAD Y PROGRESO, abundancia de flores y palomas echadas al vuelo, todos estos entusiasmos colectivos organizados son ridículos, y ningún cristiano debe participar con fe y esperanza en tales actos de culto.

Es cierto que la providencia de Dios misericordioso suscita a veces en un pueblo una vida política noble y benéfica: el rey San Fernando, Isabel la Católica, Gabriel García Moreno. Pero sólo los santos gobernantes, dóciles al Espíritu Santo y completamente libres de los condicionamientos negativos del mundo secular, son capaces por la gracia de llevar adelante un gobierno político santo y santificante. Y santos de éstos suelen darse pocos en la historia.

El número de los necios es infinito. Resulta duro decirlo, pero es la verdad. Hoy, quizá por soberbia de especie humana, por democratismo adulador del pueblo, buscando sus votos, o por lo que sea, esta verdad suele mantenerse silenciada. Sin embargo, no por eso deja de ser verdadera. Y son muchos los que la conocen, aunque la silencien. La misma razón natural la descubre fácilmente. Basta con abrir el periódico de cada día o con hojear las páginas de cualquier libro de historia. Pero además esta verdad está confirmada por la misma Palabra divina: «el número de los necios es infinito» (Ecl 1,15); «ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición, y son muchos los que por ella entran» (Mt 7,13). Los autores espirituales, como Kempis, lo han dicho siempre: «son muchos los que oyen al mundo con más gusto que a Dios; y siguen con más facilidad sus inclinaciones carnales que la voluntad de Dios» (Imitación III,3,3).

El mismo Santo Tomás, tan bondadoso y sereno, señala la condición defectuosa del género humano como algo excepcional dentro de la armonía general del cosmos: «sólo en el hombre parece darse el caso de que lo malo sea lo más frecuente (in solum autem hominibus malum videtur esse ut in pluribus); porque si recordamos que el bien del hombre, en cuanto tal, no es el bien del sentido, sino el bien de la razón, hemos de reconocer también que la mayoría de los hombres se guía por los sentidos, y no por la razón» (STh I,49, 3 ad5m). Ésa es la realidad, y por eso «los vicios se hallan en la mayoría de los hombres» (I-II,71, 2 præt.3). Y con harta frecuencia en los políticos. Y todo esto tiene consecuencias nefastas para la vida política de la sociedad humana, pues «la sensualidad (fomes) no inclina al bien común, sino al bien particular» (I-II,91, 6 præt.3).

El imperio de la mediocridad causa grandes males en la vida política. Los hombres «muy buenos», así como los «muy malos», son muy pocos. Lo que abunda y sobreabunda es la mediocridad. La misma palabra nos hace ver que corresponde al nivel medio de los conjuntos humanos. Ahora bien, la mediocridad intelectual, moral y operativa en un político, en un gobernante, es una mediocridad mala, maligna, cuya expresión política, sea en el régimen que sea, ha de causar grandes males. Un neurocirujano, dada la extrema delicadeza de su acción, ha de ser bueno o muy bueno, porque si es mediocre en sus conocimientos y habilidades, o si es malo, es muy malo, y hace estragos. Lo mismo hay que decir de los políticos, responsables principales del bien común de la sociedad, entre los cuales, obviamente predomina la mediocridad.

En otro orden de cosas, pero en clara analogía de doctrina, San Juan de la Cruz pone en guardia sobre los grandes males que causan los directores espirituales incompetentes. No siendo idóneos, se atreven a dirigir a las personas. Y les recuerda, con gran severidad, que «el que temerariamente yerra, estando obligado a acertar, como cada uno lo está en su oficio, no pasará sin castigo, según el daño que hizo» (Llama 3,56). Son ciegos que guían a otros ciegos, y que con ellos caen en el hoyo (Mt 15,14).

Los hombres están muy deteriorados, y los políticos también, o más. Hago notar, de paso, que hablar mal del hombre está permitido, e incluso está de moda en la cultura moderna, en el cine y la literatura, en filosofía y psicoanálisis, en pintura o teatro. Es incluso una nota progresista. Queda prohibido, por el contrario, a la teología cristiana hablar mal de la especie humana, y de la absoluta necesidad que tiene de la gracia de Cristo para sanarse y llegar a la salvación. Es decir, todos pueden hablar mal del hombre menos los teólogos.

La razón de esta situación absurda está en que la teología ve la defectuosidad tremenda del ser humano en términos de pecado y de posible castigo eterno, y en referencia a la fuerza salvadora desbordante de la gracia de Cristo. Y el pensamiento mundano no quiere hoy reconocer el mal congénito del hombre, ni menos aún quiere saber nada de una posible perdición eterna; y tampoco admite la necesidad de una salvación por gracia, por don sobre-humano y gratuito de Dios. Le parece humillante.

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

29 comentarios

  
Luis Fernando
Impresionante post.
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JMI.- Y que usted lo diga, don LFdo.
22/07/10 7:18 PM
  
Seneka
Padre Iraburu: es cierto que es impresionante, y que tiene mucho que masticar. Pero mucho. mucho, mucho.

En lo que al tema del discernimiento se refiere, me temo que el `personal (empezando por la jerarquía) está demasiado contaminado para una labor efectiva en este sentido. Temo qye la reforma ha de comenzar en los seminarios, y que nuestros pastores a día de hoy están muy flojitos en teología de la historia y teología política.

