(05) Decálogo para las reformas de la Iglesia -I

–¿Y usted cree que una Iglesia que en su conjunto se ha torcido a un lado, supongamos, al lado izquierdo, podrá recuperar la verticalidad de la verdad católica?

–Por supuesto que sí. Y lo confieso con la fe de la Iglesia: creo «en el Espíritu Santo… y en la Iglesia una, santa, católica y apostólica».

Pero tanto en Israel como en la Iglesia, así lo comprobamos en su historia, solamente se producen las verdaderas reformas necesarias cuando, por obra del Espíritu Santo, se dan al mismo tiempo varias condiciones fundamentales.

1.– El reconocimiento de los males. Los falsos profetas y los Pastores sagrados que van con ellos no reconocen los errores y desviaciones del pueblo, o los subestiman en su gravedad, en buena parte porque ellos son, por acción u omisión, los responsables principales de esos males. Por eso dicen con aparente piedad: «vamos bien; paz, paz, confianza en el Señor; calamidades como las actuales, o peores, siempre las ha habido». Éstos no se asustan por nada: ni por la difusión de gravísimos errores contra la fe, ni por la falta extrema de vocaciones, ni por el absentismo masivo en la Misa dominical, ni por la difusión generalizada de la anticoncepción, etc. Y así se tienen por «hombres de esperanza».

Pero los Pastores y profetas verdaderos ven las cosas de otro modo: «Vamos mal, y es urgente la conversión y la reforma. De otro modo, se arruinará el Templo de Dios y su Pueblo se dispersará entre los infieles» (véase Is 3; Jeremías 7; Oseas 2;8;14; Joel 2; San Gregorio Magno, San Carlos Borromeo, San Pío V, San Pío X…) A estos Pastores, profetas y creyentes, que permanecen fieles, se refiere el Señor cuando le ordena a su ángel: «recorre la ciudad [de Dios] y pon por señal una tau en la frente de los que gimen afligidos por las abominaciones que en ella se cometen» (Ez 9,4).

2.– El reconocimiento de las propias culpas, que han traído todos esos males, es igualmente necesario para la reforma. «Eres justo, Señor, en cuanto has hecho con nosotros, porque hemos pecado y cometido iniquidad en todo, apartándonos en todo de tus preceptos… Nos entregaste por eso en poder de enemigos injustos e incircuncisos apóstatas…» (cf. Dan 3,26-45). No tiene posible reforma una Iglesia local mientras no reconoce que sus pecados son la causa de todos los males que le afligen. Atribuir a la secularización creciente del mundo la apostasía creciente del pueblo cristiano viene a ser como si la luz echara a las tinieblas la culpa de la oscuridad reinante en un lugar. Un lugar se queda a oscuras cuando disminuye o se apaga la luz. Evidente.

3.– Los males que nos abruman son castigos medicinales. «Todas las cosas colaboran al bien de los que aman a Dios» (Rm 8,28). Estos males tan grandes que Dios permite en el mundo y también, en otro grado, en su Iglesia deberían ser aún mayores si estuvieran exactamente proporcionados a la gravedad de nuestras culpas. Pero la Providencia divina suaviza la justicia con la misericordia, a causa del amor inmenso que Dios tiene a su Iglesia. «No nos trata como merecen nuestros pecados, ni nos paga según nuestras culpas» (Sal 102,10). Los males que nos afligen son, pues, medicinales, humillantes, motivos fuertes para la conversión y la reforma.

4.– No hay remedio humano para nuestros males. Ésta es una convicción de fe absolutamente necesaria para la reforma. Por eso aquellos Pastores, profetas y fieles que no reconocen la gravedad de las miserias que abruman al pueblo, ni su raíz diabólica, aunque alcancen a verlas en alguna medida, y que no asumen tampoco la gravedad de sus propias culpas, mantienen –si es que la mantienen– la «esperanza», una falsa esperanza de superar los males con remedios humanos, con sus propias fuerzas, sin reafirmación de las verdades negadas o silenciadas, sin verdadera conversión, penitencia y expiación, sin cambiar sus pensamientos y caminos, sin entender tampoco la absoluta necesidad de la oración de súplica, que pida al Señor una salvación en modo alguno merecida. Y así van de mal en peor.

«Son necios, no ven» (Jer 4,22). «Pretenden curar el mal de mi pueblo como cosa leve, y dicen ¡paz, paz!, cuando no ha de haber paz. Serán confundidos por haber obrado abominablemente» (6,14-15; cf. 8,11). «Maldito el hombre que en el hombre pone su confianza, y de la carne hace su apoyo, y aleja su corazón de Yavé» (17,5).

La verdadera reforma, por el contrario, es suscitada por aquellos que nada esperan de nuevas fórmulas catequéticas, pastorales, teológicas, litúrgicas, organizativas, de presunta eficacia mágica; aunque sepan reconocer en medio de esa efervescencia de iniciativas todo lo que en ellas haya de bueno, positivo y bienintencionado, que no es poco. En todo caso, los que piden-procuran-esperan las reformas necesarias tienen muy claro que nuestros males tienen raíz diabólica y que no son sanables por remedios humanos. «Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?… El auxilio me vendrá del Señor, que hizo el cielo y la tierra» (Sal 120,1-2).

5.– Hay remedios divinos sobreabundantes. Las reformas no se dan, por urgentes que sean, cuando en Pastores y fieles falta la verdadera esperanza en el amor y en el poder de Dios. Lo dan entonces todo por perdido, ven el proceso de la descristianización siempre creciente como una dinámica histórica irreversible, sin que a ellos, por lo demás, les importe gran cosa. Se resignan –ellos creen que piadosamente–, a que la Iglesia sea entre los pueblos un conjunto insignificante de comunidades mínimas, sin fuerza real alguna para iluminar el pensamiento, las instituciones, el arte, las leyes, la cultura, las costumbres del mundo de su tiempo. Citan, pobrecitos, el Evangelio de Cristo: pusillux grex (pequeño rebaño, Lc 12,32), y se quedan tan tranquilos. Habrá que decirles: «Estáis en un error, y no conocéis las Escrituras ni el poder de Dios» (Mt 22,29).

