9.01.17

“Silencio”, de Martin Scorsese

He ido a ver la película “Silencio”, dirigida por Martin Scorsese. Tendría que hacer un poco de memoria para recordar la última vez en la que, anteriormente, había ido al cine. Se remontaría, esa fecha, a algo más atrás en el tiempo. No porque no me guste el cine, que sí me gusta, sino porque, además de que no tengo muchas ocasiones de ir, es una de las modalidades del arte de la que menos conocimientos tengo.

Scorsese se basa en la novela – de idéntico título, “Silencio” -  del literato japonés (católico) Shusaku Endo. He comprobado que el guión de la película sigue muy de cerca el texto de la novela. Yo he leído el texto de Endo y he visto el film de Scorsese casi al mismo tiempo. Y, quizá por esta simultaneidad, no sabría decir cuál de las dos – novela o película – me ha impresionado más. Me permito la licencia de opinar sobre ambas, aunque me centre más en la película.

Son muchas cosas las que emergen cuando uno contempla esa bella obra cinematográfica de Scorsese. Las imágenes nos permiten captar hasta dónde puede llegar una tiranía cuando se siente legitimada para regular, incluso, en qué pueden creer o no, los súbditos de la misma

El que mandaba se sentía legitimado a invadir todas las esferas de la vida de los sometidos a su mando. No algo muy diferente, en cierto modo, sucede hoy. Si en el Japón del siglo XVII no se toleraban disidencias en el ámbito religioso, tampoco en las democracias occidentales se tiende a tolerar, en ocasiones, excesivas disidencias que cuestionen algunos “dogmas” actualmente considerados como de obligada observancia. Y no reconocer el peso de lo “políticamente correcto” sería negar la obviedad.

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29.12.16

Valorar la Hoja parroquial. Y la necesidad de nuevos horarios

1. Valorar, un poco más, la Hoja Parroquial. Se trata de una hoja parroquial, “Parroquia”, que nos informa, mensualmente, sobre la vida de la Iglesia universal, diocesana y, también, del ámbito parroquial. Yo creo que merece la pena leerla y valorarla. Animo a recoger esta “hoja”, que siempre está disponible a la entrada del templo parroquial. Puede que no sea perfecta, pero siempre nos dirá algo si estamos bien dispuestos a recibirla.

2. Un nuevo horario de la celebración de la Santa Misa: No se trata de multiplicar, sino de sumar

 

En enero de 2017 estrenaremos, en esta parroquia de San Pablo, de Vigo,  un nuevo horario de celebración de la Santa Misa; horario que ya hemos adelantado en los 400 ejemplares de los calendarios de 2017 que se han distribuido hasta ahora.

 

La Santa Misa de los domingos y fiestas de precepto se celebrará a las 11.00 h. y a las 12.30 h. Los demás días, la Santa Misa se celebrará a las 19.30 h. Puede parecer que se va a menos, pero no debemos interpretarlo así. No se trata de multiplicar, ni de reducir, el número de las celebraciones de la Santa Misa, sino de sumar la cantidad de los participantes; de añadirnos, en mayor medida, a cada celebración de la Santa Misa.

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16.12.16

La religión y la ciencia

Yo no tengo una formación científica, en el campo de las ciencias naturales. No. Yo he estudiado el BUP de mi época y, tras dos años en que todas las asignaturas eran comunes, escogí letras puras.

Luego, al licenciarme en Filosofía, me he acercado indirectamente a las ciencias naturales, básicamente a través de tres vías: La Lógica, la Historia de la Ciencia y la Filosofía de la Ciencia. De estas tres disciplinas me ha gustado más la Filosofía de la Ciencia.

En el ámbito teológico y, en concreto, en la Teología Fundamental – que se ocupa de los pilares de la fe - , surgen preguntas sobre los milagros, sobre cómo actúa Dios en el mundo, etc. Y, en general, la Teología se ve interesada por las ciencias naturales cuando hablan del origen del mundo y del hombre, de lo específico de la naturaleza humana y de tantas otras cosas.

Me parece que las ciencias empíricas y la fe -  y el saber de la fe, que es la Teología – son heterogéneas. No hablan, aparentemente, de lo mismo del mismo modo. Aunque en realidad sí hablan de lo mismo, ya que versan sobre la realidad.