Que Dios le bendiga, Páter-
22/07/10 7:34 PM
  
Luis Fernando
Fíjese si es bueno el post, padre, que se lo enviaría al cardenal Rouco para que lo leyese. Creo que le vendría bien.
22/07/10 8:51 PM
  
Pedro F. Barbadillo
Excelente. Me ha gustado mucho.

Destaco:

--"Es decir, todos pueden hablar mal del hombre menos los teólogos."

--"la mayoría de los hombres se guía por los sentidos, y no por la razón." Una buena pedrada a los liberales, que están convencidos de que los hombres se guían por la razón.

--"El número de los necios es infinito. Resulta duro decirlo, pero es la verdad."

22/07/10 8:58 PM
  
amn
Hay una serie de humor británica que en Cataluña emitió con gran éxito de audiencia TV3, creo que desconocida en el resto de España: "Sí, Ministre" y su continuación "Sí, Primer Ministre"

Hay una escena en la que el Ministro (quizás ya PM) tiene un problema de propaganda y va a quedar en ridículo. Entonces le dice a su secretario: "Ésta es la mayor catástrofe del siglo XX", a lo que el secretario, imperturbable, replica: "Ministro, ha habido dos guerras mundiales"

No he podido evitar acordarme de la escena cuando he leído su párrafo: "Los mayores males del mundo actual han sido causados principalmente por la actividad política" y coloca dentro del "Top 3" de los mayores males del mundo la legalización del matrimonio homosexual.

Por lo demás, el post merece mucho más que esa anécdota. Si el sábado tengo tiempo, escribiré mis opiniones al respecto.
22/07/10 10:22 PM
  
Dr. Sonnel
AMN los males que señala el post en definitiva tienden a destruir las almas y la familia, son tan grandes males como las guerras mundiales.
23/07/10 4:14 AM
  
Luis López
Magnífico artículo, Padre.

Santo Tomás ha dado en el quid de la cuestión:

«sólo en el hombre parece darse el caso de que lo malo sea lo más frecuente (in solum autem hominibus malum videtur esse ut in pluribus); porque si recordamos que el bien del hombre, en cuanto tal, no es el bien del sentido, sino el bien de la razón, hemos de reconocer también que la mayoría de los hombres se guía por los sentidos, y no por la razón» (STh I,49)

Y encima, la razón está viciada por el error y la ideología. El resultado final de todo ello, cuando se aplica a cuestiones complejas y de tanta trascendencia para la vida de las personas como la política, suele ser devastador (¿No es el aborto legalizado el último gran triunfo de Satanás en la política?). Quizás por esos triunfos parciales (pero de terroríficas consecuencias) el demonio le dijo triunfante a Jesús que "todos los reinos me pertenecen y los doy a quien quiero".

El demonio no decía la verdad, pues todo el poder deriva de Dios, pero de algún modo sí la decía, porque por caminos inexcrutados Dios permite que la maldad, el error, la estupidez y el fanatismo impere en los gobernantes. Y así nos va. Y así nos irá.
23/07/10 8:38 AM
  
rastri
-¿Magnífico artículo? Sí ciertamente. Pero sólo uno más dentro de lo exiguo del auditorio.

-Aquí, hoy por hoy, quien decide lo que es, o no es, dogma de fe y por lo tanto ley a cumplir es la Democracia. Y ésta es la diosa del "pueblo soberano".
23/07/10 9:26 AM
  
clara
Qué difícil discernir en este tema cuándo es pelagiano y cuándo uno es quietista. Y qué difícil para un católico es estar en política y discernir cuándo puede y cuándo no puede. No todos tenemos el don de discernimiento que tenía Santo Tomás Moro.
23/07/10 11:52 AM
  
yo mismo
Yo me quedo con dos interesantes y curiosas reflexiones, que no por evidentes dejan de ser certeras:

Hay profesiones (médicos, políticos) en las que ser mediocre puede tener consecuencias devastadoras.

Hablar mal del hombre está permitido, siempre que no lo haga un teólogo, porque entonces aparecen las nociones de pecado y castigo eterno, y eso no conviene, claro.

Esta última reflexión no me la había planteado nunca.
23/07/10 12:31 PM
  
Germán Mazuelo-Leytón
Padre Iraburu, gracias por las luces que nos proporciona, nos alienta y fortalece.
23/07/10 6:17 PM
  
Paco
¡Qué verdaderamente mediocre soy yo también! Estoy llamado a la excelencia, y me quedo en la mediocridad... Que el Señor se apiade de mí.
Le agradezco el artículo, porque me ha hecho mirarme a mi mismo, más que a los demás (a los políticos). ¿Cómo puedo yo esperar nada de otra persona, si yo mismo no soy capaz de ser coherente con mi fe? Desde luego que el primer paso para mí, es mi conversión, por la Gracia del Espíritu Santo.
Gracias
23/07/10 8:31 PM
  
zuma
Hay que enviarle el post a toda la Conferencia Episcopal(aunque ya sabemos la respuesta)
23/07/10 8:35 PM
  
amn
"Nadie ponga la esperanza en la política, sería pelagianismo".

Hace tiempo leí una diferencia entre las ideologías optimistas y las ideologías pesimistas. Las primeras pretenden concentrar el poder en manos de "los buenos", para que derroten a "los malos" y logren el triunfo del "bien".