Los sagrados Concilios de reforma, lo mismo que los santos especialmente movidos por Dios para realizar ciertas reformas, nunca se han amilanado ante la gravedad de los males del mundo y de la Iglesia de su tiempo, por muy difundidos que estuvieran, o aunque parecieran insuperables al estar tan arraigados. Siempre han tenido una fe y una esperanza firmes en el poder del amor de Señor para purificar a su Iglesia de los males que le afligen, por grandes que sean.

Pongo un ejemplo histórico. La simonía, la compra de altos cargos eclesiásticos, puede en una cierta época y región de la Iglesia estar tan extendida y arraigada, que muchos la ven como algo normal en la vida eclesial, y otros, que alcanzan a conocer su maldad gravísima, la consideran sin embargo como un mal irremediable. Unos y otros no intentan la reforma. Y no la consiguen, por supuesto. Con lo que se ven confirmados en su convicción inicial: «no hay nada que hacer». Y así es como males muy graves, gracias a moderados y deformadores, «hombres de poca fe» (Mt 6,30), pueden durar largamente en una Iglesia. Por el contrario, todo movimiento reformista parte de una fe firmísima en el poder del amor de Dios para sacar de las piedras hijos de Abraham (Mt 3,9), para transformar la roca en un manantial de agua viva (Núm 20), para hacer florecer los más áridos desiertos (Is 35,1), para hacer abundar su gracia donde abundó el pecado (Rm 5,20).

Los que ignoran el amor del Señor por su Esposa, los que desconocen el poder del Salvador para salvar, no creen posibles las reformas necesarias de la Iglesia, tampoco creen posible que se difunda en el mundo el Reino de Cristo por el apostolado y las misiones, y estiman irreversible el acrecentamiento continuo de la apostasía. Lo dan todo por perdido. Pero a ellos ese proceso siniestro no les importa gran cosa, y no faltan tampoco algunos locos que lo consideran un progreso histórico.

En fin, es una gran vergüenza que tantos Pastores, religiosos y laicos vean hoy en la Iglesia como insuperable una multiplicación desbordante de errores doctrinales y de abusos morales, litúrgicos y disciplinares, y en consecuencia limiten sus aspiraciones apostólicas al cuidado de unos pequeños grupos y movimientos, en los que osan estimar a veces «la esperanza de la Iglesia» (sic). Esos grupos y movimientos serán de verdad la esperanza de la Iglesia solo si se empeñan en su verdadera reforma, bien unidos a los Pastores y fieles, convencidos de que «para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible» (Mt 19,26).

6.– La oración de súplica es el medio principal para las reformas de la Iglesia, y nace de la fe en el poder de Dios y en el gran amor fiel que tiene a la Esposa de Cristo. «Levántate, Señor, no tardes, extiende tu brazo poderoso, acuérdate de nosotros, no nos desampares, no nos dejes sujetos al poder de tus enemigos, no permitas que tu gloria sea burlada y blasfemada, ten piedad de nosotros»… Está muy bien que se promuevan concentraciones multitudinarias, que se fomenten en favor de graves causas numerosas campañas en grupos laicales y religiosos, que se muevan los movimientos, que se acuda incluso a la elocuencia de los medios publicitarios, en vallas, camisetas, diarios y mochilas, pancartas y globitos.

Todo eso está muy bien y, en su medida, es necesario, pues quiere Dios servirse de esas modestas mediaciones –«cinco panes y dos peces» (Mt 14,17)– para realizar sus obras de salvación. Pero todos los empeñados en esas santas empresas apostólicas deben saber con toda certeza que la oración de súplica ha de ir siempre por delante, como la proa de un barco. «Ora et labora», pero el ora por delante. Sí, es cierto, «a Dios rogando y con el mazo dando»; pero a Dios rogando por delante. (Puede verse mi escrito Oraciones de la Iglesia en tiempos de aflicción). Solo intentan y consiguen reformas en la Iglesia aquellos que creen en la promesa de Cristo: «pedid y recibiréis» (Jn 16,24).

José María Iraburu, sacerdote

Índice de Reforma o apostasía

33 comentarios

  
Miguel Serrano Cabeza
Amen.
20/06/09 11:18 PM
  
solamente juan
Padre gracias. Me temo que Miguel Serrano Cabeza se ha adelantado a todo lo que yo quer'ia poner pero lo repito ¡AMÉN!
20/06/09 11:32 PM
  
Benigno Soto
Amén, amén, amén (cantado). Y sigue:
Alleluya (incluso fuera del Tiempo pascual).
¡Cómo alegra el corazón escuchar la verdad!
"Padre, santifícalos en la verdad".
20/06/09 11:55 PM
  
Ultramuntano
Gracias por hablar tan claro, P. Iraburu.

Uno, que es joven, se maravilla pensando en tiempos pretéritos en los que no se dudaba de la Santa Tradición católica. Hace dos, tres generaciones, aún cuando los enemigos internos luchaban por destruir a la Iglesia, había un corpus doctrinal que el pueblo fiel consideraba intocable. Ahora es todo un campo minado. Cada fiel o sacerdote con el que hables -incluso algún obispo o cardenal- puede ser una bomba de relojería para la fe del creyente.

