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6.09.17

Acto de fe, esperanza y amor en Jesucristo

Yo creo en ti, Jesucristo.
Yo espero en ti, Señor Jesucristo.
Yo te amo, Santísimo Señor Jesucristo.

Yo creo en ti, Jesucristo.
Yo creo en tus ojos limpios.
Yo creo en la bondad de tu sonrisa.
Yo creo en la sabiduría de tus palabras.
Yo creo en el esplendor de tus milagros.
Yo creo en la fuerza de tus exorcismos.
Yo creo en la gracia de tu bendición.
Yo creo en la pureza de tu Cuerpo.
Yo creo en el valor infinito de tu Santísima Sangre.
Yo creo en el ritmo de tus pasos.
Yo creo en ti como guía de mi vida entera.
Yo creo en el valor de tu sacrificio.
Yo creo en la eficacia de tu oración.
Yo creo en el amor que hay en tu Sagrado Corazón.

Yo espero en ti, Jesucristo.
Yo pongo mi confianza en tu sabiduría.
Yo entrego mi futuro a tu providencia.
Yo espero en tus promesas.
Yo espero la hora de tu gracia.
Yo espero la llegada en plenitud de tu reino.
Yo espero tu retorno glorioso.
Yo espero la conversión de todas las naciones.
Yo espero porque tú eres de fiar.
Yo espero por tu bondad la gloria del Cielo.
Yo espero con toda la creación la manifestación de los Hijos de Dios.
Yo espero porque tu amor no engaña.

Yo te amo, Jesucristo.
Yo amo la humildad de tu alma.
Yo amo la inocencia perenne de tu cuerpo.
Yo amo la luz de tus palabras.
Yo amo tu ternura y tu fortaleza.
Yo amo tu valor y tu coherencia.
Yo amo tu sencillez y tu poder.
Yo amo tu elocuencia y tu verdad.
Yo amo la Sagrada Escritura que da testimonio de ti.
Yo amo y quiero amar a quienes tú amas.
Yo amo y venero tus Llagas Santísimas.
Yo amo tu presencia en la Divina Eucaristía.
Yo amo tus horas de recogimiento y oración.
Yo amo la Cruz en que nos diste salvación.
Yo amo al Espíritu Santo, don sublime de tu Pascua.
Yo amo a tu Padre, que por tu bondad es mi Padre.
Yo amo a tu Madre, que por tu bondad es ahora mi Madre.
Yo amo la raza y pueblo de quien tú provienes según la carne.
Yo amo a tus mártires y a todos tus santos.
Yo te amo, y quiero amarte infinitamente por toda la eternidad.

Yo creo en ti, Jesucristo.
Yo espero en ti, Señor Jesucristo.
Yo te amo, Santísimo Señor Jesucristo.

Amén.

* * *

En versión de audio y video:

15.08.17

Diez pensamientos sobre la fe

¡La hermosa riqueza del don de la fe!

  1. Nuestra fe no es autoconvicción, programación neuronal o autosugestión. Es el don de responder al regalo de un Dios que se revela.
  2. La fe no es un poder que Dios te da para lo que tú quieras; es la posibilidad bendita de ser disponible para su plan, que es mejor.
  3. La fe no es una renuncia al conocimiento, a la razón o a la evidencia; sino una lectura mucho más profunda de lo que vemos y sabemos.
  4. La fantasía o el pensar con el deseo empiezan en el hombre y por eso también proyectan sus defectos. Eso tenían los paganos y eso NO es fe.
  5. La fe no es simple repetición de ideas palabras aunque brota de la predicación de la Iglesia; sólo existe como un don fresco en cada creyente; como si Dios lo creara para cada persona.
  6. La fe es regalo que rehace a la persona y a la vez construye a la comunidad: completamente personal y totalmente comunitario.
  7. El conocimiento que da la fe no es una apuesta ni es fruto de anhelos, ignorancias o miedos; es certeza pero no construida sino recibida.
  8. No se puede propiamente tener fe sino en Dios y por don suyo; lo demás es impostura de la imaginación o de la cultura dominante.
  9. La fe es un regalo inmerecido pero irrevocable–desde Dios; aunque frágil y amenazado–desde el hombre.
  10. La fe es árbol que crece en su raíz, por la escucha; en su tronco por la coherencia; y en sus frutos, por la caridad.

10.06.17

Invitación al santo Temor de Dios

El santo Temor de Dios es uno de los siete dones mayores del Espíritu Santo, y sin embargo, de él se predica muy poco. No queremos caer en una versión unilateral, propia de un cristianismo en pánico permanente, pero vemos que es necesario recuperar la conciencia de la seriedad de la vida cristiana.

