(91) La ley de Cristo –XII. las Constituciones Apostólicas. 3

–Se ve a estos cristianos antiguos muy libres del mundo.
–Es verdad. Están decididos a vivir en todo partiendo de la originalidad suprema del Evangelio.

Seguimos contemplando la Iglesia católica de fines del siglo IV a través de las Constituciones Apostólicas del año 380.

—Los espectáculos indecentes

«Guardáos de uniros con esta gente perdida, es decir, con la asamblea de los paganos, que puede causar vuestro desánimo y vuestra ruina, porque no existe conveniencia alguna entre Dios y el diablo (2Cor 6,14-16). Sea quien sea que se reúna con los que comparten la manera de pensar del diablo será contado como uno de ellos y heredará la maldición.

«Huid de los espectáculos indecentes, y me refiero a los teatros y procesiones paganas, los hechizos, los presagios, la adivinación, las catarsis, los augurios, el examen de los pájaros, la nigromancia, los conjuros, porque está escrito: “no habrá conjuros en Jacob ni presagios en Israel” (Núm 23,23).

«El creyente debe apartarse de las asambleas de los impíos, de los paganos, de los judíos y de otros herejes, para no correr el riesgo de que, al frecuentarlos, pongamos nuestras almas bajo sus redes y, asociándonos a sus fiestas, participemos de su impiedad» (II,62,1-3).

—La ociosidad

«Vosotros, los jóvenes que formáis parte de la Iglesia, por medio de vuestros servicios esforzáos por cubrir todas las necesidades con diligencia, dedicáos a vuestros trabajos con toda seriedad, para que durante todo el tiempo de que dispongéis podáis subvenir tanto vuestras necesidades como las de los pobres, para no sobrecargar a la Iglesia de Dios (1Tim 5,16).

«Trabajad, pues, sin cesar, porque la ociosidad es un vicio incurable. Entre vosotros, “si hay alguno que no trabaja, que tampoco coma” (2Tes 3,10). El Señor nuestro Dios no se complace en los ociosos. No debe, pues, haber ninguno de los fieles de Dios que esté ocioso» (II,63,1-2.6).

—Las viudas

«Las verdaderas viudas son aquéllas que no han tenido más que un solo marido y de las que muchos dan buen testimonio por sus buenas obras (1Tim 5,10). Éstas son las verdaderamente viudas, castas, puras, fieles, piadosas, que han educado bien a sus hijos, y han ejercido la hospitalidad (ib.)» (III,3,1).

«Los que hacen donativos, no los entreguen directamente a las viudas, sino que simplemente los dan para ponerlos en común, y tú [obispo], que conoces a los que están sufriendo necesidad, tú les repartas los donativos de modo ecuánime, como buen administrador (1Pe 4,10). Diles quién es el donante, para que oren nominalmente por él» (III,4,1-3).

«La viuda debe saber que ella es el altar de Dios y que ella permanece en su casa. La virgen y la viuda, pues, no deben deambular ni andar errantes por las casas de los demás. Éstas no son viudas, sino bolsas, dispuestas a recibir, charlatanas, murmuradoras, intrigantes. Tales viudas no corresponden a la imagen del altar de Cristo» (III,6,3-4).

«Su espíritu, en efecto, vagabundea: “¿dónde ir para poder sacar provecho; o bien, qué conversación se puede tener con aquella amiga que la ha olvidado?” Una viuda que hace este tipo de cálculos no se sumerge en la oración, sino en la idea que le ocupa la mente. Así como también, incluso si por azar quisiera orar por alguien, no sería escuchada, porque su oración no la dirige de todo corazón al Señor, sino con una atención que está dividida» (II,7,5). Y si incurre en alguno de estos desmanes, «se la castigará con un ayuno o una exclusión, por haber actuado de manera desconsiderada» (II,8,1).