Optimistas son quienes creen que imperará el "bien" cuando triunfe el estado (socialistas y comunistas), la religión (toda clase de integrismo), la raza pura (nazismo), la nación, la nuestra, obviamente, (nacionalistas)...

En cambio la ideología pesimista trata, precisamente, de evitar esa concentración de poder, trata de dividirlo (división de poderes), sujetarlo a control, someterlo al escrutinio público y periódico. Pretende que nadie acumule demasiado poder y que funcionen los mecanismos legales y sociales de crítica y control. Es la raíz del liberalismo, es la idea de que "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente"

Yo comparto la visión pesimista y desde esta visión pesimista del poder, constato que el catolicismo ha sido siempre "optimista". El exterminio de paganos para asegurarse que sólo quedaran "los buenos", el totalitarismo medieval, las encíclicas decimonónicas contra toda libertad... la historia de la Iglesia Católica nunca ha compartido una visión estructuralmente pesimista del poder sino una visión optimista: Que esté en nuestras manos, que son "las buenas", para que así se cumpla la Ley de Dios, la que nosotros decimos, que es "la verdadera" y, por tanto, "la buena".

Sin embargo, cuando así ha ocurrido, el resultado ha sido realmente lamentable (Reconozco que hay que ser muy blando para solo usar la palabra "lamentable"). Recomiendo una lectura de César Vidal en "Protestante Digital" (nada progresista, por cierto) sobre la persecución a los judíos donde demuestra que todas y cada una de las "decisiones" de Hitler respecto de los judíos tienen un precedente en una norma dictada por un Concilio de la Iglesia Católica, aplicada por el poder temporal sometido al catolicismo. Incluida la eliminación física, por supuesto.

He leído una referencia a Isabel la Católica, autora de una limpieza étnica de judíos. Si existe el purgatorio e Isabel tuviera que vivir, uno detrás de otro, todos los años de sufrimiento que ella provocó, familias huyendo, perdiendo todas sus pertenencias, cazadas por la inquisición en su huida, quemadas vivas... si Isabel tuviera que revivir en el purgatorio todos los sufrimientos por ella provocados, en estos momentos aún estaría empezando su purga.

Isabel, la limpiadora étnica, es fruto del optimismo ideológico. Pongamos todo el poder en manos de Isabel y Fernando que son Católicos, son "buenos", les inspira Dios, el nuestro, el único, el verdadero, el bueno, les ha puesto la Divina Providencia... y entonces sale la limpieza étnica y la inquisición.

En cambio, el pesimismo estructural que desemboca en la división de poderes y el establecimiento de mecanismos de control, en los que la LIBERTAD es pieza insustituible, parte de la premisa de que el hombre es imperfecto, egoista, perfectamente capaz de caer en la tentación, sea dictador civil, militar o religioso.

Digo que la libertad es pieza insustituible para el control del poder y cuando hay libertad, florecen ideas, creencias, convicciones dispares. El Estado ha de ser neutral entre todas ellas mientras unos no interfieran en el ámbito de libertad de los demás (por ejemplo, libertad de culto), y ha de inculcar estos valores (p.ej. ExC), defenderlos y protegerlos frente a quienes pretenden imponer a los demás sus ideas, creencias o formas de vida (hay que imponer la transfusión de sangre a un niño hijo de un padre Testigo de Jehová o hay que imponer el respeto legal a las minorías sexuales...)

La suma de voluntades imperfectas, errables, egoistas... no origina un sistema "perfecto" e inerrante, pero origina el menos malo de los sistemas. Como dijo Wiston Churchil, "la democracia es el peor sistema... con excepción de todos los demás", refiriéndose, obviamente, a la democracia liberal.

Desconozco si se puede identificar la "ideología pesimista" con el anti-pelagianismo. En el origen de la democracia liberal estadounidense, con una amplísima presencia de confesiones protestantes, es posible que sí. Sin embargo, se puede ser liberal y agnóstico y aun reconociendo el carácter imperfecto y egoista del hombre, admitir también en él una vocación hacia el bien en una naturaleza humana contradictoria. El liberal agnóstico que así opine será políticamente "Pesimista" pero será antropológicamente semipelagiano.

En resumen: Comparto el enunciado ("Nadie ponga su esperanza en la política...") y precisamente porque lo comparto, defiendo la democracia liberal como la menos mala de las fórmulas para controlar el poder y limitarlo y para garantizar la convivencia entre quienes sentimos, pensamos o creemos de forma desigual.

(Continuará)
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JMI.- Como Ud. sabe, en casi todo lo que dice pienso yo lo contrario.
Lo del (Continuará) le deja uno un poco encogido. Pero, bueno, que sea lo que Dios quiera.
23/07/10 10:11 PM
  
Daniel Iglesias
Estimado Padre José María:

Muchas gracias por este aporte tan clarificador.

Le pido permiso para reproducir este artículo suyo en la revista "Fe y Razón".

