InfoCatólica / Que no te la cuenten / Categoría: Sobre el autor

29.07.15

Que no te la cuenten 2

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La segunda parte de Que no te la cuenten acentúa la intención esclarecedora realizada por el P. Javier Olivera Ravasi en su primer tomo del mismo título. En la época en que vivimos, caracterizada por un bombardeo televisivo e informático deliberadamente perverso y alienante, la expresión cotidiana “que no te la cuenten” resulta para el lector un llamado de alerta para que no se trague –literalmente– cualquier noticia o abordaje de un tema ya formateado y elaborado como una golosina atractiva, pero indigesta y hasta venenosa, y muchas veces como un juicio definitivo e intocable, pero falaz, cuando hay mucho por indagar, compulsar, revisar y replantear para no admitir falsificaciones subrepticias.

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26.04.15

"Yo soy el Mal pastor"

¡Si de entre los doce que juntó el Señor hubo un mercenario! “Judas, el traidor”…

¿Por qué será así? ¿por qué permitirá Dios estas cosas, es decir, malos pastores? Porque Él se precia de usar elementos deficientes para las grandes obras. Esa “magnífica ironía de Dios” como la apodaba Borges.

Pues sí; hay malos pastores y quizás no haya mayor obstáculo para un cristiano que reconocerlo. Porque ver en el seno de la propia Iglesia la corrupción, es un mal que duele.

El mismo Cristo nos lo dice en el Evangelio de hoy

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2.07.14

Presentación de nuevo blog

qntlcHace más de 2000 años ese gran político que fuera Cicerón, definía a la Historia como magistra vitae (“maestra de la vida”), en cuanto nos hace obrar prudentemente al ver los aciertos y errores de nuestros antepasados.

Los estudios históricos, sin embargo, tenidos por menos durante cierto tiempo, comenzaron a ser revalorizados por la ideología marxista en vistas de construir el futuro. De este modo, en especial durante el siglo XX, se inició el trabajo –lento pero seguro– de relatar la historia desde una óptica tuerta, cuando no ciega. Había que “construir” el pasado para controlar el futuro.

Varias generaciones han venido educándose en medio de falsedades históricas que, como la gota que horada la piedra, fueron poco a poco planteando interrogantes más allá del estudio pretérito y que, no pocas veces, hacían (y hacen) de preámbulo para la pérdida de la Fe y de la misma razón.

“¿Pérdida de la Fe?” Sí. Es que toda mentira atenta contra la Verdad.

Pero alguno dirá: “¿qué tiene que ver la Fe con la Historia?”. Mucho, muchísimo; es que no hace falta atacar la Santísima Trinidad para perder la Fe: basta con destruir algunas verdades históricas que se relacionan con ella para lograrlo: ¿Quién no dudará de la Biblia si se ha machacado hasta el cansancio de que “descendemos del mono” como si fuese un “dogma”? ¿Quién no pondrá en tela de juicio la labor de la Iglesia en América si se nos la presenta como la cooperadora de un “genocidio” indígena?

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