—Las mujeres

«No permitimos que las mujeres enseñen en la iglesia (1Tim 2,12; 1Cor 14,34), sino que sólamente deben orar y escuchar a los doctores. En efecto, cuando nuestro Maestro y Señor Jesucristo nos envió a nosotros, los doce, a instruir al pueblo y a las naciones (Mt 28,19), en modo alguno envió a las mujeres a predicar, por más que no es que no las hubiera [capaces], porque estaban con nosotros la madre del Señor y sus hermanas, y también María Magdalena, María, la madre de Santiago, Marta y María, las hermanas de Lázaro, Salomé y algunas otras. Porque si hubiera sido conveniente que las mujeres predicasen, él hubiera sido el primero en ordenarles que instruyeran al pueblo juntamente con nosotros. Pero si el hombre es la cabeza de la mujer (1Cor 11,3), no es justo que el resto del cuerpo dirija a la cabeza» (III,6,1-2). «En lo referente a la cuestión de que las mujeres bauticen, nosotros no lo aconsejamos de ninguna manera, porque es una cuestión incierta o, más bien, ilegal e impía» (III,9,1).

Y en general, «nosotros prohibimos también a los laicos que usurpen una función sacerdotal como es el sacrificio [la Eucaristía], el bautismo, la imposición de manos o una bendición menor o mayor. Porque “nadie puede atribuirse esta dignidad [sacerdotal] sino aquel a quien Dios llama” (Heb 5,4). Es por la imposición de las manos del obispo por la que se confiere esta dignidad» (III,10,1-2).

—La comunidad de bienes materiales

A los huérfanos. «Si un cristiano joven, muchacho o muchacha, queda huérfano, será necesario que uno de los hermanos [cristianos] que no tenga hijos lo acoja y lo adopte como hijo suyo. Los que obran así hacen una obra importante, se hacen padres de huérfanos. Recibirán del Señor Dios la recompensa propia de este servicio» (III,1,1).

A los verdaderamente necesitados. «Está dicho: “¡ay de los que tienen y reciben hipócritamente, o que pueden subvenirse a sí mismos y quieren recibir de otro, porque cada uno rendirá cuentas al Señor Dios el día del juicio” (Didajé 1,5; Hermas mandam. II,5). Aquel que cuenta con medios propios y mendiga con hipocresía o por pereza, en lugar de ayudar a los demás con su trabajo, este tal será castigado por Dios, puesto que se habrá apropiado de la parte que corresponde a los [verdaderamente] pobres» (IV,3,2; 4,1).

¡Ay de los ricos avaros! «Quien tenga fortuna, pero no la comparte con los demás, éste tiene por herencia el lugar propio de la serpiente, de la que se dice que duerme sobre sus tesoros. En él se cumplirán las palabras de la Escritura: “ha reunido riquezas, pero no sacará provecho de ellas” (Jb 20,18). Le resultarán inútiles cuando el castigo le aniquile, porque está dicho: “las riquezas serán inútiles el día de la ira” (Prov 11,4). Un hombre así no ha puesto su fe en Dios, sino en su propia riqueza (Mt 6,24), que él considera como un dios y en la que ha puesto su confianza. Un hombre así va en contra de la verdad, es infiel, es cobarde, débil, sin escrúpulo, insatisfecho, hosco, enemigo de sí mismo y sin amigos» (IV,4,2-3).

Hay donativos que son inaceptables. Las dones que procedan de taberneros, de la prostitución, de ladrones, de adúlteros, no han de recibirse: «sus ofrendas resultan abominables a Dios» (IV,6,1-3). Los obispos, pues, «negáos a aceptar aquello que personas de mala conciencia ofrecen para el altar de Dios» (IV,7,3).

«Pero si vosotros decís: “son precisamente éstos los que dan las limosnas, y si nosotros no aceptamos nada que provenga de ellos ¿cómo ayudaremos a las viudas y alimentaremos a los indigentes del pueblo?”, escuchad lo que os respondemos: incluso abrumados por la miseria, no aceptéis nada que provenga de los malhechores. No aceptéis nada de aquellos que están excluidos [excomulgados], antes de que ellos merezcan ser miembros de la Iglesia. Y si no se dispone de dones, comunicadlo a los hermanos y, después de haber hecho entre ellos una colecta, socorred con justicia a los huérfanos y a las viudas» (IV,8,1-4). «Y si un día os véis obligados, a pesar de todo, a aceptar dinero que proviene de un impío, gastadlo en madera y carbón, porque conviene que los dones de los impíos se conviertan en víctima del fuego y no en alimento de los fieles» (IV,10,1).