Un saludo fraternal en Cristo de
Daniel Iglesias

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JMI.- Sin permiso, Daniel. Tú entra a saco en InfoCatólica, y concretamente en Reforma o apostasía, y pon lo que interese en FE Y RAZÓN tranquilamente. Estás en tu casa.
24/07/10 12:46 AM
  
zuma
Señor liberal.
Es la VERDAD la que nos hace libres ,no la Libertad como totem supremo.La política es el arte de lo posible,mejor aún, desde el tradicionalismo político " de hacer posible lo verdadero"; sin esperar todo en este peregrinaje,pero apostando por lo más verdadero,el Reinado Social del Sagrado Corazón de Jesús.
24/07/10 4:39 PM
  
amn
¿Cómo veo, entonces, el papel de la Iglesia en política?

De hecho, después de unos 17 siglos de ostentar el poder, hoy la Iglesia lo ha perdido. Hay quien lo lamenta ("optimistas" que querrían concentrar el poder en "los buenos", los católicos, para que eliminen "el mal" y generalicen "el bien" desde el poder). Mi opinión, en cambio, y desde mi concepción "pesimista" del poder, es muy distinta.

Creo que es bueno para la propia Iglesia haber perdido el poder (la existencia de la inquisición, a título de ejemplo, me lo corrobora: no sólo fue terrible para la sociedad sino que, además, su existencia histórica aún hoy no prestigia sino que desprestigia a la Iglesia)

Y creo que es lo menos malo para la sociedad que el poder esté dividido, controlado, con contrapesos y sujeto a crítica y, por tanto, creo que es bueno para la sociedad que la Iglesia haya perdido su poder absoluto y totalizante que ha disfrutado durante tanto tiempo y que el mismo haya sido reemplazado por el equilibrio de poderes demo-liberal.

Considero muy lógico que a la Iglesia le cueste "cambiar el chip" después de 17 siglos. Si imagináramos una potencia internacional que hubiera controlado el mundo durante 17 siglos y luego hubiera perdido casi toda su preponderancia, seguramente produciría generaciones de literatos, militares, intelectuales, políticos y simples ciudadanos frustrados.

En el caso de la Iglesia, además, en este tiempo ha pronunciado muchas palabras que ya forman parte para siempre de su magisterio y por las que ha justificado su poder absoluto o ha condenado cuanto lo ha cuestionado. Es muy normal, pues, que a la Iglesia católica le cueste encontrar su sitio en relación con el poder en un contexto de democracia liberal.

No obstante esta "dificultad", creo que el papel de la Iglesia en política debe encajar con ese "menos malo de todos los sistemas" que es la democracia liberal; y en mi opinión, cuanto más tarde en asumirlo, menos "auctoritas" se le reconocerá en la sociedad.

Por todo ello, la Iglesia, a mi juicio, debe aprender a distinguir cuándo habla para los fieles (actuales o potenciales) y cuándo habla acerca del gobierno de todos y de las leyes que nos han de obligar a todos.

Cuando habla de la ley civil, la que obliga a todos, católicos o no, la Iglesia católica (como las demás confesiones) puede hablar, faltaría más, pero representa sólo una opinión más que debería sustentar no en textos sagrados, que en nada tienen que vincular a quien no quiera creer en ellos o los interprete de otra forma (ya sean la Biblia, el Corán o las enseñanzas de cualquier religión), sino en argumentos meramente seculares de convivencia en libertad.

Y aquí pongo el "The End", no sin antes agradecerle sus artículos, de un gran nivel y que releo en los archivos de Infocatólica, pues la discrepancia no está reñida con la admiración.
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JMI.- El liberalismo, del que he tratado en varias ocasiones (33-38, p.ej.), al suprimir en el ejercicio de la libertad toda referencia a Dios y al orden natural, deja a la libertad humana (en política y en todos los campos de la vida) sujeta sólo a sí misma; es decir, rompe la vinculación criatura-Creador. Es un horror que sólamente puede producir horrores.

El liberalismo causa estragos en una sociedad humana esté impulsado por una democracia, por un gobierno monárquico o por otro aristocrático. Su terrible fuerza degradante del hombre y de la sociedad humana no está vinculada tanto a la modalidad del régimen político concreto, sino que procede de un inmenso error, una enorme mentira. El Diablo es "el padre de la mentira, y es homicida desde el principio" (Jn 8,44).

La fuerza maligna-destructiva del liberalismo podemos verla actuando en la DEMOCRACIA relativista, donde todo horror es posible mientras sea voto de la mayoría (voto normalmente manipulado por el poder económico y/o mediático: abortos, eutanasia, hambres y guerras, etc.), o podemos verla actuando en el poder MONÁRQUICO uni-personal(Iván el Terrible), o en el poder ARISTOCRÁTICO de un grupo o partido único (los nobles, un partido único nazi, comunista, etc.).