Por cierto, es paradójica esa postura de tantos "católicos" que consideran un progreso la acomodación de la Iglesia al mundo, como si fuera éste el que marcara un desarrollo humano imparable. Porque la verdad es que el mundo, aunque estará mal y será doloroso hasta la consumación de los plandes de Dios, sólo se logra humanizar algo cuando la Iglesia está bien y evangeliza.
20/06/09 11:58 PM
  
luis
Amen, allelluiah, amen.
21/06/09 12:11 AM
  
Pedro
Perfecto artículo. Maravilloso.
21/06/09 12:47 AM
  
José María Iraburu
MIGUEL SERRANO CABEZA, SOLAMENTE JUAN, BENIGNO SOTO, ULTRAMUNTANO, PEDRO… digo yo si no convendría que formáramos un buen coro litúrgico, para cantar la gloria de Dios y pedirle por la salvación del mundo. Con la ayuda del P. Pedro Pablo, de SCHOLA VERITATIS, podría ser en el mejor gregoriano. Es cosa de pensarlo.

LUIS. Cuántos amigos buenos en Argentina: P. Sáenz, Caturelli, los Gristelli, las Mater Dei, Mons. Lona, la Hdad. Sacerdotal cura Brochero, los Pollicino, el Volcán, los Miles Christi, P. Fosbery y FASTA, toda la feligresía de la Fund. GRATIS DATE, innumerable como las estrellas del cielo y las arenas de las playas, desde Tucumán hasta Ushuaia. Y Luis, o si lo prefiere, luis.
21/06/09 12:57 AM
  
Milan Tisma
Me sumo al Amén, sigo con el aleluya y me permito agregar un gran FIAT.
21/06/09 1:39 AM
  
Camino
¿Se admiten mujeres en el coro hispano-argentino? ¿Y mexicanas o chilenas?

Padre, una pregunta que tal vez sea para el número (3019)ABC -XCX: Dice Vd. que "tampoco creen posible que se difunda en el mundo el Reino de Cristo por el apostolado y las misiones". Algunas no conocemos qué cosa sea el apostolado y las misiones católicas sino por la lectura de las vidas de los santos ejemplares o no y las noticias de hermanos que están en ello. Lo que conocemos cercano a nosotros "no está católico" en absoluto, o más bien, está demasiado "tocado o inundado" de esa gangrena del "vamos bien", "lo cristiano es fijarnos sólo en lo bueno", "conque nos salvemos yo y mi familia, ya es más que suficiente", "esto es una purificación de la que saldremos fortalecidos", "nuestra sociedad democrática y progresista sólo necesita un puntito de mayor espiritualidad para salir de estos males". Sí, hemos de creer y creemos en que es posible ese cambio en el contenido, más que en la metodología, del apostolado y la misión que el Señor nos encomienda hasta que Él vuelva. En fin, el caso es que si aseguramos el "ora", casi seguro que el Señor nos indica el cómo, cuando y dónde "laborar".
21/06/09 7:46 AM
  
José María Iraburu
MILAN TISMA. Queda sin más integrado al coro arriba aludido, y se acepta su complemento "amen, alleluya et fiat".
CAMINO. Consultado el coro de este blog, ninguno de sus miembros ha mostrado inconveniente en que se integre una voz femenina y, por lo visto, española. Alguno ha sugerido si no sería bueno hacerle primero una prueba de voz, pero se ha desechado la sugerencia por ser difícil su realización.
Sobre el tema del apostolado y las misiones, con el favor de Dios, espero tratarlo en este blog. Pero más adelante. Como dijo el Quijote, "todo se andará, amigo Sancho. Todo se andará".
21/06/09 9:50 AM
  
José Ángel Antonio
"La oración de súplica es el medio principal para las reformas de la Iglesia"

No estoy de acuerdo. Creo más bien que es la ORACIÓN DE ALABANZA (no la súplica) el medio principal para las reformas. El que pide, se pone a sí mismo y sus necesidades en el centro. El que alaba, pone a Dios en el centro. La alabanza es más poderosa que la petición. Podemos debatirlo, si queréis, pero me parece importante saber cuales de las armas que Dios nos da tienen mejor munición: y la alabanza es superior y más eficaz.

Sobre "el reconocimiento de las propias culpas"... estoy de acuerdo, pero los que somos jóvenes (digamos, menosde 40 años), o al menos yo, vamos, no pienso cargar con las culpas de mis mayores. Yo no tengo la culpa de que el postconcilio fuese bastante desastroso. No tengo la culpa de que Dios haya echado a rodar cosas muy buenas y renovadoras ya en 1967 (pienso en la Renovación Carismática, el Camino Neocatecumenal y otras cosas) y que la burocracia -más que los progres- los hayan entorpecido y bloqueado. Yo no tengo la culpa de que incluso párrocos "moderados" no dejen estar movimientos en sus parroquias (aunque sean tan clásicos como la Legión de María, o Cursillos) porque no quieren gestionar una pluralidad de movimientos, lo quieren todo "de su estilo".

Los de mi generación que AUN somos católicos y hemos crecido en un ambiente ya hostil, que hemos sido el único católico de clase en la universidad o el instituto NO tenemos que "reconocer nuestras culpas"... (excepto pecados personales, claro). Como generación hemos sido víctimas, no agentes.

Por lo demás, de acuerdo: Dios nos ha dado herramientas para evangelizar y transformar la sociedad y al hombre, hay muchas cosas que están funcionando muy bien (y que muchos párrocos no implementan porque se creen que su parroquia está llena... sin ver que todo son cabezas canosas), y los medios de comunicación e internet, así como la emigración, juegan a nuestro favor como nunca antes, si sabemos emplearlos.
21/06/09 10:02 AM
  
José Ángel Antonio
Otra cosa: en este análisis falta algo clave, a mi entender: el papel de las comunidades cristianas. Las comunidades evangélicas y pentecostales crecen por todo el mundo, porque son de 50 a 200 personas, se conocen por su nombre, rezan personalmente unos por otros, saben quién está enfermos y quién cumple años. Si alguien falta, se dan cuenta y le telefonean.