Comunión fraterna de bienes. «Alimentad y vestid a los indigentes gracias al honrado trabajo de los fieles. Y según hemos dicho, el dinero reunido a través de ellos distribuidlo y utilizadlo para el rescate de los santos, para liberar a los esclavos, los deportados, los prisioneros, las víctimas de calumnias, y para ayudar a quienes algunos tiranos han condenado a causa del nombre de Cristo y han sido enviados al circo y a la muerte. Porque dicen las Escrituras: “libra a los que son llevados a la muerte, no te desentiendas de los que van a morir” (Prov 24,11) (IV,9,2).

—La educación de los hijos

Dicen los Apóstoles a las Iglesias: «Los padres educad a vuestros hijos según el Señor, “corregidles y enseñadles como lo haría el Señor” (Ef 6,4). Enseñadles oficios apropiados y que estén de acuerdo con la Palabra, para evitar que comportándose con atrevimiento para tener bienestar, permaneciendo impunes por parte de sus padres, y habiendo obtenido la independencia antes de tiempo, se alcen contra el bien.

«Así pues, no tengáis miedo a corregir a los hijos con severidad, que no los mataréis por corregirlos, sino más bien los salvaréis (Prov 23,13). Aquél que evita amonestar y reprender a su hijo odia a su pequeño.

«Enseñad a vuestros hijos la Palabra del Señor, llevadles por el camino recto, incluso con azotainas, y mantenedlos sumisos. “Desde la más tierna infancia, dadles a conocer los Escritos sagrados” (2Tim 3,15), y transmitidles toda la divina Escritura. No les déis ocasión de que os dominen y se hagan desobedientes (Sir 30,11-12). No dejéis que frecuenten con sus compañeros los banquetes, porque es así como se desviarán hacia el desorden y se perderán en el libertinaje. Ellos llegan a esa situación debido a la negligencia de sus padres, ya que quienes los han engendrado serán responsables de sus almas. Por eso, si frecuentan a los libertinos sin que sus padres se inquieten por ello, los hijos que hayan pecado no serán los únicos en ser castigados, sino que por su causas también sus padres serán reprobados» (IV,11,1-5).

Algunos comentarios

Es evidente que no todas las normas dadas en la Iglesia a fines del siglo IV deberían hoy estar vigentes. Actualmente, por ejemplo, hacen una obra muy santa las enfermeras o las familiares que bautizan a un niño en peligro de muerte. O las cristianas que enseñan la fe en la catequesis o centros académicos. Lo más valioso de las Constituciones Apostólicas, lo que de ellas hoy hemos de recibir, es el espíritu que expresan y comunican.

Espectáculos indecentes: ¿qué dirían aquellos cristianos antiguos de tantos de los actuales, que con toda normalidad aceptan costumbres mundanas absolutamente in-decentes, en gastos, viajes, cine y televisión, modas, playas y piscinas, y en muchas cosas más? Ociosidad: tantas vacaciones y descansos cada año, cada semana y cada día… Las viudas: muerto el esposo humano, se unen, esta vez sin la mediación del cónyuge, a Cristo Esposo. Con las vírgenes consagradas, forman en la comunidad eclesial un gremio venerable. Las mujeres: ¡cuánta mentalidad mundana y carnal se da hoy en ciertos movimientos católicos feministas! El auténtico feminismo cristiano es el de la Virgen María –la «persona humana» más santa de toda la humanidad es femenina– y el de la mejor tradición católica. La comunidad de bienes: la vida cristiana profundamente comunitaria, en koinonía espiritual y material fraterna, que no solo lleva a ayudar al necesitado, sino a corregir con energía al que se extravía. La educación de los hijos, no según modelos pedagógicos mundanos, sino auténticamente evangélicos: hacerles fuertes en la Palabra y el Sacramento, y libres del mundo…

Hay en estos antiguos documentos de la Iglesia una inmensa libertad del mundo, una gran fuerza de verdad y de santidad: «Padre, santifícalos en la verdad» (Jn 17,17).

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

6 comentarios

  
Hector
Interesante muy interesante... me llamó mucho la atención:

«nosotros prohibimos también a los laicos que usurpen una función sacerdotal como es el sacrificio [la Eucaristía], el bautismo, la imposición de manos o una bendición menor o mayor. Porque “nadie puede atribuirse esta dignidad [sacerdotal] sino aquel a quien Dios llama” (Heb 5,4) *Creo que estamos de acuerdo en que Lastimosamente esto esta sucediendo en diversos movimientos y parroquias dentro de la Iglesia.