La mentira, el error, solo lleva a enormes horrores. "Conoceréis [en Cristo y en su Iglesia] la verdad, y la verdad os hará libres" y buenos (Jn 8,32).
24/07/10 5:58 PM
  
Liliana
Seguro que no Padre, es muy grande el mar para ser vaciado con un recipiente, de todos modos colaboro con mi vasija de barro.
Dios da origen a la política, como necesario para una organización económica, es muy alto el nivel de compromiso y de servicio, que asume el hombre, por eso debe estar muy unido y dispuesto a recibir el servicio espiritual que le ofrece Jesucristo a través de la Iglesia. Bienaventurado el hombre que confía en el Señor y en La Iglesia.
Todo lo contrario, cuando el hombre pone la confianza en si mismo, deja de ser creyente y servidor, para imponer ser servido y aplaudido.
Es verdad que hay muchos necios, que no quieren pensar o darse cuenta que seguir a políticos mediocres, porque pueden perder “un bien” particular que reciben a cambio de votos, es bueno, o sea que el pueblo pagano es una bola de corrupción infinita y el que calla otorga.
El teólogo no puede hablar mal del hombre porque lo ve creado a imagen y semejanza de Dios, es decir un hombre sin dobles, a quien no le conviene, al hombre porque debe enderezarse o al teólogo por haber silenciado la verdad.
A esta generación de duro corazón, Dios la puede cambiar y eso es lo que seta haciendo.
Es hora de los que no temen a los que matan el cuerpo, porque lo que vale es salvar el alma.
Un abrazo.
24/07/10 6:56 PM
  
estéfano sobrino
AMN: su alusión a la "limpieza étnica" de Isabel la Católica parecer basada en la tradicional leyenda negra española. Siempre es difícil juzgar hechos pasados con mentalidad actual, por lo que habría mucho que hablar al respecto.

P. ej., la Inquisición nunca persiguió a judíos, sino a falsos conversos al cristianismo. En esa época estaba claro el concepto de jurisdicción: sólo los cristianos eran súbditos de un rey cristiano, que daba leyes "para cristianos", les cobraba impuestos, etc. Los judíos y musulmanes se regían por sus propias leyes (era legar ser polígamo en España...), sus propios gobernantes y pagaban unas tasas por ocupar un territorio. Pero no les afectaban las leyes de la Inquisición. Curiosidades históricas.

Más relevante me parece considerar que la separación Iglesia - Estado es un invento cristiano, originado en el "dad al Cesar lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".

Si uno mira la historia de otras culturas y épocas, casi siempre y en casi todos los sitios estaba unida la religión con la sociedad y su gobierno. En esta visión monolítica de cada sociedad los hombres somos expertos, y durante milenios nos hemos peleado con nuestros vecinos para imponer nuestro pensamiento y nuestra religión.

La historia de la Iglesia es una larga muestra de cómo esa separación evangélica no es tan fácil de poner en práctica. Los primeros emperadores cristianos tuvieron mucho que ver en el impulso de las herejías. Y tuvo que caer el imperio para que el Papa no estuviera bajo la bota del emperador.

Los Estados Pontificios consiguieron durante siglos que el Papa no estuviera sometido a ningún rey (... salvo cuando estos saqueaban Roma, o se lo llevaban al destierro). Pero después aparecieron inconvenientes. Es normal que cambien las soluciones cuando cambian las circunstancias.

La situación actual, con mucha tarea espiritual en poca superficie física, parece mejor que las anteriores, y el siglo XX ha tenido unos grandes Papas. Y su autoridad sigue siendo apreciada aunque no tenga territorio ni divisiones acorazadas.

La historia del gobierno temporal es similar. El principio de la unidad de religión entre el gobernante y el gobernado se ha considerado válido (en el ámbito civil) hasta antes de ayer.

La desaparición de "la cristiandad", la aparición del ateísmo (y de sus estatalismos), las migraciones que producen la convivencia de personas muy distintas en un mismo territorio han favorecido la distinción de esos dos ámbitos, el civil y el religioso. Distintos pero relacionados de muchos modos.

Cada sitio y época tienen sus características. En la España del s. XXI (creo yo que) nos encontramos con un poder político muy débil, a la vez autoritario, que aniquila las iniciativas sociales no políticas, y está sometido a diversos grupos de presión, con sus intereses económicos y de poder.

Un cristiano que quiera dedicarse éticamente a la política tiene que estar dispuesto a ser mártir. (Y conozco algunos). Como corderos en medio de una jauría de lobos.

Como se ha dicho ya aquí, ¡ay de quien pone su confianza en los políticos! Y es que, por muy buenos que fuesen, les viene grande lo de detener la caída de toda una civilización, que es lo que está pasando.

¿La solución? La santidad de todos nosotros: así no habrá problema irresoluble. Y sin ella, no hay solución a nuestros males.

¿Apostasía? ¡¡Reforma!!
24/07/10 7:54 PM
  
Marta
Creo que la clave de la falta de políticos católicos está fundamentalmente en lo que usted dice en el último párrafo.
Es la sociedad la que se ha quedado en una mediocridad y no quiere ni oir hablar de Dios. Para la gran mayoría el catolicismo es algo humillante y del pasado; hoy es la persona la que tiene que tener el poder y el control absoluto sobre la propia vida y a Dios lo tienen como comodín para cuando están en apuros.

En mi humilde opinión creo que en política (me refiero sobre todo municipal) se comienza a "vivir" de ello demasiado pronto. En cuanto una persona cobra un sueldo por ser político ya comienza a jugar a otro juego en el que se juega algo más que una opinión o una ideología,...se juega su sustento. Entonces defender la forma de vida cristiana es algo mas complicado porque no siempre es políticamente correcto y le va a mantener en su lugar.

Tampoco descubro en los partidos políticos actuales lineas ideológicas claras hacia el bien integral del hombre.
Sobre las mujeres desvarían sin parar, porque cuantos más "derechos" se supone que nos quieren dar, en realidad, más nos quitan, al robarnos nuestra propia esencia.