Los católicos, con comunidades de 2.000 o 1.000 personas por parroquia, ni nos conocemos ni somos comunidad de verdad. Si alguien falta el domingo, a nadie le importa, nadie lo nota. Recomiendo el libro -gratis en Internet, buscad en Google- "Building Christian communities"- del fundador de las comunidades de "Espada del Espíritu" (Sword of the Spirit). Un gran análisis: comunidades pequeñas implican más líderes laicos, es decir, más líderes, más evangelizadores. más dinamización, más dondes que Dios da ala gente puestos en acción. Sin reformar la comunidad cristiana (y la parroquia casi nunca es realmente una comunidad) no habrá reforma de la Iglesia.
21/06/09 10:08 AM
  
José María Iraburu
JOSÉ ANGEL ANTONIO.

O sea que cuando nuestro Señor Jesucristo nos enseñó el PADRE NUESTRO, como oración principal de los cristianos, al enseñarnos una oración compuesta solo de peticiones (siete peticiones, una detrás de otra), nos enseñó una oración más bien flojucha, por lo que usted dice.

La oración de petición no ha de contraponerse a la de alabanza. Ella misma es oración de alabanza, pues al pedir, está proclamando que Dios es bueno, omnipotente, providente y misericordioso, que todo está en su mano, que de él procede todo bien: por eso se le pide. La oración de petición, ella misma, es, pues, una oración de alabanza. Y el que la hace, pidiendo a Dios, está ya preparando su corazón a la oración de acción de gracias por los dones recibidos.

Como todo es don de Dios, los cristianos hemos de vivir SIEMPRE PIDIENDO y SIEMPRE DANDO GRACIAS y alabando, "siempre y en todo lugar", como decimos en el prefacio de la Misa cada día.
.
21/06/09 12:02 PM
  
Luis Fernando
Lo que más me joroba de todo lo que está escribiendo el padre Iraburu en este blog es que desgraciadamente tiene razón.
21/06/09 3:44 PM
  
Ricardo de Agentina
El Evangelio de hoy me ha hecho recordar lo que dice Ud. Padre en su post. Jesús estaba dormido, agotado, pero ante la petición de los alarmados ,y asustados, discípulos (eran gente de mar, así la cosa sería fea de veras), se despertó y los socorrió. Así creo que estamos nosotros, alarmados por lo que vemos, claro. Y debemos pedir a Dios que "despierte", pero no para que componga esto a nuestro gusto, aquí y ahora, sino para que lo haga como El lo tiene dispuesto desde la eternidad. Que lo hará como lo ha prometido, gracias a nuestras oraciones y a pesar de nuestras negligencias.
Y como bien dice Ud. Padre, la petición -que es alabanza- debe ir también acompañada de agradecimiento. El hecho de que nosotros no formemos parte de ese rebaño indolente, ciego y extraviado -de laicos y de pastores - que aquí se ha mencionado repetidamente y que no es ningún "pusillux grex", lamentablemente, y eso sin mérito de nuestra parte y a sólo fuerza de Gracia, debe ser motivo de especialísimo agradecimiento. Cristo nos ha elegido para que "el celo por Su casa nos consuma", y nos ha elegido de entre millones a quienes no ha elegido del mismo modo. ¿Puede haber más motivo de agradecimiento?
Creo que debemos corresponderle con una adecuada petición, para que cuando Él "despierte" y ponga a las miserias del mundo "como escabel a sus pies", no nos reproche como a sus discípulos por nuestra fe flaca. Que seguramente eso nos habrá de doler, y mucho.
21/06/09 4:09 PM

Muy interesante el artículo y el texto sobre la oración. Creo que es muy interesante lo de pedir hechos verdaderamente extraordinarios, ¿milagros, serían?, como pedir una renovación total de la Iglesia. Está claro que Dios puede esto y más, pero el asunto es si Él quiere, ya que, para ello, harían falta muchas conversiones, mucha fe, sin la cual Dios no actúa dado su respeto a la libertad humana, y dado que la fe no puede imponerse (Dios no puede contradecirse a sí mismo; ha dado libertad al ser humano para darle una posibilidad de acoger la fe, la cual no puede ser impuesta a la fuerza).

Además, dado que la Iglesia es un medio instituido por Jesús para facilitarnos el vivir la fe, pero que no es un fin en sí misma, ya que el fin es toda la humanidad, su salvación, tendríamos que encaminarnos a la conversión y salvación de toda la humanidad.

Pero, sin embargo, lo que está claro es que el actuar según los criterios cristianos, siempre tiene unos efectos beneficiosos clarísimos, los cuales no siempre son vistos por personas sin ojos de fe, y creo que este efecto también forma parte de nuestra fe en Jesucristo y de nuestra esperanza en Su palabra, la cual se suma a nuestra esperanza en la vida eterna. Digamos que el hacer cada uno lo que puede (incluido, por supuesto, el evangelizar a otras personas), que no es poco con la gracia de Dios, y confiar en su efecto, pensando que ya no nos corresponde a nosotros lo demás.

D. José María Iraburu, veré a ver si tiene algo escrito sobre milagros; me gustaría saber por qué están tan alejados de nuestras vidas los más visibles como la resurrección de Lázaro o de Tabita, o las curaciones del ciego o del paralítico; ¿fueron así, literalmente?; y si lo fueron, ¿por qué no suceden en estos días? Quizá nos falte humildad para todo esto, buscar sólo la Gloria de Dios y nada para uno, como entendí, hablo de memoria, en su libro sobre la Oración.
21/06/09 5:41 PM
  
solamente juan
José Ángel Antonio, no te quito razón alguna desde tu humanidad y la mía, pero voy a objetar. Tal como dice el padre con el ejemplo del Padre Nuestro, ya verá que al principio alabamos a Dios “Alabado sea tu Nombre” y después a pedir toca y ya sabemos pedir y se os dará etc etc.

