InfoCatólica / Tal vez el mundo es Corinto / Categoría: Sociedad Occidental

21.04.17

Cómo se le hace reingeniería social a un país

El despliegue publicitario de una prestigiosa institución bancaria, que presenta a dos hombres abrazados como modelo de “nuevas familias,” es una muestra representativa de las fases de implantación de la ideología de género en Colombia.

Aquellos que por intereses económicos o de otro orden quieren cambiar la escala de valores de todo un país o región se enfrentan con una pregunta difícil: ¿Qué hacer para que la gente acepte lo que antes no aceptaba, y por consiguiente empiece a distanciarse y finalmente rechace lo que antes aceptaba?

Esa pregunta ha encontrado respuesta en un conjunto de disciplinas que suelen agruparse bajo el término “reingeniería social.” La expresión alude al rediseño y cambio en la construcción interna de la sociedad, sobre la base de la psicología, el marketing, y la economía.

Cuatro fases son típicas de un proceso de reingeniería social: la fase emotiva, la fase de normalización, la fase de institucionalización y la fase de penalización, también conocida como fase tiránica.

Fase emotiva

Es la fase de entrada, y por lo tanto, de ella depende el éxito de todo lo demás. Lo fundamental en esta fase es la manipulación de los sentimientos, particularmente tres: la compasión, la simpatía y la ira.

La compasión se despierta presentando casos extremos y absolutamente marginales pero que tienen gran impacto en los medios de comunicación y en el corazón de la gente. Si se quiere, por ejemplo, que la opinión pública se incline a favor de despenalizar el aborto, se presentarán casos de violación brutal, que desembocan en la pregunta dramática: ¿Está condenada esta mujer a seguir adelante con ese embarazo? Por supuesto, nada se mencionará de los derechos del no-nacido. Lo importante es que se vea cómo quedó maltratada y traumatizada la mujer. Toda la atención debe quedar en ella y su rostro golpeado.

Leer más... »

4.04.17

La empobrecida antropología de la ideología de género

[ADVERTENCIA: Por la naturaleza de este tema, algunas palabras y términos de este escrito pueden sonar fuertes o inapropiados para menores de edad.]

A partir de la idea de que el sexo es un asunto de biología mientras que el “género” es una construcción cultural y social, resulta sencillo reasignar el “género” a la opción libre de cada quien. Y luego, con otro paso en la misma dirección, reasignar el sexo a partir del género así redefinido. No se trata solamente de negar la biología sino de imponerse sobre ella a partir de la elección personal. Los principales modos de esta intervención son los tratamientos hormonales y las intervenciones quirúrgicas. Los muchos partidarios de este modo de ver las cosas consideran que ofrecer tales tratamientos a toda la población es una especie de triunfo para la libertad del individuo, y por ello mismo, para el bien general de la sociedad.

Hay muchas maneras de demostrar lo contradictorio de esta serie de disparates. El hombre “encerrado en un cuerpo de mujer” es un mito útil pero absurdo, como se nota en el momento en que uno trata de reasignar otras realidades humanas. ¿Por qué no puedo ser yo un “francés encerrado en el cuerpo de un colombiano” siendo así que está fuera de toda discusión que tanto la cultura francesa como la colombiana son evidentemente construcciones sociales? ¿Debe entonces el gobierno darem mi pasaporte de la Unión Europea?

Otro ejemplo: si se pretende proteger a toda costa que los niños decidan su “género” y además se hacen campañas para que niños y niñas se sientan “libres” reasignando sus identidades sexuales a placer, ¿por qué en cambio se ponen tantas restricciones a otras decisiones que son más claramente culturales, como por ejemplo, que un niño decida un día que no quiere estudiar más? ¿Por qué los papás sí pueden coaccionar a un niño aa que siga estudiando, cosa que es claramente una construcción cultural, y no pueden ni siquiera sugerirle que tenga un comportamiento masculino, puesto que es hombre? ¿Es que es más “cultural” la genitalidad del niño que su escolaridad?

