“Venite ad me”. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época
El Dicasterio para la Doctrina de la Fe acaba de publicar, el 22 de octubre de 2026, el documento “Venite ad me. Consideraciones sobre la transmisión de la fe en el cambio de época”, firmado por el cardenal Víctor Manuel Fernández, Prefecto del Dicasterio, y por monseñor Armando Matteo, Secretario para la Sección Doctrinal, y aprobado por el Sumo Pontífice León XIV. Recordemos que la Instrucción “Donum veritatis. Sobre la vocación eclesial del teólogo”, de la Congregación para la Doctrina de la Fe dice que “los documentos de esta Congregación, aprobados expresamente por el Papa, participan del magisterio ordinario del sucesor de Pedro” (n. 18). Por más que no sea fácil precisar teológicamente el significado del verbo “participar” en este contexto.
Cuando se trata de comprender una enseñanza del magisterio de la Iglesia resulta útil preguntarse por la génesis del documento, por su intención precisa y por su autoridad vinculante.
Son preguntas que la introducción a “Venite ad me” ayuda a contestar. Sobre la génesis del texto nos dice: “Esta responsabilidad [la transmisión de la fe] de todo creyente en Cristo, luz verdadera del mundo, constituye un argumento de gran actualidad para la vida y la misión de la Iglesia. El Dicasterio había sido instado en varias ocasiones por el Papa Francisco a ofrecer una reflexión al respecto y había puesto en marcha el procedimiento habitual para llegar a las presentes Consideraciones. Los acontecimientos recientes, especialmente la llegada al solio pontificio del Papa León XIV, la celebración del Jubileo, así como la perspectiva del próximo Jubileo de la Redención de 2033, son como un estímulo adicional para proceder con mayor celeridad en la redacción del documento”.

“Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para el Señor, tu Dios. No harás ningún trabajo” (Ex 20,8-10). El “sábado”, día de descanso, evoca en la Escritura la creación, la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, el signo de la alianza de Dios con su pueblo. El sábado tiene un profundo sentido antropológico, ya que interrumpe los trabajos cotidianos y concede un respiro: “Es un día de protesta contra las servidumbres del trabajo y el culto al dinero” (“Catecismo de la Iglesia Católica”, 2172).
En ocasiones, lo que puede parecer más teórico resulta lo más práctico. Hay que buscar el ser tras el obrar, sin separar ambas dimensiones, sin disociar la “teología” de la “economía”, la “doctrina” de la “pastoral”.
El historiador griego Plutarco escribió, entre los siglos I y II de nuestra era, una serie de biografías emparejadas por alguna similitud de personajes ilustres, griegos y romanos, estableciendo una comparación entre ellos; por ejemplo, entre Teseo, el héroe fundador de Atenas, y Rómulo, el fundador y primer rey de Roma. El título de esta obra es “Vidas paralelas”. Cuando se habla de líneas paralelas se dice que mantienen la misma distancia entre sí en todos sus puntos. Plutarco parece emplear el término “paralelas” en el sentido de trayectorias existenciales semejantes. Sí puede establecerse un cierto símil entre una biografía y otra, pero difícilmente las vidas de los seres humanos permanecen en una perfecta equidistancia entre ellas, sino que, más bien, suelen entrelazarse unas con otras.