Lo que más me ha chocado es como trata usted de eludir a sus responsabilidades y pecados como parte de la sociedad y de la humanidad. Me pregunto que es lo que piensa del pecado Original, seguro que muchos ateos agnósticos y similares desechan la culpabilidad pasada de nuestros antepasados... aun así espero se haya bautizado.

Si así piensa pues otra pregunta: ¿ha bautizado a sus hijos que no comieron del fruto del árbol de la vida? Pues habrá que rechazar el bautismo y tantas otras cosas... Recapacite señor.
Sí, cierto que las comunidades de pentacostales crecen y rezan unos por otros y alaban pero sobretodo alaban porque es bueno para ellos. Son tan humanos como nosotros pero con una desventaja enorme. Y puede qiue le parezca que alaban de maravilles y no es que no debiera ser así, ya que si no se le albase las piedras lo harían. Cierto

Mas para alabar, adorar pedir y dar gracias, nada como la adoración en silencio expectativo. Con tanto ruido a veces no podemos oír sino lo bien que nos sonamos a nosotros mismo. No creo que cuando pido al Padre en nombre de su Hijo no esté ya alabando en obediencia, “Pedid”.

Cosas potentes pasan en las iglesias evangélicas sin dudas. Dios los usa y sin duda podemos de aprender de ellos aunque no estemos en perfecta comunión, pero más verdad es que ellos aun pueden aprender de nosotros mucho más.

En mi humilde opinión los pecados de la Iglesia son míos también, que la mancha del pecado duradera es. En mi bautizo y confirmación he aceptado el perdón de mi redentor, pero aun del dolor, el pecado, las enfermedades y la muerte consecuente no me he aun librado. No sea llanero solitario que aun somos Iglesia desde Nuestra Santísima Madre y San Pedro a usted y yo y no deje usted hermano en Cristo pedir perdón por mis muchos pecados. ¡Paz!
21/06/09 7:44 PM
  
Eduardo Jariod
Excelente texto, Padre, muchas gracias. Qué puedo decir nada más que pedirle que me incluya en el coro, a pesar de mi poco talento para el canto.
21/06/09 8:27 PM
  
Luis Alberto
Desde luego, Padre, vuelve a dar usted en el clavo. Creo que su optimismo nos deja ver su profunda fe. En efecto, si lo que los cristianos creemos, lo creemos de verdad, el optimismo debe ser nuestro estado natural, lejos del abatimiento que se percibe por doquier.

En ese sentido, me permito recomendar a quien no los haya leído sus tres artículos sobre la Alegría cristiana, en este mismo portal.

También les recomiento el siguiente libro, que estoy leyendo ahora y me está gustando mucho:
http://www.agapea.com/libros/Nada-te-turbe-Nada-te-espante-isbn-8482398008-i.htm

Por último, tiene razón RICARDO DE ARGENTINA, el evangelio de hoy nos ofrece un mensaje ajustadísimo al tema del artículo.
21/06/09 9:18 PM
  
Eduardo Jariod
También muy bueno el comentario de Ricardo de Argentina. Solamente subrayar que aunque seamos de los que poseen una clara conciencia de los problemas que nos abruman como Iglesia, no debemos olvidar nuestra naturaleza pecadora. No seremos responsables directos de los errores de otros en el pasado, pero tampoco debemos envanecernos de nuestra lucidez, pues tal clarividencia no procede de nosotros, sino que debemos considerarla como lo que es: una gracia del Señor. Por otra parte, cuanto más humildes seamos ante Él, más fuertes seremos para afrontar lo que venga.
21/06/09 10:03 PM
  
susi
el camino más corto para conseguir cosas de Dios, también la renovación de la Iglesia, me parece que pasa por pedírselo a su Madre, Mater Ecclesiae.
Cuando era pequeña y necesitada, si quería algo, iba primero a mi madre y ella intercedía....el truco no falla y menos, con Ella
21/06/09 10:37 PM
  
M. Virginia
Coincido con "solamente juan", en lo chocante que resulta un cierto esquivamiento del bulto en no querer tomar las culpas ajenas, si creemos realmente en la Comunión de los santos...¿Puede sernos realmente ajeno algún mérito o demérito de los demás miembros, si somos parte del mismo Cuerpo?...No imagino a Sta. Catalina señalando con el dedo las llagas de la Iglesia en su tiempo, arguyendo que ella no era la culpable, y por el contrario, la vemos suplicar el cargar ´sobre sí misma las pesadas culpas...¿Y para qué son las actitudes de los santos, sino para tomarlas como ejemplo concreto en nuestras vidas?... Si cada uno de nosotros fuese todo lo santos que el Padre del Cielo quiere, aprovechando todas y cada una de las gracias que nos concede..¿no creemos que tal vez habría infinidad de pecados menos en la Iglesia??... Pienso muy, muy a menudo acerca de esto de la irrenunciable responsabilidad que tenemos unos con otros, en virtud del santo Bautismo. Si cada santo NOS eleva y ayuda, y transforma...también cada pecado NOS rebaja, rebajando asimismo a los demás con los nuestros. Creo que el individualismo liberal nos ha pegado muy duro a los católicos en nuestra percepción de la fe. No terminamos de sentir la catolicidad, creo. Cada uno conforme, o disconforme, según marche su "quintita"...y así no vamos ni a la esquina. ¿Y qué hacemos con lo de S.Pablo, de reírnos con los que se alegran y llorar con los que lloran?..¿O le vamos a poner fronteras?.. Creo que entre lo que deberíamos pedir más insistentemente, está el don de lágrimas por los pecados de nuestro prójimo, y guardarnos mejor el dedito acusador (que siempre lo tenemos bien listo). Hace unos días, frente a un escándalo, nuestro pater Iraburu simplemente nos decía "Señor, ten piedad de nosotros!". Creo que por ahí anda el sentire cum Ecclessiam.. Y en cuanto a la oración de petición..¿qué mayor alabanza al Padre que el reconocimiento siempre filial - y por ello mismo, necesitado- de sus hijos?...Como madre, lo veo muy comprensible. No veo la contradicción con la alabanza, aunque se cuele nuestro deseo de ser más ángeles que hombres...
22/06/09 7:49 AM
  