Hay donativos que son inaceptables. Las dones que procedan de taberneros, de la prostitución, de ladrones, de adúlteros, no han de recibirse: «sus ofrendas resultan abominables a Dios» (IV,6,1-3). *y esto ni hablar, no son pocas las parroquias donde los Presbíteros aprovechan psicológicamente, la situación de los adúlteros (divorciados "vueltos a casar"), para "sacar lo mejor de ellos", los reciben (que esto no está nada mal) y les bendicen su unión (esto si que esta muy mal) y hasta los nombran "ministros extraordinarios", y estos al sentirse recibidos, en su agradecimiento, no paran de donar en todos los sentidos.

"Venga a Nosotros Tu Reino"

25/06/10 6:51 PM
  
David
Lo que choca hoy día es todo lo relacionado con la mujer y que pueda parecer machismo. Estoy formándome en temas de matrimonio y comprendo que nuestra mente puede estar muy envenenada por el mundo en el que hemos nacido y hemos crecido. Estoy escuchando un curso de preparación al matrimonio en mp3 del Padre Horacio Bojorge y hablando de cómo afectó el pecado original de diferente manera a hombre y mujer vemos algo que "escandaliza" a los hombres de hoy.

Esto del libro "La casa sobre Roca", del Padre Horacio Bojorge:
http://multimedios.org/docs/d001631/p000009.htm#8-p0.2.7.4

17) El remedio cristiano lo propone Pablo en la carta a los Efesios: ¿al varón que le dice? "Tenés que amar a tu mujer como Jesús a la Iglesia, es decir, morir por ella." ¿Sos capaz de morir por tu mujer? ¿Sos capaz de morir por lo menos a tus instintos y a tu pasión? Tenés que mortificar tu pasión para alcanzar la castidad. "¡Padre, qué está diciendo! ¡pero si eso es imposible!". Esto no lo dice nadie en el mundo de hoy pero es lo que hay que decir porque esta es la verdad. Y los que dicen que la castidad para el varón es imposible mienten o se engañan.

18) Y a la mujer ¿qué le dice Pablo en la carta a los Efesios? Tenés que obedecer a tu esposo (que es peor que morir). Y en eso consiste la restauración maravillosa de la herida del pecado original en él y en ella. El varón aprende a morir por su esposa, la ama como Cristo a la iglesia y es capaz de ofrendar y descubrir que muriendo a su pasión, encuentra una felicidad mayor que es la felicidad humana, porque la otra lo baja a lo instintivo. Y ella aprende a obedecer y se salva de su afán de dominación. Se restablece la salud primitiva en cada uno de ellos. El hombre adquiere el dominio de sus pasiones, la mujer se baja de su ambición angélica excesiva y los dos se encuentran como Cristo y la Iglesia en la verdadera caridad.
25/06/10 11:23 PM
  
cristina
Hola, he leído el comentario anterior, y he de decir que hace dos años, cuando se me pidió que formara a unos futuros matrimonios cristianos, me encontré con el texto que menciona, y me gustó mucho esa explicación en concreto. No es que sea nada nuevo, pero me gustó la manera de explicarlo. Hombres y mujeres, heridos por el pecado original de distinta manera. Nuestro afán de dominar, y la incontinencia de muchos tipos en los hombres. Me parece muy cierto.
Hoy, abandonada por mi marido, y un poco a la deriva estas semanas hasta que mi situación legal y práctica -con mis hijos- se estabilice, mientras recogía la cocina esta noche he recordado lo que leí en este post ya ayer sobre vírgenes y viudas.
Y he pensado que, más que sobre viudas -que siempre pueden volverse a casar- deberíamos hoy hablar de mujeres, esposas, en mi caso: abandonadas, forzadas a separación y/o divorcio inevitables, y deseosas de vivir aun así la fidelidad al vínculo, como figura de la fidelidad a Dios y la vocación a la que Él nos ha llamado. Y pensaba mientras rellenaba el lavaplatos que las mujeres en esta situación, como cristianas, deberíamos seguir unas normas de conducta propias, que todavía no veo muy definidas (ya me ayudarán ustedes...), pero que nos diferencien de las mujeres solteras y de las viudas y casadas. Somos mujeres casadas, pero no podemos ir a los sitios que acostumbrábamos, socialmente, acompañadas por nuestros maridos. Y solas...no sé, no me veo yendo sola a ciertas fiestas y reuniones.
En este sentido, lo que recoge el P. Iraburu de las Constituciones apostólicas sobre las viudas, me ha gustado y motivado para empezar este durísimo y difícil camino: "«La viuda debe saber que ella es el altar de Dios y que ella permanece en su casa. La virgen y la viuda, pues, no deben deambular ni andar errantes por las casas de los demás. Éstas no son viudas, sino bolsas, dispuestas a recibir, charlatanas, murmuradoras, intrigantes. Tales viudas no corresponden a la imagen del altar de Cristo» (III,6,3-4).