Pero entre ambas orillas, que parecen muy lejanas una de otra, puede aparecer un puente filosófico. La Filosofía busca entender la realidad, yendo un poco más allá de los datos de la experiencia. La Teología pretende el mismo fin, entender lo que hay, contando con Dios.

Hay un puente. Y eso es lo que, principalmente, valoro del libro que comento en este blog: Brendan Sweetman, La religión y la ciencia. Una introducción, Santander-Madrid 2016, 239 páginas.

El autor es catedrático de Filosofía de una Universidad de Kansas. Me parece que escribe muy bien, con enorme claridad, y que tiene el don de explicar de un modo asequible los temas que trata.

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12.12.16

Mi felicitación de Navidad a mi Parroquia real y a mis lectores (también reales)

He pedido a una imprenta que preparase unas postales para felicitar a los feligreses de la Parroquia que tengo encomendada. Y ha llevado a cabo ese encargo, la imprenta, con gran profesionalidad.

Ha elaborado una postal que tiene, en el anverso, una imagen de la Sagrada Familia, una reproducción de un óleo sobre lienzo, del siglo XVIII, de la Escuela Cuzqueña.

En el reverso aparece un texto, que copio aquí:

“El párroco de la Parroquia de San Pablo, de Vigo, los sacerdotes y la comunidad parroquial, les desean una Feliz Navidad y un Próspero Año Nuevo.

Recordemos las palabras de nuestro Sr. Obispo: ‘La caridad es el camino que permite superar el egoísmo y abrirse a la misericordia y a la comunión’ (Carta Pastoral Bienaventurados los misericordiosos, p. 51)”.

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8.12.16

Novena a la Inmaculada: La segunda edición

Esto decía hace unos años:

La editorial CCS, de Madrid, en su colección “Mesa y Palabra” me acaba de publicar una “Novena a la Inmaculada” (ISBN 978-84-9842-2566; Madrid 2008, 84 páginas).

En la solemnidad del 8 de Diciembre “se celebran conjuntamente la Inmaculada Concepción de María, la preparación radical (cf Isaías 11,1.10) a la venida del Salvador y el feliz exordio de la Iglesia sin mancha ni arruga”, escribía el Papa Pablo VI en la exhortación apostólica Marialis cultus. Todo el tiempo de Adviento se caracteriza por la impronta mariana. La Iglesia, con María, espera a Cristo; aguarda la celebración de su Nacimiento en la Navidad y se prepara para su segunda venida en gloria al fin de los tiempos.

El Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica nos ofrece una síntesis precisa del significado de la “Inmaculada Concepción”: “Dios eligió gratuitamente a María desde toda la eternidad para que fuese la Madre de su Hijo; para cumplir esta misión fue concebida inmaculada. Esto significa que, por la gracia de Dios y en previsión de los méritos de Jesucristo, María fue preservada del pecado original desde el primer instante de su concepción”.

En el plan divino de la salvación, la Virgen ocupa un papel singular: es la Madre de Cristo. Asociada a su Hijo, María es la “Toda Santa”, la Mujer en la que se manifiesta de modo más nítido el triunfo del Redentor. La Iglesia, leyendo la Sagrada Escritura a la luz de la fe, ha visto en María a la nueva Eva, cuyo Hijo aplastará la cabeza de la serpiente (cf Génesis 3,15). El ángel Gabriel la saludó como “llena de gracia” (Lucas 1,28) y Santa Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: “Bendita tú entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre” (Lucas 1,42).

Pero todo el Antiguo Testamento prefigura, de algún modo, el misterio de la Virgen al referirse a la renovación de Sión, o a la nueva creación, o a la morada de Dios en el templo, o al de Israel en el Sinaí, que anticipa a la esposa inmaculada que habría de dar el definitivo a la eterna alianza.  “Dios, que no derrocha sus prodigios, en la Inmaculada abre la puerta a la esperanza. En efecto, la ‘Toda Santa’ aparece al término de una larga historia de gracia y de pecado, cuyo director es Dios […]. La Inmaculada es el comienzo que tiene en sí el anticipo del fin” (A. Serra).

El sentido sobrenatural de la fe del pueblo cristiano supo reconocer en este privilegio de María una verdad revelada por Dios. El Papa Pío IX proclamó solemnemente esta verdad, definiendo el dogma de la Inmaculada Concepción el día 8 de Diciembre de 1854, mediante la bula Ineffabilis Deus.

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