José María Iraburu
JOSÉ ANGEL ANTONIO. Creo que es gran verdad lo que señala de la función importante que las pequeñas comunidades cristianas pueden tener, con la gracia de Dios, para ayudar a la mejora de toda la Comunidad eclesial. Pero hay que poner a ello algunas matizaciones. Don José Rivera (+1991) me puso una vez un ejemplo. Imaginemos una enorme casa de vecinos que amenaza ruina, pues sufre graves deterioros en tejado, cimientos, etructuras básicas, etc. E imaginemos una familia (entre los cientos de ellas que hay en la casa) que arregla SU DEPARTAMENTO con toda perfección: fontanería, piso, ventanas, electricidad, todo perfecto. ¿Qué será de ese departamento si la casa se derrumba? Hay que arreglar cada uno de los espacios familiares, cierto, pero tanto o más urgente es restaurar la Casa entera.

RICARDO DE ARGENTINA. Los salmos nos enseñan a pedir gritando “¡DESPIERTA, Señor! como los apóstoles pedían ayer en el Evangelio de la misa, el de la tempestad del lago calmada. Es la vía más eficaz para conseguir la paz de la santidad en el lago de la Iglesia.

SOLAMENTE JUAN + VIRGINIA + EDUARDO JARIOD. Efectivamente, todos, con nuestras virtudes y nuestros pecados, estamos influyendo en la salud y fortaleza de la Iglesia o en sus enfermedades y debilidades.

EDUARDO JARIOD. Queda admitido en el coro. Puede pasar a recoger su carnet y le darán el horario de ensayos. Bienvenido.

22/06/09 11:13 AM
  
Isaac García Expósito
Pater, muchas gracias por sus artículos.

Ciertamente el optimismo buenista impide cualquier reforma. Pero episodios como el de Linz, nos demuestran el estado de gravedad en el que se encuentra la Iglesia Militante.
22/06/09 11:24 AM
  
Luis Alberto
ANA VÁZQUEZ

No sé si te refieres a por qué no hay milagros en la actualidad, o por qué no hay milagros de la envergadura de la resurrección de Lázaro.

Yo creo que todos los días hay milagros, pero no los vemos. La misma existencia me parece milagrosa. Lo que ocurre es que la repetición de un hecho hace que dejemos de considerarlo extraordinario, para verlo como algo "natural". Lo mismo pasaría si todos los días resucitase alguien.
22/06/09 11:57 AM
Luis Alberto: Por supuesto que sé que hay milagros, por esto especifiqué en la pregunta al tipo concreto al que me refería.
La conversión de un pecador, el perdón de los pecados, por supuesto que son milagros que vemos continuamente; y otros muchos. Y, por supuesto, que todos estos milagros son extraordinarios, por eso puse el ejemplo de a lo que me refería.

También quería comentar que creo que si las comunidades cristianas católicas realmente mejoran bien, es decir, mirando siempre al bien de la humanidad, a la Iglesia universal, y no mirándose en exclusividad a sí mismas, también son una posibilidad de hacer mucho bien a la Iglesia de Jesucristo.
Al igual que en el caso de las familias, creo que es un error el que las comunidades, vivan para sí mismas, y no para ayudar a cada uno de sus miembros a dirigirse a Dios, al igual que actuar en conjunto en este sentido.
22/06/09 1:29 PM
  
Eduardo Jariod
Ana Vázquez:

Cada uno verá dónde le aprieta más el zapato, pero, en general, el ego es lo que nos pierde a todos. Da igual a la comunidad que pertenezcamos o cuál es el carisma que cultivemos; donde mires, te encuentras soberbia o vanidad a toneladas, comenzando por uno mismo. Y no hay nada peor que estos pecados para todo desarrollo espiritual acorde a la palabra de Dios.

El Señor me puso en mi camino de esa forma tan maravillosa como Él actúa, callada pero visiblemente, el movimiento de la Legión de Almas Pequeñas. De la manera más inopinada, el Señor me presenta este humilde propuesta. Será lo que Dios quiera.
22/06/09 2:23 PM
Sí, por supuesto, Eduardo Jariod, yo creo que la tentación del poder, en la que creo que esta incluida la vanidad y la soberbia, es la peor de las tres, pero no podemos caer en el error o tentación de pensar que es imposible vencerla, ya que eso sería como considerar un imposible el seguir a Jesús. Mucha gente se acomoda en su condición de pecadora y creo que esto es negativo, ya que el pecado tiene que ser la excepción y no la regla, por muy cómodamente que uno lo reconozca, así en abstracto, por supuesto.