Por otro lado creo que la culpa de que los políticos no se atrevan a ser auténticos y consecuentes con su fé es porque nosotros los creyentes y, al mismo tiempo, ciudadanos votantes, no les hacemos ver claramente nuestro respaldo.
La paz.
25/07/10 12:15 AM
  
Daniel Lagos de Perú
Gracias Padre, que Dios lo siga Iluminando.
25/07/10 7:50 PM
  
Luis López
Amm, dos matices:

Hitler se fundamentó para su "solución final", más que en los decretos católicos medievales, en el mayor tratado antisemita escrito en Europa en el siglo XVI (ya en plena era moderna), y no de un católico precisamente: el de Lutero.

El cristianismo, precisamente por la convicción de la naturaleza caída del hombre, es la mejor medicina espiritual contra los que acaparan todo el poder, y sin duda abrió la reflexión en Europa sobre la imperiosa necesidad de la división de poderes. Los grandes dictadores de la historia -desde los reyes divinizados de la antiguedad hasta Hitler o Stalin, pasando por Nerón- han sido grandes ejemplos de paganismo.
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JMI.- amn, al parecer, no tiene formación histórica. En su primera intervención escribió: "He leído una referencia a Isabel la Católica, autora de una limpieza étnica de judíos". No tiene ni la menor idea de qué, cómo y por qué fue "la expulsión de los judíos", que se produjo en España cuando ya todas las naciones de Europa la había hecho. "Limpieza étnica": ni noción, no tiene ni idea. Bueno, tiene "ideología" sobre hechos históricos, pero no conoce la historia real de esos hechos.
26/07/10 11:17 AM
  
Ricardo de Argentina
Querido P. Iraburu:
Por una vez me permitiré discrepar - muy acotadamente- con Ud., no sin poner a su respetada consideración mis opiniones.

A continuación copio el párrafo motivo de mi puntual disedencia, con mis acotaciones entre paréntesis:

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Los mayores males del mundo actual han sido causados principalmente por la actividad política (religiosa) . Esta afirmación no es contradictoria con la anteriormente establecida, sino que más bien la confirma: corruptio optimi pessima (la corrupción de lo mejor es lo peor). La perversión de la política (religión) moderna es la causa principal de la degradación social de la cultura y de las leyes, de las costumbres, de la educación y de la familia, de la filosofía y del arte. Sin la actividad perversa de los políticos (religiosos modernos), el pueblo común nunca hubiera llegado por sus propias tradiciones e inclinaciones a legalizar la eutanasia, a reconocer el aborto como un «derecho», o a considerar «matrimonio» la unión de homosexuales. Más aún, la apostasía de las naciones occidentales de antigua filiación católica, aunque se deba principalmente a causas internas a la vida de la Iglesia –herejías, infidelidades, aversión a la Cruz, mundanización creciente, etc.–, ha tenido en las coordenadas políticas (coordenadas religiosas modernas) de los últimos tiempos uno de sus condicionantes más decisivos.
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Pienso así porque entiendo que le Religión es de orden superior al de la Política y la condiciona absolutamente. Y que la peor de las corrupciones es la corrupción de la Religión.

¿A qué me estoy refiriendo cuando hablo de "Religión Moderna"?. Justamente a eso, a una religión que, disfrazada hábilmente de filosofía relativista, derechohumanismo y democratismo, se ha impuesto en Occidente -con especial énfasis luego de ls IIGM- y ha permeado todos los intersticios de la sociedad, la Iglesia Católica incluida, dando origen al progresismo, que es el viejo modernismo reciclado, corregido y aumentado.

Es religión y no doctrina filosófica o política, porque pretende ofrecer una cosmovición abarcativa y se atreve a confrontar directamente con la Iglesia Católica, aún en el campo de los dogmas, campo específicamente religioso si lo hay. Así, nuestro inefable Kirchner acaba de "aconsejar" a la Iglesia que se "modernice", aceptando el maricomonio...

Es la religión la que in-forma a la política, y no al revés. Y nuestros políticos de Occidente están informados de esa "Religión Moderna" absolutamente anticristiana, qué digo, agresivamente anticristiana.

La minoría católica es una de las pocas, en nuestras sufridas sociedades, que se ocupa y se preocupa del Bien Común, aunque como es evidente, se le niega la libertad de ejercicio. Los Partidos Políticos, en cambio, se dedican a una doble actividad : servir obsecuentemente al poder mundialista por un lado, y enriquecerse personalmente por el otro. Y el Poder Mundialista responde a una religión bien anticristiana, como ya se va insinuando en las manifestaciones religiosas de las Naciones Unidas, que tienen un tono cada vez más confesional.

Estoy persuadido de que el Bien Común no puede procurarse dentro de la estructura armada alrededor de los Partidos Políticos, sencillamente PORQUE LOS PARTIDOS POLITICOS ESTAN PARA OTRA COSA. Responden a los postulados de otra religión, a la que no le interesa para nada el Bien Común. Pretender procurar el Bien Común dentro de la estructura de los Partidos Políticos Democráticos, es como querer viajar a León y subirse a un bus que va a Toledo. Sería un error o una tontería, en el mejor de los casos.

Entiendo que se puede acatar la enseñanza del Magisterio sin integrarse al aparato democrático. Más aún, creo que es indispensable evitarlo, si realmente nos preocupa el Bien Común y no la despiadada lucha por el poder.