Un saludo,
cristina
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JMI.- El maestro interior, el ESanto, le irá enseñando cómo debe ser su vida, dedicada a sus hijos, orante, recogida, mortificada, laboriosa, caritativa, apostólica, pidiendo siempre por su esposo, que no se pierda, sin quejarse, sin hablar nunca mal de él, etc. Pediré, pediremos por Ud. y por cuantos/as están en su situación.
26/06/10 11:06 PM
  
Mª Pilar
Cristina que interesante es lo que dices. Te entiendo pues conozco amigas en esta situación y creo que aun de una forma no tan reflexiva como la tuya han pensado lo mismo al encontrse asi.
De los casos que conozco, veo que: lo que les ha ayudado mucho es: participar en grupos de formación y oración de movimiento laicos femeninos; que se ha de tener paciencia con los niños, pues a veces sus rebeldias son por su desconcierto; que hay que apoyarsee en el colegio, si es de confianza o en algun movimiento juvenil catolico, (Es importante que los hijos vean tu autoridad reforzada por el ambito escolar, de parroquias, asociaciones cristianas y del resto de la familia) y que no hay que te desanimarse si los niños culpabilicen de la situación, no al verdadero culpable sino al progenitor, que vive con ellos. ( debe ser algo parecido al sindrome de estocolmo)
No queria haberte molestado con estos consejos sino poderte haber sido de utilidad. Seguro que con la ayuda de Dios, seras modelo y referencia para otras esposas que lleguen a la misma situación.
27/06/10 2:30 AM
  
cristina
Gracias, P. Iraburu, y gracias Mª Pilar. Afortunadamente cuento con buenos colegios católicos, clubs juveniles, sacerdotes que nos apoyan, familia y amigos, psiquiatras y psicólogos católicos, abogada idem...
En fin, que estoy gracias a Dios bien atendida en lo que importa.
Por eso me siento vivamente llamada por el ESanto a hacer algo a favor de esas mujeres que no cuentan con tanta ayuda como yo, y también a servir a la Iglesia desde mi nueva situación. Y me quedo con lo que dice usted, Padre, esperar a que sea el ESanto quien me vaya indicando el camino, esperar en paz...
27/06/10 11:39 PM
  
María


Es muy hermoso todo lo que dice David sobre el matrimonio. Y es emocionante en cuanto que es la Verdad y todo lo que sea diferente a la enseñanza de la santa Iglesia sobre el matrimonio lleva tarde o temprano al fracaso, al error, y por consiguente al dolor de ver frustrada toda buena intención inicial.

Dios conceda a los novios este conocimiento y la gracia de aceptarlo.

A diferencia de Cristina, cuando yo daba charlas sobre el matrimonio cristiano usando el libro del Padre Iraburu "El Matrimonio en Cristo", no sufrí el abandono de mi marido sino el dolor de su infidelidad. No aceptó ni acepta la virtud de la castidad.

Mi marido no me abandonó sino me sometió a sus infidelidades y yo tampoco pude abandonarlo porque quedé embarazada, en ese embarazo vi la voluntad del Padre y la seguí a pesar del dolor. Hoy gozo con todos mis hijos.

Entiendo la situación de Cristina y la animo a seguir el sabio consejo del Padre Iraburu: "dedicada a sus hijos, orante, recogida, mortificada, laboriosa, caritativa, apostólica, pidiendo siempre por su esposo, que no se pierda, sin quejarse, sin hablar nunca mal de él, etc".

Dios te ha marcado tu camino a la santidad entrégate a Él con toda confianza, hará maravillas en tu alma.

Que Dios los bendiga.

03/07/10 3:36 AM

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