Me alegro de la propuesta que te ha hecho el Señor; el nombre es muy bonito, ciertamente. Por supuesto que si quieres seguirle y colaborar con su Obra Redentora, no te va a faltar nunca Su ayuda, de mil maneras, incluso para discernir y para decidir, en lo que uno a veces tiene dudas. Yo cuando dudo, le pido, ya por último a la Virgen, que no me deje equivocarme, que antes de eso, me pase, si fuera necesario, algo.
22/06/09 2:58 PM
  
Eduardo Jariod
Por supuesto, Ana Vázquez, donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia. Y gracias a ti por tus ánimos, tus consejos y tu ejemplo.
22/06/09 3:05 PM
  
José Ángel Antonio
Estimados contertulios, voy a intentar desarrollar uno de los temas que hemos debatido.

1. LA REFORMA O RENOVACIÓN DE LA IGLESIA NECESITA MÁS DE ALABANZA QUE DE PETICIÓN.

Estimado padre Iraburu, he echado una ojeada a su escrito "Oraciones de la Iglesia en tiempos de Aflicción" (está en este link: http://www.gratisdate.org/nuevas/oracaflic/orac.aflic.ch2.htm ). Su post en Infocatólica es una versión más abreviada de las tesis de esta obra suya. Yo no niego que lo que usted comente sea cierto y bueno. Pero afirmo que es incompleto.

Por ejemplo, usted dice en este texto: "De la salvación recibida brotará la alabanza: Sálvanos, Señor, y en adelante buscaremos tu rostro, seguiremos tus mandatos, seremos fieles a la Alianza, alabaremos tu nombre, te daremos gracias siempre..."

Pero la realidad al repasar la verdadera oración de Israel en tiempos de aflicción es que ISRAEL NO ESPERA A LA SALVACIÓN para alabar. Israel PIDE UN POCO, ALABA MUCHO, y después llega la salvación.

Estimado padre Iraburu, usted dice en su libro "la oración de Israel pervive en la oración de la Iglesia, perdura en ella siempre joven, y en ella alcanza la plenitud de su belleza y poder". 100% de acuerdo en esto.

Dice también usted: "la Iglesia ha de aprender del Israel antiguo la oración de súplica en la angustia. Así se deja enseñar por Dios, que nos habla en las antiguas Escrituras". Esto es correcto pero incompleto: ¿por qué aprender de Israel sólo la súplica en la angustia, cuando ISRAEL HACE SOBRE TODO ALABANZA Y ACLAMACIÓN EN LA ANGUSTIA?

Usted establece una receta de siete pasos en su libro (de seis, en su post): reconocer que los males son graves, que no tienen solución puramente humana, que las consecuencias son justas y que tienen un elemento didáctico/medicinal, que Dios puede salvar, que hay que pedir a Dios que actúe y que Su actuación es para Su Gloria. Usted luego dice: "Si la Iglesia local hace suyos esos clamores antiguos en todos sus elementos -en todos, en los siete señalados: no bastaría que lo hiciera en casi todos-, se verá ayudada por Dios".

Yo no niego ninguno de esos pasos. Quizá matizaría alguno, pero en principio me parecen todos bíblicos y saludables. Pero falta un elemento, que es, opino, el principal: la alabanza.

Usted no recoge lo que Dios nos dice en el Antiguo Testamento sobre la alabanza... y es importante.

Usted escoge algunos versículos de petición en los Salmos. Sí, están ahí, pero son minoría comparado con los de alabanza. Porque en hebreo, los salmos se llaman "Tehillim" (es decir, "alabanzas").

Y la Biblia muestra que no se alaba solo después de la victoria: no, Israel alaba y aclama con grandes gritos el poder de Dios ANTES de la batalla. Israel a veces gimotea un rato ("que desgraciados somos, que mal estamos"), pero más a menudo VITOREA CON GRITOS DE GUERRA al Señor. Y así gana las batallas.

En 2 Cron 20, 1-30 vemos como el pueblo liderado por Josafat sí que se echa al suelo y gime un rato con oración de petición, pero pronto se levanta y se va a la guerra con oración de alabanza. Los cantores iban delante: "alabad a Yavé porque eterna es su misericordia". Ellos alababan, y Dios ganó la batalla para ellos, haciendo que sus enemigos se matasen entre ellos.

Una versión moderna de esto se hizo famosilla en España hace pocos años ante la catedral de Barcelona, cuando unos jóvenes católicos detuvieron a una manifestación gay del tripartito con canciones, guitarras y panderetas. Yo estuve y lo vi. Puede leerlo aquí (tres crónicas del acto en un solo link):

http://www.solidaridad.net/noticias.php?not=2655

¿Y qué decir de Jericó? ¿Cae ante la oración de petición... o ante la aclamación de alabanza?

Necesitamos alabanza y aclamación. En hebreo es la "teruá": no puede ser en voz bajita, no se musita ni susurra. Teruá es el grito del ejército que sabe que se hará con la victoria. La teruá es lo que hunde las murallas. No es la petición de quien pide ayuda, sino el clamor de quienes nos sabemos vencedores. "Aclamad la Gloria y el Poder del Señor", "Dios asciende entre aclamaciones", "tocad porque Dios es el Rey del mundo", "aclama al Señor tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad EN SU PRESENCIA CON VÍTORES", "batid palmas, aclamad a Dios CON GRITOS DE JÚBILO"... etc... (Salmos 95, 29, 98, 47, 100, etc...)

¡¡Este debería ser el estándar del trato del pueblo con Dios!! Esto es un pueblo renovado y renovador. Esta es la receta que Dios insiste e insiste en proclamar (estos son los salmos con los que jesucristo oraba cada día)... y que nosotros ignoramos o minimizamos.