Ejemplos como estos no son difíciles de encontrar. Vaya otro, entonces: Si un preso por violación a mujeres se declara mujer, ¿está obligado el Estado a enviarlo a la cárcel de mujeres? Si un muchacho adolescente se declara mujer, ¿ya con eso puede entrar al vestidor de las chicas en la escuela de natación? Si una mujer se declara hombre, ¿es delito que en la empresa la llamen con pronombre femenino, incluyendo los empleados que hace 15 años la han visto con su aspecto, ropa y voz de mujer?

El colmo de los absurdos, sin embargo, reside en la idea de que mutilar o alterar genitales cambia la realidad íntima de la persona. Es una idea que ha estado rondando hace bastante tiempo, sobre todo desde que ciertas formas de feminismo empezaron a criticar la existencia del órgano masculino con expresiones vulgares como: “El gobierno del falo;” es decir, expresiones que quieren reducir los problemas sociales a diferencias genitales, para luego reducir las diferencias sexuales a un asunto de quitar o poner miembros.

La espantosamente empobrecida antropología de la ideología de género se condensa en afirmar la existencia (ilusoria) de un ser humano neutro, al que, si le agregamos un falo, lo volvemos hombre, y si se lo quitamos lo volvemos mujer. Si le ponemos senos, ya es femenino, y si se los quitamos, lo volvimos otra vez masculino. Según esa lógica, todas las diferencias, por demás bellísimas, en términos de sistemas neuronales, metabólicos, hormonales, cromosómicos, son simple y olímpicamente despreciados por una razón muy simple: no hay modo de operar miles y miles de millones de células para alterar sus cromosomas.

Y esa es la antropología que subyace a los cambios educativos que la opinión pública, salvo honrosas excepciones, simplemente se traga y acepta, donando así sus propios hijos a los experimentos sexuales de los centros de poder del Nuevo Orden Mundial.

Papá, mamá: si te queda conciencia y genuino amor, entiéndelo de una vez: #VanPorTusHijos.

26.03.17

El #BusDeLaLibertad

Reflexiones oportunas, publicadas primero en mi Twitter:

  1. Ninguna cirugía cambia cromosomas.
  2. Pensar distinto no es delito de odio.
  3. De la mordaza a la horca no hay mucha distancia.
  4. Saber que hay niños y hay niñas ha quedado prohibido. O eso quieren que pensemos.
  5. ¿Cómo se llama silenciar todas las voces para que sólo se oiga una? Totalitarismo.
  6. Cuando sólo tiene “utilidad pública” hacer eco al Estado ha muerto la democracia.
  7. Los que hoy no te permiten hablar mañana no te permitirán pensar.
  8. Luchar contra la biología es luchar contra cada ser humano que nace o por nacer.
  9. Si el silencio es complicidad, hablar es empezar a ser libre.
  10. Hay quienes donan sus hijos al Estado; pero hay también PAPÁS y MAMÁS que asumen su deber y defienden su derecho.
  11. Si mis convicciones razonadas las tomas como insultos, ¿pretenderás también tratarme como culpable?
  12. La prudencia pastoral no debe confundirse con cobardía de incomodar ni miedo a pensar a fondo y distinto.

Informes sobre el famoso “bus de la libertad,” haciendo clic aquí.

20.03.17

Ante el avance arrogante de la ideología de género

Una frase citada con frecuencia, en distintas variantes, reza así: “Ya no me extraña la maldad de los malos sino la indiferencia de los buenos.” La tesis principal de las líneas que siguen es que nuestra sociedad, de raíces cristianas, no sufre de simple indiferencia sino de algo más profundo y también más concreto: complicidad.

Detrás del muro de silencio cómplice frente a tantos abusos contra la familia y contra la fe católica no hay gente distraída, simplemente, sino gente que considera con firme convicción que hay lazos que les unen con aquellos que asaltan capillas, izan banderas arcoiris o blasfeman con rabia y cinismo. Mientras no tengamos claro qué es lo que tanta gente encuentra en común con esos extremistas seguiremos haciendo marchas que los medios de comunicación ignoran y clamando en vano ante los tribunales. En efecto, una proporción inmensa de nuestros jueces han perdido todo contacto con la ley natural y por eso, en últimas, sus fallos son opciones políticas: ellos no se sienten capaces de batallar contra la marea de la opinión dominante.

Así pues, ¿qué hay en común entre los extremistas–que pueden parecer posesas enloquecidas, como las FEMEN–y el ciudadano típico, que lleva una vida típica, en una ciudad también normal y típica?

