InfoCatólica / Razones para nuestra esperanza / Categoría: Biblia

9.01.26

Origen de las primeras recitaciones evangélicas (EEChO)

Cómo, por y en un testimonio público, se formaron las primeras narraciones de los apóstoles, en particular durante el recorrido de rememoración en el corazón de los 40 días de las apariciones

Para comprender la oralidad evangélica, es necesario percibir cómo aparece toda tradición oral y captar en particular el momento en que cristaliza. Este es un fenómeno propio de todas las culturas orales: es comunitario.

Cuando ha ocurrido algo significativo, los testigos se tomarán la molestia de regresar a los lugares con su comunidad, y de dar allí su testimonio, que será recordado y repetido luego en la comunidad. Y a partir de entonces este testimonio siempre se repetirá; nunca se cambiará –quizás un recitador introduzca una pequeña frase explicativa si percibe que sus oyentes lo malinterpretan, pero esto será muy poco frecuente. Esto es lo que ocurrió durante el recorrido de rememoración de los apóstoles, los discípulos y otros, de Jerusalén a Galilea y de regreso, pasando por otros lugares importantes, cuyo punto culminante fue la aparición de Jesús a los 500 (1 Corintios 15,6).

Este es el fundamento de la oralidad, que la mayoría de los exégetas textuales occidentales desconocen, porque la manera (oral) en que los testigos de la Resurrección desarrollaron sus narraciones respectivas no tiene nada que ver con la manera en que ellos mismos escriben sus libros. Se trata de otro mundo.

Reproducimos aquí un extracto de un artículo de 2013 (actualizado en 2020) que sigue siendo fundamental; el siguiente pasaje se refería a 1 Corintios 15,5-7, pero su valor aquí reside en recordar, con un ejemplo actual, el mecanismo de formación de una narración oral.

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8.01.26

Evangelios: primacía del arameo - ejemplos (E.-M. Gallez)

Primacía del arameo sobre el griego: indicios acumulados

Édouard-Marie Gallez

En historia, como ante los tribunales, nunca existen pruebas absolutas; en el mejor de los casos, se presentan pruebas detalladas y fundamentadas. Generalmente, se encuentra solo una serie de indicios, pero su multiplicidad y su convergencia traen consigo la convicción, y con razón.

Lo mismo ocurre en exégesis: o mejor dicho, debería ser así. Allí se tocan cuestiones próximas a la fe (o al rechazo de la fe), y desafortunadamente a veces las posturas adoptadas solo tienen una conexión lejana con la investigación de indicios y su análisis paciente. Y, en ocasiones, también se mezcla el deseo de conformarse con las opiniones predominantes: intentar comprender la realidad en su complejidad no necesariamente favorece la carrera profesional…

¿Dónde reside la primacía entre el famoso supuesto «texto griego» y el texto arameo?

A los ojos de quien se tome la molestia de considerar la multiplicidad de las siete familias de manuscritos griegos, surge inmediatamente un problema: estas siete familias son irreductibles entre sí –¡un problema importante si se trata de originales!– En cambio, no hay más que una sola familia de manuscritos arameos. Si el arameo es traducido del griego, como se enseña doctamente a raíz de cuatro siglos de exégesis protestante, ¿cómo han hecho los traductores arameos para armonizar los manuscritos griegos, y a menudo para algo mejor aún que armonizarlos?

Por otra parte, si se considera lo contrario, la multiplicidad de las familias de manuscritos griegos se explica entonces fácilmente por la diversidad de los traductores, indicada en particular por la diversidad de los dialectos griegos empleados, que los verdaderos conocedores del griego antiguo no dejan de notar.

Cuando uno no está familiarizado con el Oriente (las tradiciones orientales nunca han aceptado la idea de que los evangelios fueron redactados en griego), ¿cómo percibir la primacía del arameo sobre el griego sino a través de indicios? Algunos son fáciles de ver, y otros son más complejos, puesto que no se trata solamente de comparar textos, sino de comprender sus historias respectivas, y la de los textos arameos está enraizada originalmente en una composición oral y una enseñanza que, en Occidente, nos resulta algo difícil de imaginar.