Cuando Israel está en el destierro dedica varias páginas a gimotear sobre canales de Babilonia, etc... Pero eso, aunque sea un baño de realismo, no es muy constructivo cuando ya llevas un rato llorando. Lo constructivo es cuando el mismo Israel, desterrado, canta alabanzas como en Tobías 13, 1-17: "Hijos de Isarel, bendecidle ante las naciones porque él os ha dispersado entre ellas. En la tierra de mi cautiverio le daré gracias, y anunciaré su poder y su grandeza a un pueblo pecador. Ensalzaré al Dios, rey de los cielos, Y MI ALMA RADIANTE DE JÚBILO PROCLAMARÁ SU GRANDEZA".

Pedir no está mal, pero no es prioritario. Lo que de verdad proclama la grandeza de Dios en esta babilonia nuestra es el "alma radiante de júbilo" que se logra al "ensalzar al Dios, rey de los cielos".

San Pedro, en Pentecostés, con un sermón hizo 3.000 conversiones: porque era un sermón de alabanza: "les oían hablar en sus propias lenguas las maravillas del Señor". Nosotros, con 3.000 sermones de quejas y gimoteos no logramos ninguna conversión. A ver si aprendemos.

La alabanza tranforma el mundo, las mentes, corazones y sociedades con más fuerza que la petición. Por eso, Isaías profetiza que llegará el Espíritu Santo para llevar "alabanza en lugar de espíritu abatido": "EL Espíritu de Dios hoy está sobre mí, me ha enviado a llevar la buena nueva, curar, anunciar, liberar... diadema en lugar de ceniza, alabanza en lugar de espíritu abatido" (Isaías 61, 1-3). Y eso ya es: porque hoy cualquier bautizado tiene más Espíritu Santo que el mismísimo Isaías, y si no lo usa es por su dejadez y derrotismo.

RESUMIENDO: sí, el Padrenuestro es sobre todo oración de petición. Pero aunque Jesús lo enseña, nunca más le vemos a él ni a los apóstoles usarlo. Yo lo rezo cada noche con mis niños, pero lo que vemos en la Biblia es que los apóstoles, Pablo, Israel... son sobre todo ALABADORES.

¿Hay crisis en la Iglesia? Sí, pero no porque falte petición. Hasta los ateos piden a Dios cuando están enfermitos, y la Iglesia sigue llena de abuelitas que no van a misa pero piden por sus nietecitos, y cuando van a misa, en vez de alabar a Dios, siguen pidiendo por sus nietecitos...

De petición ya vamos servidos. ¡¡¡Lo que falta es alabanza!!! La petición es infantería, mientras que la alabanza es artillería y aviación. Con la petición se ocupan posiciones, pero con la alabanza se ganan las guerras. Ir a la guerra dejando los cañones y aviones sin usar es de bobos, así que saquemos la alabanza del hangar y usémosla como Josafat para ganar las guerras.

Acabo recomendando el libro "Nacidos para alabar", del dominico Vicente Borragán, profesor especialista en Biblia: didáctico, asequible, práctico (listo para usar en tu vida), muy bíblico, de lo mejor sobre el poder de la alabanza. http://www.editorial.sanpablo.es/fichalibro.php?cod=2%2321%232215&id=2159
22/06/09 3:10 PM
Yo creo que es muy importante pedir, en la oración, adherirse a la voluntad de Jesús, crecer en el amor a Dios y a los hermanos, y tener fuerza para hacer lo que tengamos que hacer, al respecto. Por supuesto, que eso ya implica alabanza, en Espíritu y en Verdad, creo yo.
Así decimos que alabamos tanto a Jesus y a Su Palabra, que estamos dispuestos a perderlo todo por ÉL, por su Palabra, fuente de Vida Eterna, por colaborar en su Obra Redentora.
22/06/09 4:12 PM
  
Ricardo de Argentina
José Angel Antonio:
Sin perjuicio de lo que le conteste el P. Iraburu sobre la conveniencia de pedir la reforma de la Iglesia con más alabanzas que peticiones, me permito acotar lo siguiente:
No creo que sea cuestión que amerite una tesis. Con recordar que la alabanza a Dios es necesaria siempre que nos dirigimos a Dios, y recomendable siempre que nos dirigimos a los hombres, creo que basta. Rezando las principales oraciones católicas de petición alabamos siempre a Dios: el Padrenuestro comienza con alabanzas y el Avemaría es más alabanza que petición.
Por otro lado, en el Gloria alabamos a Dios sin pedir nada, es alabanza pura.
22/06/09 8:10 PM
  
José María Iraburu
Hoy no tengo tiempo para comentar los comentarios con más detenimiento, porque tengo encima varias ocupaciones urgentes. Va, pues, por la vía breve.

A TODOS gracias por sus comentarios.

A JOSÉ ÁNGEL ANTONIO. Me parece bien todos los elogios que hace de la oración de alabanza. Me parecen mal todas las consideraciones despectivas que hace sobre la oración de petición (“gimoteos”, “no es prioritaria”, etc.). Y me parece un horror la pasadita que le da al Padre nuestro, la más preciosa y alta oración cristiana, la más grata al Padre celestial, la enseñada por el mismo Cristo: “cuando oréis, decid, Padre nuestro”… (“aunque Jesús la enseña, nunca más le vemos a él ni a los apóstoles a usarlo”). Toda la tradición cristiana (los Padres, la Liturgia, el Catecismo actual) han considerado el Padre nuestro la más perfecta y principal oración de la Iglesia.
Una usted armoniosamente en la oración, como lo hacen los salmos, alabanza, petición y acción de gracias (a veces entremezclados en un mismo salmo, exigiéndose y potenciándose mutuamente). No contraponga, que no gana nada con eso, y lo estropea todo. Mire en la Liturgia católica, cómo une con armonía y proporción todas las dimensiones de la oración cristiana: ella es el modelo supremo de la oración cristiana.
Y no escriba comentarios tan largos, que juntando sus dos, dan tres páginas. Es demasiado.
23/06/09 12:14 PM

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