Sucede que hace tiempo se rompieron los canales de comunicación entre el pueblo y sus dirigentes. Hace tiempo el egoísmo se instaló como lenguaje casi único del empleador hacia el obrero, con la consecuencia de que el obrero descubrió, también hace tiempo, que su único lenguaje, el del sindicato, tenía que mirar sólo los intereses egoístas del propio sindicato, así ello destruyera a la propia empresa, y fuera entonces suicidio laboral del mismo sindicato.

Algo semejante puede decirse de otros ámbitos de la sociedad: el anonimato que cunde en tantas parroquias católicas, la corrupción de la clase política, la vida irreal de las estrellas de la farándula, incluso la compra de resultados deportivos en las grandes asociaciones de clubes de fútbol: todo ello espeta al ciudadano de a pie que no vale, que no importa, que sólo existe para pagar impuestos y para ajustar las hojas de cálculo de las empresas transnacionales.

Leer más... »

20.01.17

¿Sólo populismo?

Con motivo de la inauguración del periodo presidencial de Donald Trump en Estados Unidos no han faltado los análisis de un hecho que a muchos nos pareció irreal, y que a unos cuantos les pareció y parece extremadamente doloroso.

Cuando la realidad nos salta a la cara y niega lo que esperábamos, la inteligencia busca explicaciones. Resulta natural preguntarse qué factores uno no tuvo en cuenta o qué elementos nuevos entraron en juego.

Tal es el contexto de nacimiento del término “populismo,” que se ha vuelto frecuente para tratar de explicar, en tono de desprecio, un resultado electoral de difícil comprensión. La explicación que se intenta construir va en esta línea:

“Lo mismo que otros líderes en otras partes del mundo, como los que apoyaron el ‘brexit’ en Inglaterra, o Dutarte en Filipinas, también Trump ha sabido tocar fibras emocionalmente sensibles de una parte importante y olvidada de su electorado, en este caso, gente de raza blanca y clase media. El lema de ‘Hacer grande a Estados Unidos otra vez’ ha calado en quienes han sentido su país secuestrado por la inmigración masiva, por la diversidad étnica y por el surgimiento de nuevas minorías, como las representadas por el movimiento LGBTI. El lenguaje directo, y a menudo agresivo, de Trump usa las palabras y toma las actitudes que esas personas desengañadas quisieran usar con fuerza, y así su lenguaje populista le ha garantizado un respaldo suficiente para llegar a la Casa Blanca.”

Lo anterior no es una cita de un único texto sino una recopilación de opiniones vertidas en diversos medios. La pregunta, sin embargo, es si todo queda ya explicado con sólo invocar el término mágico: “populismo.” ¿No era “populista” el lema de Obama hace ocho años: la simple palabra CHANGE (CAMBIO)? ¿No era populista la campaña de Hillary Clinton cuando apelaba a las mujeres, los latinos y los afrodescendientes? Por definición, quien gana unas elecciones es la persona que ha conseguido mayor respaldo popular, así que, ¿cómo se determina el límite entre ser popular y ser populista?

Mi opinión es que los que ganan las elecciones dirán que su líder fue el que recibió el respaldo popular mientras que los perdedores dirán que el ganador es un vulgar populista.

En otro sentido, sin embargo, lo del “populismo,” así sea insultante, indica algo que interesa: como ya lo han observado otros analistas, crece sin cesar la brecha entre los intereses de la clase política, que mira por lo suyo, y las necesidades y preocupaciones del “populus,” del pueblo. Lo cual es serio porque en todo sistema democrático hay un principio básico de representatividad que es el que otorga la legitimidad en el acceso y uso del poder. Si se fractura la representatividad, esto es, si los así llamados populismos están mostrando fracturas en ella, es tiempo de que los líderes se pregunten si sus leyes y decisiones son las de quien sirve al bien común o si son simplemente sus propias imposiciones y preferencias.

Quizás lo más sano es quejarse menos y leer un poco más y un poco mejor la realidad de nuestros pueblos. El calificativo de “populismo” puede ser un refugio mental que tapa los ojos y cierra los oídos a tanta sensatez que todavía anda suelta entre la gente… porque todavía no la han podido domesticar.