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4.01.26

El texto griego: ¿CUÁL texto griego? (El Equipo de EEChO)

En cuanto se menciona la tradición oral evangélica (y más aún la tradición oral aramea), el reflejo condicionado objeta: «¡Pero el texto canónico del Nuevo Testamento es el texto griego!». ¿Cuál es entonces este texto griego que tendría primacía sobre el arameo, e incluso sobre los textos latinos más antiguos?

No se trata del texto griego que utilizan los cristianos de Grecia y Constantinopla, estandarizado en el siglo VI. Nos referimos a un texto griego supuestamente original, que habría sido el origen de los manuscritos griegos que conocemos, y que habría sido escrito por los autores del Nuevo Testamento, o incluso por los sucesores (las «comunidades») que habrían utilizado su nombre.

Cabe señalar, de paso, que, en materia «canónica» (es decir, jurídica), hay que remontarse al Concilio de Trento para encontrar una indicación al respecto. Este concilio precisó (en sus apéndices, consultables en bibliotecas, pero no disponibles en la web por el momento) que el texto normativo es la Vulgata… para los occidentales, y la Peshitta para los cristianos de la Iglesia de Oriente (los católicos hoy llamados caldeos, para distinguirlos de los asirios). De hecho, el «texto griego» no podía servir de norma: en realidad no existe.

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16.12.25

Descarga gratis la primera edición en inglés de mi libro "Tres Evangelios"

Tengo el agrado de anunciar que acabo de publicar la primera edición en inglés de mi libro: Tres Evangelios: Una revisión de la cuestión sinóptica y de la datación del Nuevo Testamento.

A partir de hoy y de modo permanente, esa nueva versión ha quedado disponible para descarga gratuita en formato PDF desde el enlace indicado.

La versión impresa de esta edición se podrá comprar próximamente en Amazon.

Este libro de 169 páginas reúne mis principales aportes sobre los dos temas señalados en su subtítulo. Además de una bibliografía y un prólogo, contiene 21 capítulos.

Los invito a difundir este libro entre personas angloparlantes. Desde ya muchas gracias.

Que el Señor los bendiga y los guarde día tras día.

Daniel Iglesias Grèzes

23.11.25

El choque de los supremacismos (Édouard-Marie Gallez)

La Realeza de Cristo parece muy sutil si se pierde de vista el sentido revelado de la historia y, especialmente, la Venida gloriosa. Parece surgir una contradicción: ¿Cómo es posible que los mismos lugares donde se manifestó el amor de Dios hace dos mil años de una manera inaudita sean hoy escenario de un paroxismo de odio? ¿Por qué el amor de Dios es tan desconocido allí?

Ciertamente, en todos los bandos presentes en el Cercano Oriente hay personas que quieren el bien y, por consiguiente, la paz. Pero el poder no está en sus manos, sino en las de los «supremacistas». La situación parece humanamente sin salida.

El supremacismo es el sentimiento y la convicción de haber sido elegido para formar parte de un grupo superior a los demás hombres, un grupo elegido por «Dios», por la Evolución, por la Razón, por la Historia social o por no importa quién o qué: los demás hombres son inferiores. El grupo que se considera elegido tiene, por tanto, «derechos» sobre estos inferiores que no pueden ser verdaderamente humanos.

De hecho, se trata más de deberes que de derechos. En efecto, el supremacismo es la identidad fundamental de todos los mesianismos (poscristianos, religiosos o no religiosos), que se han fijado como objetivo salvar el mundo: si el mundo puede ser salvado, debe serlo (para más explicaciones, véase aquí). Por lo tanto, el adepto no es libre, tiene el deber de convertir a los otros que obstaculizan la salvación del mundo, o de lo contrario de esclavizarlos, utilizando todos los medios concebibles: engañar, robar o incluso matar. Al hacerlo, no hace más que defenderse contra los enemigos de la Salvación. Y si no obedece, él mismo corre el riesgo de ser considerado un enemigo a eliminar.

Así, se encuentra atrapado entre lo que le dictan, por un lado, su conciencia y su sentido común derivado de la experiencia y, por otro, su sumisión al grupo y su adhesión al supremacismo; consciente o inconscientemente, busca entonces las acomodaciones propuestas por los grupos «moderados», pero a menudo son los más fanáticos los que se imponen.