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JMI.- Si le usted mi obra Infidelidades en la Iglesia
http://www.gratisdate.org/nuevas/infidelidades/infidelidades-default.htm, comprobará que estoy muy convencido de que cualquier "corruptio" que se produzca en lo religioso causa males aún mayores en el bien común que los producidos en la vida política. Es el tema continuo de REFORMA O APOSTASÍA (p. ej., 33-38).

De las posibilidades actuales de los católicos en la vida política, y más ampliamente, en el fomento del bien común, espero hablar, con el favor de Dios, en artículos próximos.
26/07/10 8:17 PM
  
Ricardo de Argentina
Sí Padre, he leído su excelente libro, que me ha acercado un sacerdote que suele concurrir a los retiros que Ud. predica, por lo que creo conocer algo su pensamiento. Por eso mi intención no podía ser confrontativa de ningún modo, sino que justamente haciendo hincapié en que el accionar político se sustenta siempre en una determinada cosmoviusión de índole religiosa, he querido señalar la siguiente percepción:
La apostasía obedece a una deficiencia en la Iglesia Católica, por la vía negativa, pero también al surgimiento de otra religión antagónica y poderosa, por la vía positiva, que es la que informa a los Partidos Políticos y en general a la Democracia y a su mito de la Soberanía Popular.
26/07/10 9:25 PM
  
Luis I. Amorós
Hola, amn. No puedo evitar hacer una serie de puntualizaciones sobre sus comentarios:

1- En la lista de ideologías puede usted quitar la religión, que no es una ideología (otra cosa es que haya ideologías fundadas en ideas religiosas). El cristianismo, por su parte, no considera que cuando triunfe vencerá "el bien". La doctrina del pecado original, la necesidad de la Gracia y los abundantes artículos del padre Iraburu sobre esos temas en este mismo blog lo dejan bien claro.

2- La Inquisición tuvo un papel muy importante en su momento en la realidad de la Iglesia (entendida, recuérdelo, como comunidad de creyentes, no simplemente como institución externa). No se puede juzgar de un plumazo como algo globalmente negativo.

3- "El exterminio de paganos para asegurarse que sólo quedaran "los buenos"". esta afirmación maniquea y falsa es una calumnia. Debe apoyarla con algún tipo de testimonio. La doctrina católica siempre ha enseñado la evangelización de los infieles, nunca su exterminio.

4- Afirma que cuando el poder ha estado en manos de la religión el resultado ha sido lamentable, y para ilustrarlo expone a continuación el ejemplo de Adolf Hitler. Es fascinante como se puede presentar una argumentación peor alegada que esa (torticeramente, me temo). Cualquiera que conozca un poco la historia de las ideologías sabe que el nacionalsocialismo era ateo y materialista (como todos los socialismos) y que su persecución de los judíos no estaba basada en motivos religiosos, sino étnicos, basada en un racismo de raíces darwinianas. No hay nada religioso en todo ello. Culpar a la religión de Hitler es como culpar a los caballos de las invasiones mongolas. Por otra parte, el nacionalsocialismo (como todas las ideologías), nace del tronco liberal, el del "contrapeso de poderes", como desarrollo de la soberanía popular.

5- "He leído una referencia a Isabel la Católica, autora de una limpieza étnica de judíos". Nueva calumnia. Si se molesta en estudiar un poco las fuentes contemporáneas, comprobará que Isabel la católica no legisló ni ordenó privadamente la muerte de ningún judío. Hay que distinguir el exilio (práctica común en todas las épocas y religiones, y muy frecuente en regímenes ateos) del asesinato étnico, que sí han practicado doctrinas materialistas como el nacionalismo (judíos, gitanos, armenios, croatas y bosnios), como el marxismo comunista (cosacos, ucranianos).

6- La monarquía católica no tiene nada que ver con la "ideología optimista", más que nada porque en su época no existían las ideologías. Padece usted de la miopía de ver todo con los anteojos del análisis contemporáneo. Basta con estudiar el régimen político de los reyes Católicos a la luz de su época y su política resulta claramente comprensible.

7- Como ya le han dicho, lo que libera no es la "Libertad", sino la Verdad. La neutralidad de los poderes públicos frente a cualquier opinión, no se trasluce en la libertad y la mejoría social, sino en la equiparación de la verdad con la mentira, en el dominio de aquellos que tienen más fuerza, y pueden ejercerla para convencer a los demás. El poder público debe garantizar la justicia, y equiparar lo falso con lo verdadero es obrar injusticia.

8- Me resulta sorprendente el axioma "la Iglesia ha ostentado el poder durante 17 siglos", sin especificar exactamente qué poder (civil, moral, intelectual, todos a la vez) ni en que extensión (España, Occidente, el mundo entero). Créame que es casi enternecedor ese simplismo en los argumentos, y las soluciones maravillosas y simples que consecuentemente nos regala a los católicos, llevado de (no lo dudo) su mejor voluntad.