Las siguientes 21 consideraciones nos ayudan en esa línea.

  1. Daremos cuenta a Dios del tiempo perdido inútilmente.
  2. Daremos cuenta a Dios de cada palabra necia.
  3. Daremos cuenta a Dios del bien que no hicimos, pudiendo perfectamente hacerlo.
  4. Daremos cuenta a Dios de muchos de los pecados de las personas que tuvimos a nuestro cargo.
  5. Daremos cuenta a Dios de no haber peleado hasta la sangre contra el pecado (cf. Carta a los Hebreos 12,4).
  6. Daremos cuenta a Dios de haber desviado la mirada ante el dolor o la necesidad de nuestros hermanos.
  7. Daremos cuenta a Dios de tantos sagrarios que tuvimos cerca y nunca visitamos.
  8. Daremos cuenta a Dios de haber entretenido la mente en fantasías de pecado.
  9. Daremos cuenta a Dios de nuestra lentitud e inconstancia para formarnos mejor en la fe y la moral.
  10. Daremos cuenta a Dios de haber callado cuando ofendían su Nombre.
  11. Daremos cuenta a Dios de haber dejado solos a tantos que batallan por extender el Reino de Cristo.
  12. Daremos cuenta a Dios por no haber reflexionado con más amor y constancia sobre el misterio de la eternidad.
  13. Daremos cuenta a Dios por las inspiraciones de la gracia que dejamos perder en el tumulto de nuestra negligencia.
  14. Daremos cuenta a Dios por no haber alabado y predicado mucho más la confianza en su Divina Misericordia.
  15. Daremos cuenta a Dios del poco dolor por nuestros pecados, y los pecados del mundo entero.
  16. Daremos cuenta a Dios de haber desperdiciado el auxilio de los Ángeles y de los Santos.
  17. Daremos cuenta a Dios por los resentimientos porque en cada ser humano, aunque oculta, está siempre la imagen de Dios.
  18. Daremos cuenta a Dios de vivir de modo tan distraído, y luego llevar nuestras distracciones a la oración.
  19. Daremos cuenta a Dios por la ingratitud o frialdad con que hemos tratado a tantos que nos han hecho bien en Cristo.
  20. Daremos cuenta a Dios por el amor que dejamos perder en el alma sin entregarlo a nuestro prójimo.
  21. Daremos cuenta a Dios por haber amado tan mezquinamente el Cielo, lugar de su gloria y compañía.

12.04.17

Soneto del Viernes Santo

Con el rocío de tu Sangre preciosa
toca, Jesús, al alma mía,
y que el amor, que a la Cruz te envía,
sea en mí como un lirio y una rosa.

Bello eres, y bella ha de ser tu Esposa,
que de ti se alejó en horrible día;
y olvidándote en su triste lejanía,
deforme se encontró, y también leprosa.

Esposa tuya es el alma del creyente,
y es Esposa también la Iglesia Santa,
que, aun siendo pecadora, es penitente.

Pues eres Tú, Señor, quien la levanta;
tu bondad es su faro y es su fuente,
y tu amor es la voz con que hoy te canta.

Amén.

8.02.17

Sobre el designio de Dios Padre en la Pasión de su Hijo Jesucristo

Querido Padre! Espero se encuentre bien y Dios este con usted. Estoy leyendo - de a poco- un libro de S. Alfonso M de Ligorio, titulado: “Reflexiones sobre la Pasión de Jesucristo” y un párrafo me quedo como demasiado profundo para entenderlo.., dice : ” La pasión de nuestro Redentor no fue obra de los hombres, sino de la Justicia Divina, que quería castigar al Hijo con todo el rigor que merecían los pecados de los hombres". En el libro de Santa Faustina, recuerdo que leí de que la Voluntad de Dios siempre se cumple ¿era Voluntad de Dios que el Hijo de Dios padeciera en la Cruz y el enemigo malo no vino sino a cumplir con esa Voluntad? perdóneme Padre si interpreto mal. – C.A.

* * *

Hay en tu pregunta dos temas estrechamente relacionados. Uno es: ¿Cuál es el lugar de la justicia divina en la muerte de su Hijo, inocente y santo, en la Cruz? El otro es: ¿De qué modo o en qué sentido se cumplía la voluntad de Dios con que su Hijo muriera de esa forma infame e injusta?

Hay que notar que muchos pretenden salir de la dificultad que entrañan estas cuestiones planteando todo en un nivel puramente humano y terrenal. Quienes así piensan ofrecen típicamente argumentos como estos:

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