Los acontecimientos del Cercano Oriente no tienen nada que ver con un «choque de civilizaciones», por retomar el título del libro muy estadounidense de Samuel Huntington, sino más bien con el enfrentamiento de dos supremacismos; y este enfrentamiento dura desde hace décadas, a pesar de la influencia de hombres amantes de la paz y la justicia en ambos bandos. Antes del 7 de octubre de 2023, Hamás, que gestionaba la gran prisión a cielo abierto que ya era Gaza, no era amado por la mayoría de los habitantes, que veían su sometimiento a la organización internacional de los Hermanos Musulmanes: el bienestar de la población no era su preocupación y otros movimientos la representaban mejor. Por otro lado, no hace falta presentar a Benjamín Netanyahu, que tampoco es querido, pero cuenta con sólidos apoyos (o patrocinadores). Una diputada israelí, Laama Nazimi, acaba de acusarlo de colaborar con los acontecimientos del 7 de octubre; se han mencionado vínculos con Qatar, un Estado que financia a los Hermanos Musulmanes, e incluso con Hamás.

Hoy, como en el pasado, los objetivos perseguidos por los líderes mesianistas están muy alejados de las necesidades de las poblaciones a las que adoctrinan y no dudan en sacrificar en aras de sus objetivos. Esta realidad es siempre impactante. Quizás para darle sentido, algunos han acusado al Antiguo Testamento de ser el origen de los supremacismos —el «monoteísmo» sería la causa de todos los males—, seleccionando algunos pasajes sacados de contexto; pero el texto bíblico no cesa de denunciar al pueblo que, queriendo gobernarse a sí mismo, ya no escucha a su Dios: entonces, ¡Dios llega incluso a suscitarle enemigos y a darles la victoria! La identidad misma de los hebreos se construyó poco a poco, tendiendo a un ideal exigente de justicia ante Dios y ante los hombres, y no a una doctrina de superioridad que se sirve del amor de Dios. La idea de ser los elegidos encargados de salvar y, por tanto, de dominar el mundo es un absurdo a la luz de la Biblia tal y como fue escrita. Si el Salmo 126,2 dice: «El Señor colma de bienes a su amado mientras duerme», es porque este no instrumentaliza ni distorsiona Su Palabra, sino que confía en Él y lo escucha.

El origen y la perversión que animan a los supremacismos mesianistas solo se revelan verdaderamente a la luz de la Revelación. En efecto, estos mesianismos son ante todo desviaciones de la Revelación, que falsifican la Salvación preparada por el Antiguo Testamento y, sobre todo, cumplida en Nuestro Señor. Y las falsas salvaciones que proponen son tan seductoras que atraen o perturban a algunos cristianos poco o mal formados.

En los desafíos de este mundo, la fe ilumina y nos ayuda a discernir, empezando por nosotros mismos. En Europa Occidental, el mesianismo woke-ecologista llega incluso a hacer exterminar el ganado y las aves de corral de las granjas para salvarnos de pandemias ficticias o del metano que emiten las vacas (que contaminaría la atmósfera). ¿Cuál es el objetivo detrás de estos pretextos? ¿Simplemente matar de hambre o un proyecto supremacista? Esta es una de las muchas preguntas que pueden hacerse todos aquellos que no tienen nada en su cuenta a partir del día 15 del mes.

Solo Cristo y el Espíritu saben lo que hay en el hombre (Juan 2,25 y 1 Corintios 2,10). Aunque solo comprenda una parte de las cosas, el cristiano que vive la Palabra y conoce el amor de Dios discierne la raíz de los males, es capaz de ver las cosas tal como son, sin ocultarlas ni disfrazarlas. Y anuncia al único Salvador, Aquel a quien los apóstoles llevaron hasta los confines del mundo y a quien dieron su vida. Es decir, Aquel que el mundo necesita.

P. Édouard-Marie Gallez csj

Fuente: https://www.eecho.fr/foi-chretienne-et-supremacismes/

Traducción de Daniel Iglesias Grèzes