9-"Cuando habla de la ley civil, la que obliga a todos, católicos o no, la Iglesia católica (como las demás confesiones) puede hablar, faltaría más, pero representa sólo una opinión más que debería sustentar no en textos sagrados, que en nada tienen que vincular a quien no quiera creer en ellos o los interprete de otra forma (ya sean la Biblia, el Corán o las enseñanzas de cualquier religión), sino en argumentos meramente seculares de convivencia en libertad."
Todo este párrafo es una emotiva concatenación de inconsecuencias. Cuando la Iglesia o cualquier persona habla de ley civil o de cualquier tema público, lo hace por necesidad desde un punto de vista moral. Obviamente un creyente no puede basar su moral sino en lo que usted llama "textos sagrados", es decir, las enseñanzas trascendentes que se derivan de su fe. Y eso es independiente de que su interlocutor comparta o no esa fe. precisamente por eso se llama debate. El concepto "argumentos meramente seculares de convivencia en libertad" no es más que una concatenación de términos vacíos de contenido (¿secular quiere decir agnóstico, ateo, creyente callado? ¿convivencia en libertad por algún motivo excluye a la fe en Dios?), que a nuestro actual primer ministro y su cohorte de ideólogos desnatados le debe de chiflar.

Normalmente, cuando alguien encuentra la realidad muy sencilla, lo que está poniendo de manifiesto no es la simplicidad de la realidad, sino de su propio entendimiento. Pero nunca es tarde para ampliar horizontes.

Atentamente.
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JMI.- 17 siglos. Por error, ponía años. Lo he corregido.
26/07/10 10:05 PM
  
Menka
Padre Iraburu, esto me anima al pesimismo, el cual no acepto. Muchos diagnostican, y bastante bien, pero ¿qué hacemos? Algo hay que hacer. Política no es mi Dios, no cabe duda alguna, pero algo hay que hacer. Pelagianismo o semipelagianismo, si bien es un error, también lo es la omisión. No se puede cruzar de brazos, esto me parece que es la conclusión que no se ha dicho en el artículo, por lo que los ciudadanos del Reino no pueden abandonar esta morada terrena, mientras están en ella. Tampoco en el ámbito político, que es muy versátil.
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JMI.- Éste es el primer artículo de una serie. Tenga un poco de paciencia. Y de esperanza. Que no se puede hablar de todo en una vez.
27/07/10 10:42 AM
  
M. Virginia
Pienso que la mayor corrupción de la política contemporánea viene a dada precisamente por la más grave apostasía religiosa de los católicos: el anteponer a la Soberanía de Cristo la soberanía popular, haciendo de la Democracia, una verdadera religión (cayendo en esto desde el más sencillo laico hasta los más renombrados obispos). El número ha pasado a ser "sacrosanto", nuestro becerro de oro... La reforma debería estar encabezada por el lema que san Ezequiel Moreno pide colocar ante su tumba: lisa y llanamente, EL LIBERALISMO ES PECADO y conduce a la abominación. Y agreguemos, con Berdaiev, que "de padres liberales, hijos marxistas", y el marxismo es el Dragón Rojo que María Santísima advierte en Fátima. Allí se resume todo...y hoy un católico que pretenda santificarse en política no puede sino combatir con todos sus medios esas dos caras del mismo monstruo. Pero la diosa democracia, como es liberal, no lo permite... Porque es el mayor dogma que se nos pretende imponer. Santa Reforma, con santa resistencia.
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JMI.- La democracia no debe ser demonizada ni canonizada. Es un régimen lícito de gobierno que, según cuál sea el espíritu que lo informa, puede ser benéfico o perverso y degradante. La democracia "liberal", la que hoy se vive en las naciones de Occidente, es la que debe ser satanizada: es "intrínsecamente perversa", como el comunismo. Pero no por ser democracia, sino por ser liberal. Cualquier régimen de gobierno (monárquico, aristocrático, democrático), si profesa un naturalismo liberal, que afirma la autonomía absoluta de la libertad humana, negándole toda referencia obligada a Dios y al orden natural, es un régimen perverso que lleva al pueblo a la ruina.
30/07/10 9:52 AM
  
Javivi
Por formación y por convicción fui (como el comentarista que firma amn) un apasionado defensor de las bondades del LIBERALISMO durante muchos años. Y aunque sería largo y poco interesante detallar mi evolución al respecto hoy tengo claro que casi todos los regímenes liberales no son sino la antesala de las peores tiranías. Más aún cuando han sido importados-copiados (como sucede en el caso de España) sin una tradición secular que los apoye y mucho mucho más cuando nacieron como simple partitocracia, carente de las "bondades", de los frenos y contrapesos propios de las sociedades que los idearon. En el caso de España esto es más que evidente
05/08/10 12:09 PM
  
LILIANA
ESTE TEMA ES MUY INTERESANTE PERO TIENE PALABRAS O COSAS ERRONAS EN LOS QUE DISEN LOS CATOLICOS
YA QUE ESTAN EQUIVOCADOS PORQUE ADORAN A DIOSES QUE NO OYEN NI SIENTEN NI ESCUCHAN POR QUE PRACTICAMENTE SON ESTATUAS O IMAGENES Y SIN EMBARGO EL UNICO DIOS QUE ES EL REY NO LO ADORAN O LA ALABAN SIENDO EL UNICO DIOS VERDADERO JESUCRISTO
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JMI.- Anda, la mar. Y nosotros, pobres católicos, creyendo que eran dioses las imágenes y estatuas... Gracias por avisarnos, Liliana.
15/08/10 7:03 PM

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